miércoles, 7 de septiembre de 2016

Buenos días, 7 de septiembre de 2016. Santa Regina

Cuanto más hacemos,
más podemos hacer
William Hazlitt.
 
 
 
VIDEO

¿Te adaptas a la realidad o adaptas la realidad a ti? 60 segundos para evaluar nuestra vida

 
 
 
SANTORAL

Regina,
virgen y mártir (s. III)
Albino, Almundo, Tilberto, confesores; Gondulfo, Gratulo, Pánfilo, Teodorico, Vivencio, Euberto o Evorcio, obispos;Bono, Fausto, Mauro, Gerón, Calcedonio, Sozón, Severino, Juan, Eupsiquio, Atanasio, mártires; Carísima, Clodoaldo, Faciolo, Hildurdo, Lucas, Madelberta, Augustal, confesores; Eustaquio, Juan de Lodi, abades; Nemorio, diácono.
 
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
Sueños

Una vez en el lugar más hermoso del universo vivía un niño llamado Sueño, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.

Sueño se la pasaba por allá en lo alto, por las nubes jugando y jugando todo el día.

Una vez Sueño se dio cuenta que él no crecía como crecían sus amigos, además empezó a sentirse muy débil y poco a poco perdió sus ganas de jugar.

Un gran día, Dios desde el cielo al ver a su amado hijo Sueño tan débil, envió un mensajero celestial a su ayuda, el mensajero llevaba consigo un maletín muy especial que contenía alimentos Divinos para así fortalecer y hacer crecer a Sueño.
Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel mensajero lo alimentaba con aquellos celestiales manjares.

Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos jugos hechos con decisión y lo más importante tratándolo con mucha confianza y sobre todo mucho amor a DIOS.
Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en META y, claro que siguió jugando pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, cada vez más conoció otros mundos, mundos como la felicidad y la satisfacción, y un día no muy lejano, Meta dejó de ser Meta y se transformó en REALIDAD.
 
 
ORACIÓN:

Amado Padre, te doy gracias porque cada día de mi vida puedo sentir tu presencia y tu fuerza que me ayudan a la realización de todas mis asignaciones.
 
Gracias por hacerme sentir amado y valioso y que, bajo la protección de tu amor, puedo superar toda dificultad.
 
Confío que no me dejarás, que me harás sentir que puedo salir adelante.
 
Necesito sentir de todo eso bueno que me has preparado y de tu impulso para no desfallecer. Por eso, te abro mi corazón en este momento para me arropes con tu bendición y pueda desde ahora conquistar todos mis sueños. Amén

Reflexión del Papa Francisco

Es claro el significado de esto. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón... en definitiva, muchas cosas, sus bienes más preciosos. Este es el patrimonio que Él nos confía. No sólo para custodiar, sino para fructificar. Mientras que en el uso común el término «talento» indica una destacada cualidad individual, por ejemplo el talento en la música, en el deporte, etc.

En la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar

. El hoyo cavado en la tierra por el siervo malo y perezoso indica el miedo a arriesgar que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo a los riesgos del amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesús no nos pide esto, sino más bien quiere que la usemos en beneficio de los demás.

Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. Es como si nos dijera: «Aquí tienes mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y haz amplio uso de ello». Y nosotros, ¿qué hemos hecho con ello? ¿A quién hemos «contagiado» con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien plantearnos.

Cualquier ambiente, incluso el más lejano e inaccesible, puede convertirse en lugar donde fructifiquen los talentos...

[...]Esta parábola nos alienta a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica y renueva. Así también el perdón que el Señor nos da especialmente en el sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos cerrado en nosotros mismos, sino dejemos que irradie su fuerza, que haga caer los muros que levantó nuestro egoísmo, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde ya no hay comunicación... Y así sucesivamente.

Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos dio, sean para los demás, crezcan, produzcan fruto, con nuestro testimonio.

[...] Además, el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma forma: nos conoce personalmente y nos confía lo que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo igual: la misma e inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Y esto es lo mismo para todos. No lo decepcionemos. No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza con confianza.

(Reflexión antes de rezo del Ángelus, 16 de noviembre de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi Dios, cuantas cosas tengo que agradecerte a diario por todo lo que me das y a veces resulto indiferente a esto. Me has dotado con talentos y capacidades enormes para hacer mucho bien y todo esto me lo has dado gratis. ¿Qué hago con esos talentos?, ¿los comparto con los menos afortunados? Ven Señor y ayúdame a dejar de lado la indiferencia, esa pereza espiritual que aturde mis sentidos y no me deja ver claro la realidad ante mis ojos. Te pido perdón porque he sido débil y desagradecido con todo lo que me has dado y que aún no pongo a producir. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo decir? ¿Cómo debo actuar? Pongo todas mis dudas en tus manos sabiendo que me guiarás en este proceso de desprendimiento que estorba en mi crecimiento espiritual. El hecho de amarte debe estar ligado a querer comunicarte a los demás.

Dios de mi vida, si te amo debo compartirte, si te amo debo anunciarte, esparcir tu Reino por doquier. Fortalece mi espíritu para que pueda vencer mis miedos. Cuento con tu gracia que me hace sentir seguro y me mantiene en pie ante toda dificultad. ¿Me acompañarás en este viaje? ¡Seguro que Sí! Sé que me darás la suficiente energía para desgastarme por Ti y a enfocar mi corazón para no desperdiciar ni un minuto buscando placeres y comodidades que me distraigan de esta misión. Sé que con tu gracia lo lograré. Aquí tienes a este corazón apasionado para que los transformes y lo moldees a tu mejor estilo y hagas con él tu voluntad. ¿Qué mejor manera de pagarte todo eso que me has dado gratis que esforzándome en servir a todos los que te buscan y aún no te encuentran? Amén

Propósito para hoy:

Conversaré con un amigo o familiar sobre las gracias que se reciben en este Año de la misericordia y lo invitaré a orar por los demás

Reflexionemos juntos esta frase:

"El amor cristiano es un amor sin cálculos. Ésta es la lección del Buen Samaritano; ésta es la lección de Jesús". (Papa Francisco)
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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4 Datos claves sobre la veneración de las reliquias



¿Por qué guardan los católicos huesos, cabello, ropa o incluso sangre de santos en estuches de oro brillante?
¿No condenaba Dios la idolatría?

Tabla de contenido

  1. ¿Qué son las reliquias? 
  2. ¿Las reliquias tienen poder? 
  3. ¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de los tiempos? 

Si bien muchas personas, tanto protestantes como católicas, se sienten a menudo confusas acerca de la práctica de venerar reliquias, se trata de una tradición muy arraigada a la Biblia.

¿Qué son las reliquias?

Las reliquias son objetos conectados a un santo y se pueden clasificar en tres clases:
  1. Una reliquia de primera clase es todo o parte de los restos físicos de un santo. Esto puede ser un trozo de hueso, un vial de sangre, un mechón de pelo o incluso el cráneo o el cuerpo incorrupto.
  2. Una reliquia de segunda clase es cualquier objeto que el santo utilizase con frecuencia (ropa, por ejemplo).
  3. Una reliquia de tercera clase es cualquier objeto que haya tocado una reliquia de primera o segunda clase.
Los católicos conservan las reliquias de santos y se cree que la gracia de Dios fluye a través de dichos objetos hacia las almas devotas que los veneran.
¿En qué parte de la Biblia aparecen las reliquias?
El uso de objetos relacionados con una persona santa se remonta hasta el Antiguo Testamento. En él aparece un episodio del Libro Segundo de los Reyes, donde aparece el uso de reliquias.
Eliseo murió y lo sepultaron. Ya entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Aconteció que estaban unos sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie” (2 Reyes 13:20-21).
Incluso en el Nuevo Testamento aparece cómo Dios utiliza objetos para obrar curaciones. En el Evangelio de Marcos aparece cómo se cura una mujer al tocar el manto de Jesús.
[…] cuando oyó hablar de Jesús se acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto, porque decía ‘Si toco tan sólo su manto, seré salva’. Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de su azote” (Marcos 5:27-29).
Existen otros ejemplos en las vidas de los apóstoles donde se muestra claramente cómo Dios obra milagros a través de objetos conectados a un santo.

¿Las reliquias tienen poder?

Aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal. Sin embargo, Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un instrumento del poder milagroso de Dios.
Comprender la fuente del poder evita que las personas veneren el objeto y eleva sus almas hacia Dios.

¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de los tiempos?

La Iglesia ha defendido la veneración de reliquias desde el principio. Una carta escrita tras el martirio de san Policarpo en el año 156 explica cómo los fieles veneraban sus huesos y tenían un cuidado especial con ellos.
Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio”.
En su carta a Riparius, san Jerónimo († 420) escribió en defensa de las reliquias:
Nosotros no veneramos, no adoramos, por temor a que debemos inclinarnos a las criaturas antes que al Creador, pero veneramos las reliquias de los mártires a fin de adorarlo a través de sus mártires que están con ellas”.
La Iglesia se reafirma en esta práctica en el Directorio sobre la piedad popular más reciente.
El Concilio Vaticano II recuerda que ‘de acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas’. […] Las diversas formas de devoción popular a las reliquias de los Santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe”.
En definitiva, las reliquias de los santos nos permiten acercarnos a aquellos hombres y mujeres santos del pasado y Dios utiliza estos objetos para bendecir de forma especial a las almas fieles. No se deben venerar, pues su propósito es guiarnos hacia la adoración definitiva de un único Dios.

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