lunes, 12 de diciembre de 2016

Buenos días, 12 de diciembre de 2016. Nuestra Señora de Guadalupe



Recuerda que cuando abandones esta tierra,
no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado.”
San Francisco



Reto para hoy

Dejar a un lado el rencor y el dolor y acercarse a esa persona con la que he estado molesto durante un buen tiempo.


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VIDEO

He aquí el diálogo entre Howard y Bernadette, cuyo embarazo, a lo largo de toda la serie, ha dado lugar a diversa escenas que valoran y aprecian la vida del niño antes de nacer.


SANTORAL

Juana Francisca Chantal,
viuda (1572-1641)

Nuestra Señora de Guadalupe.

Sinesio, Dionisia, Mercuria, Epímaco, Alejandro, Hermógenes, Donato, Eulogio, Arsenio, Geroncio, Marcial, Majencio, Constancio, Crescencio, Justino, mártires; Florencio, abad; Corentino, Diogeniano, Finiano, Gausberto, obispos; Bertoaria, abadesa; Amonaria, virgen y mártir; Abra, virgen.



REFLEXIÓN:


Sobre la base de diversas investigaciones científicas, Business Insider aconseja 9 comportamientos que ayudan al ser humano a alcanzar la propia felicidad:

1 – Cultiva relaciones sanas: un estudio de la Universidad de Harvard ha monitoreado a cientos de hombres mayores de 70 años, descubriendo que los más felices (y sanos) eran aquellos que habían invertido tiempo de calidad en sus relaciones.

2 – Dar más valor al tiempo que al dinero: diversos estudios han verificado que las personas que se consideran felices tienden a desear más tiempo que dinero.

“La persistencia de la memoria”, Dalí – wikimedia3 – …pero da al dinero su justo peso: los mismos estudios han demostrado que tener dinero suficiente para cubrir sin estrés los gastos principales (alimentación, recibos, etc.) está estrechamente vinculado al bienestar interior.

4 – Detenerse a oler las flores: las personas que disminuyen su ritmo para reflexionar sobre pequeñas cosas que vuelven agradable los días tienden a llevar una vida más satisfactoria.

5 – Realiza actos de gentileza: haz voluntariado. Las investigaciones han demostrado que las personas que viven en la generosidad (es un estilo de vida) son más felices.

6 – Cuida de tu cuerpo: diversos estudios han demostrado que el ejercicio físico y una alimentación sana tienden a alejar la depresión.

7 – Aprecia las experiencias más que los bienes materiales: numerosas investigaciones confirman que quien gasta su dinero para vivir experiencias sanas y edificantes en lugar de acumular cosas, tiende a tener una vida feliz.

8 – Aprende a vivir el presente: análisis de varios tipos revelan que las personas que viven su día a día conscientemente y que tienen una vida espiritual sana gozan de un mayor bienestar interior.

9 – Pasa tiempo con amigos: diversos estudios han observado una fuerte relación entre amistades sanas y felicidad. Las personas que frecuentamos, sobre todo si son felices, tienen un fuerte impacto en nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar interior.


ORACIÓN:

Amado Señor, Tú que eres la fuente de todo bien, de quien nos vienen las bendiciones y gracias, te pido que en este día vengas y entres a mi casa y revélame todo lo que necesito saber para amarte y seguirte fiel a tus mandatos.
Sé, que entre muchos, Tú te has fijado en mí, me conoces y me acompañas a lo largo de mi camino de vida. Quiero que grabes en lo profundo de mi alma, el gran sacrificio de la Alianza eterna de amor que has sellado con tu sangre y que me compromete a darte glorias y alabanzas con mis acciones y palabras. Enséñame a descubrir en los demás, lo mejor de ellos y verlos siempre con ojos de misericordia. Amén

Reflexión del Papa Francisco

La oración es un grito que no teme molestar a Dios, hacer ruido, como cuando se llama a una puerta con insistencia. He aquí, el significado de la oración dirigida al Señor con espíritu de verdad y con la seguridad de que Él puede escucharla de verdad.

Los ciegos, que seguían al Señor, gritaban para ser curados. También el ciego a la entrada de Jericó gritaba y los amigos del Señor querían hacerle callar. Pero ese hombre pidió una gracia al Señor y la pidió gritando, como diciendo a Jesús: «¡Hazlo! ¡Yo tengo derecho a que tú hagas esto!».

El grito es aquí un signo de la oración. Jesús mismo, cuando enseñaba a rezar, decía que se hiciera como un amigo inoportuno que, a medianoche, iba a pedir un trozo de pan y un poco de pasta para los huéspedes». O bien hacerlo como la viuda con el juez corrupto.

En esencia, hacerlo - diría yo - molestando. No lo sé, tal vez esto suena mal, pero rezar es un poco como molestar a Dios para que nos escuche.

Es el Señor mismo quien lo dice, sugiriendo rezar como el amigo a medianoche, como la viuda al juez. Por lo tanto, rezar es atraer los ojos, atraer el corazón de Dios hacia nosotros. Y eso es precisamente lo que hicieron también los leprosos del Evangelio, que se acercaron a Jesús para decirle: «Si tú quieres, puedes curarnos». Y lo hicieron con una cierta seguridad.

Así, Jesús nos enseña a rezar. Nosotros, habitualmente presentamos al Señor nuestra petición una, dos o tres veces, pero no con mucha fuerza: y luego me canso de pedirlo y me olvido de pedirlo. En cambio, los ciegos de los que habla Mateo en el pasaje evangélico gritaban y no se cansaban de gritar.

Jesús nos dice: ¡pedid! Pero también nos dice: ¡llamad a la puerta! Y quien llama a la puerta hace ruido, incomoda, molesta. Precisamente éstas son las palabras que Jesús usa para decirnos cómo debemos rezar. Pero éste es también el modo de oración de los necesitados que vemos en el Evangelio.

Así, los ciegos se sienten seguros de pedir al Señor la salud, de tal manera que el Señor pregunta: «¿Creéis que yo puedo hacer esto?». Y le responden: «Sí, Señor. ¡Creemos! ¡Estamos seguros!». He aquí, las dos actitudes de la oración: «es expresión de una necesidad y es segura».

La oración es necesaria siempre. La oración, cuando pedimos algo, es expresión de una necesidad: necesito esto, escúchame Señor. Además, cuando es auténtica, es segura: escúchame, creo que tú puedes hacerlo, porque tú lo has prometido.

La auténtica oración cristiana está cimentada en la promesa de Dios. Él lo ha prometido. Recordemos las palabras de Isaías (29,17-21): "Oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos". Este pasaje, es una promesa. Todo esto es una promesa, la promesa de la salvación: "yo estaré contigo, yo te daré la salvación". Y es con esta seguridad que nosotros decimos al Señor nuestras necesidades. Pero seguros de que Él puede hacerlo.
Cuando rezamos, es el Señor mismo quien nos pregunta: "¿Tú crees que yo pueda hacer esto?". Un interrogante del que brota la pregunta que cada uno debe hacerse a sí mismo: "¿Estoy seguro de que Él puede hacerlo? ¿O rezo un poco pero no sé si Él lo puede hacer?". La respuesta es que Él puede hacerlo, incluso el cuándo y el cómo lo hará no lo sabemos. Precisamente ésta es la seguridad de la oración. (Homilía en Santa Marta, 06 de diciembre de 2013)


Oración de Sanación

Señor mío, gracias por el amor que derramas sobre mí cada día, por todas las bendiciones que hoy me concederás y por cada una de las manifestaciones de amor que pondrás en mi camino para hacerme feliz.

Quiero hoy, y desde este momento, reconocerme ciego ante tu presencia, porque muchas veces no me doy cuenta de todas esas actuaciones en mi vida y de todas las bendiciones con las que me has provisto. Ayúdame a reconocer bien esas cegueras que no me permiten ver con claridad tu deseo de amor en mi vida. Libérame de toda actitud egoísta que tenga dominada mi corazón y que me hace incapaz de verte y sentirte.

Necesito del poder de se encuentra en tu Palabra y en tu amor, ese amor que me ilumina los caminos y desintegra cualquier vestigio de oscuridad, dándome fuerza y seguridad para salir adelante. Me reconozco débil, limitado, inseguro, eso forma parte de mi fragilidad humana; pero contigo, puedo ser un vencedor, un luchador, Tú me has hecho un hijo del Dios altísimo y eso me invita a permanecer firme ante los retos de la vida.

Confío en el poder de oración, en el poder de tu promesa: "llama y se te abrirá", por eso, ruego a tu compasión con insistencia para que tu Gracia y tu Amor vengan a mí y hagan conmigo lo que Tú mejor creas conveniente.

Ten compasión de mí, libera mi alma de la ceguera espiritual y de toda avaricia terrenal que no me permite amarte con todo mi corazón. Tú eres el Señor de todo, el Dios de la historia y de la vida, el que todo lo puede y todo lo ha dado por amor. Ven a mí vida, dale la paz a mi alma y levántame con tu poder. Amén


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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 La Bendición del belén

Reunida la familia, uno de los padres dice:

P./ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R./ Amén

P./ Durante estos días contemplaremos frecuentemente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos pues a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

(Uno de los miembros de la familia lee un texto de la Sagrada Escritura.)

P./ Escuchad ahora, hermanos, las palabras del Santo Evangelio según san Lucas (Lc 2, 4-7a):
En aquellos días José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre. Palabra del Señor.
R./ Gloria a Ti, Señor.

(Cada miembro de la familia puede realizar una petición.)

P./ Ahora que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a Cristo, Hijo de Dios, que quiso ser también hijo de una familia humana. Digámosle: Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.
R./ Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

P./ Oh Jesús, por el misterio de tu sumisión a María y a José, enséñanos el respeto y la obediencia hacia quienes dirigen esta familia.
R./ Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

P./ Tú, que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza a nuestra familia en el amor y la concordia.
R./ Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

P./ Tú, que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, haz que en nuestra familia Dios sea muy amado.
R./ Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

P./ Tú, que has acogido en tu gloria a María y a José, te pedimos por nuestros familiares difuntos, para que celebren estas fiestas de Navidad junto a Ti en el Cielo.
R./ Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

(La madre o el padre rezan la oración de bendición del belén.)

P./ Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir este nacimiento y a la comunidad cristiana que está aquí presente, para que las imágenes de este Belén ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R./ Amén

P./ Cristo, el Señor, que se ha aparecido en la tierra y ha querido convivir con los hombres nos bendiga y nos guarde en su amor.
R./ Amén.

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