lunes, 3 de abril de 2017

Buenos días, 3 de abril de 2017. Nuestra Señora de la Caridad. Patrona de Cartagena


La vida se contrae o expande en proporción al coraje de uno
ANAIS NIN
​ 


 
EL PROPÓSITO DE HOY
 
No mires el yogur vacío,
mira el camino para reconstruir tu corazón que el Señor te pone por delante en el día de hoy. Disfruta del plato y...


 
VIDEO

 
 
SANTORAL
Ricardo,
obispo (1198-1253)
 
Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cartagena.
 
Sixto I, papa; Pancracio, Ricardo, Urbico, obispos; Benigno, Evagrio, Ágape, Quiona, Irene, hermanas; Engracia, Vulpiano, Tomes, Escitia, mártires; Nicetas, Atalo, abades; Burgundófora, abadesa.
 

 
 

REFLEXIÓN:

Me llamaron para visitar a un joven en su casa. Era un caso distinto a todos los demás. Se llama… no importa el nombre, sí es vital su historia. No es la historia de todos pero si de muchos. No es fácil mirar al futuro teniendo 23 años y una columna vertebral partida en mil pedazos como consecuencia de un grave accidente.
 
No salía de su casa y es por ello decidí visitarlo, su hogar es una casa espaciosa, con un cuidado jardín a la entrada. La luz entraba tenue por entre las cortinas que, entreabiertas, daban la visión de otro jardín enorme, con árboles y flores, con piscina y una pista de tenis bien cuidada. El silencio que allí reinaba era sepulcral. Nadie hablaba. En medio de la sala un joven fortachón, pelo largo, ojos apagados, sentado en una silla de ruedas, me miró, intentó sonreír, pero no pudo.
 
Pablo…-me dijo- ¿para qué mi colegio, mi universidad, mis inicios de postgrado en Inglaterra? ¿para qué mis clases de fútbol, de ajedrez? Nunca me prepararon para caerme de una moto y quedar inválido. Mis padres decían: “Tenemos un hijo que va a ser nuestro orgullo. Tú serás el continuador de mi imperio y serás temido entre mis competidores, porque yo estoy te estoy preparando para ser un triunfador”…
 
Tenía todo…me faltaba una moto, también la tuve. La mejor: 750 centímetros cúbicos. ¡Una bala!. Tuve la moto y con ello lo creí tener todo… Nunca tuve a Dios. No lo necesitaba. No estaba en mis planes ni en los planes de mi padre. Nuestra ruta era la del triunfo y Dios no estaba en el camino.
 
Un día había llovido toda la noche. La carretera estaba mojada. Yo quise arriesgar y vivir el límite de mis posibilidades, pero… la moto rodó por el asfalto y me golpeé contra el suelo. Mi columna se partió en cien pedazos. Meses de hospital, recuperaciones, futuro incierto. Nunca me prepararon para esto. Se olvidaron de mi y me olvidé de mi alma.
 
Díselo tú a la gente. A mí no me van a creer. Simplemente descríbeme y mi imagen es la más clara necesidad de Dios.
 
Moraleja: Para ser un triunfador en la vida, hay que empezar, seguir y terminar en Dios. Sólo así, con un espíritu fortalecido en la fe, podrás sentirte un hombre triunfador.
 
Uno hace una casa para construir un hogar y, cuando llueva, si llegara a llover, tener dónde resguardarnos. Uno no tiene a Dios en su alma para cuando sufras un accidente, o te dé cáncer, o te despidan del trabajo… No. Tienes a Dios para ser feliz, Él te resguardará del peligro y, si te pasa algo, Él te dará consuelo.
 
Artículo originalmente publicado por encuentra.com
 
 
 

ORACIÓN:
 
Señor, me pongo a los pies de tu cruz en silencio. Quiero estar aquí sin decirte nada.
 
No quiero hacer grandes discursos o hermosas oraciones. Lo único que quiero es poner mi corazón en tus manos.
 
Quiero dejarme mirar por Ti y quiero darme cuenta que sólo aquí es dónde encuentro al gran amigo.
 
Tú conoces bien mi corazón, conoces mis sufrimientos y mis alegrías, sabes que muchas veces te he sido infiel, pero sabes que te amo.
 
Vengo, como san Pedro, para llorar mis pecados y para que Tú los laves y los cures. Hoy te abro las puertas de mi corazón de par en par.
 

REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO
 
Jesús viene a traernos el mensaje de la buena nueva, nos viene a sacar de las tinieblas y nos muestra la belleza del bien y de la verdad. Nos enseña el camino difícil, el camino del sacrificio y de la renuncia. Al mismo tiempo nos muestra la belleza del mismo, pues es un camino que da la vida. El seguir a Cristo nos pide que lo dejemos todo. Nos pide que nos pongamos de pie y que comencemos a caminar. Nos pide, es más, que corramos a su encuentro. Nos pide que volvamos a la casa del Padre.
 
Sin duda que para el hijo pródigo el camino de vuelta a la casa del Padre fue difícil y agotador. Sin duda que muchas veces se paró y reflexionó de nuevo si de verdad valía la pena volver a la casa paterna. Sin duda que viviría un poco mal, pero bueno, no le faltaría lo necesario y no tendría necesidad de emprender el largo camino. Pero me imagino, que cuando recibió el abrazo del Padre, cuando entró en la casa y contempló la belleza de los campos se dio cuenta que la elección que había tomado era la mejor. Que valía la pena cualquier sacrificio que hubiese hecho, pues el premio había superado todo, porque el premio era el amor. Y eso nadie se lo pudo dar, ni el placer ni el dinero.
 
Cristo viene a darnos la vida, viene a liberarnos de la esclavitud del pecado y viene a mostrarnos el camino del amor. Sin duda que en esta vida no es fácil y a veces podemos perder la motivación, a veces podemos volver la vista atrás. Será difícil pensar bien de alguna persona o dominarnos cuando queremos decir algo que va a herir a otros. Pero es Cristo mismo el Camino que nos lleva a la vida. Es Él quien nos muestra cómo se llega a la vida eterna.
 
Dejar que el Señor nos consuele. ¿Por qué en la liturgia se habla también de consolación? Porque viene del Señor y cuando viene del Señor toca el alma con estos sentimientos. Él viene como juez, sí, pero un juez que acaricia, un juez que está lleno de ternura y hace de todo por salvarnos. Dios juzga con amor, tanto, tanto, tanto que envió a su Hijo, y Juan subraya: no a juzgar sino a salvar, no a condenar sino a salvar. Por eso siempre el juicio de Dios nos lleva a esta esperanza de ser salvados.
(Homilía de S.S. Francisco 99 de diciembre de 2016, en santa Marta).

 

ESPECIAL BUENOS DÍAS


Educar en valores un desafío de nuestra época

¿Por qué, qué son, cómo transmitirlos?

Contenido

¿Por qué, qué son, cómo transmitirlos? 
¿Porqué educar en valores? 
¿Qué son los valores? 
¿Cómo transmitir los valores? 


Sin lugar a dudas, los padres de nuestra época tenemos un gran desafío para educar a los hijos en los valores que consideramos necesarios para hacerlos personas de bien.

Actualmente, los niños tienen un sinfín de medios que influyen en ellos, como son la televisión, las redes sociales, la escuela, el internet, etc., por lo que debemos estar muy atentos, en el entendido de que la familia debe seguir siendo el principal medio para la transmisión de los valores.

Siendo la familia el primer lugar de aprendizaje de los valores, como padres debemos ser el mejor ejemplo para nuestros hijos, ya que los niños hacen lo que ven y nosotros, como adultos, debemos transmitir estos conocimientos con nuestras conductas y actitudes, no sólo diciendo lo que nos parece que es bueno o malo, sino teniendo claro qué clase de personas queremos ser y qué mundo le queremos dejar a nuestros hijos.

Para lograr esta tarea, los padres necesitamos ser coherentes, consistentes, firmes y empáticos.

¿Porqué educar en valores?

Porque los valores son vivencias y experiencias que están dentro de nosotros, y es durante la niñez cuando se aprenden y asimilan estas vivencias. Porque una persona valiosa es alguien que vive de acuerdo a sus valores.

¿Qué son los valores?

Los valores son cualidades que las personas vamos adquiriendo y que nos hacen ser mejores. Son los fundamentos que rigen nuestras vidas y que nos ayudan a tomar decisiones. Son cualidades especiales que nos hacen ver las cosas de manera positiva.
Los valores valen por sí mismos; son importantes por lo que son, por ejemplo, aunque seamos injustos, la justicia sigue siendo un valor, lo mismo pasa con la honestidad, la generosidad, etc.
Hay valores universales ya que el ser humano vive en comunidad y necesita tener principios que orienten su comportamiento en relación con los demás, tales como la honestidad, la responsabilidad, la verdad, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, el respeto y la paz, entre otros; hay también valores personales, familiares, morales, sociales, materiales. Todos ellos nos ayudan a construir nuestra vida y a relacionarnos con las demás personas.

No basta con saber qué es un valor, lo importante es vivirlo; los valores se aprenden cuando se viven. Existen muchos valores y cada persona tiene su propia escala de valores, pero necesitamos mostrarles a nuestros hijos la mayoría, que sepan hacer suyos los valores que han observado en su familia, para que ellos, actuando con libertad tengan sus propios criterios y decidan su propia escala de valores, ya que uno de los fines de la educación es precisamente que nuestros hijos construyan su propia vida, pensando y eligiendo por ellos mismos, y así lleguen a ser felices.

¿Cómo transmitir los valores?

Antes que nada, a través del amor, la calidad de tiempo que demos a nuestros hijos, el interés y la empatía, los hábitos diarios y organizando nuestro tiempo para jugar con ellos, ya que este es un medio ideal para enseñar y aprender los valores.

En nuestra sociedad, donde se valora más lo que tenemos que lo que somos, existe una verdadera crisis de valores, por lo que tenemos que estar muy atentos a nuestro comportamiento para no caer en contradicciones, pues así como hay una escala de valores también hay una serie de antivalores como la irresponsabilidad, la deshonestidad, la intolerancia, el egoísmo y otros muchos que nos hacen tener una actitud negativa hacía los valores.

Debemos recordar que los niños aprenden con el ejemplo que les damos los padres, en nuestra forma de relacionarnos con los demás, de pedir las cosas, de cooperar, de ayudar, de reclamar, de tolerar, de aceptar, ya que si nuestro hijos conocen sus límites podrán lograr una convivencia sana, tanto en su familia como en su escuela y otros lugares.

Es pues en la familia donde se inicia la construcción de los valores. Si se viven en ella, los hijos los podrán aprender y practicar respetando a las personas que los rodean, pues son la base para relacionarnos y tener una convivencia armoniosa.
Pastoral Familiar Arquidiócesis de México Artículo originalmente publicado por Desde la fe


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