miércoles, 29 de marzo de 2017

Buenos días, 29 de marzo de 2017



Cuida que tus palabras
no levanten muros.
 

Propósito para hoy
Iniciar siempre mis actividades, de cualquier tipo, pidiendo la gracia del Espíritu Santo
 
 

VIDEO
 
 


SANTORAL
Eustasio de Luxeüil,
abad († 625)
 

Jonás, Baraquisio, Acacio, Bertoldo, confesores; Cirilo, diácono y mártir; Segundo, Pastor, Victoriano, Armogastes, Máscula, Arquimimo, Sáturo, mártires; Eustasio, Simplicio, Constantino, abades; Baltasar Sánchez y Raimundo Lulio
 
 


 
 

REFLEXIÓN:

El león, Prometeo y el elefante
 
Un león no dejaba de quejarse ante Prometeo.
 
-         Tú me hiciste   fuerte y hermoso, dotado de mandíbulas con buenos colmillos y poderosas garras en las patas, y soy el más dominante de los animales. Sin embargo, le tengo un gran temor al gallo.
 
- ¿Por qué me acusas tan a la ligera? ¿No estás satisfecho con todas las ventajas físicas que te he dado? Lo que flaquea es tu espíritu. Replicó Prometeo.

Siguió el león deplorando su situación, juzgándose de pusilánime. Decidió entonces poner fin a su vida.
 
Se encontraba en esta situación cuando llegó el elefante, se saludaron y comenzaron a charlar. Observó el león que el elefante movía constantemente sus orejas, por lo que le preguntó la causa.

- ¿Ves ese minúsculo insecto que zumba a mi alrededor? -respondió el elefante -, pues si logra ingresar dentro de mi oído, estoy perdido.
 
Entonces se dijo el león: ¿No sería insensato dejarme morir, siendo yo mucho más fuerte y poderoso que el elefante, así como mucho más fuerte y poderoso es el gallo con el mosquito?

Moraleja: Muchas veces, muy pequeñas molestias nos hacen olvidar las grandezas que poseemos.
 
 
 
ORACIÓN:
 
Amado Padre, gracias por te has descubierto a mi corazón como el Padre amoroso y tierno que jamás falla y siempre se hace presente en mis momentos de temores y de debilidad.
 
Tú eres siempre cercano, me abrazas y me haces sentir que soy un hijo valioso y que en cualquier situación puedo volver los ojos hacia tu amor buscando protección y seguridad.
 
Dame tu amor, Dios de mi vida, para que mi corazón se restaure y se mantenga fuerte ante toda caída y desilusión.
 
Acompáñame con tu poder y no me dejes caer en la tentación. Amén

 
Reflexión del Papa Francisco:
 
El Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. El largo relato- ¡es largo!- inicia con un ciego que comienza a ver y concluye -esto es curioso- con los presuntos videntes que continúan permaneciendo ciegos en el alma.
 
El milagro es narrado por Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención no sobre el milagro en sí, sino sobre aquello que ocurre después, sobre las discusiones que origina. También sobre las habladurías, ¿no?
 
Tantas veces una buena acción, una obra de caridad origina habladurías, discusiones porque hay algunos que no quieren ver la verdad...
 
[...] El ciego curado es en primer lugar interrogado por la multitud sorprendida- han visto el milagro y lo interrogan; luego por los doctores de la ley; y éstos interrogan también a sus padres. Al final el ciego curado llega a la fe, y ésta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no sólo poder ver, sino conocer a Él, ver a Él, como la luz del mundo
Mientras el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús.
 
Los doctores de la ley hacen todo lo posible por negar la evidencia. Ponen en duda la identidad del hombre curado; después niegan la acción de Dios en la curación, tomando como pretexto que Dios no obra el sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre hubiese nacido ciego. Su cerrazón a la luz se vuelve agresiva y desemboca en la expulsión del hombre curado del templo. Expulsado del templo.
 
El camino del ciego en cambio es un camino por etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce a otro que a Él; de hecho dice: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos".
 
Como consecuencia de las insistentes preguntas de los doctores, primero lo considera un profeta y después un hombre cercano a Dios. Luego que ha sido alejado del templo, excluido de la sociedad, Jesús lo vuelve a encontrar y le “abre los ojos” por segunda vez, revelándole la propia identidad: "Yo soy el Mesías", le dice.
 
A este punto aquel que había sido ciego exclama: "¡Creo, Señor!", y se inclina ante Jesús .
 
Este es un relato del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de tanta gente: también nuestra gente ¿eh?, porque nosotros tenemos, algunas veces, momentos de ceguera interior.
 
Nuestra vida, a veces, es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, que se ha abierto a Dios y a la gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor!
 
Hoy estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos... (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 30 de marzo de 2014)

 
Oración de Sanación
 
Oh dulce amor, Señor del tiempo y de la historia, cómo dejar pasar este día sin agradecer todo lo que has hecho por mí, por rescatarme y liberarme de ese oscuro lugar en que mi alma estaba siendo sumergida.
 
Gracias por la vida y por las bendiciones, por ayudarme a ser alguien capaz de alcanzar sus sueños sin temor alguno y por darme la fortaleza necesaria para tomar impulso y darte lo mejor de mí.
 
Quiero que me sigas ayudando en mi camino de vida, a que me apoyes y me des la Gracia para librarme de esa ceguera que aún mantiene a algunos de mis sentidos ensombrecidos
 
Tu amor me impulsa a ser feliz y a mirar hacia adelante, por eso acudo a Ti, que eres la fuente del amor, para que mi corazón nunca se vea engañado por las fascinaciones del mundo y sea guiado a desiertos de dolor.
 
A ti confió mi mirada, mis ojos, mis oídos y todo de mí. Siento tu presencia poderosa que me acompaña y eso me es suficiente para dejarme guiar ciegamente por tu Verdad y descansar tranquilo bajo tu protección.
 
Oh mi Dios, mi dulce amor, que procuras mi bienestar y mi felicidad, dame vida en abundancia. En Ti, en tu fuerza, en tu perdón, tus consuelos y tu abrazo reconciliador, puedo encontrar esa paz que sanar mi alma.
 
Confío en que, a tu lado, tendré la valentía para no permanecer inmóvil a acciones de amor y de compasión por los demás
 
Dispongo ahora mi espíritu en tu dirección para seguir creciendo y dejar de ser ciego a tu verdad aceptando la invitación que haces a mi corazón. Amén
 
 

ESPECIAL BUENOS DÍAS



12 PASOS PARA APRENDER A 

PERDONAR

Contenido

1.- La elección de no vengarse y poner fin a la ofensa. 
2.- Reconocer tu herida y tu pobreza. 
3.- Compartir tu herida con alguien. 
4.- Identificar bien tu pérdida para hacerle el duelo. 
5. Acepta tu ira y tus ganas de venganza. 
6.- Perdónate a ti mismo. 
7.- Comprender al ofensor, 
8.- Encuentra un sentido a la ofensa, por difícil que pueda parecer. 
9.- Siéntete digno de perdón y perdonado. 
10.- Deja de empeñarte en querer perdonar. 
11.- Ábrete a la gracia de perdonar, ¡permite que Dios actúe en tu interior! 
12.- Decide si terminar la relación o renovarla. 


Jean Monbourquette, psicólogo canadiense, nos marca la ruta con un camino interior de 12 etapas desarrolladas en Cómo perdonar: perdonar para sanar, sanar para perdonar, de la editorial Sal Terrae.

El autor propone un camino espiritual y psicológico que requiere que busquemos en nuestra alma aquello que somos incapaces de realizar solos.

Las condiciones previas al perdón son:

1.- La elección de no vengarse y poner fin a la ofensa.

No hay necesidad de continuar sufriendo, tú eres responsable de restaurar tu propia dignidad y rechazar la condición de víctima. Vengarte, ya sea a través de pequeñas alusiones o con un contraataque directo, no serviría más que para alimentar tu rencor, retrasar la paz, como una herida cuya cicatrización evitaras voluntariamente.
La curación psicológica es la fase emocional de tu camino:

2.- Reconocer tu herida y tu pobreza.

Tu sufrimiento puede ser una mezcla de vergüenza y humillación, y aceptarlos te evita que se disfracen de ira o negación.

3.- Compartir tu herida con alguien.

Encuentra en tu entorno una persona que te ayude a verbalizar tus emociones, a tomar perspectiva y sentirte comprendido. No dudes en acudir al Pater

4.- Identificar bien tu pérdida para hacerle el duelo.

¡No le quites importancia! Las heridas no son comparables, el sufrimiento de cada uno es único. Identificar la herida permite entenderla mejor sin negarla ni dejarse abrumar. ¿Qué fibra sensible de tu interior ha tocado esta ofensa?

5. Acepta tu ira y tus ganas de venganza.

Eres… ¡normal! Admite tu ira para evitar que se proyecte contra otra persona o contra ti mismo, y encuentra válvulas de escape saludables, como el deporte.

6.- Perdónate a ti mismo.

¿Te sorprende? Sin embargo, corres el riesgo de querer parecer demasiado vulnerable, confiado, paciente… Pide la gracia de encontrar la compasión por ti mismo.

7.- Comprender al ofensor,

puede ser posible después de un tiempo de trabajo de curación en tu herida y te ayudará a diferenciar el acto de la persona.

8.- Encuentra un sentido a la ofensa, por difícil que pueda parecer.

Cada una de las heridas, una vez sanadas, puede convertirse en una oportunidad para crecer. Pregúntate por ejemplo qué has descubierto sobre ti mismo, tus límites o fragilidades, qué recursos nuevos puedes identificar, en qué van a cambiar las relaciones con los demás.

Por último, viene la etapa de perdón integral, que hace un llamamiento a todos tus recursos espirituales.

9.- Siéntete digno de perdón y perdonado.

Realiza la experiencia de dejarte amar de manera incondicional, por una fuente de Amor que te sobrepasa y que podrías llamar Dios si eres creyente. En esta certidumbre de ser amado y con la gran fuerza interior que procura, podrás continuar tu camino del perdón.

10.- Deja de empeñarte en querer perdonar.

Tu perdón es más grande que tú, requiere más generosidad que la puramente humana. Pide esa fuerza a Dios.

11.- Ábrete a la gracia de perdonar, ¡permite que Dios actúe en tu interior!


12.- Decide si terminar la relación o renovarla.

Este perdón te permite reencontrar tu libertad en la relación. Valora si es posible recuperar la relación entre los dos, aunque a veces es necesario ponerle fin. De todas formas, tu perspectiva sobre ti mismo y sobre el ofensor habrá cambiado profundamente, aunque no haya reconciliación o tu ofensor haya fallecido.

Aunque sea algo espiritual. Su valor curativo está demostrado: disminuye la ansiedad, alivia la depresión, calma los arrebatos de ira y aumenta la autoestima. Cassandra, a quien abandonó su marido dejándola sola con dos hijos de corta edad, cayó en una depresión. Hoy puede dar testimonio del recorrido de perdón que ha finalizado: el perdón que se ha dado a sí misma y el perdón que ha dado a su marido le han permitido redescubrir una nueva fuerza vital en ella y quitarse la pesada losa de sus espaldas; ha dejado de menospreciarse. Y ahora, tú también, para ser libre, ¡perdona!

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