martes, 17 de enero de 2017

Buenos días, 17 de enero de 2017. San Antonio Abad




No es verdad
que la felicidad significa tener una vida sin problemas.
 
Una vida feliz viene de la superación de los problemas,
de la lucha contra los problemas, de resolver las dificultades.
Zygmunt Bauman, filósofo polaco
 


VIDEO
 
Por el Papa Francisco
 
 

SANTORAL
 
SAN ANTONIO
 
Jenaro Sánchez Delgadillo,
sacerdote y mártir (1886-1927)
 
Antonio, Aquiles, Menio, abades; Rosalina, Milwida, vírgenes; Espeusipo, Eleusipo y Meleusipo (hermanos) y Leonila, Diodoro, Mariano, mártires; Jenaro Sánchez Delgadillo, sacerdote y mártir; Antonio, Mérulo y Juan, Julián Sabas, confesores; Sulpicio, obispo.
 

 
REFLEXIÓN:
 
7 principios claros que debemos tener claros:
 
1.     Todo sucede para el bien de los que Dios ama (Romanos 8,20). Aunque allí no se dice qué se incluye en ese “todo”: va desde los dones materiales de Dios, hasta la cruz y el martirio.
 
2.     Dios no permite que seamos probados más allá de nuestras fuerzas.
 
3.     Muchas veces las aguas nos llegan hasta el cuello, pero no nos ahogan.
 
4.     Muchas veces Dios espera que le pidamos lo que necesitamos, incluso con sacrificios, penitencias y votos generosos, y luego actúa. Porque quería suscitar en nosotros esos actos que nos han de santificar.
 
5.     La cruz está en el camino ordinario de toda persona llamada a la santidad. Y debemos aceptar con paciencia y resignación nuestras cruces; para eso podemos leer con fruto el Libro de Job.
 
6.     Esto no nos exime de poner de nuestra parte todos los medios materiales para encontrar una salida. Precisamente muchas veces la gracia que Dios nos da no es el encontrar la salida de nuestros problemas sino la gracia de intentarlo una vez más, lo cual también viene de Dios.
 
7.     En nuestra debilidad se manifiesta la fuerza de Dios, como dice san Pablo. A veces Dios espera a que estemos completamente abatidos y recién allí actúa, para que se vea que ha sido su mano la que nos salvó y no nuestras fuerzas.
 
Sé que no es sencillo, pero si es tu caso, nunca dejes de orar.
 
Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5,20)
 
 
 
ORACIÓN:

Señor, como María, quiero desde hoy ser uno que es dócil a tu Palabra y que sale de sí a servir a los hermanos que tanto necesitan de Ti. Gracias por darme la oportunidad de tener como Madre a María y de aprender de ella, gracias por su amor de Madre y por todas las bendiciones que a través de ella, nos has dado a nosotros lo que la amamos y la descubrimos como modelo de discípulo que Tú nos has llamado a tener. Gracias por todo lo bueno que me das, por ayudarme a ser cada día un mejor ser humanos. Hágase en mí según tu Palabra. Amén
 
Reflexión del Papa Francisco
 
[...] El Evangelio nos presenta la escena del encuentro entre Jesús y Juan el Bautista, cerca del rio Jordán. Quien la describe es el testigo ocular, Juan Evangelista, que antes de ser discípulo de Jesús era discípulo del Bautista, junto con el hermano Santiago, con Simón y Andrés, todos de Galilea, todos pescadores.
 
El Bautista ve a Jesús que avanza entre la multitud e, inspirado del alto, reconoce en Él al enviado de Dios, por esto lo indica con estas palabras: «¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! » (Jn 1,29).
El verbo que viene traducido con “quitar”, significa literalmente “levantar”, “tomar sobre sí”. Jesús ha venido al mundo con una misión precisa: liberarlo de la esclavitud del pecado, cargándose las culpas de la humanidad. ¿De qué manera? Amando.
 
No hay otro modo de vencer el mal y el pecado que con el amor que empuja al don de la propia vida por los demás.
 
En el testimonio de Juan el Bautista, Jesús tiene las características del Siervo del Señor, que "soportó nuestros sufrimientos, y aguantó nuestros dolores" (Is 53,4), hasta morir sobre la cruz. Él es el verdadero cordero pascual, que se sumerge en el rio de nuestro pecado, para purificarnos.
 
El Bautista ve ante sí a un hombre que se pone en fila con los pecadores para hacerse bautizar, si bien no teniendo necesidad. Un hombre que Dios ha enviado al mundo como cordero inmolado.
 
En el Nuevo Testamento la palabra “cordero” se repite varias veces y siempre en referencia a Jesús. Esta imagen del cordero podría sorprender; de hecho, es un animal que no se caracteriza ciertamente por su fuerza y robustez y se carga un peso tan oprimente.
 
La enorme masa del mal viene quitada y llevada por una creatura débil y frágil, símbolo de obediencia, docilidad y de amor indefenso, que llega hasta el sacrificio de sí misma.
 
El cordero no es dominador, sino dócil; no es agresivo, sino pacifico; no muestra las garras o los dientes frente a cualquier ataque, sino soporta y es remisivo.
 
¿Qué cosa significa para la Iglesia, para nosotros, hoy, ser discípulos de Jesús Cordero de Dios? Significa poner en el lugar de la malicia la inocencia, en el lugar de la fuerza el amor, en el lugar de la soberbia la humildad, en el lugar del prestigio el servicio.
Ser discípulos del Cordero significa no vivir como una “ciudadela asediada”, sino como una ciudad colocada sobre el monte, abierta, acogedora y solidaria.
 
Quiere decir no asumir actitudes de cerrazón, sino proponer el Evangelio a todos, testimoniando con nuestra vida que seguir a Jesús nos hace más libres y más alegres... (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 19 de enero de 2014)
 

Oración de Sanación
 
Padre amado, quiero que vengas hoy sobre mí, con todo tu poder, con todo tu amor, y hazme sentir el gozo de vivir entre los que te adoran y te convierten en su primera opción de vida.
 
Hoy, quiero que hagas saltar de alegría a mi alma como lo hiciste con San Juan Bautista. Quiero sentir tu fuego abrazador, tu grandeza, tus Palabras llenas de esperanzas que me hacen salir de mis propios desiertos.
 
Me gustaría aprender a proclamar tu amor y tu verdad aunque a muchos no les agrade. Quisiera tener la valentía y la fe como la de Juan el Bautista, que señaló tus caminos entregado a tu proyecto de vida.
 
Que pueda yo aprender de su ejemplo, a imitarlo en esa coherencia de fe que no se doblega ante las amenazas o improperios. A que, con la ayuda de tu amor, sea fuerte y valiente en la prueba y las dificultades.
 
Quiero también sentir que disminuyo a medida que te doy a conocer, porque sólo Tú debes brillar, sólo Tú eres grande, quien debe resaltar desde todos mis entrañas hasta donde me alcance la voz.
 
Quiero ser testimonio de tu amor y que todas mis acciones estén llenas de Ti, de tu bondad. Que quien esté a mi lado, pueda reconocerte a Ti, reconocer tu rostro de compasión.
 
Ayúdame, con tu poder, a superar todos mis obstáculos en mi interior, que no me permiten anunciarte en todos mis ámbitos.
 
Ven y silencia mi mente, rompe toda atadura mundana y libérala de todo aquello que me separa de una vida de gozo junto a Ti. Amén
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Cómo encontrar el sentido para querer estudiar?

Hay muchas cosas que podemos usar como motivaciones para realizar nuestros quehaceres y cumplir con nuestros deberes; no solo con los académicos, también con los laborales, los familiares y los espirituales.

Contenido

Estudiar es algo difícil y exigente. 
1. Amor a ti mismo 
Estudia por amor a ti, Dios desea que te ames y cuides de ti mismo, y luego que hagas lo mismo con los demás. 
2. Amor al trabajo bien hecho 
Las cosas bien hechas tienen un tremendo valor. 
3. Amor a tus padres 
Estudia por amor, no por temor a tus padres. 
4. Amor a los planes que Dios tiene para ti 
Si mi corazón es capaz de reconocer la voz de Dios y descubrir cuál es llamado particular que Él hace en mi vida (vocación), seguro me será más fácil esforzarme con alegría en mis estudios, pues sé que esto es parte de algo más grande que el Señor tiene preparado para mí. 
5. Amor a los demás (mis estudios como oportunidad de servicio) 
No debes olvidar que la oportunidad de aprender, de estudiar y de rendir, es un don para poner al servicio de los demás.
6. Amor al apostolado 
Tu tiempo de estudio puede ser una ofrenda que Dios recibirá con agrado y amor. 


Estudiar es algo difícil y exigente.

Si a eso le sumamos que no te sientes motivado, no tienes ganas y parece que no hay un “porque” para hacer las cosas; entonces te queremos ofrecer algunas ideas para encontrarle sentido a tus estudios, que no serán más que ideas, sino abres tu corazón y permites que Dios entre en ellas y te ayude a encontrar esa motivación que necesitas.

 ¿Haces las cosas por temor a las consecuencias que conlleva el no haberlas realizado, o las haces sin pensar en las consecuencias negativas o positivas, considerando solo el hecho de amar al destinatario de aquello que estas realizando? Nos quedamos con la segunda. El amor es la clave.

1. Amor a ti mismo

Estoy seguro que conoces las instrucciones de Jesús sobre el amor al prójimo y que Él pone como punto de referencia a “uno mismo” (Cf. Mateo 22, 39). Es decir, lo primero es amarme a mí para poder amar al otro. Pero, ¿y qué pasa si me amo mal?, ¿qué ocurre si me permito la mediocridad, la flojera, el desánimo, la desesperanza?Amarte a ti mismo es la primera parte.

Estudia por amor a ti, Dios desea que te ames y cuides de ti mismo, y luego que hagas lo mismo con los demás.

Dios desea lo mejor para ti, ¿qué tal si te pones en camino de desear lo mismo y lo haces con amor? Qué lindo y agradable es ir superándote, ir pasando asignaturas, cursos, grados, qué satisfactorio es mirar hacia tu interior y no tener nada que reprocharte. Estudia como un gesto de amor hacia ti mismo.

2. Amor al trabajo bien hecho

Un buen amigo siempre me dice: no hay una segunda oportunidad para una primera impresión.
Hacer las cosas bien o hacerlas mal no es lo mismo, y no debes permitirte el acostumbrarte a que te de lo mismo.

Las cosas bien hechas tienen un tremendo valor.

Un cuento corto: los “Reyes Magos” no eran cristianos, no eran judíos, ni siquiera eran reyes o magos (según las escrituras eran sabios de oriente) y podemos deducir que se dedicaban a la astrología (estudiar los astros y la mitología). Estaban tan comprometidos con hacer un trabajo bien hecho, que cuando vieron la estrella se pusieron en marcha rápidamente. Eran unos apasionados por su trabajo. Tanta fue su pasión que eso los llevó a encontrarse con el mismo Jesús envuelto en pañales y en los brazos de su Madre. El trabajo bien hecho llenará tu corazón de satisfacción y orgullo, pero sobre todo, te llevará a Dios, incluso si no lo estás buscando.

3. Amor a tus padres

Estudia por amor, no por temor a tus padres.

Míralo en positivo: es mejor poner todo de ti pensando en que tus padres estarán alegres y orgullosos si te va bien, que pensar poner todo de ti, porque si no lo haces recibirás una sanción o un castigo. 

Ama a tu padres, demuéstraselo con tu esfuerzo y que ese esfuerzo (independiente del resultado) sea por amor a ellos y no por miedo a sus reacciones. (Aquí tal vez añadiría que tus padres te exigen porque te aman y quieren lo mejor para ti).

4. Amor a los planes que Dios tiene para ti

No somos producto de una casualidad, ni del deseo de nuestros padres, ni de un error de planificación: nuestra existencia tiene su origen en la voluntad de Dios. Si Él nos ha puesto acá, no está improvisando. Es una buena idea preguntarle qué planes tiene para mí a mediano y a largo plazo.

Si mi corazón es capaz de reconocer la voz de Dios y descubrir cuál es llamado particular que Él hace en mi vida (vocación), seguro me será más fácil esforzarme con alegría en mis estudios, pues sé que esto es parte de algo más grande que el Señor tiene preparado para mí.

5. Amor a los demás (mis estudios como oportunidad de servicio)

Es un poco egoísta pensar que solo estudias para ti. Que tus calificaciones, tus títulos universitarios y tus grados académicos tienen como único fin el acomodarte bien en la vida y que no te falte nada.

No debes olvidar que la oportunidad de aprender, de estudiar y de rendir, es un don para poner al servicio de los demás.

Los dones son para compartirlos, y tú estás estudiando no solo para ti, sino para todos los que en un futuro (y también hoy mismo) están a tu alrededor.

6. Amor al apostolado

Tu tiempo de estudio puede ser una ofrenda que Dios recibirá con agrado y amor.

Ofrécele a Él este tiempo, eso le dará un sentido distinto a ese momento de aprendizaje, sobre todo, si lo ofreces por alguna causa noble o por alguna persona en necesidad.
Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración” (San Josemaría Escrivá, Camino, 335).

Misionero laico a tiempo completo, dedicado a la Evangelización de jóvenes. Charlista y escritor. Es también vloguero en Catholic-link www.sebacampos.com



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