jueves, 11 de mayo de 2017

Buenos días, 11 de mayo de 2017



Si juzgas a las personas,

no tienes tiempo para amarlas

 

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SANTORAL
Mayolo,
abad (906-994)
 
Antimo, Máximo, Baso, Fabio, Anastasio, Susana, Esteban, Longinos, Demetrio, Atico, Tadeo, Florencio, Gangulfo, Evelio, Poncio, Dioclecio, Sisinio, Pons, mártires; Ticiano, Mamerto, obispos; Iluminado, Cirilo, Eleuterio, Mariano, Dorotea, Eliseo, Justino, Gualterio, Bertila, confesores; Mayolo, abad; Berta, abadesa
 
 
 
 
 
REFLEXIÓN:

¿En qué se nota que soy hijo de Dios?
 
Los hijos de Dios se notan fácilmente.
 
Son alegres y acogedores. No se dan importancia ni buscan aplauso o recompensa de cualquier tipo.
 
Están siempre dispuestos a aceptar los trabajos más duros o más humildes. Son sinceros y responsables.
 
No tienen miedo o saben vencer el miedo.
 
No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos.
 
Siempre hombres de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos y pacificadores cálidos y cercanos, personas de toda confianza.

Viven o se esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.


• No aman la riqueza por encima de todo, son austeros, sin apegos, saben compartir, incluso de lo que necesitan. Hacen opción por los pobres y se esfuerzan por ser pobres. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios.


• No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son humildes, vacíos de sí mismos. Es la pobreza interior, la más difícil. Por eso son sufridos, llenos de paciencia y mansedumbre. No se sienten ofendidos, porque no viven para sí.


• No son indiferentes ante los demás, sino sensibles y compasivos. Saben llorar con los que lloran, perfectos consoladores. Otros lloran por los golpes que reciben, porque la vida les trata mal. ¡Cuántas lágrimas amargas e inocentes!. No se rebelan ni odian ni se desesperan, pero lloran.


• No toleran la injusticia, aunque sea al más pequeño. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos. Sueñan con un mundo nuevo, la civilización del amor.


• No son duros inquisidores, sino comprensivos y compasivos. Tienen entrañas de misericordia. Saben perdonar, estar cercanos, volcarse sobre las miserias humanas. Se conmueven ante cualquier sufrimiento, como Dios.


• No aman la impureza o la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres, no les esclavizan los vicios. Son auténticos, transparentes, verdaderos. Se lavan con agua de arrepentimiento, reconocen su fallo o su error.


• No utilizan la violencia, sólo para sí mismos. Pero irradian la paz, y la crean, la defienden. Amigos del diálogo y promotores de reconciliación y del perdón.


• No se acobardan a la hora de defender al oprimido. Lo defienden siempre aún a riesgo de ser criticados y perseguidos. Son profetas de la libertad y la justicia, y tantas veces son mártires.

 
 
ORACIÓN:
 
Señor Dios, en este día quiero que me brindes tu ayuda para esforzarme sin desanimarme, conocerte a fondo y tener presente todas las riquezas que me ofreces para alcanzar mi felicidad y vivir mi existencia en paz.
 
Tu Palabra es el mayor tesoro que me has dejado, pues Ella me llena de vida, de esperanza, de alegría y le da claridad a mi mente y espíritu para saber aprovechar las oportunidades de la vida y no caer en el desanimo
 
Sólo a un Dios vivo y lleno de amor, podría haberse donado de la forma en que Tú lo has hecho: convertido en un trozo de pan, algo que escapa de mi limitada comprensión: comer tu cuerpo y beber tu sangre para la vida eterna.
Tu alimento es fuente de vida y salvación. Quiero sentirme vivo, entregarme a tu voluntad, sentir el fuego por Ti en la Eucaristía y tu presencia poderosa en mi corazón que me ayuda a sentirme confiado y listo para triunfar.
 
Comer tu cuerpo es disfrutar del Reino de los Cielos por un instante, en donde se hace presente la paz del alma, la alegría del espíritu y el gozo de tu presencia que me asegura que no hay mal alguno que me separe de Ti.
 
Oh mi Señor, quiero salir cada día ansioso de ir al encuentro contigo y entregarte todo mi ser, participar de tu banquete celestial, que más que una práctica u obligación, es una necesidad de mi alma.
 
Tú eres el Dueño de la vida, el que renueva mis fuerzas y me ayuda a lograr mis objetivos. Confío que de tu mano podré vencer todas las pruebas.
 
Quiero sentir, pensar, hablar y amar como Tú lo haces, y eso sólo puedo hacerlo en comunión contigo, con el Padre y con el Espíritu Santo. Amén
 

ESPECIAL BUENOS DÍAS


Adolescentes acomplejados 5 ideas para ayudarles a amarse


A tu hija no le gusta su nariz, a tu hijo le obsesionan sus espinillas, otro hijo se ve gordo, otra se siente inútil… Aquí tenéis 5 ideas prácticas para hacerles olvidar sus complejos y ver su vida con más alegría.

Contenido


A tu hija no le gusta su nariz, a tu hijo le obsesionan sus espinillas, otro hijo se ve gordo, otra se siente inútil… Aquí tenéis 5 ideas prácticas para hacerles olvidar sus complejos y ver su vida con más alegría. 

1 Atrevámonos a hablarles de nuestros fracasos a su edad 
2 Seamos flexibles en la elección de sus hábitos 
3 Valoremos sus éxitos 
4 Comparémoslos solo consigo mismos 
5 Ayudémosles a encontrar un ámbito donde destaquen 



Adiós infancia, hola pubertad. Sus cuerpos cambian descontroladamente, sus notas se tambalean, sus amores patinan… y nosotros, sus padres, nos sentimos desvalidos ante sus signos de malestar. Orejas despegadas o malas notas, los complejos contaminan la vida de los adolescentes. ¿Cómo ayudarles a aceptarse e incluso lograr quererse a sí mismos en un mundo que ensalza la perfección? Proponemos 5 ideas para probar en familia para hacer sus vidas más gratas.

1 Atrevámonos a hablarles de nuestros fracasos a su edad

Aunque se den aires de pensar que sus padres no saben de nada, los adolescentes mantienen una cierta forma de admiración hacia sus progenitores. Buena noticia para nosotros, pero quizás una carga para ellos. Jordan, de 19 años, está repitiendo en bachillerato y se encoge bajo la mirada de su padre: “él siempre ha tenido éxito, yo siempre fracaso”. Un desánimo que puede servir de excusa para una falta de trabajo, pero que hay que tener muy en cuenta.
Es necesario que Eric, ese padre tan admirado, le hable a su hijo de sus fracasos de joven, por ejemplo, con el deporte, que se le daba fatal. Era bueno en matemáticas, pero francamente inútil con una pelota o corriendo. Esta confesión ha permitido a Jordan renovar una relación más cómplice con Eric, ya que siente menos temor a decepcionar a su padre.


2 Seamos flexibles en la elección de sus hábitos

Emma detesta las redondeces de su cuerpo y se viste, sea verano o invierno, con gruesos jerséis que les coge a sus hermanos, algo que exaspera a su madre, que no puede evitar hacerle comentarios al respecto. Françoise Dolto, famosa pediatra y psicoanalista francesa, destacó, en su libro Palabras para adolescentes o el complejo de la langosta, hasta qué punto un adolescente se debilita en su proceso de cambio. La ropa les protege, les ayuda a integrarse en un grupo, les procura ese sentimiento de pertenencia que los adolescentes necesitan para superar sus complejos.

3 Valoremos sus éxitos

¿Qué padre no ha señalado primero las malas calificaciones cuando lee las notas de un hijo? Puede parecernos normal aprobar un examen de matemáticas, pero corremos el riesgo de desanimar a los que se esfuerzan mucho por sacar una buena nota. Sophie Delalonde, en formación en la asociación Estimame, dirige talleres de autoestima en un colegio de Yvelines, Francia.

Según afirma: “los comentarios de los docentes y los padres sobre las notas son a veces terriblemente hirientes para los adolescentes que oriento. Algunos tienen la impresión de no ser más que un alumno para sus padres y de hablar únicamente de las notas en casa. Lo que más necesitan es ser valorados, ver lo positivo, incluso en un boletín de notas decepcionante para los padres”.

Tampoco se trata de dulcificarlo todo, pero hay que saber señalar también los progresos y autorizar al joven a estar orgulloso. No es un engaño, sino un medio de darles confianza en sí mismos. ¿Os faltan ideas para felicitar a un adolescente? Preguntad a su padrino o su madrina por cinco cualidades que les encuentran, es una buena manera de cambiar de perspectiva y encontrar algo positivo que quizás pasasteis por alto.


4 Comparémoslos solo consigo mismos

Jean Monbourquette, psicólogo canadiense, insiste: “por nuestra educación nos han acostumbrado a las comparaciones, a menudo desfavorecedoras, y nosotros continuamos haciéndolas con nuestros hijos”. Encontrar alivio en sentirse superior a los demás no sirve de nada.

Compararse con uno mismo, porque cada uno es único, evita la dependencia de los demás y permite mantener una mirada positiva sobre uno mismo. De este modo, un adolescente podría progresar en deporte, otro en canto o en puntualidad o en orden. Dar más importancia a sus progresos personales permite quitar el foco de un defecto o un fracaso acomplejante.

5 Ayudémosles a encontrar un ámbito donde destaquen

Incluso cubiertos de acné y en pleno fracaso escolar, algunos adolescentesparecen sentirse mejor consigo mismos que otros. ¿Su secreto? Saben reconocer sus cualidades. “Es un gran momento con mi grupo de jóvenes”, continúa Sophie Delalonde, “cuando les ayudo a cada uno a encontrar diez cualidades propias.

Lo que parece imposible al principio, se desbloquea con algunos ejemplos y un poco de vocabulario. Alguno descubrirá que es osado, otro servicial u ocurrente o que sabe escuchar, pero habrá otros que se sientan orgullosos de la línea de sus cejas o de su cabello. Otros hablarán de su éxito en equitación o de sus talentos culinarios”.

Amélie, de 15 años, ha colgado en su habitación un corazón de papel enorme que ella misma ha diseñado y coloreado, con sus cualidades escritas en su interior. Lo contempla para encontrar ánimos en momentos de apatía.

Ayudar a los adolescentes a superar sus complejos significa también saber ser de ayuda en nuestra misión como padres. Tenemos que atrevernos a hablar de sus dudas con los amigos o, quizás, dentro de un grupo de orientación para padres. Hay diferentes asociaciones y proyectos municipales que nos ayudan, a nosotros también, a abandonar los complejos por no ser padres “perfectos”.

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