lunes, 21 de noviembre de 2016

Buenos días, 21 de noviembre de 2016. Presentación de Nuestra Señora


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No agradezcas tan sólo las cosas buenas.
Las dificultades nos hacen crecer como personas
La perseverancia nos ayuda a ser personas más fuertes.


EL RETO DEL DÍA

Perder” unos minutos de la manera más rentable.
Pararte hablar con alguien que hace tiempo que no hablas, pensar en el otro y en uno mismo, pensar en Dios y estar con Dios.


VIDEO

Cardenal Parolin explica las cuestiones en las que el Vaticano puede colaborar con Trump


SANTORAL

La Presentación de Nuestra Señora
Gelasio I, papa; Alberto, obispo y mártir; Mauro, Pápolo, obispos; Alejandro, Rufo, Romeo, confesores; Basilio, Auxilio, Saturnino, Celso, Clemente, Honorio, Demetrio, Heliodoro, Eutiquio, Esteban, Honorio, mártires; Digain, rey; Columbano, monje.


REFLEXIÓN:

Poema de un abuelo a sus enfermeros antes de morir

«Escorbútico viejo» es un hermoso poema que un abuelo le dejó a sus enfermeros del asilo cuando falleció. Este poema nos cuestiona profundamente sobre nuestra actitud ante las personas que han avanzado más en la vida que nosotros y están dando sus últimos pasos.

 «¿Qué ves enfermero? ¿Qué ves?
¿Qué estás pensando… cuando me miras?
¿Ves un hombre viejo, irritable… no muy sabio,
con hábitos inciertos… con ojos lejanos?
Que regatea con la comida…y no responde,
cuando dices en voz alta…¡espero que la pruebes!
¿Y que pierde un calcetín… o lo zapatos?
Que a veces resistiendo y a veces no… te permite hacerlo
a tu manera, bañarse y comer…
¿así para llenar el largo día? ¿Es esto que
estás pensando? ¿Es esto que ves?

Abre los ojos enfermero… no me estás mirando a mí.
Acepté el regalo de nacer… y comí según su agrado.
He sido un niño de 10 años… con un padre y una madre, hermanos y hermanas… que se amaban.
Un joven de dieciséis años… con las alas a los pies
soñaba que pronto… encontraría a una mujer para amar.
Fui un esposo de veinte años… con el corazón que se me salía por el pecho.
A los veinticinco años… tuve junto a mí a mi esposa.
Que necesitaba de mí para seguir adelante… y tuve una casa y era realmente feliz.
Un hombre de treinta años… mis hijos crecieron rápidamente, unidos entre ellos… con una relación que debería durar.
A los cuarenta años, mis jóvenes hijos… crecieron y siguieron sus caminos, pero mi mujer se quedó junto a mí… para ver que todo fuera bien.
A los cincuenta años, una vez más… los niños jugaban sentados en mis piernas,
y luego me llegaron los días oscuros, mi mujer murió.
Miraba el futuro…y sentía escalofríos de terror.

Y crecieron mis hijos…y también sus hijos.
Y hoy pienso en los años transcurridos… y al amor que conocí.
Ahora soy un hombre viejo.. y la naturaleza ha sido cruel.
Es una burla la vejez… te miran todos como si fueras un imbécil.
El cuerpo se deshace… la gracia y la fuerza, desaparecen.
Pero dentro de esta carcasa vive aún un joven,
y de vez en cuando… mi corazón se inflama y me vuelvo incierto.
Recuerdo las alegrías… recuerdo el dolor.
Y estoy amando y viviendo… la vida de nuevo.
Pienso en los años, que siempre son muy pocos… y que pasaron rápidamente.
Y aceptar el hecho desnudo y crudo… que nada puede durar.
Por lo tanto, gente abran los ojos… abran y vean.
No ven un nuevo viejo e irritable.
Miren más de cerca… ¡me ven…a mí!
No abandonemos a nuestros ancianos, no los dejemos en la soledad que a menudo la vejez obliga a sufrir.
Recordemos que son personas, con una vivencia, una sabiduría, una historia que contar…


La sabiduría que dan los ancianos no la puede dar nadie más.
«Los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar, porque esta civilización seguirá adelante sólo si sabe respetar su sensatez y su sabiduría».
«El anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente, aunque no pensemos en ello» (Papa Francisco).

Cuando era niño sentía que el tiempo pasaba muy lentamente. Cada año era una eternidad que no acababa nunca. Ahora que soy un poquito más grande me doy cuenta de que el tiempo empieza a pasar más rápido. Si todavía no te ha pasado esto, ya te va a empezar a pasar. Y si Dios lo quiere, mucho más temprano que tarde vamos a ser ancianos. Más allá de las explicaciones que existan para este fenómeno, yo creo que la enseñanza es muy clara: la vida es fugaz y se pasa volando. Esto nos debe cuestionar mucho sobre qué estamos haciendo con el tiempo que Dios nos da.


ORACIÓN:


Oración preparatoria
(para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Señor, porque de nuevo puedo estar a solas contigo en oración.
Gracias por todos los beneficios que me has concedido. Quiero estar junto a Ti.
Te necesito y sin Ti nada en mi vida tiene sentido. Por ello acudo para suplicarte tu compañía permanente a mi lado.
Aumenta mi fe, mi confianza y mi amor. Enciende en mí un celo cada vez más ardiente por la salvación de las almas y una pasión irresistible por Ti y por tu Reino.


Reflexión del Papa.

Hoy me hablas de las ocasiones de pecado, del perdón y de la fe. En mi vida siempre habrá ocasiones de pecado. Pero siempre estará también tu gracia para superarlas. A veces me detengo más a considerar la ocasión y lo mucho que me atrae el realizar aquel acto que la ayuda y socorro que me brindas para no ceder al enemigo. En las ocasiones de pecado, como dice el dicho, es mejor que se diga: «aquí huyó, que aquí murió.» Dame la gracia, Señor, de luchar por mi vida de gracia y defenderla como el mayor tesoro que me has dado.

El perdón es algo que tal vez en el mundo de hoy se habla mucho, pero se entiende mal. Sobre todo, aquello de perdonar siempre no es algo que se inculque en la actualidad. Sin embargo, al hablarme del perdón me estás llamando a una de las más profundas imitaciones que puedo tener de Ti. Tú que siempre nos perdonas, incluso más de siete veces al día, me invitas a perdonar también al que me ofende. Perdonar siempre, sin llevar cuentas.

«Auméntanos la fe» es la petición que los apóstoles te hacen hoy y que yo también te repito. Sin embargo, descubro en el Evangelio que no das una fórmula mágica, ni una orden para que ello se realice. Podría parecer que tu respuesta no satisface aquella petición de los apóstoles. Pero tu respuesta está implícita. Así como para aprender a nadar se aprende nadando y a leer leyendo, la fe crece, se aprende, en los actos que la ejercitan. A creer se aprende creyendo.

Por ello me quieres decir hoy que la fe no es un elemento reducido a la oración y a la religión. La fe puede estar presente también en los actos cotidianos de mi vida: en el trabajo, en la familia, en la dificultad, en el descanso. Señor, aumenta mi fe.

«“Auméntanos la fe”. Es una hermosa súplica, una oración que también nosotros podríamos dirigir a Dios cada día. Pero la respuesta divina es sorprendente, y también en este caso da la vuelta a la petición: “Si tuvierais fe...”. Es él quien nos pide a nosotros que tengamos fe. Porque la fe, que es un don de Dios y hay que pedirla siempre, también requiere que nosotros la cultivemos. No es una fuerza mágica que baja del cielo, no es una “dote” que se recibe de una vez para siempre, ni tampoco un superpoder que sirve para resolver los problemas de la vida. Porque una fe concebida para satisfacer nuestras necesidades sería una fe egoísta, totalmente centrada en nosotros mismos. No hay que confundir la fe con el estar bien o sentirse bien, con el ser consolados para que tengamos un poco de paz en el corazón. La fe es un hilo de oro que nos une al Señor, la alegría pura de estar con Él, de estar unidos a Él; es un don que vale la vida entera, pero que fructifica si nosotros ponemos nuestra parte.»

(Homilía de S.S. Francisco, 2 de octubre de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a hablar con mucho amor con Aquel que te ama.


Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Mi hijo universitario ya no cree en Dios.
 8 Consejos para padres.

Un buen amigo me decía que es necesario recordar que el amor a nuestros hijos constituye también un camino de santidad, de prueba y de amor incondicional.

Tabla de contenido

1. Lo que has formado desde pequeño se encuentra aún ahí 

Tu trabajo no ha sido en vano. 

2. Escúchalo, trátalo con respeto e interésate por su decisión 
Escucha sus razones, pregúntale y sigue escuchando. 

3. No trates de convencerlo 
No empieces una campaña incesante de convertir al hijo, es muy probable que consigas el resultado contrario. 

4. No lo manipules con castigos o le cortes la ayuda a condición de su fe 
Condicionar su fe a tu ayuda no va a llevar la relación a ningún buen lugar. 

5. Muéstrale la alegría de tener una relación con Dios 
Tu coherencia, tu alegría, tu trato con los demás, tu amor firme e incondicional. 
Continúa con las celebraciones Pascuales, Navideñas, Misa dominical… hazlo partícipe como siempre 
En lugar de dejarte vencer por la tristeza y la desesperanza, confía en Dios aún con más fuerza. 
Muchas veces no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia» (Papa Francisco – 4 de febrero de 2015). 

1. Lo que has formado desde pequeño se encuentra aún ahí

Tu trabajo no ha sido en vano.

Todo el esfuerzo que has hecho por formarte como padre, por darles lo mejor, y no me refiero solo a lo material, se encuentra ahí, en el interior de tu hijo. Lo que le has enseñado ha moldeado de una manera importante el tipo persona que es hoy. En la edad adulta verás los frutos de ese esfuerzo inagotable por formarlos en la fe, en las virtudes, en los buenos modales, en el respeto, en la libertad. Lo que sembramos en nuestros hijos pequeños dará fruto en la edad adulta. Y si en este momento pareciera que todos tus esfuerzos han caído en saco roto, no desesperes, ten paciencia y esperanza. Tu trabajo no ha sido en vano.

2. Escúchalo, trátalo con respeto e interésate por su decisión

 Escucha sus razones, pregúntale y sigue escuchando. 

En lugar de entrar en desesperación y dejarte llevar por solo por el sentimiento, respira. Antes de hablar primero escucha, interésate por él. No te dejes llevar por la indignación y te enredes en sermones que podrían ocasionar que tu hijo se aleje. Escucha sus razones, pregúntale y sigue escuchando. Trata de conocer su pensamiento, sus razones, sus anhelos e ilusiones. Solo con esa información, sabrás qué camino ir tomando.

3. No trates de convencerlo

No empieces una campaña incesante de convertir al hijo, es muy probable que consigas el resultado contrario.

Esto no significa que ustedes, los padres, dejen sus prácticas religiosas o dejen de hablar de Dios frente a su hijo. Por el contrario continúen con ellas como siempre y sean cada vez más coherentes con su fe y vida cristiana. Muchas veces la decepción a causa del proceder de algunos cristianos es un factor clave para que los hijos dejen de lado la fe. No lo fuercen a rezar, pero que tu actitud frente a la oración sea un ejemplo. No es que seas indiferente, puedes hablar abiertamente de tu pensamiento y tu fe, dejar que él te escuche así como tú lo escucharás a él.  Es una situación oportuna para aprender a conversar y a respetarse.

4. No lo manipules con castigos o le cortes la ayuda a condición de su fe

Condicionar su fe a tu ayuda no va a llevar la relación a ningún buen lugar.

Nuestra fe no es una obligación impuesta por alguien, nuestra fe es una relación de amor, un regalo. Jesús no se acercó diciendo: «Te obligo a creer en mí». Jesús se volvió pequeño como uno de nosotros y con paciencia, ternura y con su ejemplo de vida nos mostró el camino. Como cristiano sigue ese ejemplo de Jesús que es cercano, paciente, amble y todo lo provee. 

5. Muéstrale la alegría de tener una relación con Dios

Tu coherencia, tu alegría, tu trato con los demás, tu amor firme e incondicional.

Nuestra fe no es simplemente creer en algo. La riqueza de nuestra fe está en que consiste en una relación con Alguien. No se trata de una serie de normas a cumplir sin razón y que hacemos mecánicamente. Nuestra fe nace de un encuentro con otra persona, la persona de Cristo Jesús. En una situación así, más que mil palabras, valdrá el ejemplo de tu vida cotidiana.


6. Inclúyelo en tus actividades sin forzarlo

Continúa con las celebraciones Pascuales, Navideñas, Misa dominical… hazlo partícipe como siempre

Así como tú respetas y a la vez conversas sobre su decisión, de la misma manera muéstrale tu pensamiento y conversa sobre él. No tengas miedo a mostrar tu fe, continúa haciéndolo partícipe e invitarlo siempre  que puedas (aunque él diga que no) a tus actividades religiosas, incluso a campañas de ayuda social. Invítalo a misa (por lo menos pregúntale si te acompaña), continúa con las celebraciones Pascuales, Navideñas, hazlo partícipe como siempre. Celebra junto a él con alegría. La decisión de participar o no será suya, pero lo más probable es quiera ir (a algunas por lo menos). Estas celebraciones han formado parte de su historia desde siempre y además están llenas de amor.



7. No caigas en la tristeza y en la desesperanza

En lugar de dejarte vencer por la tristeza y la desesperanza, confía en Dios aún con más fuerza.

Puede que él haya decidido no creer en Dios, pero recuerda que Dios siempre cree en él. Es su creador, su Padre y nunca lo dejará desamparado, aunque a veces así parezca. No te dejes caer en la tentación de pensar que tu hijo será condenado, ese es asunto solo le compete a Dios. A nosotros nos compete el amar y entregarnos al servicio de los demás. Así que en lugar de dejarte vencer por la tristeza y la desesperanza, confía en Dios aún con más fuerza.


8. Que Santa Mónica se vuelva tu mejor amiga. 

Muchas veces no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia» (Papa Francisco – 4 de febrero de 2015).

Santa Mónica es nuestra aliada por excelencia en esta misión. Ella sabe y conoce perfectamente la situación de un hijo alejado de Dios. Recurre a ella para que interceda por tu hijo y como ella ofrécele a Dios todos tus pesares y dolores. Ora constantemente y sin cansancio. El camino hacia la conversión de nuestros hijos pasa indiscutiblemente por nuestra propia conversión. Por pedirle a Dios cada día más fe, y por entregarnos de una manera cada vez más completa. Y así como el obispo le dijo a Santa Mónica: “Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”.

«Cuánta dignidad y cuánta ternura en la espera de ese padre que está en la puerta de casa esperando que el hijo regrese. Los padres deben ser pacientes. Muchas veces no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia» (Papa Francisco – 4 de febrero de 2015).

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