jueves, 2 de febrero de 2017

Buenos días, 2 de febrero de 2017. La Presentación del Señor



La perfección no es cosa pequeña
pero está hecha de cosas pequeñas
Miguel Ángel.


 
Propósito del día

Rezaré, al menos, un misterio del rosario en algún momento del día, pidiendo que se cumpla la voluntad de Dios en mí y en cada uno de mis familiares.


 
VIDEO
 
 
 
SANTORAL
 
La Presentación de Jesús y la Purificación de la Virgen
La Presentación del Señor.
Cornelio, el Centurión
 
Catalina de Ricci, virgen;; Lorenzo, Flósculo, obispos; Cándido, Fortunato, Aida, Feliciano, Firmo, Aproniano, mártires; Adalbaldo, confesor; Juana de Lestonnac, fundadora.
 
 

 
 

REFLEXIÓN:
 
El mal de la sordera
 
En realidad, más que un problema para el otorrino es un problema para el cardiólogo. Bueno, no sé si los cardiólogos lograrán curarnos la sordera. Es que el problema de la mayoría de las sorderas es tema del corazón. Al fin y al cabo, todos escuchamos más con el corazón que con las orejas.
 
Sordo, por ejemplo, es:
 
El que no escucha los problemas de los demás, porque no le interesan.
El que no escucha el llanto de los niños carentes de hogar y de calor humano.
El que no escucha el hambre de tantos hombres y mujeres que no tienen pan.
El que no escucha cuando alguien le pregunta dónde has estado.
El que no escucha cuando alguien le pide que le preste más atención.
El que no escucha cuando alguien le pide explicaciones.
El que no escucha cuando alguien le pide le tienda la mano y le ayude.
El que no escucha cuando alguien le pide reconciliarse y vivir en paz.
El que no escucha el dolor que sale por las ventanas de los hospitales.
El que no escucha el grito de libertad que sale por las ventanas de las cárceles.
El que no escucha el dolor de unos padres que están abandonados y sin cariño.
El que no escucha a sus padres y prefiere escuchar a los amigotes.
El que no escucha a Dios que nos habla cada día en su Palabra.
El que no escucha a Dios que nos habla a través de los acontecimientos.
El que no escucha a la Iglesia que presta su voz a los sin voz.
 
No.
No siempre la sordera es una enfermedad del cuerpo.

Son muchos más los sordos del corazón y del espíritu.
 
 
ORACIÓN:
 
Oración 
 
María, Madre mía, me pongo a pensar en que me miras todo el tiempo para protegerme con tu abrazo maternal; dejo a esta experiencia conmover mi corazón y me viene un destello de gratitud.
 
¡Qué bueno es Dios con nosotros, que nos regaló una Madre así! Si temo, aunque tema lo que tema, te tengo a ti. Gracias, Dios mío. Gracias, Madre.

 
Reflexión del Papa

Hace un mes exactamente estábamos por celebrar la Navidad. Ahora parece que Jesús ha «madurado» demasiado rápido: tan metido en su «misión» que vive lejos de su familia. Ni siquiera María, su mamá, puede pasar un rato a solas con Él…
 
Cristo, en realidad, ha crecido en el amor a sus parientes. Más aún, está reconociendo la verdadera grandeza de María, aquello que une con más fuerza a los dos: el «Hágase en mí según tu palabra». ¿Cómo fue posible el nacimiento de Jesús? ¿Acaso no fue por la apertura de María a la voluntad de Dios? Por eso Cristo hoy quiere enseñar este doble nivel: existe un parentesco del cuerpo y de la sangre, pero hay algo más, una relación aún más profunda, que une los corazones. Esta conexión de espíritu sólo se da cuando dos almas tienen el mismo ideal: cumplir la voluntad de Dios.
 
Podemos pensar que cuando cumplimos la voluntad de Dios nos apartamos de los seres queridos. Por ejemplo, cuando un hijo o una hija se van de casa para adoptar la vida consagrada o sacerdotal. O bien, cuando hay compromisos de oración, de misa dominical, y debemos ausentarnos de actividades con los amigos. No hay nada más equivocado. Seguir la propia vocación, vivir compromisos de piedad nos fortalece como hijos de Dios, y sólo un hijo puede ser auténtico hermano.
 
Hay, además, una última lección en este Evangelio, la más importante de todas. Si buscamos realizar lo que Dios nos pide, estamos viviendo realmente como hermanos de Cristo que somos por el bautismo. El mundo dirá al vernos: «ése es hermano de Cristo, ¡se parece tanto a Él!». O, mejor todavía, ¡cuánta alegría le daremos a nuestra madre, María! ¡Ver que todos sus hijos nos parecemos a ella, al Hijo Mayor! Vivamos cada día con esta ilusión y este propósito: ser mejores hermanos de Cristo.
 
«María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. Ella es en verdad la Odigitria, la Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera discípula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre. La oración del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo. Cada vez que contemplamos un momento, un misterio de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qué modo Dios entra en nuestra vida, para luego acogerlo y seguirlo. Descubrimos así el camino que nos lleva a seguir a Cristo en el servicio a los hermanos.»(Homilía de S.S. Francisco, 8 de octubre de 2016).
 


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