martes, 29 de noviembre de 2016

Buenos días, 29 de noviembre de 2016


Cada día es un nuevo comienzo.
Aléjate de lo que podía haber sido y mira a lo que puede ser.

EL RETO para hoy

Hoy el reto del amor es que pares a escribir una carta a esa persona a la que "le dirías tantas cosas..." No esperes a que sea tarde, abre tu corazón.


VIDEO
SANTORAL
Saturnino de Tolosa,
obispo y mártir († c. a. 250)
Bernardo, Roadbobo (o Ratbodo), Felipe, obispos; Blas, Demetrio, Paramón, Filomeno, Sisinio, Saturnino, mártires; Iluminada, virgen; Gerardo, Giraldo, abades.

REFLEXIÓN:

Felices quienes siguen confiando, a pesar de que hay mil razones para desconfiar.

Felices los que con su vida y trabajo allanan los caminos torcidos y buscan la paz y facilitan hacer las paces.

Felices los que trabajan por hacer de esta tierra una convivencia que sea «un cielo».

Felices los que perforan el silencio y saben escuchar los gemidos de los hombres y las mujeres de hoy.

Felices los que acallan y callan y en el silencio encuentran la Palabra de Dios en las palabras y situaciones que la gente vive.

Felices los que en la escucha encuentran la palabra que es profecía, denuncia, grito de los que no tienen palabra.

Felices los que no solo rellenan los baches sino que roturan y trazan caminos nuevos para que transiten los descaminados.

Felices los que en el frío dan calor; los que en la noche ponen luz; los que en la soledad son compañía; los que salen de su ensimismamiento y acampan, como Dios, aliado de los heridos, malheridos y marginados.

Felices los que sueñan, como nuestro Dios sueña, un mundo mejor.

Felices los que han encontrado a Dios y se convierten en camino para que otros vayan a Dios.

Felices los que viven guardando lo que no entienden y esperan en Dios para entenderlo todo.

Felices los que no se desaniman porque saben que la tierra está habitada por Dios y su fuerza es más fuerte que el mal.
Bienaventuranzas del Adviento
ORACIÓN:

Mi Señor, gracias por tu presencia y hacerme ver que pase lo que pase saldré siempre adelante, porque Tú me acompañas y sé que no me abandonarás.
Quiero pedirte hoy que me ayudes a tomar las mejores decisiones de vida, basadas en el amor y el respeto.
No deseo que ningún sentimiento de derrota se apodere de mis pensamientos y me distraiga de los buenos deseos de alcanzar metas que te den gloria y frutos en abundancia. Te encomiendo mi vida.
Hazme un instrumento tuyo y que siempre mire a los demás con el corazón así como Tú lo haces. Ven Señor, hazme caminar confiado sabiendo que me bendices y cuidas de mi como tu tesoro más preciado. Amén

Reflexión del Papa Francisco
El apóstol Pablo, en la carta a los Colosenses (1,12-20), nos ofrece una visión muy profunda de la centralidad de Jesús. Nos lo presenta como el Primogénito de toda la creación: en Él, por medio de Él y en vista de Él, fueron creadas todas las cosas. Él es el centro de todo, es el principio. Dios le ha dado la plenitud, la totalidad, para que en él todas las cosas sean reconciliadas
Esta imagen nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación; y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras.
La pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo.
Además de ser centro de la creación, y centro de la reconciliación, Cristo es centro del pueblo de Dios...
[...] Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el hermano alrededor del cual se constituye el pueblo, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En él somos uno; unidos a él, participamos de un solo camino, un solo destino. Solamente en él como centro tenemos la identidad como pueblo.
Cristo es el centro de la historia de la humanidad y de todo hombre. A Él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida.
Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy.
Mientras todos los otros se dirigen a Jesús con desprecio: "Si tú eres el Cristo, el Mesías Rey, sálvate a ti mismo bajando de la cruz", aquel hombre, que se ha equivocado en la vida pero se arrepiente, se agarra a Jesús crucificado implorando: "Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino". Y Jesús le promete: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perdón, el Señor no deja jamás de atender una petición como esa.
Hoy todos nosotros podemos pensar en nuestro camino. Este día nos hará bien pensar en nuestra historia:
"Acuérdate de mí Señor, tú que estás al centro, tú que estás en tu Reino".
La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la plegaria que la ha pedido. El Señor siempre da más de lo que se le pide: le pides que se acuerde de ti y te lleva a su Reino.
Pidamos al Señor que se acuerde de nosotros, con la seguridad de que gracias a su misericordia podremos participar de su gloria en el paraíso. Amén. (Homilía en la Solemnidad de Cristo Rey y clausura del Año de la Fe, 24 de noviembre de 2013)

Oración de Sanación

Señor Jesús, Rey de mi vida y Rey del universo, yo quiero pertenecer a tu reino, un reino que has dicho que no tiene fin, donde habita la eterna felicidad, la dulce alegría y una amor que no acaba.
Te abro hoy mi corazón para experimentar tu perdón y tu reinado de amor. Quiero vivir con valores auténticos, entregado al servicio por los demás, sobre todo, por aquellos que están sumidos en el dolor y la desesperanza.
Quiero ayudarte a construir un mundo mejor, hacer que tu Señorío reine en cada rincón, y para eso te pido que me mantengas fiel a tu amor, a tus principios de vida, y me sienta movido por tu compasión, con los lazos de tus bienaventuranzas.
Tu soberanía se abre camino en mi alma cuando siento compasión por los pecadores, visito a los enfermos, lucho por la dignidad de los excluidos, doy de comer al hambriento, signos de la llegada de tu Reino a la humanidad
Tú eres el Señor de señores, el Rey de reyes, el que con gloria suprema viene a gobernar en los corazones piadosos y haces sentir tu poder universal regalando paz y fortaleza a todo a quien a Ti acude.
"Tu Reino no tendrá fin" (Dn. 7,14), porque Tú, Padre amado, siempre cumples tus promesas. Quiero adorarte, Jesús mío, Rey eterno, supremo Verbo encarnado, y darte el espacio que realmente te mereces en mi vida.
Me sostengo en tus promesas como un niño se aferra a los brazos de su madre, porque solo Tú me libras de angustias y llenas mi vida de tranquilidad.
Ven, amado Señor, con tu cetro de Poder, de Justicia y de Perdón, ven y reina para siempre en mi corazón y hazlo digno de tu amor para siempre. Amén
 ******************************
ESPECIAL BUENOS DÍAS
******************************

¿Conoces los 3 símbolos más bonitos y significativos de la Navidad?

El Adviento y la Cuaresma son los dos tiempos penitenciales que nos propone la Iglesia como preparación y anticipación de la Navidad y de la Pascua respectivamente.

Las fiestas grandes requieren grandes preparaciones, y cuando se vive la preparación adecuadamente el fruto de la fiesta se multiplica al infinito.

La Iglesia tomó algunas tradiciones de los pueblos que fue evangelizando, o creó sus propias formas de “materializar” estas realidades espirituales, a modo de catequizar y de darnos medios visibles que nos ayuden a acercarnos al Misterio. Los humanos necesitamos de este tipo de símbolos.

En torno a la Navidad, han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos que todos usamos y reconocemos. Pero no siempre sabemos su historia, o cómo utilizarlos mejor para adentrarnos en la espiritualidad navideña. Para ello, hemos preparado estas infografías:


El árbol navideño es el signo más visible y frecuente de la Navidad, pero no siempre le damos un sentido religioso. El mundo comercial se ha apropiado del árbol como un signo de “las fiestas”, quitándole al nacimiento de Nuestro Señor el protagonismo. En muchas casas se acostumbra que el niño más pequeño sea el que pone la estrella en la punta del árbol. Otras familias lo arman rezando los misterios de gozo, otros piden al párroco la bendición del pesebre y del árbol. Otras familias le dan un adorno a cada niño y se rezan preces por cada adorno que se cuelga: con los azules, oraciones de arrepentimiento; con los plateados, de agradecimiento; con los dorados, de alabanza y con los rojos, de petición. No importa la tradición que usemos en nuestra familia, lo importante es recordar que el árbol de Navidad es un símbolo católico y que debemos recuperar su sentido.

Otro símbolo es la corona de Adviento. Ésta nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis en un aspecto particular del tiempo de Adviento.


El último, pero no por ello menos importante, el pesebre o nacimiento. Ésta es una tradición iniciada por el gran San Francisco de Asís y que los franciscanos extendieron rápidamente por todo el mundo. En sus primeros años eran “pesebres vivientes” y luego se convirtió en una representación a escala con figuras de barro cocido, yeso o cera. Cada familia vive el pesebre a su modo, algunas familias cada domingo de Adviento le van agregando figuras teatralizando la historia para los más pequeños. El nacimiento es por supuesto, el símbolo emblemático del día de Navidad, cuando se pone finalmente el niño en el nacimiento, y la familia se congrega para cantarle villancicos y canciones típicas de cada país.


*************


No hay comentarios:

Publicar un comentario