jueves, 26 de enero de 2017

Buenos días, 26 de enero de 2016. San Timoteo y San Tito


Proponte ser benévolo con los jóvenes,
compasivo con los ancianos,
comprensivo con los que se esfuerzan,
tolerante con los débiles y los equivocados.
Alguna vez en la vida habrás sido todo esto.

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VIDEO
¿Y si el dolor nos condujera a la felicidad?
 

 
 
SANTORAL
Timoteo y Tito,
obispos y discípulos de san Pablo (s. I)
 
Teógenes, Marco, Teofrido, Auxilio y Atanasio, obispos; Simeón, anacoreta; Paula, Batildis, Notburga, viudas; Ansurio (Isauro) y Vimarasio, Gonzalo, Osario, Froaburga, Servando, Viliulfo, Pelayo, Alfonso, obispos; Gabriel de Jerusalén, Amón, Notburga, confesores; Alberico, Ammón, abades; Teoritgida, virgen
 
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
Fijar metas altas:
 
Un maestro quería enseñarles una lección especial a sus alumnos, y para ello les dio la oportunidad de escoger entre tres exámenes: uno de cincuenta preguntas, uno de cuarenta y uno de treinta. A los que escogieron el de treinta les puso una “C”, sin importar que hubieran contestado correctamente todas las preguntas. A los que escogieron el de cuarenta les puso una “B”, aun cuando más de la mitad de las  respuestas estuviera mal. Y a los que escogieron el de cincuenta les puso una “A”, aunque se hubieran equivocado en casi todas.  Como los estudiantes no entendían nada, el maestro les explicó: “Queridos alumnos: permítanme decirles que yo no estaba examinando sus conocimientos, sino su voluntad de apuntar a lo alto”.
Cuando apuntamos a lo alto, estamos más cerca de nuestros sueños que si nos conformamos con  pequeños objetivos.
 

ORACIÓN:

La oración preferida de Benedicto XVI. Se trata de la “oración común” de Pedro Canisio, el “segundo apóstol de Alemania”:
 
¡Dios eterno y todopoderoso, Señor, Padre celestial!
 
Vuelve tu mirada misericordiosa hacia nuestro llanto, nuestras miserias y nuestras penas.
 
Ten piedad de todos los cristianos para los que tu Hijo Único, nuestro Señor bienamado y Salvador, Jesucristo, entregó su propia voluntad en manos de los pecadores y derramó su preciosa sangre sobre la santa cruz.
 
Por Jesucristo, nuestro Señor, líbranos de todas nuestras penas, de los peligros presentes y futuros, de los rencores, las guerras y las armas, del hambre, de los momentos de angustia y de miseria.
 
En tu bondad, ilumina y fortalece a nuestros dirigentes religiosos y nuestros gobernantes, para que con sus acciones puedan participar de tu gloria divina, de nuestra salvación, de la paz y del bien de toda la cristiandad.
 
Concédenos, oh Señor, la paz, una justa unidad en la fe, sin divisiones ni separaciones.
 
Orienta nuestros corazones a la auténtica penitencia y a la edificación de nuestras vidas.
 
Enciende en nosotros el fuego de tu amor.
 
Danos hambre y sed de tu justicia, de modo que, como hijos obedientes, podamos regocijarte con nuestra vida y en la hora de nuestra muerte.
Te rogamos también, oh Dios nuestro, que se haga tu voluntad en nuestros amigos y enemigos, en las personas de buena salud y enfermas, en todos los cristianos afligidos y atribulados, en los vivos y en los difuntos, en nuestras profesiones y empresas, en nuestra vida y nuestra muerte.
 
Ayúdanos a beneficiarnos de tu gracia en este mundo y que vayamos allá donde estén todos tus elegidos para alabarte, honrarte y glorificarte junto a ellos.
 
¡Concédenos esto, oh Señor, Padre nuestro celestial!
Por tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén”.
 


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