miércoles, 30 de noviembre de 2016

Buenos días, 30 de noviembre de 2016. San Andrés



La disciplina
es el puente entre metas y logros.
Jim Rohn.

El RETO para hoy

Hoy el reto del amor es ser un ángel para una persona.
Si ves que alguien está pasando un momento difícil, haz una llamada, manda un mensaje, para que sepa que estás ahí con ella, que no está sola. Muchas veces ni las palabras son necesarias; simplemente el hecho de que estés es lo que a la persona le ayuda.


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SANTORAL

Andrés,
Apóstol (s. I)
Cástulo, Euprepes, mártires; Tadeo Liu, sacerdote diocesano mártir de China; Tugdualdo, Narsés, obispos; Maura, Justina, vírgenes y mártires; Constancio, Saturnino, Troyano, Zósimo, confesores.


REFLEXIÓN:

El amor está en lo que se tiende
¿Qué son los puentes? El diccionario dice que son «estructuras de distintos materiales construidos para salvar niveles excesivos, para lograr la continuidad en lugares interrumpidos por la presencia de obstáculos difíciles de superar». Pero el fin de todos los puentes es siempre el mismo, acortar distancias, salvar desigualdades, soportar el rodaje de vehículos …

Nosotros podemos tender puentes que favorezcan la paz por donde puedan transitar toda clase de personas, puentes que les brinden ocasión de encontrarse, de reconocerse … Ser puente es también ser soporte seguro para el que se decida a cruzarlo.
Si en el campo de la técnica existe tanta variedad de puentes: levadizos, colgantes, transbordadores … algunos tan sofisticados que son un verdadero alarde de ingeniería …
¿Cuántas clases de puentes podemos construir en el plano humano-espiritual? Veamos algunos.

Vamos a esforzarnos, hoy, en tender:

puentes de comprensión, de cariño, de cercanía cordial, que rompen la soledad;
puentes de amor, de ternura, que iluminan situaciones de desvalimiento o de enfermedad;

puentes de palabras suaves, mansas, porque el gritar no es signo de paz;
puentes de caridades ocultas, de delicadezas pequeñas con las que muchas veces podemos hacer felices a los demás;

puentes que unen orillas muy distantes ocasionadas por prejuicios, por malentendidos, que alejan y son verdaderas amenazas para la paz;

puentes que superan las diferencias, pasan por alto lo dispar, acogen las desigualdades para acrecentar la unidad;

puentes recios que sirven de soporte a quienes los quieran cruzar agobiados por el peso del dolor, de la ansiedad y al mismo tiempo les sirvan de apoyo y estímulo;
puentes de silencio, muy fecundo cuando las palabras no son capaces de expresar el consuelo que quisieran prodigar;

puentes de armonía, de callada interioridad, de fraternidad;

puentes de oración: son puentes gigantes, que abrazan los continentes, cruzan los ríos y el mar y son ayuda invisible pero real y llegan a los lugares más lejanos;
puentes de autodominio, de servicio incondicional, de olvido propio, sólo aspiran a que otros puedan gozar;

puentes de reconciliación: es más difícil reconstruir sobre ruinas de lo que se ha roto que hacerlo de nuevo … pues también esa medida debemos alcanzar.
Tendamos puentes de la mañana a la noche, en la familia, en el trabajo, en la amistad, en la profesión, en la sociedad.

No olvidemos que ser puente es servir de vínculo, de conexión, de enlace. Aspiremos a ser puentes que brinden encuentros; pero puentes, sólo puentes olvidados de lo que ofrecen y dan.

Vivamos este día tendiendo puentes. Aspiremos a ser peritos en esta tarea hasta llegar a convertirnos nosotros en puentes para los demás. Seamos puentes en lo cotidiano y que nuestros puentes sean siempre porta-paz.

ORACIÓN:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey Nuestro ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria 
(para ponerme en presencia de Dios)

Y si alguna vez me sintiera abandonado, Dios mío, ayúdame a entender que es sólo un sentimiento; porque Tú jamás, nunca, me abandonarás. Quiero crecer en la conciencia de tu amor, conocerte en este día mejor e imitarte con ardor.

Reflexión del Papa:

Me parece que puede ayudar pensar en la siguiente escena: un ser querido se encuentra grave de salud, un ser querido al que, además, todos le tienen profunda estima. Yo también. Se encuentra en delicado estado, quizá en agonía, y quiero visitarlo. Tan sólo en dirigirme hacia su casa, me parece introducirme lentamente en un silencio de respeto, de profunda reverencia. Luego, llegar ante la puerta, mirarla con reserva, tocar, cada gesto que realizo me transporta ligeramente en el ambiente sobrio, donde lo más preciso es callar, acompañar, simplemente estar.
Apenas paso la entrada, formo parte de quienes quieren de verdad estar y confortar a la familia, permanecer al lado de su ser querido, sin importar el tiempo, conscientes del profundo peso de ese instante. Todo sigilo y respeto viene motivado por un amor profundo, y todo es incluso natural.
Ese día no importa quedarse «demasiado» tiempo ahí. Ese día importa, al contrario, justamente el estar ahí. Y si fuesen tan solo unos segundos los que pudiese pasar junto al enfermo, de cualquier manera valdría todo la pena. A fin de cuentas, mi único deseo era poder acompañar.
Pues bien. La escena probablemente es real. Y además puede compararse a la reverencia que Jesús sentía cada vez que visitaba la casa de su Padre.
Me pregunto, Señor, si mi corazón de asemeja al tuyo.
«En el templo Jesús viene a nuestro encuentro y nosotros vamos a su encuentro.[…] Quien encuentra verdaderamente a Jesús no puede quedarse igual que antes. Él es la novedad que hace nuevas todas las cosas. Quien vive este encuentro se convierte en testigo y hace posible el encuentro para los demás; y también se hace promotor de la cultura del encuentro, evitando la autorreferencialidad que nos hace permanecer encerrados en nosotros mismos.»

(Homilía de S.S. Francisco, 2 de febrero de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a hablar con mucho amor con Aquel que te ama.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Unas personas están predestinadas al éxito y otras al fracaso?

Todos estamos llamados a ser felices, ¿cuál es la clave?
Ana N R-cc

Los medios de comunicación muestran personas de éxito o famosas que se han quitado la vida, que tienen serios problemas judiciales, etc. Son personas que han pasado fácilmente del éxito al fracaso. ¿A qué estaban llamadas realmente?

¿Estaban llamadas a tener éxito o a tener fracaso? ¿Existen en verdad vidas destinadas a tener éxito o a tener fracaso o, como dice el refrán, personas que nacen con estrella y otras que nacen estrelladas?

¿Qué son el fracaso y el éxito?

Los parámetros para definir lo uno o lo otro son muy confusos, y muchos de ellos son muy cuestionables.

Indiferentemente del origen o del ambiente o de la familia en que se nazca o se crezca, en términos generales, no existe persona alguna que toda su vida entera haya sido o sea, en todas las dimensiones humanas, un constante y total éxito o un constante y total fracaso.

Comencemos por decir que nadie ha sido llamado a la existencia para estar condenado al fracaso, a un eterno fracaso del que no se pueda salir, todo lo contrario.

Dios no crea a nadie para la infelicidad;

afirmar lo contrario sería injusto con Él, que es el justo por antonomasia (Sal 7, 12; Sal 37, 28; Is 53, 11; 1 Jn 2, 1).

El problema de los fracasos se encuentra en la intervención de factores muy ajenos al deseo o voluntad de Dios.

Ahora, hay que tener en cuenta que un fracaso en la vida no equivale a ser fracasado en la vida.

Todos pues estamos llamados a ser en la vida personas de éxito.

¿Pero dónde está el factor decisivo para serlo?

Alguien dirá que la clave del éxito está en la riqueza. Esto es un error pues muchas personas de éxito vienen de la clase media o media baja. Ni la riqueza es garantía de éxito ni la pobreza es garantía de fracaso.

Alguien dirá que el éxito está en los orígenes familiares. Esto es falso o, al menos, relativo. La familia no es un indicador confiable de éxito o fracaso. De una misma familia pueden salir un hijo que sea un personaje y un hijo que sea un completo dolor de cabeza para la familia misma y/o la sociedad.

Además un buen porcentaje de gente de éxito viene de familias destruidas o mal estructuradas o, incluso, ha crecido sin familia.

Alguien podrá decir también que el éxito está en la ausencia de dificultades. ¿Quién no las tiene? Detrás de cada persona de éxito hay dificultades o adversidades superadas con grandes esfuerzos.

Alguien finalmente podrá decir también que las personas inteligentes o muy inteligentes tienen el éxito asegurado. Esto también es cuestionable, pues ha habido o hay gente que no ha sido precisamente una lumbrera o que escasamente tenga los estudios más mínimos y sin embargo son, por ejemplo económicamente hablando, exitosas.
En la vida de todo ser humano hay de todo: hay momentos o días en que parece que la vida va “sobre ruedas” o en que parece que la vida va “en picado”.

Será, desde el punto de vista terrenal, al final de la vida cuando se podrá hacer un balance de la misma y se constatará que en la vida hubo más o menos progresos o éxitos así como más o menos retrocesos, más en unas cosas que en otras (por ejemplo, una persona puede se puede ser exitosa en lo profesional, pero fracasada en lo afectivo, familiar, etc.).

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