martes, 30 de mayo de 2017

Buenos días, 30 de mayo de 2017. San Fernando, Patrono de los ingenieros militares


"Ser cristiano es luchar y servir por sus hermanos"
PAPA FRANCISCO.



 
VIDEO
 
Para no permitir que las apariencias nos engañen


 
SANTORAL
 
Fernando III, rey,
patrono del Cuerpo de Ingenieros Militares
 
Juana de Arco,
mártir (1412-1431) (Lorena)
 
Félix I, papa; Gabino, Críspulo, Sico, Palatino, mártires; Exuperancio, Anastasio, obispos; Ausonio, presbítero; Juana de Arco (Lorena), virgen; Venancio, Basilio, Emilia, confesores; Uberto, Gamo, monjes; Urbicio, Isaac, abades.
 


 
REFLEXIÓN:

Unirse al camino
 
Muchas emociones se mueven en el corazón humano cuando decide dedicarse al camino espiritual.

Esto puede ser un “buena” razón - como la fe, el amor al prójimo, o la caridad. O puede ser simplemente un capricho, el miedo a la soledad, la curiosidad, o el miedo a la muerte.
 
Nada de eso importa. El verdadero camino espiritual es más fuerte que las razones que nos llevaron a ella y poco a poco se impone con amor, disciplina y dignidad. 

Llega un momento cuando miramos hacia atrás, recuerda el comienzo de nuestro viaje, y se ríen de nosotros mismos. Hemos logrado crecer, aunque viajamos el camino por razones que eran muy inútil.
 
Dios usa la soledad para enseñarnos sobre la convivencia.

A veces se usa la rabia para que podamos comprender el valor infinito de la paz.

En otras ocasiones, con el tedio, cuando él quiere mostrarnos la importancia de la aventura y dejar las cosas atrás.

Dios usa el silencio para enseñarnos acerca de la responsabilidad de lo que decimos.

A veces se utiliza la fatiga de manera que podamos comprender el valor del despertar.

En otras ocasiones, con la enfermedad de mostrarnos la importancia de la salud.

Dios usa el fuego para enseñarnos sobre el agua.

A veces se utiliza la tierra para que podamos comprender el valor del aire. Y, a veces, con la muerte que nos quiere mostrar la importancia de la vida
 
Recuerde esto cuando por alguna razón se siente incapaz de seguir en su camino.
por Paulo Coelho
 
 

ORACIÓN:
 
Señor mío, te doy gracias por haber descubierto tu presencia en mi vida. Te confieso que me cuesta mantener el equilibrio mental y espiritual sino me dispongo a conversar contigo en la oración
 
Mi alma busca tu Paz desde el comiendo del día para fortalecer mi seguridad y salir confiado a librar mis batallas. Mi corazón se siente vacío sino recibe las inspiraciones del Espíritu Santo con el que me das alegría y nueva vida.
 
Tú llamas al Espíritu Santo el gran Consolador, porque Tú y el Padre me lo han enviado para consolarme en las tribulaciones, para alentarme y fortalecerme en tu amor y en cada obra que en tu Nombre realice.
 
El Espíritu Santo es mi amigo incondicional, es un peregrino silencioso que acompaña al alma y con su gracia me hace vivir enfocado en tu Palabra. Quiero que sea Él siempre mi consuelo y mi fortaleza.
 
Dame, Señor mío, sabiduría para poder siempre reconocerlo y agradecerle su presencia en mi vida, por todo lo bueno que me ha dado y por hacerme cumplir con los buenos propósitos.
 
Como buen Consejero de mi alma, el Espíritu Santo me alienta a vivir unido a tu misericordia. Como fuego esperanzador, aviva la llama de mi Fe y restaura las gracias que con mis faltas me había separado de Ti
 
Quiero vivir de acuerdo a sus inspiraciones, atento a percibir su llamado y su dulce voz que me invita a socorrer a los que no han logrado conocerte.
 
Enséñame a amar, oh Santo Espíritu, a ser mejor, a no esperar recompensas por hacer el bien y a recibir tus consuelos con un corazón abierto. Amén
 
 
ESPECIAL BUENOS DÍAS

Mi hijo roba ¿qué puedo 

hacer?



No es lo mismo a los 4-5 años que a los 12-13 años

Contenido


El primer paso, ante esta situación, es mantener la calma 
No condenar al niño 
Educar en la autonomía moral 
La clave principal para educar en valores reside en primer lugar en la familia: los valores deben vivirse en casa, antes de ser verbalizados en una explicación al niño. 
Cuando el robo esconde otros problemas 


La tentación de recurrir al castigo fulminante es de lo más comprensible, sobre todo temiendo que, si no se corrige a tiempo, el hijo pueda sentir de adulto el peso – menos cariñoso – de la justicia.

Otros padres se frustran pensando en qué han fracasado, o incluso se culpan pensando que su hijo les engaña porque no se siente querido o no tiene la confianza necesaria como para exponer sus necesidades. Y no es infrecuente que esto suponga un motivo de lucha entre ambos progenitores, intentando identificar cuál de los dos es el “culpable” que “da mal ejemplo”.

El primer paso, ante esta situación, es mantener la calma

Que un niño o un adolescente robe a sus padres, es algo que puede suceder durante el desarrollo evolutivo por diversos motivos. Un niño está evolucionando, también en el plano moral, y pasa por etapas diferentes, en la que aumenta su capacidad de razonar y de responder de su conducta. No se puede criminalizar a un niño de 4 años que toma algo que no le pertenece, ni se le puede comparar con un adolescente que roba a sus padres por rebeldía.

La psicología evolutiva demuestra que hasta los seis años, más o menos – depende también de cada niño, de su carácter y de su madurez – no hay aún una conciencia muy clara sobre la moral personal. En esta etapa se imitan comportamientos, buscando la adaptación con el ambiente y copiando los modos de hacer de los demás.

A partir de los siete años, por lo general, hay un desarrollo cognitivo suficiente que permite una mayor conciencia de los propios actos y del valor e implicaciones morales de lo que uno hace.

No condenar al niño

Precisamente comprendiendo esta gradualidad de la educación moral, es muy importante nunca calificar moralmente al niño, sobre todo cuando es de corta edad: nunca hay que llamar al niño “ladrón”, sino más bien, hay que estimularle para que mejore su comportamiento y sea cada vez mejor persona.
Lo más importante siempre es la educación preventiva. Es decir, se trata de educar en los valores del respeto y de la sinceridad para tener las motivaciones internas necesarias para evitar ese tipo de comportamientos, y sobre todo, para sentirse más motivados por distinguirse por un buen comportamiento que por estilos de vida negativos.

Educar en la autonomía moral

¿Cómo aprende valores morales un niño? Al principio se aprende por imitación, y gradualmente, según la inteligencia se va desarrollando, y gracias a la interacción de la inteligencia con los diversos contextos sociales (escuela, familia y amigos), el niño va llegando poco a poco a la verdadera autonomía moral y a la capacidad de juicio personal.

La clave principal para educar en valores reside en primer lugar en la familia: los valores deben vivirse en casa, antes de ser verbalizados en una explicación al niño.


Los niños no tienen doblez: si ven que sus padres tienen una relación ambigua con la honradez respecto al dinero, por mucho que se le riña, el niño imitará la conducta que ve en vez de interiorizar la charla que recibe.

En segundo lugar, la escuela debe reforzar estos valores. La crisis se produce cuando en la adolescencia entra un “tercer invitado” no esperado en el menú de la educación, que es el grupo de amigos: El impacto del grupo sobre los propios comportamientos es también determinante para el futuro de cada adolescente.

Por tanto, el castigo debe ser proporcional a su capacidad de autonomía moral, pero sin quitarle importancia por el hecho de que “es pequeño”. A un adolescente hay que tratarle ya como a un pre-adulto: conviene explicarle de manera contundente las implicaciones y consecuencias del robar, también a nivel legal. A un niño, esta explicación hay que adaptarla a su nivel de comprensión, explicándole que eso está muy mal y no se hace.

En estos casos es muy importante que los castigos sean educativos. El primer paso será siempre el de devolver lo robado, pero no será suficiente: Hay que pensar en pequeñas sanciones que pueden aplicarse en casa para que los adolescentes y los niños entiendan que todo acto tiene consecuencias. Por ejemplo, si roba una cantidad de dinero deberá, ademas de devolverlo, hacer méritos para conseguir el valor del dinero robado y así darse cuenta del daño que hace a otras personas.

El objetivo de la educación es ayudar a los hijos a ser maduros, felices, seguros de sí, y a crecer en el respeto de los demás, que es la base del buen respeto de si mismos. Una educación en positivo buscará siempre estimular comportamientos que puedan ser imitables y admirados por todos los educadores y personas de buen sentido y valor.

Sobre todo en la adolescencia, donde la inteligencia ya tiene un nivel completo de desarrollo, lo que los adolescentes necesitan no son grandes sermones, sino más bien la certeza de la cercanía de los padres y la constante confirmación del afecto hacia los hijos.

Cuando el robo esconde otros problemas

Cuando esto no es suficiente y el niño sigue robando, conviene contactar a algún psicologo experto en educación y psicología evolutiva para analizar con mayor profundidad las causas y poder intervenir de manera eficaz.

Normalmente, detrás de comportamientos compulsivos de robo o hábitos de rutina de robo hay también: la necesidad de llenar vacíos afectivos; problemas de falta de autoestima, necesidad de lograr la estima de otros compañeros por poseer lo que todos poseen; problemas de inseguridad buscando la autoafirmación de la propia personalidad, comportamientos asociales por dificultades de adaptación social.

Las mentiras, las tendencias a robar y las actitudes de rebeldía en los adolescentes suelen ser sobre todo manifestaciones de la necesidad que tienen de encontrar su propio espacio, de su realización, de la aprobación y estima de sus iguales. Por ello, lo que más necesitan es atención y comprensión por parte de los educadores y padres, sabiendo combinar la exigencia y el dialogo en el difícil arte de educar.

Ante situaciones de robo o mentiras es importante que los padres y educadores tengan la capacidad de dialogar para preguntar a los hijos por qué han cometido este tipo de acciones. Un dialogo constructivo es indispensable para estimular a los hijos hacia la personalización de los valores y de las conductas correctas, sin limitarse solo al miedo a las sanciones o condicionamientos externos.

Artículo realizado en colaboración con Javier Fiz Pérez, Psicologo, Profesor de Psicología en la Universidad Europea de Roma, delegado para el Desarrollo Cientifico Internacional y responsable del Área de Desarrollo Científico del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP).

**************





No hay comentarios:

Publicar un comentario