jueves, 4 de mayo de 2017

Buenos días, 4 de mayo de 2017




Cada mañana nacemos de nuevo.
Lo que hacemos hoy es lo que más importa
 

 
SANTORAL

José María Rubio, 
sacerdote (1864-1919)
 
Ciriaco, presbítero y mártir; Silvano, Antonio, abades; Venerio, sacerdote, Godeberto (Gotardo o Godofredo), Macario, obispos; Antonio, Antonina, Porfirio, Paulino, mártires; Pelagia, Elena, vírgenes; Curcódomo, diácono; Florián, confesor; Etebredo, rey; Nicéforo, fundador; Juan Martín Moye, fundador de los HH. de la Providencia de Gao, y Ceferino (El Pelé),
 
 
 
 
REFLEXIÓN:

El árbol de manzanas


Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza:

—¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó:

—Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

—Lo siento —dijo el árbol—. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes. El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó:

—¿Vienes a jugar conmigo?

—No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

—Lo siento —repuso el árbol—. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.

El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.

—¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó.

—Me siento triste, estoy volviéndome viejo.

Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?

El árbol contestó:

—Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.

El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo.

Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:

—Lo siento mucho, pero ya no tengo nada  que darte, ni siquiera manzanas.

El hombre replicó:

—No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.

Entonces el árbol, llorando, le dijo:

—Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.

Y el hombre contestó:

—No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años...

—Bueno —dijo el árbol—, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa. El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos.

Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí pura darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Puedes pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres.

 
 
ORACIÓN:
 
"Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava (…) porque ha hecho en mi favor cosas grandes el poderoso". Con María quiero alabarte, Señor. Todo lo que tengo y todo lo que soy te lo debo a Ti y por eso vengo a agradecerte y te bendigo con todo mi corazón en este rato de oración.

 
Reflexión del Papa Francisco
 
Pensemos en una pequeña barca, en la noche, en medio de una tormenta, con pescadores que remaban con todas sus fuerza, aun estando el viento en su contra. Y pensemos que vamos nosotros dentro. En ello va nuestra vida, en dejarnos llevar o en luchar. ¡Qué impotencia! Qué ganas tendríamos de hacer las cosas rápido y llegar al otro lado sin problemas y con un sol primaveral. Pero no, la vida del cristiano se caracteriza por dos cosas, la lucha y el dejarse llevar. Tal vez contradictorias pero no del todo.
 
Veamos a María. Su vida fue una muestra de estas dos actitudes. Por un lado la lucha. No me puedo imaginar a la Virgen indiferente, a una mujer que ante los problemas quedaba inmóvil. Más bien pienso que María ponía todo su esfuerzo en cumplir la voluntad de Dios, aunque a veces fuese difícil, e incluso el viento y la tormenta fuesen contrarias. Pienso, por ejemplo, en María yendo a Egipto, en la madrugada, con un pequeño entre sus brazos y sin comprender nada ¡Qué fortaleza! O al pie de la cruz, cuando todo era oscuro y no veía nada ¡Qué fidelidad y perseverancia!
 
Por otro lado, María se sabía pequeña y reconocía que era débil. Conocía su pequeña barca y por eso sabía ser dócil a la Voluntad de Dios. Sabía que no podía sola y que necesitaba del auxilio divino. Y Dios era su fortaleza, fue Él quien la sostuvo al pie de la cruz y quien la condujo en medio de la oscuridad. Fue Él quien la llevó a puerto y la sostuvo.
 
El cristiano no va solo. A veces puede pensar que rema a contra corriente y que, por más que luche, el mantenerse en el camino parece un reto imposible. Pero no es así. Si por un lado tenemos que poner todo lo que está de nuestra parte, tenemos que aprender a dejarnos llevar por Espíritu Santo que nos indica el camino que hay que seguir en medio de la noche. Si bien somos débiles, pequeños y frágiles es justo eso el testimonio del poder de Dios. Porque llevamos un "tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros" (2 Corintios 4, 7).
 
"El gran anuncio de la Resurrección infunde en el corazón de los creyentes una íntima alegría y una esperanza invencibles. ¡Cristo ha verdaderamente resucitado! También hoy la Iglesia sigue haciendo resonar este anuncio gozoso: la alegría y la esperanza siguen reflejándose en los corazones, en los rostros, en los gestos, en las palabras. Todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a quienes encontramos, especialmente a quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, los refugiados, los marginados. A todos hagamos llegar un rayo de la luz de Cristo resucitado, un signo de su poder misericordioso."
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de abril de 2016).


ESPECIAL BUENOS DÍAS
 


Retos para padres del 
siglo XXI

Contenido

1. El manejo del tiempo 
2. Ser padres y no amigos de los hijos 
3. Ser padre ejemplo 


1. El manejo del tiempo


El equilibrio trabajo-familia es una de las mayores dificultades que presentan los padres. Muchos se quejan de la falta de tiempo para estar con sus hijos, pues en realidad es algo que anhelan. Frente a esa trampa, surge buen efecto tener siempre presente esta idea: Trabajamos por ellos y para ellos, no los perdamos en el camino. De esta manera la prioridad vuelve a ser la familia y el sentido del trabajo cobra el lugar que es.

Adicional a ello, hay que revalorizar aquellas pequeñas y cotidianas oportunidades –cenas, en el traslado al colegio o a casa, a la hora de dormir, etc.- para sacarles el máximo provecho y establecer así una comunicación más íntima entre papá e hijo/a.
Es necesario, además, que sea un tiempo de calidad, y esto sólo se logra con voluntad y dedicación. Por consiguiente, al llegar a casa hay que apagar el televisor, apartar los móviles y las tabletas, para poder aprovechar los pocos minutos que se tienen con los chicos antes de que se vayan a la cama.

2. Ser padres y no amigos de los hijos

Algunos quieren replantearse ciertos esquemas con los que fueron educados y, a la hora de tener sus hijos, se proponen establecer una relación más estrecha con ellos. La intención es maravillosa pero no debe confundirse con el deseo de ser “amigos” de los hijos.

Es desacertado además, cuando los padres asumen una actitud que los lleva a comportarse como los muchachos, tratando de estar a su nivel en cuanto a la moda, el léxico y el trato de “tú a tú” con los amigos de los hijos.

Vale aclarar que el hecho de compartir actividades con los hijos (ir a un partido de fútbol, llevarlos a sus primeras fiestas, jugar una partida de videojuegos, enseñarles a bailar) son espacios primordiales propios de una relación de confianza, mas no de amistad.

En síntesis, la autoridad es, y seguirá siendo asunto de los padres, nadie más puede ejercerla, sólo ellos tienen la potestad.

3. Ser padre ejemplo

El papá es el primer referente masculino que tienen los hijos, y su función varía en relación al hijo y a la hija.

Para las hijas, según explica la Dra. Meg Meeker, autora del libro “Padres fuertes, hijas felices”, el padre es el hombre más importante de sus vidas, sus interacciones las preparan para relacionarse con los demás hombres: “Las hijas vigilan al padre como halcones. No sólo miran cómo las trata a ellas, sino también cómo trata a la madre. Si ven que el padre le abre la puerta a la madre, la ayuda a limpiar la cocina y tiene paciencia, llevarán todo eso a su propio matrimonio y, les guste o no, de manera conciente o inconciente, lo reproducirán. Las hijas aprenden cómo deben ser tratadas al mirar cómo el padre trata a la madre.”

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