lunes, 5 de diciembre de 2016

Buenos días, 5 de diciembre de 2016



El diálogo significa escuchar,
no ladrarle al otro’
Papa Francisco
 
 

EL RETO DEL DÍA

Cuando te den las gracias o valoren algo que hayas hecho,
en alto o en tu corazón, desvíalo hacia el Cocinero: "Gracias, Señor, por este don que me regalas".

 

VIDEO

 
 


SANTORAL

Sabas,
anacoreta (439-531)
 
Anastasio, Consolata, Cristina, Galgano, confesores; Crispina, Dalmacio, Julio, Potamia, Félix, Grato, Aureliano, Sempronio, Anastasio, mártires; Gerardo, Gereboldo, Niceto, Juan, obispos; Baso, Dalmacio, Pelino, obispos y mártires; Colmán, Sigirano, abades; Sola, eremita; Luano, monje.
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
A mis amigos: Lo que se aprende en la vida (1)
 
A mis años se aprende que el tiempo pasa. La vida continúa. La distancia separa. Los hijos dejan de ser niños y se independizan y a los padres se les parte el corazón pero…. es la vida. Los empleos van y vienen. Las ilusiones, los deseos, la atracción, el sexo… se debilitan. Las personas no son todas como creíste. Los padres se mueren. El llanto rompe mucho más fácil. Los conocidos olvidan los favores. Las carreras terminan. La vejez se aproxima no tan lentamente.
 
Se aprende a no criticar a nadie, no sirve de nada. En vez de concentrarte en los puntos débiles de otros concéntrate en sus puntos fuertes. No temas al cambio, es inevitable.
 
Aprende a surfear sobre las olas de tu vida, disfruta de cada momento.
 
La experiencia da perspectiva, calma y te ayuda a dar prioridad a lo que realmente es importante. Pero a veces es bueno ignorar tu “experiencia” y escuchar a tu intuición.
 
Solemos sobreestimar lo que podemos conseguir en 1 año pero subestimamos lo que podemos conseguir en 10.
 
Se aprende que el amor no hay que entenderlo, aprenderlo o desaprenderlo, simplemente hay que sentirlo.
 
No tengas prisa pero da un paso cada día, por simple que sea. Disfrútalo como si fuera el último. Cuando sientas que hacer “lo correcto” no es lo mejor… ¡rompe las reglas!

 
 
ORACIÓN:
 
Señor de mi vida, hoy quiero pedirte que abras mi mente y corazón y me hagas saber que caminando contigo no puedo temer a ningún mal.
 
Ayúdame a vivir en libertad, a dejarme conducir por tu sabiduría dando pasos de victoria en cada labor que realice. Para ser feliz, debe entender definitivamente que debo estar unido a Ti, a tu gracia, a tu amor.
 
Bendíceme con el don de la alegría para saber dar ánimo y felicidad a los míos. En tus manos pongo todo este nuevo día y dejo a tu providencia toda solución a cada reto que se me presente. Amén
 

Reflexión del Papa Francisco

El Reino de Dios es silencioso, crece dentro. Lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad, en nuestra tierra, que nosotros debemos preparar.
 
Después, también para el Reino llegará el momento de la manifestación de la fuerza, pero será sólo al final de los tiempos.
 
El día que hará rumor, lo hará como el rayo, chispeando, que se desliza de un lado al otro del cielo. Así será el Hijo del hombre en su día, el día que hará rumor.
 
Y cuando uno piensa en la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia, hombres, mujeres, que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes sólo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días.
 
Porque el Reino de Dios no está lejos de nosotros, ¡está cerca! Ésta es una de sus características: cercanía de todos los días.
 
También cuando describe su venida en una manifestación de gloria y de poder, Jesús añade inmediatamente que antes es necesario que Él sufra mucho y sea rechazado por esta generación.
 
Lo que quiere decir que también el sufrimiento, la cruz, la cruz cotidiana de la vida, la cruz del trabajo, de la familia, de llevar adelante bien las cosas, esta pequeña cruz cotidiana es parte del Reino de Dios.
Pidamos al Señor la gracia de cuidar el Reino de Dios que está dentro de nosotros con la oración, la adoración y el servicio de la caridad, silenciosamente. (Homilía en Santa Marta, 15 de noviembre de 2014)

 
Oración de Sanación

Mi Señor, gracias por aceptar la invitación de quedarte en mi vida y sanar mi corazón con tu perdón.
 
Gracias por la alegría nueva con la que has colmado este corazón abatido de tantos problemas.
 
Te doy gracias, Dios creador, por todas las bendiciones que generosamente has derramado en mi vida, especialmente por aquellas que me han fortalecido en medio de la crisis y dificultades.
 
Mi Dios, Tú me invitas a elevar una mirada de esperanza al Cielo y esperar confiado la hora de tu llegada, la llegada de esa liberación total de las ataduras del mundo y del sufrimiento para siempre. Quiero abandonarme a tu amor, transmitir al mundo tus valores y darles esperanzas a todos de que tu Reino está cerca, dentro de nosotros. Porque todas las cosas de este mundo pasaran, cielo y la tierra pasarán, pero tus palabras ¡jamás pasarán!
 
Creo en tu Palabra y me fío de ella, porque son palabras de vida eterna. Lejos de asustarme aquel día en que te reveles con gran poderío impartiendo tu justicia, me animas porque sé que se acerca el momento del encuentro contigo.
 
Tú eres el amigo que jamás defrauda, el amigo que echa fuera toda tristeza, el amigo que purificará mi corazón para amarle y alabarle junto con los ángeles del Cielo cuando te esté contemplado en la eternidad.
 
Sana de mi vida todo sentimiento de derrota. Háblame al corazón y dame la confianza que necesito para seguir creciendo la fe y la verdad. Que nada ni nadie pueda robarme la paz ni desviarme del verdadero camino que Tú me has señalado y que me llevará a la paz de tu Gloria celestial.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Bendición del Árbol Navideño



EL ÁRBOL mismo nos trae a la memoria el árbol del Paraíso (cf. Gn 2, 9 - 17) de cuyo fruto comieron Adán y Eva desobedeciendo a Dios. El árbol entonces nos recuerda el origen de nuestra desgracia: el pecado. Y nos recuerda que el niño va a nacer de Santa María es el Mesías prometido que viene a traernos el don de la reconciliación.


LAS LUCES nos recuerdan que el Señor Jesús es la luz del mundo que ilumina nuestras vidas, sacándonos de las tinieblas del pecado y guiándonos en nuestro peregrinar hacia la Casa del Padre.


LA ESTRELLA. Al igual que en Belén hace dos mil años una estrella se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño Jesús, con María su Madre, causando este acontecimiento una gran alegría en los Reyes Magos (ver Mt 2, 9 - 10). Hoy una estrella corona nuestro árbol recordándonos que el acontecimiento del nacimiento de Jesús ha traído la verdadera alegría a nuestras vidas.


LOS REGALOS colocados a los pies del árbol simbolizan aquellos dones con los que los reyes magos adoraron al Niño Dios. Además nos recuerdan que tanto amó Dios Padre al mundo que le entregó (le regaló) a su único hijo para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.


RITO DE BENDICIÓN DEL ÁRBOL NAVIDEÑO

Todos los presentes, santiguándose, dicen:
En el nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El padre de familia dice:
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales.
En los cielos, en Cristo.
Todos responden:
Bendito sea el Señor por los siglos.


LECTURA

Uno de los presentes, lee el siguiente texto de la Sagrada Escritura:
Escuchemos con atención la lectura del profeta Isaías:
"Vendrá a ti, Jerusalén, el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y el pino, para adornar el lugar de mi santuario y ennoblecer mi estado".


ORACIÓN DE BENDICIÓN

Luego el padre de familia, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.

Bendito seas, Señor y Padre nuestro,
Que nos concedes recordar con fe
En estos días de Navidad
Los misterios del nacimiento del Señor Jesús.
Concédenos, a quienes hemos adornado este árbol
Y lo hemos embellecido con luces,
Con la ilusión de celebrar
La navidad del nuevo milenio
Que podemos vivir también a la luz de los ejemplos
De la vida plena de tu Hijo
Y ser enriquecidos con las virtudes
Que resplandecen en su santa infancia.
Gloria a Él por los siglos de los siglos.

Todos responden:
Amén.

Al final, todos los presentes, santiguándose, dicen:
En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 


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