miércoles, 14 de diciembre de 2016

Buenos días, 14 de diciembre de 2016. San Juan de la Cruz



El diálogo permite conocer, entender y acoger las exigencias de cada persona;
es expresión de caridad para buscar el bien común;
nos coloca delante del otro viéndolo como un don de Dios,
que nos interpela y ayuda a humanizar nuestras relaciones y a superar los desacuerdos;
nos da la ocasión para escucharnos recíprocamente y resolver los inconvenientes que se presentan
PAPA FRANCISCO




 
Reto del día
Vivir abierto a los demás, buscando servir a Cristo en mi prójimo.
 


 
VIDEO
 
 

 
SANTORAL
 
Juan de la Cruz,
presbítero y doctor de la Iglesia (1542-1591)
 
Venancio Fortunato, Druso, Zósimo, Teodoro, confesores; Herón, Arsenio, Isidoro, Dióscoro, Eutropia, Justo, Abundio, Fingar, mártires; Lupicino, Espiridión, Viátor, Pompeyo, obispos; Nicasio, obispo y mártir; Matroniano, eremita; Agnelo, abad; Filemón, anacoreta.
 
 
 

 
 
REFLEXIÓN:

 
¿Quieres que la esperanza despierte ilusiones?
 
l.- Sé constante. Sé perseverante.¿De qué vale comenzar, si luego te quedas a medio camino?
La constancia es la mejor manera de superar los cansancios y las dificultades.
 
2.- El camino es largo.Es preferible correr a ritmo sostenido que no agotarte en un día.
La vida no se puede vivir entera en un solo día.
La vida tiene sentido cuando se la sabe rumiar, saborear.
Quien traga la vida, no siente su sabor.
 
3.- Camina al ritmo de la vida.Para ello tienes que saber esperar.
Esperar no es quedarse.
Esperar es no hacer la digestión antes de comer.
Si vives antes de tiempo, cuando llegue el tiempo ya no tendrá gusto la vida para ti.
Vivir las cosas antes de su tiempo es como comer la fruta verde.
 
4.- Saber esperar es vivir la vida a tiempo y en su tiempo.Ser esposos antes de ser novios o ser padres antes de ser esposos es invertir los tiempos. Es invertir la vida.
 
5.- Saber esperar no es dejar que las cosas pasen, sino hacer que las cosas pasen cuando tienen que pasar.
Los pájaros no ponen sus huevecillos y luego hacen los nidos.
 
6.- Saber esperar no es dejar de vivir, sino vivir todas las etapas de la vida y no sólo algunas de ellas.
Si quieres ser hombre antes de tiempo habrás dejado de vivir tu juventud.
 
7.- Dios no deja de amarte, aunque tú le falles.No dejes de luchar aunque veas que muchas veces las cosas no salen como tú quisieras.
Si ayer te salieron mal, es posible que hoy te salgan mejor.
 
8.- Y ahora a esperar que María dé a luz a un Niño, aunque sea en un pesebre.
 
 

ORACIÓN:

 
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
 
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
María, enséñame a recibir a Jesús como tú lo recibiste. Ruega por mí y por toda la Iglesia. En esta oración, ayúdame a escuchar la voz del Señor que ya viene, y buscar agradarle a lo largo de este día.
 
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Qué encontrarás, Jesús, al nacer? Seguro te va a encantar ver luces por todas partes, árboles decorados, cantos y regalos… Pero te gustará mucho más aún encontrar un obsequio especialmente para Ti en esta Navidad: un corazón preparado para recibirte…
 
Has querido hacerte en todo semejante al hombre, menos en el pecado. Y dentro de unas semanas veremos el comienzo de esta vida humana: te haces un bebé, alguien vulnerable, pequeño, necesitado de aprendizaje. Junto con María, tu Madre, quiero recibirte de la mejor manera posible. Mi vida y mi alma no son perfectos, pero puedes encontrar en ellos el amor y el deseo de acogerte.
 
Aun siendo verdadero hombre, eres mi Dios. Yo creo en Ti, Señor, y por eso mi amor a Ti también se expresa en el deseo de cumplir tu voluntad. Te quiero recibir con el regalo de una vida nueva, apartada de todo pecado y orientada al bien. Quiero preparar el camino para que entres en mi corazón, enderezar el sendero para acercarme a Ti.
 
Tú, Señor, conoces mi debilidad para convertirme sinceramente. Ayúdame con tu gracia, para que estos deseos de acogerte se conviertan en frutos concretos. ¡Venga tu Reino en mi corazón! ¡Ven, Señor Jesús, no tardes!
 
«Juan Bautista, el más grande de los profetas nos enseña una regla fundamental de la vida cristiana: hacernos pequeños con humildad para que sea el Señor quien crezca. Es este el estilo de Dios, diverso del estilo de los hombres.»

(Homilía de S.S. Francisco, 5 de febrero de 2016, en Santa Marta).

 
Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a dialogar con mucho amor con Aquel que te ama.
 

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Cuál es el secreto de Francisco para soportar a los fastidiosos en el trabajo, la familia, la escuela?
Es algo muy cristiano soportar a personas fastidiosas o molestas en el trabajo, en la familia, en la escuela, en las calles. Sin embargo, el papa Francisco también nos advierte que no hay que creerse superiores, pues también nosotros podemos estar en la órbita de los fastidiosos, sin que nos demos cuenta.

Así, “sufrir con paciencia los defectos del prójimo” fue el tema de la catequesis del papa Francisco este miércoles 16 de noviembre en la plaza de San Pedro ante 30.000 fieles venidos de todo el mundo en el contexto del Jubileo de la Misericordia.

Somos todos muy buenos en la identificación de una presencia que puede dar fastidio: sucede cuando conocemos a alguien en la calle, o cuando recibimos una llamada de teléfono… sólo pensamos: “¿Cuánto tiempo tengo que oír las quejas, chismes, peticiones o jactancia de esta persona?“, constató.

Las personas fastidiosas a veces son muy cercanas a nosotros: “entre los familiares siempre hay alguien; en el lugar de trabajo no faltan; e incluso en nuestro tiempo libre no podemos evitarlas”, constató Francisco.
¿Qué debemos hacer con las personas fastidiosas? También nosotros, varias veces, damos fastidio a los demás”, añadió.

El Pontífice continuó la serie de catequesis dedicadas a las obras de misericordia. “En la Biblia, Dios se muestra como un Dios paciente y misericordioso, que soporta los lamentos de su pueblo”.

Jesús, modelo de paciencia 

¿Hacemos alguna vez un examen de conciencia para ver si nosotros, a veces, podemos ser molestos para los demás? Es fácil señalar con el dedo los defectos y fallas de los demás, pero hay que aprender a ponernos en los zapatos del otro”, explicó.

Una empatía evangélica inspirada en los tres años de vida pública de Jesús. “Pensemos en el episodio de la madre de Santiago y Juan, que pidió para sus hijos que se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda en el reino de los cielos. Jesús, en cambio, aprovechó esa situación para enseñarles y corregirles”, comentó en español.

¡La mamá hacía lobby por sus hijos!”, destacó Francisco respecto a la paciencia de Jesús con aquellos que ven la Iglesia para trepar socialmente o para obtener poder en lugar de como “servicio” y “dar a los demás”.

Jesús nos enseña a ir siempre a lo esencial y a mirar más lejos para asumir con responsabilidad su misión”, insistió. Un camino para “evitar caer en la envidia, la ambición, y en la adulacióntentaciones que siempre están al acecho entre nosotros los cristianos”.

Otras obras de misericordia: corregir al que se equivoca y enseñar al que no sabe

Esta obra de misericordia espiritual está relacionada con otras dos: “corregir al que se equivoca” y “enseñar al que no sabe”. Supone un gran esfuerzo ayudar a otros para que crezcan en la fe y caminen en la vida”, explicó.

En este punto el Papa habló de los catequistas -entre los cuales hay muchas madres y muchas religiosas- que dan su tiempo para enseñar a los niños los fundamentos de la fe. ¡Cuánto esfuerzo, especialmente cuando los niños prefieren jugar en lugar de escuchar el catecismo! “La enseñanza de mirar a lo esencial es una ayuda decisiva”, afirmó.

Por otro lado, reiteró la misericordia que hay en estas obras. “La exigencia de aconsejar, amonestar y enseñar no nos ha de llevar a considerarnos mejores que los demás, sino, más bien, nos impulsa a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás”.
Por ello, invitó: “No se olviden las palabras de Jesús: ¿Y por qué te fijas en la pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si no eres consciente de la viga que tienes en el tuyo?”.

El Papa al final saludó a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Les animó a poner en práctica las obras de misericordia, corporales y espirituales, para que todos puedan experimentar la presencia y ternura de Dios en sus vidas.

Texto completo de la audiencia general

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Dedicamos la catequesis de hoy a una obra de misericordia que todos conocemos muy bien, pero tal vez no practicamos como conviene: soportar pacientemente las personas fastidiosas (molestas).

Somos todos muy buenos en la identificación de una presencia que puede dar fastidio: sucede cuando conocemos a alguien en la calle, o cuando recibimos una llamada de teléfono … Sólo pensamos: “¿Cuánto tiempo tengo que oír las quejas, chismes, peticiones o jactancia de esta persona?“.

También ocurre, a veces, que las personas fastidiosas son aquellas que están más cercanas a nosotros: entre los familiares siempre hay alguien; en el lugar de trabajo no faltan; e incluso en nuestro tiempo libre no podemos evitarlas. ¿Qué debemos hacer con las personas fastidiosas? También nosotros, varias veces, damos fastidio a los demás. ¿Por qué entre las obras de misericordia se ha incluido ésta: soportar pacientemente las personas fastidiosas?

En la Biblia vemos que el mismo Dios debe soportar las quejas de su pueblo. Por ejemplo, en el libro del Éxodo el pueblo es realmente insoportable: en primer lugar llora porque es esclavo en Egipto y Dios lo libera; a continuación, en el desierto, se queja de que no hay comida (ver 16.3), y Dios envió codornices y maná (véase 16.13 a 16), pero a pesar de ello las quejas no cesan. Moisés actuó como mediador entre Dios y el pueblo, y también él ha dado fastidio al Señor. Pero, Dios ha sido paciente y así enseña a Moisés y al pueblo, incluso esta dimensión esencial de la fe.

Entonces hay aquí una primera pregunta espontánea: ¿Hacemos algunas vez un examen de conciencia para ver si nosotros, a veces, podemos ser molestos para los demás? Es fácil señalar con el dedo a los defectos y fallas de los demás, pero hay que aprender a ponernos en los zapatos del otro.
Miremos sobre todo a Jesús: ¡Cuánta paciencia tuvo que tener en los tres años de su vida pública! Una vez, mientras caminaba con sus discípulos, fue detenido por la madre de Santiago y Juan, quien le dijo: «Aquí tienes a mis dos hijos. Asegúrame que, cuando estés en tu reino, se sentarán uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»” (Mt 20: , 21). ¡La mamá hacía lobby por sus hijos!.
Incluso desde esa situación, Jesús se inspiró para dar una enseñanza fundamental: el suyo no es un reino de poder y no es un reino de gloria como aquellos de la tierra, sino de servicio y dar a los demás. Jesús nos enseña a ir siempre a lo esencial y a mirar más lejos para asumir con responsabilidad su misión. Podemos ver aquí la llamada a otras dos obras de misericordia espirituales: corregir a los pecadores y enseñar a los ignorantes.

Piense en el gran esfuerzo que se puede poner cuando ayudamos a las personas a crecer en la fe y la vida. Pienso, por ejemplo, a los catequistas – entre los cuales hay muchas madres y muchas religiosas – que dan su tiempo para enseñar a los niños los fundamentos de la fe. ¡Cuánto esfuerzo, especialmente cuando los niños prefieren jugar en lugar de escuchar el catecismo!

Acompañar a la búsqueda de lo esencial es hermoso e importante, ya que nos hace compartir la alegría de saborear el sentido de la vida.

A menudo nos encontramos con personas que habitan en las cosas superficiales, efímeros y triviales; a veces porque no han conocido a alguien que estimuló a buscar otra cosa, para apreciar los verdaderos tesoros. La enseñanza de mirar a lo esencial es una ayuda decisiva, sobre todo en una época como la nuestra que parece haber perdido el rumbo y perseguir la satisfacción miope.

La enseñanza para averiguar lo que el Señor quiere de nosotros y cómo podemos responder a esto significa ponerse en el camino para crecer en su vocación, el camino de la verdadera alegría. Por lo que las palabras de Jesús a la madre de Santiago y Juan, y luego a todo el grupo de discípulos, indican el camino para evitar caer en la envidia, la ambición, y en la adulación, tentaciones que siempre están al acecho entre nosotros los cristianos.

La necesidad de aconsejar, amonestar y enseñar no debe hacernos sentir superiores a los demás, pero ante todo nos obliga a volver a nosotros mismos para ver si somos coherentes con lo que pedimos a los demás.

No se olvide las palabras de Jesús: ¿Y por qué te fijas en la pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si no eres consciente de la viga que tienes en el tuyo? (LC 6, 41). El Espíritu Santo nos ayude a ser pacientes en soportar y humildes y sencillos al dar consejo.

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