miércoles, 11 de enero de 2017

Buenos días, 11 de enero de 2017

Todos necesitamos una casa para vivir,
pero un soporte familiar es lo que construye una casa.
Anthony Liccione.
 
 


El propósito de hoy

Parar en medio de tu jornada para volver a recobrar la Paz.
No dejes que el día te viva a ti. Toma el móvil en la mano y ponte una alarma a media mañana para volver tu mirada hacia quien es la Paz. 

 
VIDEO


 
 
SANTORAL

Tomás de Cori,
confesor (1655-1729)
 
  Higinio, papa; Paulino, patriarca; Palemón, eremita; Salvio, Leucio, Egwino, obispos; Salirio, Donato y Agento, Pedro, Severo, Lenco, mártires; Tomás de Cori, confesor; Teodosio, monje; Honorata, virgen; Martín de León, canónigo regular; Agente, Donato, Agustín, Salvio, Félix, Floro, Gémino. Pace, Pensalino, Eugenio, Esteban, Filón, Felicidad, Ciriaco, Ebiciaro, Castelo, Morosito, mártires en España.
 

 
REFLEXIÓN:

HISTORIA DE UNA PRINCESA
 
Una princesa inteligente y hermosa, hija única del Emperador de China, vivía en el palacio real rodeada de una corte espléndida.
 
Cuando le tocó casarse, de acuerdo con su padre decidió escoger esposo entre todos los jóvenes súbditos del imperio. Quería el hombre más hermoso, más valiente y más extraordinario de todo el imperio.
 
Se enviaron mensajeros a todos los rincones del país. Los jóvenes que creían reunir las cualidades requeridas deberían presentarse en el palacio, en un día señalado.
 
En una lejana provincia del imperio, vivía un hombre muy hábil; no era hermoso, sus rasgos duros revelaban claramente que era cruel y malvado, desconfiado y calculador. Era efectivamente un ladrón y asesino; mas quería a toda costa someterse a la selección, y… se le ocurrió una idea feliz para poder participar.
 
Encargó al mejor fabricante de máscaras de CHINA, una que expresara la máxima belleza. En aquellos tiempos el arte de hacer máscaras, estaba en su apogeo y el ladrón mismo, quedó asombrado del resultado.
 
En vez del rostro cruel y duro, sus rasgos eran gracias a la máscara los de un hombre a la vez dulce y noble. Expresaban poder y dignidad, fortaleza y honradez, amor y servicio, ternura y alegría, así que no le resultó difícil quedar seleccionado.
 
Al verlo la princesa quedó impresionada, sin dudarlo lo escogió. Pero delicada como era, no quería obligar a nadie a ser su esposo a la fuerza.
 
Lo llamó aparte. Nuestro hombre enmascarado se encontró frente a un dilema, ¿Qué hacer???, decir no a la princesa era denunciarse a sí mismo y ser ejecutado. Si se casaba sucedería lo mismo. Maldijo el día en que se le ocurrió lo de la máscara y se sintió confuso y entristecido. Pero un día le vino a la mente una idea: pedirle el plazo de un año para reflexionar.
 
A la princesa esto le agradó sobremanera y aceptó. Aquel hombre demostraba prudencia e inteligencia.
 
¡ Qué situación la de aquel hombre! No podía escapar. Conocido en todas partes como el hombre más hermoso del imperio, le tocó representar su personaje. Debía cuidar cada palabra que pronunciara, mostrarse lleno de elegancia y delicadeza, ser valiente. Aprendió la bondad y generosidad que todos leían en su rostro. Comenzó a ser compasivo y piadoso, ayudaba, consolaba a los tristes, pero veía bien clara la diferencia entre su máscara y su corazón… ¡Imposible olvidar quien era!
 
¡Cuánta lucha, cuánta tensión. ¡Cuánta energía tenía que desplegar para desempeñar su papel de impostor! Su corazón se consumía.
 
Cuando la gente agradecía su proceder o le hacían alabanzas, se sentía muy incómodo. Se horrorizaba de lo fácil que resulta engañar a la gente, aparentar sin ser.
 
El peor momento fue el de volver a ver a la princesa, su prometida.
 
Decidió decirle toda la verdad y asumir las consecuencias, las que fuesen.
 
Se echó por Tierra, la saludó y lloró contándole su engaño: Soy un bandido y me hice esta máscara, tan sólo por contemplar el interior de este palacio y para ver a la princesa famosa entre todas las mujeres del imperio.
 
¡Cuánto siento haber retrasado sus planes de matrimonio todo un año!
 
La princesa se enfadó mucho pero… se sintió picada por la curiosidad, ¿Qué tipo de hombre se oculta bajo tal máscara?...
 
Y le dijo entonces: -Me engañaste, pero te pediré un favor luego te dejaré, ¡quítate la máscara, déjame ver tu verdadero rostro y después, ¡desaparece!
 
Temblando de miedo, el hombre se fue quitando la máscara.
 
Los ojos de la princesa estaban fijos del asombro, de pronto… con voz segura sin ocultar su enojo le dijo: ¿Porqué me has engañado?, ¿por qué llevas una máscara que reproduce exactamente tu verdadero rostro?....
 
El impostor, confuso, aturdido, negaba con la cabeza, pues de su boca no lograba salir ni una palabra. La princesa mandó acercarle un espejo. ¡Era cierto! Su propio rostro había cambiado. Un año entero de lucha y sufrimiento por ser como su máscara lo había transfigurado.
 
Su rostro se había identificado con su máscara, había llegado a convertirse en lo que intentaba ser.
 
 
 
ORACIÓN:
 
Oración para comenzar el año nuevo
 
Señor, pongo en tus manos el año que pasó.

Te doy gracias, porque significó una oportunidad de encontrarte
y de realizarme como persona.
 
Estoy seguro que tendrás una mirada misericordiosa para mis errores y equivocaciones.
 
Pongo en tus manos el año que empieza.

Vos que estás más allá del tiempo y del espacio, estarás siempre conmigo, lo sé muy bien.
 
Ayúdame a descubrir tu presencia en todo.

Aumenta mi Fe.
 
Dame fortaleza y perseverancia en las pruebas.
 
Quiero recordar que nunca sucederá nada que no pueda superar si Vos estás a mi lado.
 
Señor, que cada día del año que empieza pueda hacer lo que es bueno a tus ojos y lo que hace felices a los que comparten mi vida.
Amén

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Mis padres deberían cumplir las mismas normas que yo con el móvil»

Un estudio pone de manifiesto las demandas de los más jóvenes en relación al uso que sus progenitores hacen de estos teléfonos

Contenido

No quieren que sus padres utilicen la tecnología en determinados contextos sociales y, sobre todo, demandan de sus padres que les presten atención cuando están intentando contarles algo que consideran importante. 
No quieren que sus padres compartan información sobre ellos sin consultárselo primero y sin su aprobación. 
Piden que les dejen tomar decisiones respecto al uso que hacen de la tecnología. 
Demandan que sus padres utilicen también la tecnología con moderación, y que no se convierta en su principal forma de ocio. 
Piden que sus padres establezcan normas relacionadas con el uso de la tecnología, y en especial que les protejan de los contenidos no deseados con los que en ocasiones se encuentran. 
No les gusta que sus padres utilicen sus móviles durante la conducción, ni que aprovechen los semáforos en rojo para contestar a sus mensajes. 
Esperan que sus padres cumplan las mismas normas que establecen para sus hijos.


S. F. - ABC_FAMILIA MADRID

Guillermo Cánovas, director del Observatorio para la Promoción del Uso Saludable de la Tecnología EducaLIKE, ssegura que los alumnos con los que trabaja sobre la necesidad de respetar una serie de normas básicas relativas al uso de los teléfonos móviles, suelen mostrarse bastante receptivos: «a unos les cuesta más y a otros menos, pero por lo general aceptan que deben establecerse unos horarios, lugares y normas básicas de educación en relación al uso de estos dispositivos. Entienden que hay momentos, como las comidas y las cenas con la familia, en los que no es posible estar contestando mensajes mientras tus padres te están preguntando por las vicisitudes del día, por ejemplo».

Lo bueno de trabajar en colegios e institutos muy dispares, prosigue este experto, es que puedes deducir cuáles son las preguntas o dudas que más se repiten entre los propios menores, independientemente de la procedencia y características de cada sitio. Y una de las cuestiones que suele salir a relucir, con menos frecuencia entre los niños pero con mucha entre los adolescentes, es el papel que juegan los padres en esta cuestión. Y más en concreto, el tema del ejemplo. Pocos son los grupos de alumnos, revela Cánovas, en los que al plantearles esta cuestión, no surge finalmente algún comentario o pregunta directa del tipo: «¿y si mis padres son los primeros que contestan los Whatsapp durante la comida…?».

«Resulta complicado trasladar a los menores de edad la necesidad de plantearse estas cuestiones si no las observan entre sus mayores. Es contraproducente que observen a sus padres anteponer la respuesta a un WhatsApp ante cualquier otra cuestión, y más cuando supone interrumpir una conversación cara a cara, dejar de prestar atención a algo que te están contando, o simplemente llevar a cabo una actividad como el juego con sus hijos. Creo que muchos de los mensajes que recibimos pueden y deben esperar ante determinas situaciones. Tanto mayores como menores debemos aprender a priorizar, a relacionarnos de forma saludable con la tecnología, y a ser considerados con los demás. Todos hemos experimentado lo que es realizar un trayecto en tren, metro o autobús, escuchando las voces de una persona que parece tener la necesidad de que todos se enteren del contenido de su conversación», recuerda el director de EducaLIKE.

Tal vez sea el momento de plantearnos también qué es lo que los niños y adolescentes esperan de sus padres, en relación al uso de los teléfonos móviles y la tecnología en general. Algunas normas no debieran respetarlas solo ellos. El reciente estudio «Not at the Dinner Table: Parents’ and Children’s Perspectives on Family Technology Rules», realizado conjuntamente por la Universidad de Michigan y la de San Francisco, pone de manifiesto las demandas de los más jóvenes en relación al uso que sus progenitores hacen de los teléfonos móviles. «Tal vez muchos padres y madres no se hayan planteado esta cuestión, pero sus hijos también tienen cosas que decir al respecto. Tanto niños como adolescentes demandan más atención cuando están contando algo en casa, piden que sus padres les consulten antes de publicar fotografías suyas y, por supuesto, no quieren que sus padres utilicen el móvil mientas conducen», advierte el también autor del blog Kids and Teens online.

Estas son algunas de las cuestiones que muchos menores manifiestan en el estudio:

No quieren que sus padres utilicen la tecnología en determinados contextos sociales y, sobre todo, demandan de sus padres que les presten atención cuando están intentando contarles algo que consideran importante.

No quieren que sus padres compartan información sobre ellos sin consultárselo primero y sin su aprobación.

Hay comentarios que un menor nunca haría sobre sí mismo en internet, o imágenes que no publicaría, pero puede encontrarse con que sean sus propios padres quienes lo hagan.

Piden que les dejen tomar decisiones respecto al uso que hacen de la tecnología.

Quieren más autonomía a la hora de disponer de su propio tiempo, y privacidad en las conversaciones que mantienen con sus amigos.

Demandan que sus padres utilicen también la tecnología con moderación, y que no se convierta en su principal forma de ocio.

Piden que sus padres establezcan normas relacionadas con el uso de la tecnología, y en especial que les protejan de los contenidos no deseados con los que en ocasiones se encuentran.

La mayoría de los niños agradecen tener unos parámetros que les sirvan de referencia.

No les gusta que sus padres utilicen sus móviles durante la conducción, ni que aprovechen los semáforos en rojo para contestar a sus mensajes.

Esperan que sus padres cumplan las mismas normas que establecen para sus hijos.

En definitiva, concluye Cánovas, «las demandas que plantean muchos niños y adolescentes no parecen injustificadas ni poco razonables. Muchos solo piden lo mismo que pediríamos nosotros. Tal vez el tema de la privacidad sea lo más discutido por algunos progenitores, en función de la edad que tengan los niños, pero sus planteamientos generales tienen todo el sentido».

Es un buen momento para plantearse no solo la necesidad de establecer unas normas básicas sobre el uso de la tecnología en la familia, sino también para tener en cuenta lo que ellos demandan y aplicarnos nuestras propias recetas. El ejemplo en la educación sigue siendo fundamental, y ser incongruentes con lo que intentamos transmitirles no aportará nada bueno.
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