jueves, 22 de septiembre de 2016

Buenos días, 22 de septiembre de 20126. San Mauricio

Trabaja en algo para que el diablo te encuentre siempre ocupado.
(San Jerónimo)
 
 
 
VIDEO
«Es lo que haces en la oscuridad lo que te pone en la luz».
 
Los laureles se marchitan, pero existe una corona incorruptible hacia la cual encausar todos estos esfuerzos.
La sorprendente novedad es esta: no somos nosotros los que tenemos que alcanzar la gloria, es más bien la Gloria que viene a nuestro alcance.
 
 
 
SANTORAL

San Mauricio y compañeros mártires (s. III)
 
Digna, Emérita, Iraides, vírgenes; Jonás o Ión, presbítero; Exuperio, Inocencio, Vidal, Mauricio, Cándido, Víctor, Focas el Jardinero, mártires; Félix III, papa; Séptimo, Santino; Lautón (Laudo, Lo), Enmerano, obispos; Landelino, eremita; Silvano, confesor; Salaberga, abadesa.
 


REFLEXIÓN:
 
Renato era un muchacho de diecisiete años; bueno, pero con poca voluntad y muy poco dominio de sus pasiones. Estudiaba en la Universidad de Pisa y su familia vivía en un pueblecito cercano a esta ciudad. Su padre, que era médico del lugar, no ganaba lo suficiente para mantener a su familia y pagar los estudios de Renato.
 
El muchacho pasó contento las Navidades en el pueblo en compañía de su familia. El día 2 de enero, Renato regresó a la Universidad. Su madre le dio el dinero para pagar la pensión del mes. Pero nada más llegar a Pisa donde sus amigos ya le esperaban. Organizaron entre todos una fiesta. Recorrieron las calles de la ciudad cantando alegremente y terminaron por entrar en una casa de juego. Renato jugó unas liras y perdió; volvió a jugar y volvió a perder. Al salir de aquella casa Renato había perdido totalmente el dinero que le dio su madre para pagar el mes de pensión. Eran las cinco de la mañana cuando entraba en su casa de huéspedes. Se tumbó en la cama. Estaba horrorizado de lo que había hecho. El pobre chico no sabía qué hacer. Por fin, después de mucho cavilar, se determinó ir donde sus padres y contarles todo lo ocurrido. Esperaba una violenta represión y una buena bofetada. Tuvo que pedir dinero prestado a la patrona para el viaje, pues no tenía ni céntimo.
 
Llegó a su casa y llamó. Le abrió su madre, y al ver ésta a su hijo tan pálido se asustó la pobre mujer. Renato, con lágrimas en los ojos, le declaró toda la verdad. La pobre mujer quedó apenada. ¿Cómo darle dinero otra vez, con lo escaso que andaban de él?
 
Cuando llegó el padre de Renato su esposa le puso al corriente de lo que había hecho su hijo. A la hora de la cena vio Renato a su padre y le dijo: «Buenas noches, Padre». El padre, con cierta bondad, no exenta de seriedad, lo contestó: «¡Buenas noches!»
 
Renato esperaba durante la cena un chaparrón violento de gritos y bofetadas. Pero el padre comía con todo sosiego y le hablaba en un tono normal y sencillo. Al ir a acostarse, le dijo: «Renato, mañana tienes que madrugar. Necesito el caballo» Cuando la madre y el hijo quedaron solos en la cocina le preguntó si le había dado el dinero de la pensión. La madre le contestó que nada le había dado.
 
Renato se levantó al amanecer. Era un día frío y duro de invierno. Caía la nieve con fuerza. Bajó y vio a su padre montando a caballo, envuelto en su amplio capote para ir a cumplir con su obligación de médico. El padre, dándole el dinero de la pensión, le dijo lentamente y con voz suave: -¡Toma, pero antes de malgastarlo acuérdate de cómo lo gana tu padre!’ Avivó al caballo y se perdió en la oscuridad de la noche.
 
Este joven, que con el tiempo llegó a ser un gran escultor, cuando siendo ya mayor recordaba las palabras de su padre, se le saltaban las lágrimas y pensaba que si él era algo en la vida era debido al ejemplo de su Padre.
 
 
 
ORACIÓN:

Dios mío, creo que estás aquí presente. Espero y te suplico humildemente que guíes esta oración. Ayúdame a tener los mismos sentimientos de acogida y misericordia que tuvo tu Hijo, Jesús.
 
 
Petición
 
Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo para amar y perdonar a los demás como los amas Tú.
 
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Perdonar de corazón.
A veces, Señor, me es muy fácil decir: “te perdono” o pensarlo. Y sin embargo, a veces las palabras no van acompañadas por la actitud. Cuántas veces, por formalismo, le digo a la persona que la perdono, pero por dentro llevo la espinita. No me es fácil perdonar de corazón. No me es fácil querer de corazón a aquella persona que me ofendió. Y actúo así. Guardo ese rencor. Incluso a veces siento el deseo de vengarme.
 
Empiezo a criticar por dentro a la persona. Pienso que ella es quien tiene los problemas. Es que es antipático, no tiene sentido del humor, él tuvo la culpa… pero eso sí, yo tenía muy buenas intenciones, yo que soy buena gente, yo siempre hago las cosas bien. Pero me doy cuenta que el que está equivocado soy yo. Me doy cuenta que la viga que tengo es mucho más grande y que a veces yo soy el que tengo el problema.
 
Sí es verdad, nadie es perfecto. Y en lo otros siempre encontraré problemas y debilidades. Pero también es verdad que muchas veces está en mi corazón. Como Tú dijiste, Jesús, lo malo viene del interior del hombre. Sin duda que muchos problemas se solucionarían si antes de juzgar a una persona examino mi interior y busco el problema dentro de mí.
 
Y por eso te pido perdón, Señor, por las veces que no he sabido perdonar cuando Tú no tienes límites al perdonarme. Te pido que me ayudes a comprender la debilidad del hombre. Dame un corazón grande, un corazón bondadoso. Que nunca ofenda a nadie y que todos puedan recibir consuelo en él. Dame, Jesús, unos ojos misericordiosos que se compadezcan de las necesidades del prójimo, y dame una lengua que siempre hable bien de los demás y de la que nunca salgan palabras duras.
 
Dame la gracia de tener ese corazón tuyo. Que nunca me canse de perdonar y que siempre esté dispuesto a sufrir por mis hermanos.

«El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados.»

 (Homilía de S.S. Francisco, 14 de febrero de 2015).

Propósito
 
Imitar el amor misericordioso de Dios en mi propia vida, con cada persona con la que tenga contacto: familia, compañeros de estudio o trabajo, amigos.
 
 
Diálogo con Cristo
 
Padre mío, lo que puedo llegar a hacer, si dejo actuar tu gracia, es impresionante. Porque contestarle a Pedro que no sólo siete, sino setenta veces siete, es todo un desafío, imposible sin tu gracia e inspiración. Ayúdame a recorrer este camino de amor y misericordia hacia los demás.
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Logra así que tus hijos tomen responsabilidades en el hogar

Tareas para todos y tácticas para que se impliquen
Cuando en un hogar se siente la participación de cada miembro de la familia, se respira también un ambiente de mayor unión familiar.
Y es que cada miembro del grupo, por joven que sea, puede aportar su grano de arena para ayudar en las tareas que a diario hay que realizar en casa.

Tabla de contenido

Tareas para todos y tácticas para que se impliquen 
Consejo familiar 
Tareas para todos 

Las responsabilidades en el hogar para cada miembro de la familia no solo facilitan la vida de los padres. También están ligadas a la educación de virtudes como la responsabilidad, la autonomía y la autoestima.
Los chicos, por ende, se sienten miembros activos de su familia y saben que de ellos depende en parte el buen funcionamiento de su hogar.

Consejo familiar

Debido al trabajo de los padres, a los horarios de los colegios y otras actividades, es buena idea convocar a todos los miembros de la familia a una reunión periódica para analizar cuáles son las tareas necesarias para que el hogar marche eficientemente y cómo distribuirlas equitativamente.
En dicho consejo familiar, es importante que los chicos participen en la enumeración de las tareas que debe realizarse a diario, semanal o mensualmente, pues su iniciativa (en vez de una lista elaborada por papá y mamá) es fundamental para el éxito del plan.
También se deben elaborar planes de rotación para algunos trabajos un poco más tediosos como lavar los platos después de la comida o sacar la bolsa de la basura.

Tareas para todos

Estos son algunas de las labores que se pueden compartir entre hijos y padres, las cuales harán la vida mucho más fácil para todos en casa:
  • Antes de salir para el colegio o el trabajo, cada miembro de familia dejará su cama tendida y el cuarto en orden. Si los más pequeños aún no saben tender la cama, pueden dejar las sábanas en orden para quien la tienda.
  • Puede haber un plan de rotación para la hora de la cena así: Quien pone la mesa para comer durante una semana, ayudará a mamá o a papá con el lavado y secado de los platos a la siguiente, turnándose con los otros hermanos.
  • Picarla verdura para la comida.
  • Tirar la basura la casa.
  • Tomar nota sobre detalles de mantenimiento y asegurarse de que estos sean efectuados ya sea por ellos mismos, o por papá y mamá. Tal es el caso de: reemplazo de bombillas, manchas en las paredes, grifos con goteras, etc.
  • Si hay una mascota, cuidar que tenga comida y bebida y que el lugar donde permanece se mantenga limpio. Si se tiene un perro, llevarlo de paseo diariamente.
  • Cortar el césped (si lo hay) o regar las plantas de interior.
  • Los más pequeños pueden tener tareas como revisar que el gas y la luz estén apagados antes de irse a la cama; estar pendiente de que no queden luces prendidas en las habitaciones si no se necesitan.
Artículo originalmente publicado por lafamilia.info
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