lunes, 28 de noviembre de 2016

Buenos días, 28 de noviembre de 2016


La mayor enfermedad hoy, no es la lepra ni la tuberculosis,
sino el no sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos.
Madre Teresa de Calcuta


El Reto del día

Hacer un balance de mi tiempo de ocio.
Ampliar los momentos de reflexión y oración y desechar aquello que me distrae de camino de santidad


VIDEO

SANTORAL

Catalina Labouré,
religiosa (1806-1876)
Santiago de la Marca, Hilario, Quieta, confesores; Catalina Labouré, Teodora, vírgenes; Acario, Mansueto, Teodoro, Papiniano, obispos; Rufo, mártir; Sóstenes, discípulo de San Pablo; Esteban el Joven, abad; Basilio, monje; Pedro, Andrés, monjes y mártires.


REFLEXIÓN:
HOY APRENDí

Aprendí que la mejor manera de apreciar algo es carecer de ello por algún tiempo.
Aprendí que nada de valor se obtiene sin esfuerzo Aprendí que la expectativa es con frecuencia mejor que el suceso en sí.
Aprendí que si mi vida está libre de fracasos es porque no me estoy arriesgando lo suficiente Aprendí que cada cosa que logré, la había considerado antes como algo imposible.
Aprendí que la honestidad es la mejor propaganda.
Aprendí que no debo discutir mi éxito con personas con menos éxito que yo.
Aprendí que el odio es como el ácido: destruye al recipiente que lo contiene.
Aprendí que planear una venganza sólo permite que las personas que nos hirieron lo hagan por más tiempo.
Aprendí a no dejar de mirar hacia el futuro Aprendí a valorarme sin sobreestimarme.
Y Aprendí que debo darme ánimo y pensar que todavía hay:

- Muchos buenos libros para leer,
- Puestas de sol que ver,
- Estrellas que admirar,
- Amigos que visitar,
- Sonrisas que regalar,
- Pensamientos que expresar,
- Un amor que descubrir,
- Un día, un lugar, un momento para recordar… 
Hoy Aprendí que…  todavía tengo mucho que aprender.


ORACIÓN:


Diálogo introductorio con Jesús

Señor, sé que me amas y cada día me regalas tu bendición, pero igual me hace mucho bien contarte lo que estoy viviendo y recibir tus palabras de amor.

Hoy quiero pedirte de manera muy especial que me hagas comprender que en Ti soy una persona fuerte, capaz de salir victorioso de cada batalla que tengas planeada para mi vida, porque con tu presencia me vas llenando de tu fuerza y de tu poder para salir adelante. La única manera de vencer mis debilidades es asumirlas y enfrentarlas desde el amor que me das a diario. Por ello, clamo hoy para que me infundas de ese poderoso amor que da vida y protección en abundancia. Amén




Reflexión del Papa Francisco

El señor de la parábola es Jesús, los servidores somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ´El patrimonio de su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón… en resumen, tantas cosas, sus bienes más preciosos. ¡No solamente para guardarlo, sino para que crezca!.
Si en el lenguaje común la palabra «talento» indica una capacidad individual sobresaliente, en la parábola, los talentos son los dones del Señor. El agujero excavado en el terreno por el "servidor malo y perezoso" indica el temor del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor....

Jesús no nos pide que guardemos su gracia en una caja fuerte... Quiere que la usemos en beneficio de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen...

¿Qué hacemos con los talentos que nos ha dado el Señor? ¿A quién hemos ´´contagiado´´ con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo?... 

Cualquier ambiente, incluso el más lejano y difícil, puede convertirse en un lugar donde hacer fructificar los talentos.

No existen situaciones o lugares cerrados a la presencia y al testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros.
La parábola de los talentos nos empuja a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, como fuerza que pone en crisis, que renueva.

Lo mismo pasa con el perdón que el Señor nos da sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación: No lo tengamos encerrado en nosotros, dejemos que derrumbe los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, reanudar el diálogo donde no hay comunicación.

Además, el Señor no da a todos lo mismo, nos conoce personalmente y nos confía aquello que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo igual: la misma, inmensa confianza.

Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Esto es igual para todos ¡No le defraudemos! ¡No nos dejemos engañar por el miedo, al contrario, devolvamos confianza por confianza! (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 16 de noviembre de 2014)


Oración de Sanación

Señor, te encomiendo en este momento todas mis acciones, pensamientos y deseos, y las coloco bajo el árbol frondoso de tu protección, esperando que me des la capacidad de afrontar la vida con energía y entusiasmo.

Yo quiero que seas mi roca fuerte, mi Rey, mi Salvador, que prevalezca el trono de tu poder sobre mí, cuando mi vida se vea tentada por la indiferencia, el egoísmo y el apego terrenal.

Quero remediar todas esas situaciones pecaminosas y de dolor con las que he manchado mi vida, poniendo a trabajar con amor todos los talentos que has depositado con gran confianza en mí.

Oh mi Dios, te pido que, bajo la iluminación del Espíritu Santo, pueda discernir en el uso correcto de estos talentos y entregarte los frutos correspondientes cuando vengas a pedirme cuenta.

Tú has vencido la muerte, derramaste toda tu sangre en la cruz para que nosotros tuviésemos vida en abundancia. Por eso, no puedo perder tiempo, no puedo ignorar ese gran sacrificio de amor y desperdiciar esta oportunidad que me has dado

Señor, Tú reinas en mi hogar y mi corazón, por ello, como agradecimiento eterno de haberme incluido en el eterno gozo de las delicias celestiales, debo ser un buen administrador de todos los dones que me has entregado.

Ayúdame a serte fiel, a ser un hijo digno de entrar en tu reino, a ser sabio y astuto en la multiplicación de tu obra salvadora. Confío en que ahora me guías para darle sentido a todo lo que hago y presentarte las más agradables obras en el momento en que me llames a tu presencia. Amén


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Existe alguna relación entre la humildad y la autoestima?

La sana autoestima pasa por aceptar las propias carencias y limitaciones

Existe hoy en día una abundante oferta de libros de autoayuda y superación personal, autores que plantean el logro de la autoestima de muchas formas y a cualquier precio, con muy escasa o nula eficacia, pues la más de las veces, lo hacen a costa de la verdad de quienes los leen.
Sus propuestas se repiten siempre en una misma línea, tales como: “Lo principal es que seas tú, que te sientas bien contigo mismo, que te sientas libre, que alcances la felicidad, que logres el verdadero amor”; “eres formidable, genial, único, vales mucho aunque otros no se den cuenta o no lo reconozcan”, etc., etc. Todos parecen partir de la premisa: “Ante todo, siéntete siempre bien contigo mismo, nunca olvides, que hagas lo que hagas, eres una persona fabulosa”.

Quienes buscan con afán esas lecturas, deben de saber que en el fondo, uno de los problemas fundamentales consiste en no saber asumir, en disimular o no aceptar las propias carencias. Que lo verdaderamente útil seria reconocerlas y buscar los medios para solucionarlas, siendo ese el único camino seguro para la conquista de una verdadera autoestima, misma que debe fundarse en la consciencia de una profunda dignidad.

Aquí unas experiencias de vida en los que la humildad y la autoestima van de la mano:


  • Mis deseos de placer y confort, más de una vez han vencido mi voluntad. Cuantas veces por haber cedido a los apetitos de mis sentidos, he vivido el sabor amargo del deber de amor incumplido. Debo adquirir el temple de hacer siempre lo que debo por encima de lo que me place, de lo fácil, lo cómodo.

  • Puedo sentir en cualquier momento miedo, ira, envidia, resentimientos, culpa, preocupaciones… pero sentir no es consentir. En todo caso, si he obrado mal dejándome llevar por mis impulsos, me disculpare, pediré perdón y me levantare para ser cada vez un mejor don hacia los demás. No me derrumbare ni quedare desarmado ante mis propias emociones.


  • Mis ilusiones por lograr algunas cosas se truncaron, pero aprendí que el tener, el saber y el hacer, siendo algo bueno, no son esenciales para dar y recibir amor. Lo descubrí cuando viví la mayor quiebra de mi vida que me dejo a la vez la mayor ganancia, pues aprendí sobrellevar los desengaños.

  • Hubo un tiempo en que considere ser mejor de lo que realmente era y no me esforcé por reconocer y superar mis defectos y limitaciones; tampoco por desarrollar mis cualidades y conocer sus límites. Cuando la vida me golpeo pude poner los pies en la tierra y aprendí lo nocivo de la soberbia y la falsa autoestima.


  • Pensaba que ante todo que lo principal era ser reconocido por inteligente, simpático, apuesto, ecuánime, maduro… Perdí tiempo haciendo esfuerzos por tener una buena imagen y contar con una opinión ajena favorable, no me daba cuenta de que las personas suelen juzgar con criterios superficiales: que si somos de un modo o u otro, que si tenemos o sabemos, que si… Finalmente reconocí que solo las personas que nos conocen y nos quieren de verdad, se fijaran más en nuestras virtudes, que en lo que tenemos, sabemos o podemos.

  • Tener un auto, una casa o altos ingresos solo me hacían sentir orgulloso, si ese auto, esa casa y esos ingresos eran superiores a los de los demás. Cuando esto no sucedía, no tenía nada de que sentirme orgulloso. Llegue a considerar que yo era las cosas que tenía, aferrándome a ese orgullo que tanto estorba al amor, y, cuando me llego el momento de perderlo todo, no supe en mi interior, quien era realmente.   Fue así que las penas, el dolor y el duro fracaso me enseñaron a ser autentico, trasparente, sincero; aprendiendo a comunicarme realmente y a confiar en los demás para mejorar la calidad de mis amores.

Finalmente entendí la divina paradoja de que la verdadera riqueza está en la pobreza de espíritu, que consiste no en solo vivir desprendido de las cosas, sino en llegar a poner toda nuestra vida en las manos de Dios encontrando en ellas su verdadero sentido.

La autoestima se ubica en el ámbito de la psicología y hace referencia a un sentimiento positivo sobre uno mismo.

La humildad va más allá de un estado de ánimo, porque cimienta la consciencia de una dignidad en el ser. Se refiere por tanto a una profunda aceptación de la verdad interior, en lo bueno y en lo malo en cuanto que orienta el sentido final de nuestra vida.

La humildad, por lo tanto, recuerda a la autoestima que debe estar ligada a la verdad.

Por Orfa Astorga de Lira, Máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.

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