jueves, 23 de febrero de 2017

Buenos días, 23 de febrero de 2017



Si tan solo nos apoyáramos en vez de criticarnos,
algún día nos enorgulleceríamos 
GEORGE LAZO.
 


PROPÓSITO DEL DÍA
 
Poner a los pies del Señor eso que se te está haciendo más duro.
No tienes nada que perder y mucho que ganar, haz la prueba y pídele que se manifieste de nuevo Vivo y real en tu vida. 




 
VIDEO
 

 
 
SANTORAL
Policarpo,
obispo y mártir (c. a. 69-155)
 
Celso, Félix, Ordoño, Wiligioso, obispos; Primiano, Florencio, confesores; Lázaro, Antonio, Dositeo, monjes; Romana, Milurga, Marta, vírgenes; Sereno (Sireno), monje y mártir; beata Rafaela Ibarra, fundadora de las RR. de los AA. Custodios.
 
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
La importancia de los detalles
 
El 1 de febrero de 1944 se reunían en Londres los altos jefes militares aliados bajo la presidencia del general IKE (Eisenhower) para preparar la invasión de la Europa nazi. Tras largas deliberaciones, se escogió el lugar adecuado para el desembarco: Normandía, y se preparó lo que, en frase del mariscal Rommel, sería, tanto para los aliados como para los alemanes, “el día más largo”
 
Cayeron miles y miles de toneladas de bombas arrojadas por la aviación aliada. Entretanto, las aguas de Normandía se vieron cubiertas por el despliegue fabuloso de las unidades navales: 7 acorazados, 27 cruceros, 167 destructores y más de 6.500 lanchas de desembarco. La infantería alemana, que defendía el terreno palmo a palmo e hizo de cada mata de hierba una trinchera, no pudo impedir el avance del ejército. A la semana de la invasión, los aliados habían logrado desembarcar 325.000 hombres, y mes y medio después eran un millón y medio de soldados los que penetraron en tierra alemana.

Ante tan fabuloso desembarco, un grave problema que se planteaba era el terreno de las playas: ¿Resistiría la arena el peso de los carros aliados? ¿se atascarían éstos? Esta cuestión era vital para el éxito de la operación. Para ello , un grupo de comandos desembarcó durante la noche en veinte playas diferentes para recoger muestras de arena. Una vez analizada ésta, se buscaron, a lo largo de las costas inglesas, las playas que tuvieran una arena semejante a aquéllas en las que se habría de realizar el desembarco. Estas zonas, declaradas secretas, iban a ser el campo de batalla donde se entrenarán las tropas de invasión.

He aquí cómo la gran operación del “día más largo”, la más abultada operación militar de todos los tiempos, se pudo llevar a cabo después de dar una importancia especialísima a una cosa pequeña: el tipo de arena de la playa de desembarco.
 
 


ORACIÓN:
 
Tú me regalas la oportunidad de acogerte libremente en mi corazón.
 
Cada vez que me pongo en tu presencia, es como aceptar un don que Tú ya me tendías con tu mano y que esperabas yo aceptara con mi voluntad.
 
Hoy quiero decirte que aquí estoy, Señor, y quiero estar contigo.

 
Reflexión del Papa Francisco

Quisiera poder imitarte Dios mío. Mi fe es tan pobre, que ver tu obrar en el Evangelio me sacude. Miraste al cielo, suspiraste. ¿Qué hubo en ese suspiro?, ¿una oración al Padre?, ¿un acto de confianza?
 
Cuántas veces me sucede lo contrario a mí. Me suelo encontrar en situaciones similares, donde parece que las exigencias son demasiado grandes, donde parece que mis fuerzas no me rinden más. Mi ánimo se desvanece mientras contemplo los problemas de mi vida, de la vida de quienes quiero y de quienes busco querer.
 
Tú miraste hacia el cielo y suspiraste. Yo miro hacia el suelo y suspiro.
 
Pero Tú constantemente me invitas a creer. Si mi corazón se encuentra asfixiado por no poder consolar a una persona querida que sufre; si mi corazón se encuentra asfixiado por una situación económica que me parece que puede empeorar; si mi corazón se encuentra asfixiado por no poder encontrar las respuestas que con tanto anhelo busco; si mi corazón se encuentra asfixiado por ese problema concreto, justo aquél que tanto me sofoca; entonces me ofreces la fe como un nuevo respiro.
Imitarte es mi deseo, Señor. Y decir creo en Ti ya engrandece un poquito más mi fe. Tú viniste a revelarme no sólo tu grandeza como Dios, sino también tu testimonio como hombre. Me enseñaste a vivir. Me enseñas a creer. Y mira que, el simple hecho de querer creer en Ti, Señor, me deja ver que mi fe puede crecer.
 
«Sin embargo, en el origen de nuestra vida cristiana, en el Bautismo, están precisamente aquel gesto y aquella palabra de Jesús: “¡Effatá! – ¡Ábrete!”. Y el milagro se cumplió: hemos sido curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón y del pecado y hemos sido incorporados en la gran familia de la Iglesia; podemos escuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado nunca o a quien la ha olvidado y sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo.»

(Ángelus de S.S. Francisco, 6 de septiembre de 2015).
  


ESPECIAL BUENOS DÍAS


¿Elogiar en exceso a los niños puede afectar a su autoestima?

Contenido

Los elogios más eficaces son los que se refieren a actuaciones concretas 
Cuando reciben elogios en exceso empiezan a ser dependientes de la opinión de los demás 
Elogiar en exceso a los niños puede hacer que pierdan el placer y el orgullo de disfrutar de sus propios logros 



Puede ser interesante pararse a pensar y hacer una lista de las cualidades positivas de nuestros hijos.

A veces estamos demasiado pendientes de lo que hacen con más dificultad y perdemos de vista las cosas interesantes, bonitas, inteligentes y amables.

Una sonrisa o decirles que te gusta cómo han hecho este trabajo son algunos de los mensajes positivos que podemos enviarles, en definitiva, es muy importante darse cuenta de lo positivo y expresarlo.

Pero ¡cuidado! No se trata de elogiar por elogiar sin moderación ni motivo.

Los elogios más eficaces son los que se refieren a actuaciones concretas, aquellos que ayudan al niño a desarrollar una mayor conciencia de lo que sí está bien y de lo que no está correcto.

Los elogios más eficaces son los que se refieren a actuaciones concretas

Reconocer lo positivo de los niños les ayuda a sentirse bien con ellos mismos y les motiva a aceptar el esfuerzo que supone un aprendizaje, ya que están seguros de sus capacidades, no obstante, el elogio excesivo y sin propósito, en ocasiones suele provocar que el móvil de las acciones del niño deje de ser interno para pasar a perseguir la recompensa externa, con lo que la satisfacción de sentirse capaz de hacer algo bien y de haberlo hecho pasaría a un segundo término. De hecho, cuando reciben elogios en exceso empiezan a ser dependientes de la opinión de los demás y actúan correctamente cuando saben que existe una recompensa. Como adultos tenemos la creencia de que el elogio aumenta la autoestima, sin embargo el efecto puede ser contrario y en lugar de desarrollar la confianza y la seguridad en ellos mismos puede desembocar en una dependencia de las alabanzas.

Cuando reciben elogios en exceso empiezan a ser dependientes de la opinión de los demás

Los niños "adictos a los elogios" sufren una mínima tolerancia a la frustración, dependen de la aprobación de los demás y no quieren "correr riesgos", su deseo es moverse en terreno seguro, así seguirán recibiendo alabanzas y continuarán forjándose una imagen positiva de sí mismos un tanto ficticia. Como padres, es importante reconocer en nuestros hijos el esfuerzo, el interés y la dedicación a determinados asuntos (actualmente la "cultura del esfuerzo" parece haber caído en el desuso), en lugar de decir: "¡eres un genio tocando el violín! sería interesante decir: "¡qué bien suena!, ¡se nota que has practicado!...

Un estudio con resultados interesantes sobre este tema fue el realizado por Joan Grusec (Universidad de Toronto) con niños de ocho a nueve años a quienes se les consideraba muy generosos y eran continuamente elogiados por ello. Estos niños desarrollaron tolerancia a la alabanza y necesitaban cada vez mayores dosis, se convirtieron en "adictos a los elogios"; cada vez que los niños escuchaban "palabras bonitas de su persona" manifestaban menos conductas de generosidad hacia sus compañeros.

Elogiar en exceso a los niños puede hacer que pierdan el placer y el orgullo de disfrutar de sus propios logros

Una de las grandes alegrías de la infancia es descubrir algo nuevo y saberse capaz de hacer algo por sí mismo. Los elogios en exceso pueden hacer que el niño pierda el placer y el orgullo de disfrutar de sus propios logros. Resulta imprescindible animarles a tener iniciativas y a hacer cosas por su cuenta comentándoles cuáles son sus fortalezas y debilidades y cómo convertir estas últimas en fortalezas, ellos lo agradecerán en el futuro.

POR ANA ROA Pedagoga y profesora especialista en Educación Infantil

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