viernes, 25 de noviembre de 2016

Buenos días, 25 de noviembre de 2016. Santa Catalina de Alejandría.


A Dios le encantan las familias que son,
no las que funcionan
Papa Francisco


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Durante su viaje a Albania en septiembre de 2014 el Papa Francisco escuchó este testimonio escalofriante: el de un sacerdote de 84 años que vivió 28 años realizando trabajos forzados durante la época comunista. Se llama Ernesto Simoni y será creado cardenal en el consistorio del 19 de noviembre.

Este es el testimonio completo que el sacerdote pronunció ante el Papa durante su visita a Albania:

TEXTO COMPLETO:
"Soy don Ernest Simoni. Soy un sacerdote de 84 años. En diciembre de 1944 llegó a Albania el Partido Comunista, ateo, que tenía como principio eliminar la fe y al clero. Para llevar a cabo este programa comenzaron inmediatamente con los arrestos, las torturas y los fusilamientos de centenares de sacerdotes y laicos, durante 7 años consecutivos, derramando la sangre inocente de fieles, algunos de los cuales, antes de ser fusilados, gritaron, "Viva Cristo Rey”.
En 1952 el gobierno comunista, siguiendo una estrategia política planificada desde Moscú (Stalin), intentó reunir a los sacerdotes que todavía estaban vivos para permitirles ejercitar libremente la fe con la condición de que la Iglesia se separase de Roma y del Vaticano. El clero nunca aceptó esta pretensión del gobierno. Yo continué los estudios en el colegio de los franciscanos por diez años, desde 1938 hasta 1948. Nuestros superiores fueron fusilados por los comunistas y por este motivo fui obligado a terminar mis estudios de teología en la clandestinidad. 
Cuatro años después me mandaron al ejército. Querían hacerme desaparecer. Pasé dos años en aquel lugar, años que fueron más terribles que una prisión. Pero el Señor me salvó y el 7 de abril de 1956 fui ordenado sacerdote. El día después, Domingo in Albis y fiesta de la Divina Misericordia, celebré la primera misa. Durante ocho años y medio desempeñé mi ministerio sacerdotal hasta que los comunistas decidieron quitarme de en medio.
El 24 de diciembre de 1963, después de celebrar la misa de la vigilia de Navidad, en la localidad de Barbullush, cerca de Scutari, llegaron cuatro oficiales de seguridad y me presentaron la orden de arresto y fusilamiento. Me pusieron las manos tras la espalda, me esposaron y me metieron en su coche a patadas. Desde la parroquia me llevaron a una habitación aislada donde permanecí tres meses en condiciones inhumanas. Estando esposado me interrogaron. Su jefe me dijo: "Serás ahorcado como enemigo porque has dicho al pueblo que todos moriréis por Cristo si es necesario”. Me apretaron tanto los hierros en las muñecas que sentía cómo se me paraban los latidos del corazón. Casi moría. Querían que hablara contra la Iglesia y la jerarquía. No acepté. Casi muero por las torturas. Al verme en ese estado me liberaron. El Señor quiso que continuase viviendo.
También me acusaron de celebrar tres misas por el alma del presidente americano John Kennedy, asesinado un mes antes de mi arresto. Sin embargo las misas las celebré según las indicaciones que Pablo VI dio a todos los sacerdotes del mundo. Yo era suscriptor de la principal revista rusa en lengua francesa "La Unión Soviética”. Como prueba de su acusación presentaron al juez la revista en la que figuarba la foto del presidente americano. La Divina Providencia quiso que mi condena a muerte no se ejecutara. En la habitación aislada llevaron a otro prisionero, un amigo, que tenía que espiarme. Él criticó al partido pero yo le respondía que Cristo nos enseñó a amar a los enemigos, a perdonarles y que debemos trabajar por el bien del pueblo. Estas palabras llegaron a oídos del dictador, quien después de cinco días me liberó de la condena a muerte. Esta condena fue sustituida a 18 años de prisión en la mina de Spaç. Cuando salí de allí me volvieron a condenar a trabajos forzados durante 10 años, hasta la caída del régimen. Trabajé en las aguas fecales. Celebraba misa en latín, de memoria. También confesaba y distribuía la comunión a escondidas.
Con la llegada de la libertad religiosa el Señor me ayudó a servir a muchas poblaciones y a reconciliar con la cruz de Cristo a personas llenas de venganza, alejando el odio y al diablo de los corazones de los hombres.
Santidad, con la seguridad de poder exprimir el deseo de todos los presentes, le ruego que, por intercesión de la Santísima Madre de Cristo, el Señor os otorgue vida, salud y fuerza para guiar el gran rebaño que es la Iglesia de Cristo. Amén”.



SANTORAL

Catalina de Alejandría,
virgen y mártir († s. IV)
Moisés, presbítero; Audencio, Difánog, Erasmo, Finán, Jocunda, Pasarión, confesores; Catalina, Jucunda, vírgenes y mártires; García, abad; Mercurio, Maurino, mártires; Fintano, ermitaño.

 VIDEO
Aniversario de Mamá Margarita, Madre de San Juan Bosco
https://www.facebook.com/SalesianosEs/videos/1238738446187738/


REFLEXIÓN:

Busca en el refugio de tu corazón y encontrarás la alegría de tu cuerpo.
Si quieres ver un árbol, ve al valle,
Si quieres ver el valle, ve a una montaña,
Si quieres ver la montaña, sube a las nubes, 
pero si lo quieres ver todo…
Cierra los ojos y sólo piensa.
  
La mitad de la belleza depende del paisaje, la otra mitad de la persona que lo mira.
Piensa en todo aquello que tienes, y no en lo que te hace falta.
La vida no consiste en recordar el pasado con nostalgia,
ni esperar el futuro con ansiedad…
¡Si no en vivir el presente con pasión!
 Cuando empieces a vivir más sinceramente por dentro…
Empezarás a vivir más
sencillamente por fuera.
  
La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo; simplemente disfrutan al máximo de todo lo que está en su camino.


ORACIÓN:

Oración preparatoria 
(para ponerme en presencia de Dios)
Señor, otra vez yo. Vengo buscando tu paz, esa paz que sólo Tú me puedes dar. Mientras me encuentro inmerso en mis ocupaciones, veo como el ritmo acelerado de la sociedad, me consume y me hace olvidarme de Ti. Ayúdame a confiar en Ti y reposar en la paz de tu amor aunque sea sólo por un momento.


Reflexión del Papa

Toda persona que busca hacer oración, es porque, en algún momento de su vida, Jesús ha cruzado su camino. Es este momento en el que Jesús ha dicho en nuestro corazón «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». Sí, porque una vez que el Señor llega a nuestra vida es imposible permanecer indiferentes. Por ello, es importante recordar este momento para que nuestra vida cristiana cobre un verdadero sentido.
El papa Francisco, recomienda volver a nuestra Galilea, es decir donde empezó todo.  No ser unos desmemoriados, nos repite continuamente. Y todo, porque recordar es volver a vivir. Zaqueo toda su vida habrá recordado ese primer encuentro con el Señor, ese momento en el que la salvación llegó a su vida. Sobre todo en los momentos difíciles, donde le costaba más su seguimiento de Cristo.
Ayúdame, Señor, a recordar ese momento. Ese momento en el que tu salvación llegó a mi vida. Sé que soy débil, y que a veces el respeto humano y la cobardía me impiden ser coherente, pero Tú sabes del barro que estoy hecho, por eso, renuévame y fortaléceme en los momentos de prueba para que, con tu gracia, sepa responder con amor y generosidad a lo que me pides.
«Sólo el encuentro con Jesús da al hombre la fuerza para afrontar las situaciones más graves. La segunda expresión es “¡levántate!”, como Jesús había dicho a tantos enfermos, llevándolos de la mano y curándolos. Los suyos no hacen más que repetir las palabras alentadoras y liberadoras de Jesús, guiando hacia él directamente, sin sermones. Los discípulos de Jesús están llamados a esto, también hoy, especialmente hoy: a poner al hombre en contacto con la misericordia compasiva que salva. Cuando el grito de la humanidad, como el de Bartimeo, se repite aún más fuerte, no hay otra respuesta que hacer nuestras las palabras de Jesús y sobre todo imitar su corazón. Las situaciones de miseria y de conflicto son para Dios ocasiones de misericordia. Hoy es tiempo de misericordia.»

(Homilía de S.S. Francisco, 25 de octubre de 2015).



Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a hablar con mucho amor con Aquel que te ama.


Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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