miércoles, 24 de mayo de 2017

Buenos días, 24 de mayo de 2017. María Auxiliadora de los Cristianos

¡FELIZ DÍA DE MARÍA AUXILIADORA!
¡María Auxiliadora de los cristianos, ruega por nosotros!

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Ser una madre significa nutrir y proteger  
la verdadera humanidad 

y llevarla a su pleno desarrollo.

Edith Stein

 
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SANTORAL

María Auxiliadora​

Vicente de Lerins,

confesor († c. a. 445-450)
 
Susana, Marciana, Afra, Paladia, Donaciano, Rogaciano, Robustiano, Zoilo, Servilio, Félix, Silvano, Diocles, Melecio, Vicente, mártires; Patricio, obispo; Amalia, virgen; Manahén, profeta; Simeón, estilita, el Joven y Marta, su madre; Ester y Mardoqueo (A.T.); Juana, mujer de Cusa, discípula del Señor.
 
 
 
  
 
REFLEXIÓN:

En una aldea lejana, un joven huérfano leyó el anuncio real. Su abuelo, que lo conocía bien, no dudó en animarlo a presentarse, pues sabía que cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y a todos en la aldea. Pero era tan pobre que no contaba ni con vestimentas dignas, ni con el dinero para las provisiones de tan largo viaje.


Su abuelo lo animó a trabajar y el joven así lo hizo. Ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente, vendió todas sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje. Al final del viaje, casi sin dinero, se le acercó un pobre limosnero. Tiritando de frío, vestido de harapos, imploraba: “Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme...” El joven, conmovido, de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba.



Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: “¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!” Sin pensarlo dos veces, le dio su anillo y su cadena de oro, junto con el resto de las provisiones.



Entonces, en forma titubeante, llegó al castillo vestido con harapos y sin provisiones para el regreso. Un asistente del Rey lo llevó a un grande y lujoso salón donde estaba el rey. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito dijo: “¡Usted... usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!” En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula: - “¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!” El Soberano sonriendo dijo: “Sí, yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí”.



El joven tartamudeó: “Pero... pe... pero... ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?” El monarca contestó: “Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran autéEn una aldea lejana, un joven huérfano leyó el anuncio real. Su abuelo, que lo conocía bien, no dudó en animarlo a presentarse, pues sabía que cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y a todos en la aldea. Pero era tan pobre que no contaba ni con vestimentas dignas, ni con el dinero para las provisiones de tan largo viaje.



Su abuelo lo animó a trabajar y el joven así lo hizo. Ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente, vendió todas sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje. Al final del viaje, casi sin dinero, se le acercó un pobre limosnero. Tiritando de frío, vestido de harapos, imploraba: “Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme...” El joven, conmovido, de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba.


Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: “¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!” Sin pensarlo dos veces, le dio su anillo y su cadena de oro, junto con el resto de las provisiones.


Entonces, en forma titubeante, llegó al castillo vestido con harapos y sin provisiones para el regreso. Un asistente del Rey lo llevó a un grande y lujoso salón donde estaba el rey. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito dijo: “¡Usted... usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!” En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula: - “¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!” El Soberano sonriendo dijo: “Sí, yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí”.


El joven tartamudeó: “Pero... pe... pero... ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?” El monarca contestó: “Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auté--sentenció el Rey-- ¡Tú heredaras mi reino!”.

Moraleja: ….

 
ORACIÓN:
 
Señor mío, quiero entregarte en este momento todo lo que soy porque solo Tú eres quien me mantiene seguro y confiado de que nada ni nadie podrá detener mi espíritu de lucha.
 
Ayúdame a no desfallecer, a mantener de pie cuando llega la tormenta. Que pueda librarme de las trampas de aquellos que no quieren que yo siga caminando junto a Ti.
Infunde en mí todo tu amor, tu aliento de fuerza a través de ese Espíritu Santo que me da discernimiento e ilumina mis sentidos para salir victorioso y lograr cada uno de los planes que me tienes preparado.
 
Tengo sed de Ti, oh mi Dios, sed de tu amor y de tu alegría. Bendíceme y dame tu gracia de sentir la poderosa presencia de tu Espíritu y dejarme conducir por Él por caminos de vida.
 
Tú no me desamparas jamás, tu Espíritu de amor me acompaña y me va fortaleciendo en la fe y en la búsqueda de la Verdad. Me hace feliz saber que estoy en sus manos y que me lleva seguro a la meta.
 
Oh Espíritu Santo, fuerza poderosa en la batalla, dale a mi corazón el impulso necesario para saber actuar con recta intención y motivarme a dar valientemente los pasos necesarios para llegar a mi destino con la eternidad.
 
Ven Señor, repón mis fuerzas y ayúdame a sentir que en Ti encuentro refugio y consuelo para librarme de preocupaciones y levantarme con entusiasmo.
 
Te reconozco como el Dios de mi vida, el que me cuida, me ama y me brinda su protección y me ayuda a encontrar motivos para nunca desanimarme. Amén. 

ESPECIAL BUENOS DÍAS

EL 24, UN PROFUNDO SIGNO MARIANO QUE CREA FAMILIA



El salesiano Luis Valpuesta, de feliz memoria, era una persona apasionada por el periodismo menor, la difusión de pequeñas y sencillas hojitas. Es algo muy salesiano que inició San Francisco de Sales para que el mensaje oral que dirigía a un exiguo grupo en una parroquia del Chablais, llegara a otra mucha gente. Don Luis difundía multitud de hojitas impulsado por su celo evangelizador. Una de ellas la tituló: “Decir 24 es decir María Auxiliadora”. El 24 es algo más que un número. La celebración del 24 es signo de la profunda dimensión mariana de la familia salesiana, genera gozo, confianza, dinamismo apostólico y hace familia. Los Reglamentos Generales de los Salesianos de Don Bosco señalan explícitamente este signo unitivo cuando hablan del diálogo con el Señor.


La conmemoración mensual de María Auxiliadora no surgió al azar. Este inspirado gesto de piedad popular mariana brotó de una comunidad viva que experimentaba cotidianamente la protección materna de María Auxiliadora. Esa comunidad fue la casa salesiana de Montevideo (Uruguay) de donde pasó al mundo entero.

Don Pablo Álbera, del consejo general de las obras salesianas, hizo una visita a las casas salesianas de América en nombre del Rector Mayor, hoy Beato Miguel Rua. Cuando don Álbera llegó en 1899 a Montevideo se encuentra con la grata sorpresa de la celebración de los días 24 de cada mes en honor de María Auxiliadora. Comunicada la grata noticia a Turín, faltó tiempo a don Miguel Rua para introducir la entrañable devoción en la Basílica de María Auxiliadora de Turín-Valdocco y recomendarla a todas las casas. En 1904, por ejemplo, el director de la casa salesiana de Córdoba (España), don Sebastián Ma Pastor en carta a cooperadores y bienhechores les invitaba a la celebración vespertina del día 24. Hoy, en dicha casa, en el calendario de todas los programaciones, comenzando por la del CEP,s se anota en el día 24 la conmemoración de María Auxiliadora.

Cuando don Pablo Albera fue nombrado segundo sucesor de Don Bosco, insiste en la recomendación y extensión a todas las casas salesianas de dicha práctica mariana. Lo hace con breves palabras, pero sentidas y programáticas y llenas de afecto hacia la Virgen, aún más, llenas de espíritu eclesial y salesiano: “Hay una cosa, dice don Álbera, que también me interesa sumamente y es que deis, como ya se hace en el Santuario de Valdocco, toda solemnidad posible a la conmemoración del 24 de cada mes de la poderosa Auxiliadora del Pueblo cristiano y le dirijáis las más vivas súplicas según las intenciones del Santo Padre y por el mayor bien de nuestra Sociedad”.

La celebración del 24 sigue manteniéndose viva. En cada lugar tiene sus propias manifestaciones expresando todas ellas la gratitud, la con-
fianza, el entrañable amor a María Auxiliadora. En la solariega casa salesiana de san Francisco de Sales de Córdoba, antes mencionada, todos los alumnos, por grupos homogéneos, tienen cada 24 una celebración mariana de la Palabra. Por la tarde, como en tantos otros sitios, tiene lugar la celebración para toda la familia salesiana y devotos. El 24 de cada mes es, por su solemnidad y manifestaciones, como una réplica del 24 de mayo, fiesta de María Auxiliadora de la que, en el final de la Carta de Roma Don Bosco dice que es el preludio de la fiesta que todos juntos celebraremos en el Paraíso.

En las celebraciones de los 24 no falta la Bendición ideada por Don
Bosco y el canto del Rendidos a tus plantas, la comunicación y la fraternidad alrededor de la Madre de Dios. Son celebraciones
que reavivan el “da mihi animas”, son 24 abiertos, “en salida”.
Celebrar a la Auxiliadora debe hacernos conscientes de que nosotros también debemos ser “Auxiliadores” Serviría de poco que lo que reza-
mos se quede solamente en el templo y no saliera a las periferias, a la vida.

Otras personas celebran el día 24 de forma individual porque quizá
no pueden de otra manera, hacer una visita a la Virgen o buscar
otros signos. Nos consta que el cardenal Jorge Mario Bergoglio
de Buenos Aires, era el primero que llegaba cada 24 a la Basílica de María Auxiliadora de la barriada de Almagro y rezaba largo rato subiendo también al camarín.

Es verdad, “decir 24 es decir María Auxiliadora”.

Miguel Aragón Ramírez, sdb.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS








¿CÓMO PUEDEN LOS CATÓLICOS RESPONDER A LOS ACTOS DE TERRORISMO?


Esta es una guerra que debe ser peleada con las armas espirituales y no meramente con las armas militares

Tabla de contenido

  1. Oración y cercanía con las víctimas 
  2. Condenar el mal 
  3. Moderación, temperancia, control 


Robert Fastiggi, profesor de teología en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón en Detroit, ha escrito en The Sunday Visitor una oportunísima reflexión sobre lo que deben hacer los católicos –siguiendo las reacciones inmediatas de sus líderes espirituales, como el Papa Francisco—tras los acontecimientos de horror y barbarie.

Oración y cercanía con las víctimas

Para Fastiggi la primera de todas las reacciones de los católicos ha sido y debe ser la solidaridad y la oración. “La primerísima respuesta debería ser una expresión de solidaridad y cercanía con las víctimas de la violencia”, dice el profesor estadunidense, y cita al Papa Francisco que apenas enterarse de los acontecimientos de París expresó su cercanía con las familias de las víctimas y aseguró su oración por todos ellos.

Después, en noviembre 15, en el rezo del Ángelus, el Papa, dice Fastiggi, pidió a todos los que estaban en la Plaza San Pedro y a quienes lo siguen a través de los medios en todos el mundo que se unieran a él para construir una defensa de las víctimas de la tragedia e implorar sobre ellas la misericordia de Dios, haciendo un especial llamado a la Virgen María para proteger y velar sobre la bienamada Francia, la hija de la Iglesia, y sobre toda Europa y el mundo.


Condenar el mal

La siguiente conducta que deberían observar los católicos, según los ejemplos y la doctrina analizados por el articulista de The Sunday Visitor es condenar el mal. “Matar personas inocentes, cualquiera que sea la motivación, debe ser absoluta e incondicionalmente condenado”.

El Papa Francisco describió el terrorismo en París como un “inefable ataque a la dignidad de la persona humana”. Tras recordar que el camino de la violencia no resuelve nada, el Pontífice usó el lenguaje fuerte del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia católica (2004) en el que se señalaba que “es una profanación y una blasfemia usar el nombre de Dios para llevar a cabo un atentado terrorista”.

El Papa san Juan Pablo II usó un lenguaje similar cuando, en el Mensaje Mundial de la Paz de 2002, aseveró que “ningún líder religioso puede contribuir a la condonación del terrorismo y mucho menos orar por él”.

Moderación, temperancia, control

Otra de las acciones que los católicos podrían proponer frente a este tipo de ataques a la persona inocente, de crímenes gratuitos, de terror infundado e inexplicable, es evitar la extensión del odio y de la venganza como una actitud lógica ante los extremistas.

Lo que pasó en París –dice Fastiggi—y otros actos de terrorismo pueden llevarnos, fácilmente, a la ira y a la venganza contra quienes lo cometieron o contra sus comunidades de origen. El teólogo recuerda que el día siguiente de los ataques, el arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois oró por que los franceses tuvieran la gracia de un corazón firme, alejado del odio.

El arzobispo parisino pidió seguir en la senda de la “moderación, la temperancia y el control”, para resistir la posibilidad de caer en la tentación de medir a los musulmanes con la misma vara que se mide a los terroristas.

Para finalizar su reflexión, Robert Fastiggi subrayó la idea de que los católicos deberían estar dispuestos a reforzar el trabajo de quienes se dedican a buscar la paz en el mundo y desechar la idea de que solamente se les puede resistir (a los terroristas) con mayor dosis de violencia. Pero, lo más importante, es confiar en Cristo.

Nosotros entendemos –como católicos—que esta es una guerra que debe ser peleada con las armas espirituales y no meramente con las arma militares” Y, finalmente, señala que deberíamos estar pidiendo siempre la poderosa intercesión de la Virgen María, la Reina de la Paz, y encontrar esperanza en las palabras de Cristo en el sentido de que en el mundo tendremos problemas, pero que no desesperemos, pues Él ha conquistado al mundo.

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