jueves, 15 de diciembre de 2016

Buenos días, 15 de diciembre de 2016


Cuando eres agradecido,
te rodeas de personas y cosas buenas y aprecias más la vida


 
El Reto para hoy

Invitar a la Santa Misa a un familiar, amigo o amiga, que haya perdido un poco la fe e invitarla al sacramento de la reconciliación
 

 
VIDEO
 

 
 
SANTORAL
 
Valeriano, Folcuino, Esteban, obispos; Faustino, Lucio, Cándido, Celiano, Fortunato, Ireneo, Antonio, Teodoro, Saturnino, Baco el joven, Víctor, Jenaro, Marco, mártires; Maximiano, Marino, Máximo, abades; Nino, Pablo el Joven, Sántulo, Silvia, confesores; Urbicio, eremita; Cristiana, virgen.
 


 
 
REFLEXIÓN:

 
Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia y le dijo a la dueña de la casa:
- Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitarte a tu casa.
 
La señora quedó entusiasmada: Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro. Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús. Encargó marisco, bacalao y buenos vinos.
 
De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido, con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.
 
- Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme? Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.
 
-¿Pero esta es hora de molestar? Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa. Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.
 
Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.
 
- Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina. ¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar?
 
La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho:
 
- ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?. Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.
 
La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar, puso champaña en la nevera, escogió de la bodega los mejores vinos, preparó unos cocteles.
 
Mientras tanto alguien afuera batió las palmas. Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta. Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.
 
- Señora, deme un plato de comida.
 
-¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.
 
Al final, la cena estaba ya lista. Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía. Cansados de esperar empezaron a tomar los coctelitos, que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos y el sueño hizo olvidar los platos preparados.
 
A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró, con gran espanto frente a un ángel.
- ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?
 
- No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo ángel. Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la mujer embarazada, en la persona del camionero y en el niño hambriento. Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.
(Frei Betto, A Comunidad de fe. Catecismo popular, Sao Paulo, 1989, pp 50-52)
 
 

 
ORACIÓN:
 
Mi Señor, te alabo en este día con todo mi corazón, para que vengas, vivas y reines por siempre en mí.
 
Entiendo que eres la fuente de mi vida, solo Tú me llenas con tu amor y no me abandonas en ningún momento.
 
Ven a sanar mi corazón de los sentimientos que me mantienen atado al pasado y no me dejan ser feliz, para ser libre y vivir una relación personal, sólida y estable contigo.
 
Te entrego mi corazón con toda la pasión de que soy capaz de darte, porque necesito estar cerca de Ti para encontrarle sentido a las situaciones que experimento y a veces me hacen duda. Amén

 
Reflexión del Papa Francisco
 
El corazón del hombre desea la alegría. Todos deseamos la alegría, cada familia, cada pueblo aspira a la felicidad. ¿Pero cuál es la alegría que el cristiano está llamado a vivir, está llamado a testimoniar? Es aquella que viene de la cercanía de Dios, de su presencia en nuestra vida.
 
Desde cuando Jesús entró en la historia, con su nacimiento en Belén, la humanidad recibió el germen del Reino de Dios, como un terreno que recibe la semilla, promesa de la futura cosecha. ¡No es más necesario buscar en otro lugar!
 
Jesús vino a traer la alegría a todos y para siempre. No se trata de una alegría solamente esperada o postergada al Paraíso: aquí en la tierra estamos tristes, pero en el Paraíso seremos dichosos. ¡No, no! ¡No es ésta! Sino una alegría ya real y experimentable ahora, porque Jesús mismo es nuestra alegría, y nuestra casa con Jesús es alegre, como decía aquel cartel vuestro: "Con Jesús la alegría está en casa".
 
Y sin Jesús ¿hay alegría? ¡No!¡Bravo! Él está vivo y es el Resucitado y obra en nosotros y entre nosotros, especialmente con la Palabra y los Sacramentos.
 
Todos nosotros bautizados, hijos de la Iglesia, estamos llamados a acoger siempre nuevamente la presencia de Dios en medio de nosotros y a ayudar a los otros a descubrirla, o a redescubrirla en el caso de que la hubieran olvidado.
 
Se trata de una misión bellísima, similar a aquella de Juan Bautista: orientar la gente a Cristo - ¡no a nosotros mismos! – porque es Él la meta hacia la cual tiende el corazón del hombre cuando busca la alegría y la felicidad
 
[...] Nunca se ha escuchado de un santo triste o de una santa con cara de funeral. ¡Jamás se ha escuchado! Sería un contrasentido.
 
El cristiano es una persona que tienen el corazón rebosante de paz porque sabe poner su alegría en el Señor también cuando atraviesa los momentos difíciles de la vida.
 
Tener fe no significa no tener momentos difíciles, sino tener la fuerza de afrontarlos sabiendo que no estamos solos. Y ésta es la paz que Dios dona a sus hijos.
 
Con la mirada dirigida a la Navidad ya cercana, la Iglesia nos invita a testimoniar que Jesús no es un personaje del pasado; Él es la Palabra de Dios que hoy continúa iluminando el camino del hombre; sus gestos – los Sacramentos – son la manifestación de la ternura, de la consolación y del amor del Padre hacia todo ser humano. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 16 de diciembre de 2014)
 

Oración de Sanación

Señor mío, gracias por la bendición de la vida y por la oportunidad que me das para comenzar este día sabiendo que, siendo tan pecador, formo parte de los que merecen tu amor y tu compasión. Ven a llenar mi corazón con tu Palabra y regálame una fe que me lleve a poner en Ti toda mi confianza, sabiendo con total seguridad que Tú actuarás en el momento más necesario de mi vida.
 
Dame paciencia e inteligencia para salir adelante atendiendo a tu llamado de conversión. Acudo a tu compasión, para que me llenes de tu paz que todo lo supera. Acaba con ese miedo que me perturba y no me deja avanzar.
 
Tú tienes un gran y especial amor por cada uno de nosotros, por eso, ven y sana mi corazón con tu perdón y dame tu fuerza para seguir tus pasos y ser un signo vivo de tu presencia para los demás. Eres mi escudo y estoy seguro de que tu amor y tu misericordia no se apartan de mi espíritu. Quiero que transformes mi vida y hagas brillar mi corazón con las virtudes de tu Santo Espíritu.
 
Muéstrame caminos de soluciones, quiero ser guiado por tu luz y tu poder que me concediste el día de mi Bautismo y que me impulses a una nueva vida lejos del dolor y el rencor, llenándome con tu paz y alegría.
 
Gracias por preparar mi vida para tu encuentro y por darme mejores aspiraciones que las que me ofrece el mundo. No permitas que nada me separe de Ti. Que mi corazón pueda ser bueno y dócil, que no haya espacio para las injusticias ni los egoísmos. Dame un corazón compasivo como el tuyo, Señor mío. Amén
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Bendición de la cena de nochebuena



En el centro de la mesa se colocará una vela apagada. Toda la familia, de pie, se reúne alrededor de la mesa. Santiguándose dicen:

El Padre, el hijo y el Espíritu Santo, sean glorificados en todo tiempo y lugar.
Amén

La madre de familia dice:

Hoy nos encontramos reunidos celebrando el nacimiento del Señor Jesús de la Virgen María. Él nos reúne esta noche unidos a la familia de Nazaret.

Uno de los hijos lee:

"Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo y Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace"." (Lc. 2, 8-14)

Y todos responden:

Gloria a Ti, Señor Jesús, que hoy has nacido de la Virgen María.

Mientras uno de los hijos enciende el cirio colocado en medio de la mesa, todos entonan Noche de Paz (canción).

El padre de familia reza la siguiente oración de bendición:

Oremos. Dios Padre, que nos enviaste a tu Hijo muy amado, derrama tu bendición sobre estos alimentos y también sobre nuestra familia, para que así, como ahora acogemos, gozosos, a tu Hijo Reconciliador, lo recibamos también confiados cuando vengas al fin de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición de la mesa en Nochebuena

Para hacer un momento de oración antes de la cena de nochebuena y para bendecir la mesa, os proponemos los siguientes formularios.



1. Bendición sencilla

Señor, en una noche como ésta, hace ya tiempo, quisiste venir como un niño, con nombre y apellidos, en medio de los niños más pobres de la tierra. Cuando creciste, hablaste de cosas muy buenas, y dijiste que ya nadie es pobre, porque es hijo de Dios. Nosotros nos hemos reunido para cenar aquí hoy. Llevamos mezclada con nuestra alegría, los disgustos y las penas de todo el año. 

Por ello queremos que bendigas nuestra mesa para que nos llenes de tu amor y de tu paz. Hoy queremos que el mundo sea como una gran familia: sin guerras, sin miseria, sin paro, sin hambre y con más justicia.


¡Jesús recién nacido!, que hoy en esta casa, acojamos tu palabra de perdón y de amor. Consérvanos unidos. Danos pan y trabajo durante todo el año. Danos fuerza y ternura para ser hombres de buena voluntad. Señor, sé bienvenido a esta casa, hoy y siempre.


2. Otra bendición sencilla

Bendice, Señor, nuestra mesa.
Por una noche al menos,
quisiéramos que el mundo fuera una gran familia:
sin guerras, sin miseria, sin hambre, sin dolor...;
y con algo más de música y de justicia.
Que este hogar, Jesús,
acoja tu palabra de amor y de perdón
y siempre estés tú presente.

Consérvanos unidos.

Danos durante todo el año paz y trabajo.
Danos fuerzas para ser personas justas,
comprensivas, entrañables, comprometidas
por un mundo mejor.   

Así habrá muchas “noches-buenas”
y “días-buenos”.
Eres bienvenido, Señor, siempre a esta casa.
Y confiamos que Tú nos reúnas también
un día en tu Casa para celebrar la eterna Navidad.
Amén. 


3. Celebración familiar (con un cirio en la mesa)

Padre/Madre (P): Hoy, Nochebuena, tenemos, de manera especial y como centro de nuestra familia a Jesucristo, nuestro Señor. Vamos a encender un cirio en medio de la mesa para que nos haga pensar en Jesús y vamos a darle gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo. 
Gracias Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu Hijo.

Todos (T): Señor, te damos gracias.
 P: Gracias Jesús por haberte hecho niño para salvarnos.
 T: Señor, te damos gracias.
 P: Gracias Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.
 T: Señor, te damos gracias.
 P: Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás,
 T: Señor, te damos gracias. 
 P: Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que da más alegría el dar que el recibir,
 T: Señor, te damos gracias.
 P: Señor Jesús, Tú viniste a decirnos que lo que hacemos a los demás te lo hacemos a Ti.
 T: Señor, te damos gracias.
 P: Gracias María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.
 T: María, te damos gracias.
 P: Gracias San José, por cuidar de Jesús y María.
 T: San José, te damos gracias.

P: Gracias Padre por esta Noche de Paz, Noche de Amor, que Tú nos has dado al darnos a tu Hijo, te pedimos que nos bendigas, que bendigas estos alimentos que dados por tu bondad vamos a tomar, y bendigas las manos que los prepararon. 

Niño Dios, tú que llegaste al mundo para salvar, te pedimos la paz. 
Niño Dios, tú que naciste en un pesebre, te pedimos que no haya más miserias en el mundo.
Niño Dios, tú que naciste de una madre Virgen, te pedimos belleza en este mundo.
Niño Dios, tú que eres Salvador, cuídanos de los desastres que nos provoca la naturaleza.
Niño Dios, tú que nos diste la vida para vivirla, que la vivamos de acuerdo a tu gloriosa Vida.

T: ¡Amén!



 



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