miércoles, 15 de marzo de 2017

Buenos días, 15 de marzo de 2017. San Longinos. Santa Luisa Marillac


La aventura de los fuertes
es caminar con los ojos bien abiertos,
con la sonrisa dibujada en los labios y
con el corazón radiante,
entre las espinas de la incomprensión, las piedras de la dificultad y las sombras de la duda.
 

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PROPÓSITO PARA HOY
Haré un acto pequeño acto de caridad con alguien que no tolero mucho sin que nadie se de cuenta


 
VIDEO
Una sobrecogedora historia sobre cómo afrontar la Vida
 
 


SANTORAL
LONGINOS,
centurión (s. I)
 
Raimundo de Fitero, Sisebuto, Adyuto, Probo abades; Longinos, Aristóbulo, Menigno, Nicandro, Matrona o Madrona, Leocricia, mártires; Zacarías, papa; Clemente María Hofbauer, confesor; Especioso, monje; Luisa de Marillac, fundadora.
 
 


REFLEXIÓN:
 
En Navarra, el año 707, vivía en el valle de Goñi, un caballero llamado Teodosio, casado con Dña. Constanza de Butrón. 
 
Poco después de casarse, Teodosio tiene que abandonar su casa para dirigir la lucha contra los árabes. 
 
Dña. Constanza quedó sola en su palacio con los padres de Teodosio, a los que tuvo la deferencia de hacerles dormir en la habitación señorial, pasando ella a otra más pequeña. 
 
Cuando Teodosio volvía victorioso a su castillo, se le apareció el diablo disfrazado de Basajaun («El Señor de los Bosques») que le hizo creer que su mujer le engañaba con un criado. 
 
Teodosio, fuera de sí, se lanza a galope hacia su casa. 
 
Al amanecer penetra en su palacio y se dirige decidido y enfurecido a su habitación matrimonial con la daga desenvainada. 
 
Entra en la alcoba y apuñala retiradamente a las dos personas que dormían en su lecho convencido de que eran su esposa y el amante de ésta. 
 
Creyendo haber vengado el agravio, sale de casa y sobrecogido se encuentra con su esposa que salía de misa, aterrado, conoce que quienes dormían en su cama y a quienes había asesinado eran sus padres. 
 
Moraleja: la realidad es mucho más que una apariencia. Cuánto daño podemos causar por enjuiciar y tomar acción sin conocimiento.
 
 
 
ORACIÓN:
 
Oración para superar las dificultades de la vida
 
Oh Señor, te invocamos en este tiempo de sufrimiento, danos la fuerza y la voluntad de llevar nuestras pesadas cargas, hasta que podamos volver a sentir el calor y el amor de tu compasión divina. Míranos y ten misericordia de nosotros que luchamos para comprender las dificultades de la vida.
 
Mantennos siempre contigo, hasta que podamos caminar nuevamente con corazones de luz y espíritu renovado.
 



ESPECIAL BUENOS DÍAS

 

¿Sabías que un sacerdote católico fue quien propuso la teoría del Big Bang?


Para muchos el padre de la teoría del Big Bang (la gran explosión), es el físico ruso nacionalizado estadounidense, George Gamov; sin embargo, pocos saben que años antes esta teoría que busca explicar el origen del universo ya había sido propuesta por el sacerdote Georges Lemaître.

El P. Lemaître nació en Charleroi (Bélgica), en 1894. Era hijo de un médico y ya desde su infancia se distinguió por su habilidad para las matemáticas y su espíritu curioso. Atracción por las ciencias que enriquece con su vocación sacerdotal.

Gracias a sus estudios, en la década de 1920 tuvo la intuición de que el universo tenía una historia y se encontraba en evolución; oponiéndose así a la concepción de todos los científicos de época, especialmente Albert Einstein que estaba convencido de la teoría del universo estático, inmutable y eterno.

Como explica el científico Eduardo Riaza, Lemaître no tuvo inconvenientes en plantear un universo con un pasado infinito. Sus estudios de filosofía sobre la base de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino le mostraron que su planteamiento no contradecía su creencia en un Dios creador del mundo, ya que un universo creado no necesita un comienzo en el tiempo.

Conocemos el origen temporal del cosmos por medio de la Revelación Divina, pero en teoría nada impediría que Dios hubiera creado el universo desde siempre. Aunque el tiempo fuera infinito –tanto en el pasado como en el futuro–, no dejaría de tener una causa”, precisa.

Así, en 1930 Georges Lemaître propuso un modelo de universo bajo el nombre de hipótesis del “átomo primigenio” o “huevo cósmico”, el cual más tarde fue conocido como Big-Bang. Su reflexión se apoyó en los datos brindados por la observación de los espectros de ciertas galaxias recientemente descubiertas.

Según el sacerdote, la historia del universo se divide en tres periodos.


El primero es llamado “la explosión del átomo primitivo”, según la cual hace cinco mil millones de años existía un núcleo de materia hiperdensa e inestable que explotó bajo la forma de una super-radioactividad. Esta explosión se propagó durante mil millones de años y los astrónomos perciben sus efectos en los rayos cósmicos y las emisiones X.

Luego viene el período de equilibrio o el universo estático de Einstein. Afirma que finalizada la explosión, se establece un equilibrio entre las fuerzas de repulsión cósmicas en el origen del acontecimiento, y las fuerzas de gravitación, durante esta fase de equilibrio que dura dos mil millones de años, se forman los nudos y dan nacimiento a las estrellas y galaxias.

Finalmente siguen los períodos de expansión, iniciados hace dos mil millones de años. Afirma que el universo se encuentra en expansión a una velocidad de 170 km. por segundo de manera indefinida.

En 1933 durante un ciclo de conferencias organizadas por el Premio Nobel de Física, Robert Andrews Millikan, al que atendieron tanto Lemaître como Einstein, este último aceptó que el universo sí se expandía. No obstante, nunca admitió que el cosmos hubiera podido tener un comienzo; siempre creyó que Lemaître quería introducir en la ciencia la creación divina.

Por su parte, el sacerdote nunca intentó explotar la ciencia en beneficio de la religión, pues estaba convencido que ambas conducen a la verdad por caminos diferentes.

El científico cristiano […] tiene los mismos medios que su colega no creyente. También tiene la misma libertad de espíritu […] Sabe que todo ha sido hecho por Dios, pero sabe también que Dios no sustituye a sus criaturas […] La revelación divina no nos ha enseñado lo que éramos capaces de descubrir por nosotros mismos, al menos cuando esas verdades naturales no son indispensables para comprender la verdad sobrenatural. Por tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe”, dijo en una ocasión.

El P. Lemaître nunca buscó honores ni reconocimiento, aunque diversas republicaciones y traducciones de su artículo sobre el átomo primigenio a partir de 1933 le situaron en cabeza de la física mundial.

En 1948, George Gamov propuso una nueva descripción del comienzo del universo; y aunque es considerado hoy como el padre de la teoría del Big-Bang, las líneas maestras estaban nítidamente presentes en la cosmología del P. Lemaître.

Durante su vida obtuvo distintos cargos en la Academia Pontificia de las Ciencias, siendo asesor personal del papa Pío XII y presidente de la misma en 1960.

En 1979, durante el discurso del Papa San Juan Pablo II a la Pontificia Academia de las Ciencias con motivo de la conmemoración del nacimiento de Albert Einstein, citó algunas palabras del P. Lemaître sobre la relación entre la Iglesia y ciencia:

¿Podría, acaso, la Iglesia tener necesidad de la ciencia? No por cierto; la cruz y el Evangelio le bastan. Pero al cristiano nada humano le es ajeno. ¿Cómo podría desinteresarse la Iglesia de la más noble de las ocupaciones estrictamente humanas, la investigación de la verdad?”

20 Jun. 16 / 01:43 pm (ACI).-
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