jueves, 9 de marzo de 2017

Buenos días, 9 de marzo de 2017. Santo Domingo Savio. Santa Francisca

A veces luchamos por obtener algo y cuando lo obtenemos no luchamos de la misma forma para mantenerla


 
EL PROPÓSITO DEL DÍA
Sorprende a alguien con algo que a ti te ha sorprendido.
No tengas miedo, su corazón y el tuyo es el mismo, nos lo ha creado el mismo Dios. Por ello piensa en algo sorprendente y sorprende a alguien que ames. 


 
VIDEO
Necesario para comprender a los jóvenes nacidos en 1984 y después


 
 
SANTORAL
Domingo Savio,
confesor (1842-1857)
 
Francisca Romana, religiosa; Paciano, Benito, Gregorio Niseno, obispos; Catalina de Bolonia, virgen; Quirino, Cándido, Cirión, Vidal, Urpasiano, mártires
 
 
 



 
REFLEXIÓN:
 
Cuento del perdón
 
El tema del día era resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos patatas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una patata por cada persona que guardábamos resentimiento escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Como te puedes imaginar algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de patatas.

Naturalmente la condición de las patatas se iba deteriorando con el tiempo. La molestia de llevar a cuestas esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y como mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado desatendía cosas que eran más importantes para mí.
 
Todos tenemos patatas pudriéndose en nuestra mochila.

Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantenerme en el dolor, los enfados y la negatividad.
 
Me di cuenta que cuando hacia importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi estres, no dormía bien y mi atención se dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma alimentando mi espíritu de poder personal.
 
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
 
La felicidad yace en la habilidad de perdonar el pasado y disfrutar el presente.  Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra se abre…pero a menudo nosotros nos quedamos mirando tanto tiempo la puerta cerrada que no vemos la que ya se ha abierto para nosotros.” 
 
El perdón es una expresión de amor.

El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. La falta de perdón te ata a las personas. Te tiene encadenado. La falta de perdón es lejos el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes
 
Perdonar es un proceso. Perdonamos poco a poco, mientras seguimos adelante con nuestras vidas. A cada paso que avanzamos en el camino del perdón, nos sentimos más libres”.

 
ORACIÓN:

Señor mío, sabes que sin Ti no puedo ser feliz, ya que me hace falta el impulso que me lleva a actuar y hacer las cosas bien. Por eso, en este momento quiero que quites de mí, toda experiencia de tristeza y de miedo, y me ayudes a vivir con pasión todas las actividades de este nuevo día.
 
Ayúdame además a controlar mis emociones y a no dejar que ninguna circunstancia negativa me haga perder el control y decir o hacer lo que no es correcto.
 
Gracias por todas las bendiciones que derramas sobre aquellos que amo y que hoy pongo en tus manos para que les ayudes. En tu nombre y con la seguridad de tu bendición comienzo esta nueva jornada. Amén

 



ESPECIAL BUENOS DÍAS

7 consejos que leer antes de castigar a un niño

Una de las cosas más difíciles en la educación de un niño es saber cómo y cuándo castigarles.

Contenido

¿Qué debe hacer un padre (o un profesor) cuando un niño sabe precisamente qué botones tocar para presentar un desafío máximo y nada de lo que haga el educador parece funcionar? 
1) El castigo debería ser el último recurso. 
2) El educador debe esforzarse en hacerse querer por sus pupilos, si desea obtener su respeto. 
3) Excepto en casos muy raros, los correctivos y castigos no deberían darse en público, sino en privado y separados de los demás. 
4) Golpes de cualquier tipo, arrodillarse en posición dolorosa, tirar de las orejas y otros castigos similares deben evitarse absolutamente. 
5) El educador debe asegurarse de que las normas de disciplina, de recompensa y castigo están en conocimiento del pupilo, para que nadie ponga la excusa de que no sabía lo que era obligatorio o prohibido. 
6) Sea exigente en las cuestiones del deber, firme en la búsqueda del bien, valiente en la prevención del mal, pero siempre amable y prudente. Se lo aseguro, el éxito auténtico solo viene de la paciencia. 
7) Para ser auténticos padres en el trato con los jóvenes, no debemos permitir que la sombra de la ira oscurezca nuestra expresión. 


¿Qué debe hacer un padre (o un profesor) cuando un niño sabe precisamente qué botones tocar para presentar un desafío máximo y nada de lo que haga el educador parece funcionar?


En sus cartas a los profesores, San Juan Bosco o Don Bosco expuso un detallado Sistema preventivo” de educación que busca la disposición de los pupilos a “obedecer no por temor o coacción, sino por persuasión. Este sistema excluye todo tipo de fuerza y, en su lugar, la caridad debe ser la fuente de la acción”.

1) El castigo debería ser el último recurso.

En mi larga carrera como educador, esto es algo que me ha quedado claro muy a menudo. Sin duda, es diez veces más fácil perder la paciencia que controlarla, amenazar a un chico que persuadirlo. Sin duda, también, es mucho más gratificante para nuestro orgullo el castigar a los que se nos resisten en vez de aguantarles con bondad firme. San Pablo con frecuencia se lamentaba porque algunos conversos a la fe regresaban con gran facilidad a sus hábitos inveterados; sin embargo, lo llevó todo con una paciencia tan fervorosa como admirable. Este es el tipo de paciencia que necesitamos a la hora de tratar con la juventud.

2) El educador debe esforzarse en hacerse querer por sus pupilos, si desea obtener su respeto.

Cuando lo consigue, la omisión de algún gesto de afecto es un castigo que reaviva la emulación y el valor, y nunca degrada.
Todo educador debe hacerse amar si quiere ser temido. Obtendrá este gran propósito si deja claro con sus palabras, y aún más con sus acciones, que todo su cuidado y diligencia van dirigidos al bienestar espiritual y temporal de sus pupilos.

3) Excepto en casos muy raros, los correctivos y castigos no deberían darse en público, sino en privado y separados de los demás.

Por tanto, deberíamos corregirlos con la paciencia de un padre. Nunca, dentro de lo posible, corregir en público, sino en privado, o como se suele decir, in camera caritatis, al margen de los demás. Solamente en los casos de prevención o remedio de un grave escándalo permitiría correctivos o castigos en público.

4) Golpes de cualquier tipo, arrodillarse en posición dolorosa, tirar de las orejas y otros castigos similares deben evitarse absolutamente.

La ley los prohíbe y, además, irritan en gran medida a los muchachos y rebajan la reputación del educador.

5) El educador debe asegurarse de que las normas de disciplina, de recompensa y castigo están en conocimiento del pupilo, para que nadie ponga la excusa de que no sabía lo que era obligatorio o prohibido.

En otras palabras, los niños necesitan límites y responden bien a ellos. Nadie se siente seguro volando a ciegas y siempre termina en colisión.

6) Sea exigente en las cuestiones del deber, firme en la búsqueda del bien, valiente en la prevención del mal, pero siempre amable y prudente. Se lo aseguro, el éxito auténtico solo viene de la paciencia.

La impaciencia únicamente disgusta a los pupilos y extiende el descontento entre los mejores de ellos. Mi prolongada experiencia me ha enseñado que la paciencia es el único remedio incluso para los peores casos de desobediencia e irresponsabilidad entre los muchachos. En ocasiones, después de aplicar varios y pacientes esfuerzos sin obtener resultado, consideré necesario recurrir a medidas más severas. Sin embargo, estas medidas nunca consiguieron nada y, al final, descubría que la caridad siempre triunfaba allí donde la severidad solo había encontrado fracaso. La caridad es la cura para todo, aunque su efecto pueda ser lento.

7) Para ser auténticos padres en el trato con los jóvenes, no debemos permitir que la sombra de la ira oscurezca nuestra expresión.

Si en ocasiones nos pillan desprevenidos, dejemos que la brillante serenidad de nuestras mentes disperse de inmediato las nubes de la impaciencia. El autocontrol debe gobernar todo nuestro ser, nuestra mente, nuestro corazón, nuestros labios. Si alguien cae en falta, despierte la simpatía en su corazón e invite a la esperanza en su mente para esa persona; luego le corregirá con beneficio.

En ciertos momentos de dificultad, una oración humilde a Dios es mucho más útil que un estallido violento de ira. Sus pupilos no extraerán provecho alguno de la impaciencia de su mentor y usted no será modelo edificante para nadie que siga tus pasos.

***************************

No hay comentarios:

Publicar un comentario