viernes, 31 de marzo de 2017

Buenos días, 31 de marzo de 2017

El cristiano es esclavo del amor,
no del deber.
PAPA​  FRANCISCO
 



EL PROPÓSITO DEL DÍA
¡A trabajar en equipo!
Pídele a Dios saber escuchar la suave brisa, esos susurros que Él dice a tu corazón: haz esto así... llama a... este compañero te necesita...
¡que hoy el Señor te regale ser un ángel para los demás!   


 
VIDEO
 
 
 
SANTORAL
Balbina,
virgen y mártir († 132)
 
Renovato (Renato), obispo; Amós, Joab, profetas; Balbina, virgen y mártir; Benjamín, diácono; Teódulo, Anesio, Félix, Cornelia (Nélida), mártires; David, Esteban, Guillermo, Agilulfo, Daniel; confesores; Guido, abad; María Mamala,
 
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
Yo no ayudo a mi esposa
 
Un amigo vino a mi casa a tomar café, nos sentamos y hablamos, hablamos sobre la vida. En un momento determinado de la charla, yo dije: “Voy a lavar los platos y vuelvo en un instante”.
 
Él me miró como si le hubiera dicho que iba a construir un cohete espacial. Entonces me dijo, con admiración, pero un poco perplejo: “Qué bien que ayudes a tu mujer, yo no ayudo porque cuando lo hago mi mujer no lo elogia. Incluso la semana pasada limpie el suelo  y ni un gracias”.
 
Me volví a sentar y le expliqué que yo no “ayudo” a mi mujer. En realidad, mi mujer no necesita de ayuda, ella tiene necesidad de un compañero. Yo soy un socio en la casa y a causa de esa sociedad las tareas son divididas, pero no se trata ciertamente de una “ayuda” con las tareas domésticas.
Yo no ayudo a mi mujer a limpiar la casa porque yo también vivo aquí y es necesario que yo también la limpie.
 
Yo no ayudo a mi mujer a cocinar porque yo también quiero comer y es necesario que yo también cocine.
 
Yo no ayudo a mi mujer a lavar los platos después de comer porque yo también uso esos platos.
 
Yo no ayudo a mi mujer con los hijos porque ellos también son mis hijos y es mi papel ser padre.
 
Yo no ayudo a mi mujer a lavar, extender o doblar la ropa, porque la ropa también es mía y de mis hijos.
 
Yo no soy una gran ayuda en casa, yo soy parte de la casa. Y respecto a elogiar, le pregunté a mi amigo cuándo había sido la última vez que, después de que su mujer terminara de limpiar la casa, ocuparse de la ropa, cambiar sábanas, bañar a sus hijos, cocinar, organizar, etc., él le dijo, gracias. Pero un gracias del tipo: ¡Guau, querida! ¡Eres fantástica!
 
¿Esto te parece absurdo? ¿Te está pareciendo extraño? Cuando tú, una vez en la vida, limpiaste el suelo, esperabas como mínimo un premio de excelencia con mucha gloria… ¿Por qué? ¿No has pensado en eso, amigo?
 
¿Tal vez porque te han enseñado que todo eso debe ser hecho sin que tengas que mover un dedo? Entonces elógiala como querías tú ser elogiado, de la misma forma, con la misma intensidad. Echa una mano, compórtate como un verdadero compañero, no como un huésped que sólo viene a comer, dormir, bañarse y satisfacer las necesidades sexuales… Siéntete en casa. En tu casa.
 
El cambio real de nuestra sociedad comienza en nuestras casas, enseñemos a nuestros hijos e hijas el sentido real del compañerismo”.
 
 
 

ORACIÓN:
 
Amado Padre, gracias por hacerme libre y por todas las capacidades que me das de decisión sobre mi felicidad y compromiso con los demás.
 
Sé que Tú me conduces por los mejores caminos, me llevas de tu mano poderosa, y con tu luz me haces avanzar sin miedo a los tropiezos de la vida.
 
Ayúdame a adueñarme de tus estilo compasivo y amoroso Que sea tu dulce voz la que dirija mis palabras y mis acciones. No permitas que nada ni nadie me robe los momentos de gozo y tome control sobre mi felicidad. Tú eres el Dueño de la vida, ven y ayúdame a ser fuerte y enfrentar cada dificultad con valentía y alegría. Tuyo soy, a Ti voy. Amén

 
Reflexión del Papa Francisco:
 
La Voluntad de Dios. Éste es el camino de la santidad, del cristiano, es decir, que el plan de Dios sea realizado, que la salvación de Dios se cumpla.
 
Lo contrario comenzó en el Paraíso, con la no obediencia de Adán y aquella desobediencia ha traído el mal a toda la humanidad. Y también los pecados son actos de no obedecer a Dios, de no hacer la voluntad de Dios.
 
En cambio, el Señor nos enseña que éste es el camino, y que no hay ningún otro. Y comienza con Jesús, sí, en el Cielo, en la voluntad de obedecer al Padre, pero en la tierra comienza con la Virgen: con Ella. ¿Qué le dijo al Ángel? “Que se haga lo que tú dices”, es decir que se haga la voluntad de Dios. Y con aquel “sí” al Señor, el Señor ha comenzado su recorrido entre nosotros.
 
No es fácil. No ha sido fácil para Jesús que sobre esto fue tentado en el desierto y también en el Huerto de los Olivos, con el corazón atormentado, aceptó el suplicio que le esperaba.
 
No fue fácil para algunos discípulos, que lo dejaron porque no entendieron lo que quería decir hacer la voluntad del Padre.
 
No lo es para nosotros, desde el momento que cada día nos presentan tantas opciones sobre una bandeja. De ahí que se haya preguntado: ¿Cómo hago para hacer la voluntad de Dios?: pidiendo la gracia de querer hacerla.
 
¿Yo rezo para que el Señor me de las ganas de hacer su voluntad, o busco compromisos porque tengo miedo de la voluntad de Dios? Y otra cosa: rezar para conocer la voluntad de Dios sobre mi vida, sobre la decisión que debo tomar ahora… tantas cosas. Sobre el modo de administrar las cosas…
 
La oración para hacer la voluntad de Dios, y la oración para conocer la voluntad de Dios. Y cuando conozco la voluntad de Dios, también la oración, por tercera vez: para hacerla. Para cumplir aquella voluntad, que no es la mía, es la de Él. Y no es fácil”.
 
Hay que rezar para tener ganas de seguir la voluntad de Dios, rezar para conocer la voluntad de Dios y rezar, una vez conocida esta voluntad, para ir adelante con la voluntad de Dios (Homilía en Santa Marta, 27 de enero de 2015)


 
Oración de sanación
 
Señor mío, hoy es un día lleno de bendición porque me siento protegido bajo tu amparo y en el cumplimiento fiel de tus mandamientos. Tú eres mi refugio, en quien yo pongo mi confianza.
Te pido que toques mi corazón como lo hiciste con aquel leproso que un día llegó arrodillado a Ti suplicándote la sanación. Tú bien sabes la paz que le hace falta a mi vida
 
Dame la fuerza necesaria para vivir con intensidad y fidelidad tu Palabra y para hacerla viva y presente en obras buenas que sean beneficiosas para los míos y el de todos mis hermanos.
 
Quiero cumplir tu voluntad, no porque me lo pidas, sino por el amor tan grande que siento y que Tú mismo has depositado en mí. Ilumina mi mente para saber discernir entre tu voluntad y lo que yo quiero
 
Quiero también aprender a decir ¡NO! a aquello que me llena de angustia y me hace infeliz. Ven a mi vida y ayúdame a ser claro, sincero, transparente, para así tomar las mejores decisiones
 
Sé que me cuidas y me haces feliz. Me siento listo y preparado para encarar con buena actitud todos aquellos retos difíciles que me tocará vivir, porque estoy seguro que tu gran Poder me protege y me cuida.
 
Ayúdame a estar atento a las enseñanzas que se esconden tras las dificultades pues allí habrá una experiencia de amor y de fe que alimentará mi alma
Gracias por quedarte a mi lado, por hacerme experimentar tu presencia transformadora. Tú eres mi pastor y nada me falta. Amén.

 
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