miércoles, 28 de septiembre de 2016

Buenos días, 28 de septiembre de 2016


Nunca es demasiado tarde para ser la persona que podrías haber sido”
George Eliot


VIDEO

 1. El sufrimiento nos incomoda y estar cerca de él aún más: Es mucho más fácil poner dinero para una fundación benéfica que ir a visitar esa fundación y compartir con sus beneficiarios. ¿Por qué nos desentendemos del contacto, del conocer al otro y nos conformamos con un aporte material?

2. Rechazo al verdadero esfuerzo: Nos compramos las frases de Facebook e instagram que nos invitan a luchar por nuestros sueños, pero cuando hay que hacerlo de verdad, nos incomoda.  Es mejor compartir la imagen en nuestro muro que esforzarse realmente. Aunque decimos que valoramos la virtud del esfuerzo, realmente no lo es tanto, preferimos a un Usain Bolt o a un Michael Phelps, que claro, se han esforzado para llegar donde están, nadie cuestiona de eso, pero sin duda son unos talentosos y dotados para el deporte. Su desempeño deportivo nos conmueve más que el de un deportista no tan dotado ni talentoso, pero que desde nació ha dado la pelea por salir adelante y triunfar.

3. En su lugar, ¿haríamos lo mismo?: Cuando veo personas con discapacidad me cuestiono sobre si yo haría lo mismo, si me esforzaría de la misma manera y si buscaría superarme. Probablemente mi frágil carácter me llevaría a deprimirme y rendirme. Parece que escapamos de ese pensamiento, no queremos ponernos en su lugar. Ni pensar en imaginar  en nuestras esposas o hijos viviendo eso, por eso la sociedad huye y no quiere mirar a los hijos y esposas de alguien, quienes teniendo una discapacidad, aparecen corriendo y saltando por televisión.  ¿Qué harías en su lugar?.

4. Nos cuesta encontrar el valor en lo diferente: ¿Cómo motivar a alguien que le faltan tres extremidades? En la última parte del video, el nadador que lleva la delantera lo hace impulsandose con su pierna izquierda, la única extremidad que tiene. ¿Qué habrá tenido en su cabeza la persona que se le ocurrió decirle que nadar era una buena idea? ¿Qué le habríamos dicho nosotros?


SANTORAL

Wenceslao,
rey (c. a. 907-c. a. 928)
Marcial, Lorenzo, Privato, Estacto, Alfio, Alejandro, Zósimo, Nicón, Neón, Heliodoro, mártires; Alarico, Alodio, Annemondo, Ausencio, Doda, Eustiquio, Everardo, confesores; Simón de Rojas, fundador; Salomón, obispo; Caritón, abad; Exuperio, Fausto, Salonio, Silvino, obispos; Lioba, virgen; Baruc, profeta.



REFLEXIÓN:

Dos amigos se encontraban tomando un café y uno le comenta en tono de queja al otro:
Mi mamá me llama mucho por teléfono para pedirme que vaya a hablar con ella. Yo voy poco y en ocasiones me molesta su forma de ser. Ya sabes cómo son los viejos: Cuentan las mismas cosas una y otra vez. Además, nunca me faltan compromisos: que el trabajo, que los amigos...

Yo en cambio - le dijo su compañero, hablo mucho con mi mamá. Cada vez que estoy triste, voy con ella; cuando me siento solo, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y me siento mejor.

Caramba, se apenó el otro. Eres mejor que yo.

No lo creas, soy igual que tú, respondió el amigo con tristeza. Visito a mi mamá en el cementerio. Murió hace tiempo, pero mientras estuvo conmigo, tampoco yo iba a visitarla y pensaba lo mismo que tú. No sabes cuánta falta me hace su presencia, cuánto la echo de menos y cuánto la busco ahora que ha partido.

Si de algo te sirve mi experiencia, visita y habla con tu mamá hoy que todavía la tienes, valora su presencia resaltando sus virtudes que seguro las tiene y trata de hacer a un lado sus errores, que de una forma u otra ya forman parte de su ser. No esperes a que esté en un cementerio porque ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma, porque entiendes que ya nunca podrás hacer lo que dejaste pendiente, será un hueco que nunca podrás llenar. No permitas que te pase lo que me pasó a mí.

En el automóvil, iba pensando en las palabras de su amigo.

Cuando llegó a la oficina, dijo a su secretaria:
Póngame por favor con mi mamá, no me pase más llamadas y también modifique mi agenda porque es muy probable que este día, ¡¡se lo dedique a ella!!

¿Tú crees que esto solo se refiere a los padres?

Desafortunadamente no. Siempre estamos devaluando el cariño o la amistad que otras personas nos ofrecen y en ocasiones los perdemos porque no sabíamos cuán importantes eran, hasta que ya no están a nuestro lado.


ORACIÓN:

Amado Padre, hoy te agradezco porque estoy consciente de que bajo tu amparo y protección, me guiarás y me conducirás por caminos llenos de bendición.
Que hoy, no haya temor en mi vida, los dolores vuelen lejos de mí y que todo problema me envíes una solución divina.
Tú eres mi compañía fiel, mi amigo galopante, el Rey de mi todo. Dame sabiduría para saber enfrentar todo tipo de situación y tener una mejor actitud para relacionarme con los demás, sobre todo con los más difíciles. Regálame tu paz y tu gracia. Amén

Reflexión del Papa Francisco

¿Quién es éste, de dónde viene? es la pregunta que Herodes se plantea sobre Jesús. Un interrogante que en realidad se plantean todos los que encuentran a Jesús. Es una pregunta“que se puede hacer por curiosidad o se puede hacer por seguridad.
Leyendo el Evangelio vemos que algunos comienzan a tener miedo de este hombre, porque los puede llevar a un conflicto político con los romanos. "¿Quién es éste que causa tantos problemas'". Porque, verdaderamente, Jesús causa problemas.

No se puede conocer a Jesús sin tener problemas. Y yo oso decir: «Pero si tú quieres tener un problema, ve por el camino de conocer a Jesús». No uno, ¡tantos tendrás!. ¡Pero es el camino para conocer a Jesús! ¡No se puede conocer a Jesús en primera clase! A Jesús se lo conoce en lo cotidiano de todos los días. No se puede conocer a Jesús en la tranquilidad, ni siquiera en la biblioteca… ¡Conocer a Jesús!.

Ciertamente se puede conocer a Jesús en el Catecismo, porque el Catecismo nos enseña tantas cosas sobre Jesús. Debemos estudiarlo, debemos aprenderlo. De este modo conocemos al Hijo de Dios, que ha venido para salvarnos; comprendemos toda la belleza de la historia de la Salvación, del amor del Padre, estudiando el Catecismo. Y sin embargo, ¿cuántos han leído el Catecismo de la Iglesia Católica desde que ha sido publicado hace más de veinte años?Sí, se debe conocer a Jesús en el Catecismo.


Pero no es suficiente conocer a Jesús con la mente: es un paso. Pero a Jesús es necesario conocerlo en el diálogo con Él, hablando con Él, en la oración, de rodillas. Si tú no rezas, si tú no hablas con Jesús, no lo conoces. Tú sabes cosas de Jesús, pero no vas con el conocimiento que te da el corazón en la oración. Conocer a Jesús con la mente, el estudio del Catecismo; conocer a Jesús con el corazón, en la oración, en el diálogo con Él. Esto nos ayuda bastante, pero tampoco es suficiente... Hay un tercer camino para conocer a Jesús: es el seguimiento. Ir con Él, caminar con Él.

Es necesario andar, recorrer sus caminos, ¡caminando. Es necesario, afirmó el Papa, conocer a Jesús con el lenguaje de la acción. He aquí entonces que se puede conocer verdaderamente a Jesús con estos tres lenguajes, de la mente, del corazón y de la acción. Por tanto, si yo conozco a Jesús así me implico con Él. (Homilía en Santa Marta, 26 de septiembre de 2013)


Diálogo con Jesús

Señor Jesús, solo Tú tienes el poder de crear, renovar y transformar. Quiero sentir tu paz y serenidad que sólo tu presencia sanadora es capaz de darme y aliviar así a mi alma de toda aflicción. Te doy gracias porque a través de tu historia de amor me has hecho descubrir tu grandeza y la fuerza de tu Palabra. Me has hecho nueva criatura, transformando mis lamentos en alegrías y mis penas en gozo.

Ven Señor, entra a mi corazón, ven y forma parte de mi vida, de mis sueños y proyectos para que los bendigas y mantengas viva la esperanza de poder crear un mejor mundo para todos. Ven y mueve mi corazón, ponlo en marcha y haz que pueda emprender acciones para enfrentar toda clase de situaciones. Confío en que me acompañas y me animas a seguir luchando.

Quiero conocerte cada vez más, no por curiosidad, sino por lo mucho que me has dado en lo poco que te he conocido. Quiero vivir para Ti, amarte y estar abierto a las experiencias que traen bendición a mi vida. Deseo verte y aceptarte como el Dios y Señor de toda mi historia. Dame la valentía de comprometerme con mi proyecto de vida, en el que te incluyo, a dar lo mejor de mí en cada una de las cosas que debo realizar.

Cuento con tu gracia para no dejar que nada negativo haga tambalear a mi fe y perder mi dirección hacia tu amor y a tus promesas. Gracias, porque sé que en este momento me llenas de tu bondad, me das tu bendición y el gusto de sentir tu poderosa presencia. Amén

Propósito para hoy:

Ofreceré al Señor el rezo del rosario por la conversión de mi familia y para que muchas personas tengan un encuentro personal con Jesús en el Sacramento de la Confesión

Reflexionemos juntos esta frase:

"Quien se deja guiar por Dios nunca queda decepcionado ni pierde el camino". (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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El grito del papa Francisco: “La guerra nunca es santa, ¡sólo la Paz es santa!”

El compromiso de 500 líderes religiosos en el mundo porque los vencedores con las armas son perdedores
Hemos venido a Asís como peregrinos en busca de paz […]. “Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración”, dijo hoy el papa Francisco en su discurso durante la ceremonia de clausura de la Jornada Mundial de Oración por la Paz en Asís (centro de Italia).

No nos cansamos de repetir que nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa y no la guerra”, explicó Francisco frente a los líderes religiosos de las diferentes confesiones del planeta que participaron en el evento.

En esta jornada, la sed de paz se ha transformado en una invocación a Dios, para que cesen las guerras, el terrorismo y la violencia”, dijo el Obispo de Roma, palabras que despertaron un aplauso interminable entre los participantes de las diferentes religiones que se reunieron en la Plaza de San Francisco de Asís.

Continuando el camino iniciado hace treinta años en Asís, donde está viva la memoria de aquel hombre de Dios y de paz que fue san Francisco, ‘reunidos aquí una vez más, afirmamos que quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda”, agregó Francisco durante la ceremonia de clausura de la Jornada organizada por la Comunidad de San Egidio y que conmemora los 30 años de la iniciativa inaugurada por el papa Juan Pablo II.

Presentes en la primera fila el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico de Buenos Aires (Argentina); Abbas Shuman, Vicepresidente de la Universidad de Al-Azhar (Egipto) y Gijun Sugitani, Asesor Superior de la Escuela Tendai budista (Japón).

La oración y la voluntad de colaborar nos comprometen a buscar una paz verdadera, no ilusoria: no la tranquilidad de quien esquiva las dificultades y mira hacia otro lado, cuando no se tocan sus intereses; no el cinismo de quien se lava las manos cuando los problemas no son suyos; no el enfoque virtual de quien juzga todo y a todos desde el teclado de un ordenador, sin abrir los ojos a las necesidades de los hermanos ni ensuciarse las manos para ayudar a quien tiene necesidad”, constató Francisco.

Y continuó: “Nuestro camino es el de sumergirnos en las situaciones y poner en el primer lugar a los que sufren; el de afrontar los conflictos y sanarlos desde dentro; el de recorrer con coherencia el camino del bien, rechazando los atajos del mal; el de poner en marcha pacientemente procesos de paz, con la ayuda de Dios y con la buena voluntad”.

Después de la introducción de Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, fue el turno del testimonio de una víctima de la guerra en Siria, Tamar Mikalli, quien huyó de Alepo. Asimismo, intervinieron el patriarca Bartolomé I y David Brodman, Rabino de Israel.
También participaron Koei Morikawa, patriarca de Tendai del budismo (Japón) y el Din Syamsuddin, presidente del Consejo de Ulemas (Indonesia). Así, el Papa pronunció su discurso.

Los presentes en pie rezaron juntos y desde Asís se leyó un apelo conjunto por la paz para el mundo.
Por último, un momento de oración de silencio por las víctimas de las guerras, la firma del llamamiento de la paz y se encendieron dos candelabros para concluir con el intercambio del gesto de la paz.


Discurso completo del Papa en la clausura de la ceremonia

Santidades,
Ilustres Representantes de las Iglesias, de las Comunidades cristianas y de las Religiones, queridos hermanos y hermanas:

Os saludo con gran respeto y afecto, y os agradezco vuestra presencia. Hemos venido a Asís como peregrinos en busca de paz. Llevamos dentro de nosotros y ponemos ante Dios las esperanzas y las angustias de muchos pueblos y personas. Tenemos sed de paz, queremos ser testigos de la paz, tenemos sobre todo necesidad de orar por la paz, porque la paz es un don de Dios y a nosotros nos corresponde invocarla, acogerla y construirla cada día con su ayuda.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9). Muchos de vosotros habéis recorrido un largo camino para llegar a este lugar bendito. Salir, ponerse en camino, encontrarse juntos, trabajar por la paz: no sólo son movimientos físicos, sino sobre todo del espíritu, son respuestas espirituales concretas para superar la cerrazón abriéndose a Dios y a los hermanos. Dios nos lo pide, exhortándonos a afrontar la gran enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. Es un virus que paraliza, que vuelve inertes e insensibles, una enfermedad que ataca el centro mismo de la religiosidad, provocando un nuevo y triste paganismo: el paganismo de la indiferencia.

No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz. En muchos países se sufre por las guerras, con frecuencia olvidadas, pero que son siempre causa de sufrimiento y de pobreza.

En Lesbos, con el querido Hermano y Patriarca ecuménico Bartolomé, he visto en los ojos de los refugiados el dolor de la guerra, la angustia de pueblos sedientos de paz. Pienso en las familias, cuyas vidas han sido alteradas; en los niños, que en su vida sólo han conocido la violencia; en los ancianos, obligados a abandonar sus tierras: todos ellos tienen una gran sed de paz. No queremos que estas tragedias caigan en el olvido. Juntos deseamos dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados. Ellos saben bien, a menudo mejor que los poderosos, que no hay futuro en la guerra y que la violencia de las armas destruye la alegría de la vida.
Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración. En esta jornada, la sed de paz se ha transformado en una invocación a Dios, para que cesen las guerras, el terrorismo y la violencia. La paz que invocamos desde Asís no es una simple protesta contra la guerra, ni siquiera «el resultado de negociaciones, compromisos políticos o acuerdos económicos, sino resultado de la oración» (JUAN PABLO II, Discurso, Basílica de Santa María de los Ángeles, 27 octubre 1986: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española [2 noviembre 1986, 1]). Buscamos en Dios, fuente de la comunión, el agua clara de la paz, que anhela la humanidad: ella no puede brotar de los desiertos del orgullo y de los intereses particulares, de las tierras áridas del beneficio a cualquier precio y del comercio de las armas.

Nuestras tradiciones religiosas son diversas. Pero la diferencia no es para nosotros motivo de conflicto, de polémica o de frío desapego. Hoy no hemos orado los unos contra los otros, como por desgracia ha sucedido algunas veces en la historia.

Por el contrario, sin sincretismos y sin relativismos, hemos rezado los unos con los otros, los unos por los otros. San Juan Pablo II dijo en este mismo lugar: «Acaso más que nunca en la historia ha sido puesto en evidencia ante todos el vínculo intrínseco que existe entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz» (ID., Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11). Continuando el camino iniciado hace treinta años en Asís, donde está viva la memoria de aquel hombre de Dios y de paz que fue san Francisco, «reunidos aquí una vez más, afirmamos que quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda» (ID., Discurso a los representantes de las Religiones, Asís, 24 enero 2001), que ninguna forma de violencia representa «la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción» (BENEDICTO XVI, Intervención en la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, Asís, 27 octubre 2011). No nos cansamos de repetir que nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa y no la guerra.

Hoy hemos implorado el don santo de la paz. Hemos orado para que las conciencias se movilicen y defiendan la sacralidad de la vida humana, promuevan la paz entre los pueblos y cuiden la creación, nuestra casa común.

La oración y la colaboración concreta nos ayudan a no quedar encerrados en la lógica del conflicto y a rechazar las actitudes rebeldes de los que sólo saben protestar y enfadarse.

La oración y la voluntad de colaborar nos comprometen a buscar una paz verdadera, no ilusoria: no la tranquilidad de quien esquiva las dificultades y mira hacia otro lado, cuando no se tocan sus intereses; no el cinismo de quien se lava las manos cuando los problemas no son suyos; no el enfoque virtual de quien juzga todo y a todos desde el teclado de un ordenador, sin abrir los ojos a las necesidades de los hermanos ni ensuciarse las manos para ayudar a quien tiene necesidad. Nuestro camino es el de sumergirnos en las situaciones y poner en el primer lugar a los que sufren; el de afrontar los conflictos y sanarlos desde dentro; el de recorrer con coherencia el camino del bien, rechazando los atajos del mal; el de poner en marcha pacientemente procesos de paz, con la ayuda de Dios y con la buena voluntad.

Paz, un hilo de esperanza, que une la tierra con el cielo, una palabra tan sencilla y difícil al mismo tiempo. Paz quiere decir Perdón que, fruto de la conversión y de la oración, nace de dentro y, en nombre de Dios, hace que se puedan sanar las heridas del pasado. Paz significa Acogida, disponibilidad para el diálogo, superación de la cerrazón, que no son estrategias de seguridad, sino puentes sobre el vacío. Paz quiere decir Colaboración, intercambio vivo y concreto con el otro, que es un don y no un problema, un hermano con quien tratar de construir un mundo mejor. Paz significa Educación: una llamada a aprender cada día el difícil arte de la comunión, a adquirir la cultura del encuentro, purificando la conciencia de toda tentación de violencia y de rigidez, contrarias al nombre de Dios y a la dignidad del hombre.

Aquí, nosotros, unidos y en paz, creemos y esperamos en un mundo fraterno. Deseamos que los hombres y las mujeres de religiones diferentes, allá donde se encuentren, se reúnan y susciten concordia, especialmente donde hay conflictos. Nuestro futuro es el de vivir juntos. Por eso, estamos llamados a liberarnos de las pesadas cargas de la desconfianza, de los fundamentalismos y del odio. Que los creyentes sean artesanos de paz invocando a Dios y trabajando por los hombres. Y nosotros, como Responsables religiosos, estamos llamados a ser sólidos puentes de diálogo, mediadores creativos de paz. Nos dirigimos también a quienes tienen la más alta responsabilidad al servicio de los pueblos, a los Líderes de las Naciones, para que no se cansen de buscar y promover caminos de paz, mirando más allá de los intereses particulares y del momento: que no quede sin respuesta la llamada de Dios a las conciencias, el grito de paz de los pobres y las buenas esperanzas de las jóvenes generaciones. Aquí, hace treinta años, san Juan Pablo II dijo: «La paz es una cantera abierta a todos y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal» (Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11). Asumamos esta responsabilidad, reafirmemos hoy nuestro sí a ser, todos juntos, constructores de la paz que Dios quiere y de la que la humanidad está sedienta.

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