jueves, 20 de abril de 2017

Buenos días, 20 de abril de 2017



No recemos para estar a salvo de los peligros,
sino para no tener miedo al enfrentarlos.
 
 


VIDEO
 
 
 

SANTORAL
Inés de Montepulciano,
virgen (c. a. 1270-1317)
 
Inés de Montepulciano, Hildegunda, vírgenes; Teótimo, Marcelino, Lutardo, obispos; Sulpicio, Domingo de Leonisa, confesores; Vicente, Domnino, Marcelino, Teodoro, Serviliano, Víctor, Zótico, Zenón, Acindino, Cesáreo, Acindina, Severiano, Cristóforo, Teonás y Antonino, Alberto niño, mártires; Marciano, Hardouino, monjes; Zaqueo el publicano.
 
 
 
 

 
 

REFLEXIÓN:
 
Decálogo de la buena acogida
 
1.  Siempre que una persona venga a usted o usted se dirija a ella, hágalo con educación, amablemente. Dará confianza.

2.  Intente sonreír. Los entendidos dicen que para fruncir el ceño son necesarios 72 músculos. Para sonreír, tan sólo 14. Una sonrisa rompe barreras y ayuda para un trato mejor.

3.  Evite el distanciamiento, la frialdad. Ofrezca benevolencia, cordialidad, amistad. Un buen o mal trato es difícil de olvidar.


4.  Escuche al otro y ponga el máximo interés. De hacerlo así puede que llegue un día a sentir simpatía por todo el mundo.

5.  No nos olvidemos de pronunciar el nombre de nuestro interlocutor/a. A todos gusta oír el sonido agradable y familiar de nuestro nombre.

6.  Transmita la sensación agradable de que todo cuanto hace es por gusto, por puro placer, ya que cumple la voluntad de Dios.

7.  No sea avaro en ofrecer un elogio merecido. Pero en caso de crítica, de corrección, sea comedido en sus palabras.

8.  Respete siempre a las personas. Las ideas y las opiniones pueden ser muchas y contrapuestas: la suya, la mía, la de los otros, la falsa, la correcta, la verdadera.

9.  Intente ser útil. Procure solucionar problemas. Pónganse al lado de quienes sufren y esperan algo de usted.

10.  El valor de su vida crecerá, aquí y -lo más importante- en la vida eterna, en la medida en que haya atendido y hecho el bien a los demás.

​​
Alimbau. (1998).  Palabras para momentos difíciles. Barcelona: Ediciones STJ.
 
 
ORACIÓN:
 
Te alabo Señor porque a través de mí, le das fuerza a cada uno en mi hogar para realizar sus proyectos sin desanimarse.
 
Mi familia y yo estamos confiados en tus manos, seguros que intervienes en cada acontecimiento para salvarnos de las experiencias que nos roban la alegría.
 
Quiero seguir siendo bendición para mi familia y todos los míos, construyendo un ambiente de paz y proclamando a viva voz tu Palabra que sana y da la vida.
 
Dame la fortaleza para vencer los sentimientos egoístas que a veces pueden llevar a pensar sólo en el bienestar propio, sin escuchar las necesidades de los demás, dame la capacidad para actuar movido por tu amor y tu misericordia. Amén
 
Oración de Sanación
 
Mi Señor resucitado, al comenzar este día quiero darte gracias por tu gran misterio de amor y te suplico que me regales un poco de la fuerza de tu Espíritu y lléname de la alegría de tu presencia.
 
Quiero vivir alegre celebrando el día de tu triunfo glorioso sobre las tinieblas. El día en que destruiste la muerte, fueron rotas todas las ataduras y la luz emergió victoriosa entre las penumbras
 
Dame la valentía y la fuerza necesaria para aceptar tu voluntad y poder ser así un verdadero testigo de tu amor y de tu resurrección, comunicando al mundo que la oscuridad y la muerte han sido vencidas en Ti
 
Aquellas lágrimas derramadas a los pies de tu cruz, hoy se convierten en gozo. Tu historia de salvación se hizo eterna. Nos has abierto las puertas del Cielo con esta perfecta obra de amor de la que me hiciste parte.
 
Puedo decir con entera satisfacción que no he amado a una persona muerta, sino que sigo amando a un corazón vivo y que sigue derramando su misericordia y perdón a todos los que quieran volver sus rostros a Ti.
 
Oh Señor, no permitas que la llama de la fe y el poder de tu cruz se disminuya en mí y termine apagándose, por el contrario, ayúdame a mantenerla viva con la esperanza puesta en tu amor
 
Tú eres mi refugio y consuelo, por eso, sabiéndote vivo y presente, recurro al poder reconciliador de tu amistad para que repongas mis fuerzas
 
Ayuda ahora mi corazón a que salga de la oscuridad de sus vicios y resucite a una nueva vida haciéndote mi Señor, mi Rey y mi Salvador. Amén
 

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