lunes, 10 de abril de 2017

Buenos Días, 9 de abril. San Ezequiel

"Comienza haciendo lo que es necesario,después lo que es posible yde repente estarás haciendo lo imposible.”

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SANTORAL
Ezequiel,
profeta (s. VII a. C.)

Miguel de los Santos, confesor; Pompeyo, Terencio, Africano, Alejandro, Máximo, Edormón, Zenón, Teodoro, Apolonio, mártires; Macario, Pablo, Fulberto, obispos; Isidora, virgen; Holda, profetisa; Mectildis, abadesa.




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REFLEXIÓN:

Nos cuesta

No cuesta un peso elogiar el corte de pelo, decir cuánto te gusta la blusa que lleva o qué agradable encuentras su compañía.

Tenemos el placer de convivir con personas increíbles, que comparten historias fantásticas, que admiramos tanto, pero ellas casi nunca llegan a saber esas cosas buenas que pensamos de ellas.

Nos gusta su garra y su coraje, y nos encanta la manera en que nos hace sonreír con ese chiste sin gracia. Pero, por orgullo, o por comodidad, no hablamos, dejamos pasar los “te echo de menos” y “te quiero” enterrados en nuestros corazones.

Dejamos pasar la risa sincera, el amor bonito y pensamos que no hace falta decir cómo esa forma única de ser del otro es importante y cómo hace cambiar nuestro día a día.

No elogiamos el bizcocho caliente hecho por mamá, cuando llegamos cansados del trabajo, y la nota escrita con palabras que dan calor a nuestro corazón. No devolvemos esos gestos, no hablamos, y acabamos por no decir al otro que ocupa un lugar muy significativo en nuestras vidas.

Ignoramos los mensajes, hacemos poses de dureza y nos olvidamos de decirle qué bonita sonrisa tiene, o cuánto admiramos su dedicación en los estudios, en el trabajo, y lo gracioso que es cuando se pone serio.

Las personas insisten en mostrar su afecto con regalos caros, cayendo en la trampa de creer que las cosas valiosas pueden ser sustituidas por precios abusivos que nos saltan a los ojos, pero no al corazón.

No cuesta dinero decirle a ella qué bonita está con ese vestido, y qué lindo le queda ese peinado. Cuesta “cero” decirle que esa comida preparada con tanto cariño está deliciosa, y cómo nos encanta ver una película de cine con esa persona.

Desperdiciamos nuestro tiempo diciendo tonterías, groserías, y ofreciendo al otro cada vez menos nuestro tiempo y cada vez más nuestras fallidas disculpas.

No cuesta nada decir cuánto nos gustan sus abrazos, sus besos, el olor de su ropa, su risa, su sonrisa, el hoyuelo de su mejilla. No cuesta nada decirle cuánto le admiras y cómo le echas de menos cuando no está contigo. Decirle qué bien le sientan las gafas, y cómo adoras su forma de hablar de la vida, de las cosas y del amor.

No te pongas límites a decirle cuánto te gusta su compañía, su rostro. No dejes de elogiar ese bizcocho calentito, esa comida diaria, y ese beso de buenos días antes de ir al trabajo.

No cuesta nada decir cosas bonitas, lo que cuesta caro es el arrepentimiento de lo que no dijimos por orgullo, por comodidad o por falta de valor, cuando ya es demasiado tarde.


ORACIÓN:
Señor de mi vida, sabes que hoy necesito de todo tu amor para luchar contra todos aquellos golpes de la vida que han embestido a mi alma y han dejado heridas difíciles de sanar, quitándome la calma y serenidad.

Ven y dame fuerza para poder sacar ese gigante interior que me haga valiente y así poder enfrentar todos los desafíos y dificultades para salir victorioso en tu Nombre.

Soy tuyo, estoy seguro que estoy en tus manos y tu bendición cae sobre mí librándome de mis inseguridades y dándome la certeza en el corazón de que estás a mi lado y me das todo lo que necesito para mi felicidad y la de los míos. Amén

Reflexión del Papa Francisco:
Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado – violencia, corrupción, explotación, etc. –, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones.

Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído.
El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres». Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor.

Sólo palabras pronunciadas con amor y acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores.

Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.

Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia.

Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos.
La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido. Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente. (Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2016)

Oración de Sanación

Mi Señor, mi Dios y mi Todo, cuántas veces me despierto pensando en las cosas que tengo que lograr, hacer, metas por cumplir, situaciones que atender y me olvido de lo más importante: agradecer tu compañía en mi vida.

Permíteme amarte con todo mi corazón, entregarme por completo a tus misterios de amor y dejar que la fuerza de tu Espíritu se lleve mis tristezas y preocupaciones, restituyendo mi alegría y esperanza

Quiero darte, el primer lugar en mi vida. Que cada respiro sea para glorificarte y bendecirte porque por medio de tu Palabra viva me has regalado el don de la fe y la salvación

Puede parecer que por mis malas decisiones he buscado mi propia destrucción, pero la verdad solo ha sido el resultado de no amarte ni seguirte como debiera y por no hacer de tu Palabra la brújula de mi vida

Señor, que tu Palabra penetre lo profundo de mi alma y avive cada uno de mis sentidos. Creo que de Ella sale todo tu poder para liberarme, en que a través de ella descubro mis debilidades y me ayuda a vencer mis miedos.

Te entrego mi corazón para que con tu Palabra lo transformes y me corrijas en aquellas actitudes que no son dignas de Ti y que me han llevado por rutas insanas donde he terminado vacío y fallándote

Sé que, a pesar de mis debilidades, permaneces a mi lado dándome tus fuerzas para seguir, confiar y no temer a las derrotas y adversidades.

Tuyo soy, te amo Jesús, pongo en tus manos todo lo que quiero realizar. Que cada latido de mi corazón honre tu Santo Nombre para siempre. Amén

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