martes, 9 de mayo de 2017

Buenos días, 9 de mayo de 2017

¿Quién es el sabio?
Aquel que siempre encuentra algo para aprender del otro.



SANTORAL

Gregorio Ostiense,
obispo († c. a. 1044)
Gregorio, Geroncio, Prisco, Mainardo, obispos; Hermas, Cristóbal, mártires; Beato, Benito, Dubán, Tomás, Esteban, Egidiano, Pacomio, abades; Nicolás Albergato, cartujo; Luminosa, virgen.


REFLEXIÓN:

En 1994, el gobierno ruandés, formado por miembros de la etnia hutu, promovió la exterminación de la minoría tutsi del país, en uno de los genocidios más violentos de la historia.

Los enfrentamientos dejaron miles de muertos y en ese desastre también florecieron historias de esperanza, signos de resurrección como el de Inmaculée Ilibagiza, que Portaluz informó en una edición pasada.

Ahora traemos el relato de Jean-Marie Twambazemungu quien también ha vivido en su carne el corazón de la prueba en tiempos de guerra. En el conmovedor libro Rescapés de Kigali (Supervivientes de Kigali, Ed. Emmanuel), este padre de origen hutu -cuya esposa Stéphanie es de etnia tutsi- reflexiona sobre esas situaciones extremas que enfrentó.

Cuando tenía 17 años, hubo un drama en mi familia. Mi padre fue asesinado por sus familiares. Algo que para mí era muy difícil de aceptar, ¡en particular porque mi padre era todo para nosotros! Yo había leído y entendía que debía perdonar a mis enemigos. ¡Pero en esta situación particular, era algo impensable para mí! Si Dios existe, no me puede pedir algo así. ¡No sería justo! Sentía que si Él me amaba, lo mejor que podría hacer por mí era permitirme la venganza.
Tuvimos una especie de consejo de familia para decidir qué haríamos, porque éramos ocho los hijos, que vivíamos gracias al salario de mi padre. Evaluamos la posibilidad de volver al pueblo, pero era algo impensable… mi padre había sido asesinado por familiares debido a que él era el heredero. ¡Como nosotros éramos sus herederos, también corríamos el riesgo de perder la vida! Pero tampoco era sencillo quedarnos en la ciudad, donde la vida era demasiado costosa para nosotros.

Fue entonces cuando escuché una voz que me habló en mi corazón diciendo: “Yo soy tu Dios. Permanece en la ciudad. Yo te cuidaré”. Fue un impulso de vitalidad para mí. Me levanté ante todos, tomé la palabra y les dije: “Vamos a volver a la ciudad, Dios cuidará de nosotros”. Todos se burlaban de mí, tratándome como si estuviese loco: “¿Alguna vez viste caer dinero del cielo? “, decían.

Finalmente como para empezar, durante dos meses tuve un trabajo que me permitió llevar dinero a casa y financiar mis estudios. Aunque era duro trabajar e ir a la escuela, yo sabía que debía aprovechar todas las oportunidades que se me presentaban. Pero puedo testificar que Dios ha sido mi fuerza cada día. Este Dios que escuché, a quien creía distante, lo descubrí cercano. Él no sólo me conocía, sino que le importaba lo que yo estaba viviendo. ¡Incluso más aún!, Él me mostraba soluciones.

Esta experiencia de Dios cambió mi corazón. Regresó la alegría de vivir que había perdido y una gran paz me habitó a partir de ese momento. Gracias a esto pude perdonar a los asesinos de mi padre. Todo el peso que cargaba sobre mí cayó al suelo. No voy a decir que de inmediato los amé a todos, pero sí que les perdoné. 

Así es que hoy, puedo dar fe de que Dios nunca está lejos. Más bien, está cerca de los que sufren. Dios nos ama tanto a cada uno de nosotros, que se queda con nosotros en nuestro sufrimiento y Él no se complace al vernos sufrir. ¡Incluso sufre con nosotros! Él sólo quiere que le dejemos habitar nuestro corazón.


ORACIÓN:

Señor mío, quiero solicitarte hoy tu ayuda amorosa para que todo encuentro con mis semejantes sea desarrollado en paz y bajo la gracia de tu compañía.
Solo Tú eres quien puede darme fuerzas para saber vivir mi vida de forma correcta.

Quiero comprender que, a pesar mis debilidades, cuento con tu bendición que me ayuda a vencer las dificultades y a esforzarme en dar lo mejor de mí en cada circunstancia.

Te pido que le sigas dando sentido a mi historia personal y a no dejar que nadie me quite las ganas de hacer siempre el bien. Confío en tu poder infinito, confío en tu protección sobrenatural. Amén


ESPECIAL BUENOS DÍAS


 

¿Cómo hay que entender 
aquello 
de poner la otra MEJILLA?

Contenido


Es hora de hablar del deber de “resistir al mal” sin ceder a la violencia 

Jesús nos está enseñando, con palabras y con el ejemplo, a no sucumbir frente al mal, sino resistirlo e incluso resistir a la tentación de odiar a quien lo hace. 

Sí, como dijo Jesús, tenemos que amar a nuestros enemigos y orar por nuestros perseguidores. Es una tarea que tenemos que hacer. Pero esta obligación no nos impide proteger a los más débiles, resistir al mal. 


Es hora de hablar del deber de “resistir al mal” sin ceder a la violencia

¿Cuál es el segundo pasaje más incomprendido de la Escritura? (El primero es: “No juzguéis, para que no seáis juzgados” en Mateo 7,1, citado por los analfabetOs (o indiferentes) de la Escritura como una especie de pseudo bendición para el relativismo moral). Diría que el segundo lugar es para Mateo 5,39, “al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra”.

No comprender este pasaje ha llevado a orar públicamente por “nuestros así llamados ‘enemigos’”, como si Cristo y su Iglesia no tuvieran enemigos, tanto humanos como espirituales. No comprender este pasaje ha llevado a desear un pacifismo literalmente inerte, que habría dejado perplejo al papa Pío V (que convocó la Liga Santa para resistir a la invasión de Europa por parte del Imperio Otomano, en la batalla de Lepanto).

Planteo la cuestión no sólo para proponer un enigma bíblico sobre la falsa línea de “¿Adán y Eva tenían ombligo?”. Parecería que Cristo pidiera el completo desarme frente al mal moral, espiritual y físico. Tenemos el derecho de preguntarnos: “¿Cómo podría ser verdad una cosa así?”.

¿Cómo podría ser justo “poner la otra mejilla” con pasiva indiferencia, cuando el sacrilegio se confunde con sagrado? ¿Cuando la verdad deja lugar a la mentira? ¿Cuando la perversión se confunde con pureza? ¿Cuando la abominación se confunde con belleza?
Santo Tomás de Aquino nos advierte contra una lectura tan miope y poco sensata: “La Sagrada Escritura debería ser entendida en base a la comprensión de Cristo y de los santos”.

Respecto a “poner la otra mejilla”, santo Tomás cita a Juan 18,23, cuando Jesús reprocha al guardia que lo ha golpeado. Nos recuerda también los golpes de Pablo, en Hechos 16,22. “Cristo no ha puesto la otra mejilla; y tampoco lo hizo Pablo. Como consecuencia, no tenemos que pensar que Cristo haya ordenado poner físicamente la mejilla a quien ha golpeado la otra”. Cuando fue golpeado, en Hechos 23,3, Pablo no permaneció en silencio, sino que advirtió a su agresor del juicio y del castigo divino.

¿Cómo deberíamos entender el “poner la otra mejilla” siguiendo el ejemplo de Jesús y los santos? Probablemente no como indiferencia pasiva ante el mal, o como inercia simulada, cuando están en grave peligro los tesoros de la fe y la razón.

Aquino nos muestra el camino: “Interpretar literalmente el precepto del Discurso de la Montaña significa malinterpretarlo. Este precepto exhorta más bien a estar listos a soportar, si es necesario, cosas similares o peores sin amargura en relación al agresor”.

Jesús nos está enseñando, con palabras y con el ejemplo, a no sucumbir frente al mal, sino resistirlo e incluso resistir a la tentación de odiar a quien lo hace.


Sí, como dijo Jesús, tenemos que amar a nuestros enemigos y orar por nuestros perseguidores. Es una tarea que tenemos que hacer. Pero esta obligación no nos impide proteger a los más débiles, resistir al mal.

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