martes, 8 de noviembre de 2016

Buenos días, 8 de noviembre de 2016. En Memoria de mi madre recién fallecida


 
Los Buenos Días de hoy están confeccionados en memoria de mi madre y de todas las madres difuntas.
¿Tiene sentido hablar ante de la muerte de una madre de sonrisa, de felicidad, de alegría?
SI, pues el Dios de Jesucristo en un Dios de vivos y no de muertos.
SI, por todo aquello que a continuación puedes ver.
Padre Recarey
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La sonrisa en nuestro rostro, no significa la ausencia de problemas, sino la presencia de la gracia divina que nos hace feliz por encima de ellos”.
Juan del Río (Arzobispo castrense de España)


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Propósito del día
Que disfrutes y aproveches esa hora que te regala el Señor para estar con tu familia, para dar un paseo…
No dejes que los males momentos te estropee el día.
SANTORAL
Beato Juan Duns Escroto,
Severiano



REFLEXIÓN:

DECÁLOGO PARA SER FELIZ
1. Acéptate a ti mismo, en tu propia historia personal y familiar.
Hay cosas en la vida que son difíciles de cambiar: vgr. tú estatura, tú corporeidad, como eres, lo que has hecho hasta ahora, qué familia te ha tocado. Esto se llama “realismo existencial”. Quienes no aceptan su realidad, tienen el peligro de huir continuamente de sí mismo, eso produce vivir en un estado perenne de ansiedad, que por supuesto no es fuente de felicidad.
2. Vive y deja vivir.
Tu no vives por lo que piensan los otros, pero si de alguna manera tu vivir pacífico y satisfactorio depende del respeto que guardes a la vida de los demás. Mis vecinos, compañeros y amigos tienen tantos derechos a la felicidad como yo. No debemos pasar nuestros días pendientes de las opiniones de los otros, uno tiene que ser lo que es. Cada uno tiene bastante con sacar su propia vida adelante.
3. Darse a los demás.
Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe. La felicidad propia comienza no por uno mismo, sino por la dicha de los otros. ¿A quién estás haciendo feliz hoy?
4. La soberbia en la vida es como un vendaval que nunca nos deja en paz. Procura ser humilde y benevolente en todos tus asuntos y te querrán más que al hombre generoso. Porque el dadivoso da cosas materiales, las personas sencillas se dan a sí mismas y producen empatía en sus semejantes.
5. Procura “perder tiempo” para estar con la familia y amigos.
El consumismo nos llevó a perder la sana cultura del ocio: leer, disfrutar del arte, de estar con la familia, ver a los amigos. Como “el tiempo es oro”, la gratuidad es escasa, y a todo se le quiere sacar rendimiento. Hay temas en la vida que se escapan a la contabilidad mercantilista, porque ellos son los verdaderos tesoros de la humanidad, y a la larga son más rentables que cualquier cosa material. No olvidemos lo que dice la Sagrada Escritura: “quién encuentra un buen amigo, ha descubierto un gran tesoro” (Eclo 6,14).  Quienes descuidan a los abuelos, padres, hijos y amigos, beberán la amarga medicina de la soledad.
6. No olvides que con: “la medida que utilices con los otros, la utilizaran contigo”.
Trata a los demás como tú quieres ser tratado. Cuando en las relaciones sociales faltan: educación, humanidad y solidaridad, surgen los conflictos y no hay paz. Si quieres ser feliz, trata bien a todo el mundo y se bueno siempre con todos. Y aunque haciendo el bien te fallarán los otros, recuerdas que tú también puedes errar, ten paciencia y compresión que ello te dará satisfacción. San Francisco de Sales decía: “más se atrae con miel que con hiel”.
7. Practica diariamente el arte de los pequeños detalles con tus semejantes.
Quizás no podrás arreglar el hambre en el mundo, pero sí está a tu alcance dar una limosna a un pobre. A tus abuelos enfermos, no podrás remediar “las goteras de la edad”, pero nadie te impide que los visites con cariño, seguro que luego te iras lleno de paz.  Porque como dice el Evangelio: “el que es fiel en lo pequeño será fiel en lo mucho” (Lc 16,10). Hay más alegría en dar que en recibir.
8. No pierdas la capacidad de asombro al contemplar la naturaleza.
Solo se ama y se cuida aquello que se admira. Si no sabes, ni te interesa apreciar la belleza de la madre naturaleza, será muy difícil que te preguntes por aquella otra hermosura que es la del propio Creador. Porque el camino más humano es “pasar del amor a lo visible (naturaleza) al amor de lo invisible (su autor: Dios)” (cf. Rom 1,20). Esta “casa común” se nos ha dado para que la custodiemos por el bien de todos, porque en ella ha de residir la felicidad humana.
9. Busca la paz, y corre tras ella.
No es verdad que los ricos no lloran. No es cierto que el malvado tiene la última palabra. No se logra la paz personal y social, si se prescinde de la justicia. Toda felicidad  tiene su base en el amor y la verdad. La mentira no hace feliz a nadie. La malquerencia engendra: envidias, odios y venganzas que son las raíces de tantos males en este mundo. La guerra es una locura. La paz es don de Dios, pero también anhelo de los hombres que se afanan en construir puentes y no barricadas, que saben dialogar y no utilizar la intolerancia con los demás.
10. Dios no es enemigo del hombre y de su felicidad.
La cultura dominante nos quiere hacer creer que la fe en Dios es causa de guerras, conflictos interiores que nos quitan la paz y nos hacen infelices. Pero eso es totalmente falso y lo que busca es la suplantación de la religión por las idolologías, y la concepción de un Dios personal, por la de un superhombre que se da la libertad a sí mismo y se siente dueño de su propia naturaleza y destino. Ello choca con la realidad de la verdad del hombre que no puede darse la vida a sí mismo, ni es capaz de descifrar el misterio de su propia existencia. Además, esta nueva colonización de la mente moderna, se estrella con la propuesta cristiana, que es una oferta en libertad para adherirse de corazón a un Dios creador y redentor que en su Hijo Jesucristo se nos ha revelado como un Dios amoroso que quiere que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). Para ello, nos ha enviado al Espíritu Santo para sostenernos en el combate de la fe y conducirnos a la felicidad eterna. Así pues, ¡Quien cree en Dios no está solo!
Sin embargo, mientras dura nuestra existencia terrena, los cristianos tenemos las mismas necesidades que los demás seres humanos, pero podemos decir:
La sonrisa en nuestro rostro, no significa la ausencia de problemas, sino la presencia de la gracia divina que nos hace feliz por encima de ellos”.
+Juan del Río Martín. Arzobispo castrense de España
ORACIÓN:


Oración ante la muerte de mi madre
Ante la muerte de mi madre, ayúdame, Señor, a cambiar mis llantos en carcajadas, mis amarguras y dificultades en alegrías y oportunidades
Señor ¡Tú eres lo más grande de mi vida! Te encomiendo a mi madre, mis proyectos, a los míos, a todos aquellos que desde la lejanía y cercanía han estado y están  a mi lado  y a todos aquellos con los que voy a encontrarme en esta vida
Señor mío, Tú estás siempre dispuesto a perdonar, porque eres justo y misericordioso, y yo debo imitarte siempre en mis acciones como me enseñó mi madre, para ello, me pides una conversión sincera, una conversión profunda en tu amor, que significa dejar atrás todo egoísmo y caminar recto por tus senderos de justicia. Recibe con ternura a mi madre, perdónala.
En estos momentos de dolor y lágrimas, de soledad y tristeza, sólo puedo poner mi confianza en Ti, ya que sólo Tú me puedes ayudar a asumir y superar la muerte de mi madre.
Tú me quieres feliz,  y aunque pareciese que es una gran exigencia tuya, lo que realmente quieres es que yo sea libre y esté dispuesto para el propósito para el cual me has creado: «Amar con desprendimiento»; sin aferrarme al pasado, a mi madre.
Dame tu gracia, para cumplir mi ministerio sacerdotal, fuerza para vivir con alegría el gozo de la Resurrección de mi madre, sáname del dolor que provoca en mi la ausencia de la mujer que me ha dado la vida y me ha enseñado a vivir desde la fe, que nada ni nadie, ni ninguna cosa fuera de Ti, logre dominar y encerrar mi corazón en el egoísmo y en el dolor.
Señor, necesito el consuelo y la paz que tan sólo Tú puedes darme, sáname Señor del dolor espiritual.
Dame la voluntad para cumplir tu Palabra, que es vida, alegría y esperanza.
¡Señor, Tú me  llamado a vivir en la alegría, en la felicidad, aún en medio de las pruebas, en medio de tantas dificultades, luchas y problemas! Envíame tu Espíritu Santo, para no dejarme amargar o entristecer por el fallecimiento de mi madre.
Confío en que Tú me acompañas. Te ruego que inundes mi vida con tu Espíritu poderoso, quiero y necesito sentir tu presencia que fortalece el alma y la prepara para todo reto. Necesito de Ti. Necesito sentir esa fuerza que me ayuda a superar estos luctuosos momentos.
Tú quieres hacerme feliz y yo también lo deseo. Por eso, quiero entregarte el dolor   que estoy atravesando por el fallecimiento de mi madre,  que me crea  angustia y me roba la paz. Quiero entregarte a mi madre, a la cual me siento aferrado, cura mi dolor Señor.
Quiero aprender a disfrutar de todo lo que mi madre me ha enseñado desde la alegría y el consuelo de la fe.  Quiero vivir cada momento con alegría e intensidad, como mi madre quería; cumpliendo en todo momento con mi deber.
Ayúdame a cambiar mis llantos en carcajadas, mis amarguras y dificultades en alegrías. Confío en tu promesa fiel, confío en tu Palabra que me conforta.
Confío en que mi madre esté a tu lado, feliz y sonriente como era ella, en compañía de mi padre y todos aquellos que tú conoces.
Necesito que también a mí me digas esas palabras de esperanza que le dijiste a Josué: “No tengas miedo ni te desanimes, porque Yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” (v1,9)
Gracias Señor por la madre que me has concedido
Dame fuerza Señor.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Estamos llamados a consolar a 
nuestros hermanos
El Papa Francisco recuerda la invitación de Isaías: "Consolad, consolad a mi pueblo"
"Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios" (40,1).
Isaías se dirige a personas que pasaron por un período oscuro, que han sufrido una prueba muy difícil; pero ahora ha llegado el tiempo de la consolación. La tristeza y el miedo pueden dejar lugar a la alegría, porque el Señor mismo guiará a su pueblo del senda de la liberación y la salvación. ¿En que modo se realizará todo esto? Con el cuidado y la ternura de un pastor que cuida su rebaño. Él dará unidad y seguridad al rebaño, lo hará pastar, los reunirá en su redil seguro las ovejas dispersas, prestará especial atención a las más frágiles y débiles (v. 11). Esto sucede es la actitud de Dios hacia nosotros sus criaturas. De ahí que el profeta invita al oyente - incluyendo nosotros hoy - a difundir entre la gente este mensaje de esperanza.

Pero no podemos ser mensajeros de la consolación de Dios si nosotros mismos no experimentamos la alegría de ser consolado y amado por Él. Esto sucede especialmente cuando escuchamos su palabra, cuando permanecemos en la oración silenciosa en su presencia, cuando nos encontramos con Él en la Eucaristía o en el Sacramento del Perdón.

Así que dejemos que la invitación de Isaías - "Consolad, consolad a mi pueblo" - resuene en nuestro corazón. Hoy necesitamos personas que sean testigos de la misericordia y de la ternura del Señor, que sacude los resignados, reanima los desalentados, enciende el fuego de la esperanza. Muchas situaciones requieren nuestro testimonio consolador. Pienso en aquellos que están oprimidos por el sufrimiento, la injusticia y el abuso de poder; a los que son esclavos del dinero, del poder, del éxito, de la mundanidad. Todos estamos llamados a consolar a nuestros hermanos, testimoniando que sólo Dios puede eliminar las causas de los dramas existenciales y espirituales.

El mensaje de Isaías, es un bálsamo sobre nuestras heridas y un incentivo para preparar diligentemente el camino del Señor. El profeta, de hecho, habla a nuestro corazón para decirnos que Dios olvida nuestros pecados y nos consuela. Si nos confiamos a Él con corazón humilde y arrepentido, Él derribará los muros del mal, llenará los vacíos de nuestras omisiones, allanará los golpes del orgullo y de la vanidad, y abrirá el camino del encuentro con Él.

Es curioso pero tantas veces tenemos miedo de la consolación, de ser consolados, es más nos sentimos más seguros en la tristeza y en la desolación. ¿Saben por qué? porque en la tristeza nos sentimos protagonistas, en cambio que en la consolación es el Espíritu Santo el protagonista, es él que nos consuela, es él que nos da el coraje de salir de nosotros mismos, es él que nos lleva a la fuente de toda verdadera consolación, es decir el Padre y esto es la conversión. Por favor déjense consolar por el Señor.

La Virgen María es el "camino" que Dios mismo ha preparado para venir al mundo. Encomendamos a ella la esperanza de la salvación y la paz para todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

PAPA FRANCISCO

1 comentario:

  1. Descanse en paz.
    Mi humilde oración y un gran abrazo, Recarey.

    Muchos besos.

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