lunes, 10 de octubre de 2016

Buenos días, 10 de octubre de 2016. Santo Tomás de Villanueva


No existe falta de tiempo,
existe falta de interés
porque cuando la gente realmente quiere,
la madrugada se vuelve día,
el martes sábado y un momento se vuelve oportunidad




 
VIDEO
 
 
 
 
SANTORAL
 
Tomás de Villanueva,
obispo (1486-1555)
 
Claro, Pinito, Paulino, Cerbonio, obispos; Eulampio y Eulampia, Venancio, Daniel, Samuel, Ángel, León, Nicolás, Hugolino, Gereón, Alderico, Basian, Víctor, Casio, Florencio, Eusebio, Heraclio, Dionisio, Septimio, Septimia, Segunda, Ealsa, mártires; Teófilo, monje; Telquilda, virgen; Zacarías, Nuncio, confesores.
 


 
REFLEXIÓN:
 
Rosario, cuando sus hijas eran ya mayorcitas, quiso comprobar qué había quedado de su educación en los años infantiles.
 
Durante ellos, Rosario se había esforzado por meter en las cabecitas de sus hijas algunas frases que: esperaba fuesen, para ellas, fundamentales. Palabras como «gracias» o «perdón” se las repitió tercamente en aquellos años, confiando en que quedarían impresas en la blanda cera de sus almas infantiles. Pero cuando quiso comprobar qué había quedado de todos aquellos consejos, comprobó que sus hijas no recordaban ni una sola de aquellas frases que ella esperaba fuesen decisivas. De pronto, una de las niñas dijo: «Lo que yo sí recuerdo muy bien son los calcetines.»
 
Ahora la sorprendida fue la madre. «¿Qué pasaba con los calcetines?» La pequeña lo explicó: «Tú venías por la mañana a despertarnos. Nosotras estábamos aún llenas de sueño y de pereza y sacábamos sólo un pie entre las sábanas. Entonces tú nos ponías un calcetín. Luego sacábamos el otro pie y nos ponías el otro, mientras nosotras nos íbamos despertando. De eso sí tenemos un buen recuerdo.»

La madre se quedó pensando que las palabras eran sólo palabras y se las llevaba el viento. Y que, en cambio, un gesto de amor queda para siempre.
 
 
 

ORACIÓN:

Señor, hoy quiero que mi corazón se abra a tu voluntad y funcione a través de tu compasión y de tu caridad. Gracias por escuchar mis ruegos cuando clamo a Ti con honestidad y humildad. Hazme dócil y sensible a tus inspiraciones, que pueda vivir para Ti, amarte y abrirme a nuevas experiencias de bendición que la vida me regala.
 
Ven y camina conmigo, protégeme de todo aquello que puede hacerme daño Condúceme hoy por sendas de amor y guíame con tu sabiduría en todas las decisiones que voy a tomar para que me ayuden a avanzar realmente hacia el camino que, junto a Ti y al Padre, deseo alcanzar, por el bien personal de mi alma y la de los míos. Amén
 

Reflexión del Papa Francisco
 
Jesús reprocha a estos dos apóstoles, Santiago y Juan, porque querían que bajara fuego del cielo sobre quienes no habían querido recibirle en una aldea de samaritanos. Y tal vez en su imagen estaba el arquetipo del fuego que bajó sobre Sodoma y Gomorra y destruyó todo.
 
Los dos apóstoles, sentían que cerrar la puerta a Jesús era una gran ofensa: estas personas debían ser castigadas. Pero el Señor se giró y les reprochó: éste no es nuestro espíritu.
 
De hecho el Señor va siempre adelante, nos hace conocer cómo es el camino del cristiano. No es, en este caso, un camino de venganza. El Espíritu cristiano es otra cosa, dice el Señor. Es el espíritu que Él nos hará ver en el momento más fuerte de su vida, en la pasión: espíritu de humildad, espíritu de mansedumbre.
 
[...] Nos hará bien pensar en este espíritu de humildad, de ternura, de bondad. Este espíritu manso propio del Señor que lo quiere de todos nosotros.
 
¿Dónde está la fuerza que nos lleva a este espíritu? Precisamente en el amor, en la caridad, en la conciencia de que nosotros estamos en las manos del Padre.
 
Como leíamos al inicio de la misa: el Señor nos lleva, nos hace ir adelante, está con nosotros, nos guía.
 
El libro del Deuteronomio dice que Dios nos guía como un padre guía a su niño: con ternura. Cuando se oye esto, no hay ganas de hacer que baje fuego del cielo. No; no las hay. Viene el otro espírit»: el espíritu de esa caridad que todo sufre, todo perdona, que no se engríe, que es humilde, que no se busca a sí misma. (Homilía en Santa Marta, 01 de octubre de 2013)
 
Oración de Sanación
 
Señor mío, abro mi corazón y mi mente en este nuevo día a todas las oportunidades que hoy tienes preparadas para mí. Quiero que tu amor descanse sobre mí y me haga ser capaz de reconocerte en cada acto de bondad. Quiero gozar cada día de la seguridad que me da tu presencia y caminar confiado sabiendo que me llevas por caminos de paz y bendición. Gracias por ese amor tan inmenso que me tienes, un amor que me llena completo de Ti.
 
Permite que mi alma quede libre de situaciones dolorosas que a veces me hacen perder la razón y tomo acciones equivocadas en base a la ira y al resentimiento. Sólo Tú amor puede ayudarme a superar esas malas emociones. Quiero ser fuerte en la prueba. Eliminar de mi vida todo deseo de venganza que se haya anidado en mi corazón y me hace actuar con impulsividad y egoísmo. Me arrepiento y te pido perdón cuando lo he permitido.
 
Ayúdame, oh Dios de amor, a corregir mis fallas y defectos. A buscar senderos de luz y ver con claridad que sólo siguiendo tus pasos es que puedo ser útil a los míos y a la sociedad en general. Tú amor todo lo restaura y todo lo hace nuevo. Por eso, ayúdame a sanar mis dolencias, todo aquel daño que otros han causado en mí, de manera que pueda al fin, ser un reflejo de tu compasión.
 
Permíteme, Señor de mi vida, crecer en la esperanza de tu amor, crecer sin odios, sin vacíos y vivir mi vida libre de la atadura del rencor y el deseo de venganza. Gracias por cuidarme, por consolarme en mis flaquezas. Todo te lo entrego. Renueva, sana e ilumina mi vida y hazme sentir liberado y amado en Tu corrección. Amén
 
Propósito para hoy

Hoy, tomaré conciencia de cada uno de mis actos pasados y  pediré perdón a Dios por aquellos momentos en que he sentido ira y deseo de venganza hacia mi prójimo

Reflexionemos juntos esta frase:

"A veces nos encerramos en nosotros mismos... Señor, ayúdanos a salir al encuentro de los demás, a servir a los más débiles". (Papa Francisco)
 
 



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