miércoles, 21 de septiembre de 2016

Buenos días, 21 de septiembre de 2016. San Mateo. Divino Niño Jesús de Mula. Murcia

Divino Niño Jesús de Mula

Te mando que te esfuerces y seas valiente;no temas ni desmayes,porque Yahvé tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas
(Js. 1, 9)
 
 
VIDEO
 
 
SANTORAL
 
Mateo,
Apóstol y evangelista (s. I)
Patrono de aduaneros, loteros, expendedurías de tabaco y recaudadores de Hacienda;
 
Alejandro, Isacio, Melecio, obispos; Pánfilo, Eusebio, mártires; Bernarda de Tarantasia, Ifigenia, vírgenes; Néstor, confesor; Gregorio, monje; Jonás, profeta.
 


REFLEXIÓN:
 
Había un peregrino… uno como algunos de nosotros…que tuvo la suerte de poder estar en un lugar maravilloso…un monte situado en Senegal, cerca de Mauritania… y allí frente a este imponente paisaje y propicio para su mente…se dispuso a meditar… junto a un sabio del lugar.

El viejo hombre luego de contemplarlo silenciosamente por un largo rato, mientras nuestro peregrino estaba allí, sólo le dijo: “No medites hacia afuera, hazlo hacia adentro.
 
El gran paisaje propicio para la elevación no está en este monte, ni en ningún otro en el mundo. Tu propia alma es el gran paisaje. Todo camino es interior, puesto que el universo está dentro de ti mismo”

Al principio, el peregrino, fascinado por la belleza y lo majestuoso del lugar, no comprendía este gran mensaje , pero al silenciarse…entró en meditación y ¡vio la luz! Allí en su interior descubrió todos los paisajes, todos los astros, el Universo todo, sus amigos y su familia… El era TODO…
 
 
ORACIÓN:
 
Espíritu Santo, dame tu luz en este momento de oración. Con la confianza de un niño pido también la intercesión de mi ángel de la guarda, de modo que tenga la docilidad para escuchar la Palabra y seguirla, como una oveja sigue a su pastor.
 
 
Petición
 
Jesús, concédeme el don de buscar, con la sencillez y la nobleza de un niño, el amor.
 
La voz del Papa

En el Reino de Cristo, ser grande es ser pequeño
 
Para entrar en el Reino de los cielos, hace falta un pasaporte: ser pequeño. Ésta es la identidad que nos distingue delante de Dios; la virtud que más nos acerca a Él. Una canción dice: “¿Qué tendrá lo pequeño, que a Dios tanto le agrada?” Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años…
 
Un niño tiene las manos pequeñas. Todo le queda grande, todo le sobrepasa, en todas las sillas sus pies quedan colgando. Pero es feliz aunque no tenga el control de todo. Más aún: su felicidad consiste en que no quiere controlarlo todo. El niño vive para recibir, para descubrir, para sorprenderse. La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien él es libre de este deseo de gobernar su mundo. Y así como él encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias…ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios.
 
Un niño está apenas entrando al mundo. Le falta experiencia. Cada día aprende algo nuevo. Y si cae al dar los primeros pasos, pronto su mamá lo levanta para que siga aprendiendo a caminar. Esto también es ser pequeño. No somos perfectos ni lo sabemos todo. ¡Cuántas veces cometemos errores, nos caemos, o nos perdemos! Pero esta realidad no es un motivo para desanimarnos. Todo lo contrario: saber que nos hemos perdido nos abre las puertas para descubrir que Dios nos busca. Cuando admitimos la caída con sencillez de niño, podemos alegrarnos con mayor gratitud hacia Dios que nos levanta. Al reconocer los propios límites nos damos cuenta que tenemos un Padre de Amor y misericordia sin límites.
 
María, madre nuestra, enséñanos a ser como niños. Cambia nuestro corazón y hazlo como el de tu Hijo Jesús. Que aprendamos, como Él, a vivir siempre en las manos del Padre.
 
«Pidamos hoy al Señor que todos los papás y los educadores del mundo, como también la sociedad entera, sean instrumentos de aquella acogida, de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones la ternura y la solicitud de un padre y al mismo tiempo de una madre.»
 (Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).
 
Reflexión
 
En cuántas instituciones se da una lucha despiadada en las personas por subir de rango en su trabajo. Se pisa y se hunde al otro con tal de ser el mejor y estar por encima de los demás. Llevamos a la práctica la frase maquiavélica de "el fin justifica los medios". Si hay que ridiculizar, criticar o humillar a nuestro contrincante, lo hacemos.
 
 
También a los discípulos de Jesús les surgían estos aires de posesión que tiene todo hombre, por eso le preguntan a Cristo quién será el primero en le reino de los cielos. Sin embargo, Jesús les saca de dudas respondiéndoles que aquel que sea como un niño. Respuesta un poco desconcertante porque todos eran ya mayores de edad y como que eso de volver a las cosas de niño no se vería muy bien en ellos. Obviamente, Jesús se refería a ser como niños en el espíritu, porque si alguien nos da ejemplo de inocencia, sencillez, pureza, sinceridad, cariño son precisamente los niños. En ellos no se da la doblez, morbosidad, envidia que desgraciadamente florece en algunas personas mayores. Los niños conquistan a todo mundo precisamente por su espontaneidad e ingenuidad que nace de su sencillez.
 
 
Que este evangelio sea una invitación a mirar la intención por la que buscamos las virtudes espirituales. Si es por amor a nosotros mismos, para que nos vean las demás personas, para que vean lo bueno que somos, o si las buscamos para crecer en nuestra vida espiritual con esa sencillez con la que se dirige un niño a sus padres.
 
 
Pidamos a Cristo la gracia de ganarnos el primer puesto en el reino de los cielos por nuestra sencillez y sinceridad en el momento de servir a los demás.
 
 
Propósito
 
Ante las tentaciones que se me puedan presentar hoy, pedir a Dios su gracia para evitar, incluso, el pecado venial.
 
 
Diálogo con Cristo
 
Gracias, Señor, por mi ángel de la guarda y por la gran esperanza que surge de esta meditación. La cultura admira a la persona que por su propio esfuerzo tiene éxito, y esto es bueno. Pero, como tu hijo, debo tener una visión más amplia: atesorar esa confianza y dependencia a tu gracia, que es la que realmente logrará la trascendencia de mi vida. Además, siempre recordar que hay muchas ovejas sin pastor que no deben quedarse atrás ni perderse, si en mí está el poder ayudarles a volver o encontrar el redil.
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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5 lecciones para Vivir en familia

Tabla de contenido

El primer pilar es que cada componente de la familia se quiera a sí mismo. 
El amor se hace paso a paso: una familia feliz es el resultado de una evolución. 
Las cinco lecciones más importantes 
La primera es compartir. 
La segunda lección es la paciencia. 
La tercera es el agradecimiento. 
La cuarta es la aceptación de los otros exactamente como son. 
La quinta, importantísima, es el perdón. 


Hay unos pilares que sostienen el edifico de la familia. Con frecuencia necesitan una revisión y algún remiendo. Es muy útil entonces pararse a reflexionar sobre los puntos principales de referencia del amor familiar. Son esas pequeñas cosas que transforman el “estar juntos” en el placer más profundo de la vida.

El primer pilar es que cada componente de la familia se quiera a sí mismo.

Parece un contrasentido, mientras que es un elemento crucial de la vida de cada uno. El mismo Jesús señaló el amor a sí mismo como medida del amor al prójimo. Esencialmente amarse significa creer en el propio valor, estimarse de modo positivo y sentir que se cuenta mucho.

El que piensa que es una alfombra, descubrirá con amargura que los demás lo usan para «limpiarse los zapatos». Amarse es el mejor camino para entender cómo se debe amar. El que es respetuoso hacia sí mismo, provoca un comportamiento de respeto y de estima en los demás.

Todo empezó con un «¡Sí, quiero!». La vida en pareja es una opción: no es una canción de amor, algo instintivo o una poesía. Significa que dos personas han decidido, de modo libre y maduro, unirse física, emotiva, mental y espiritualmente para crear una nueva realidad, «nosotros», de dos realidades separadas, «yo». Han formado un equipo que tiene como objetivo recorrer la vida juntos, como una única fuerza. Una decisión tan importante debe renovarse cada día, sobre todo en los momentos difíciles. «Yo te quiero a ti, no tus servicios, tus atenciones, tus recursos económicos, etc.».

El amor se hace paso a paso: una familia feliz es el resultado de una evolución.

Requiere mucha paciencia, tiempos largos, definición de responsabilidades y papeles aun para los insignificantes detalles de la vida. ¿Quién administra el dinero, quién saca al perro, quién hace la comida, quién arregla las cosas cuando se rompen, quién conduce en los viajes largos, quién sigue a los hijos en el estudio, quién hace la compra? No es muy romántico, pero crear el amor familiar es un proceso de armonización de personas que tienen el derecho de tener ideas, deseos, necesidades y caracteres muy diferentes.

Cada uno debe «hacer sitio» a los otros en la propia vida.
En todo caso, la vida familiar es siempre una magnífica ocasión de crecimiento, una «escuela de vida» en la que se aprende a conocerse y a mejorar. La vida familiar amplía horizontes y perspectivas, aumenta los recursos individuales, ayuda a superar problemas y dificultades, nos hace más fuertes, mejores, más sabios y «más verdaderos». Es un programa intensivo, las 24 horas del día, de florecimiento interpersonal, donde se aprende, viviéndolas, algunas de las disciplinas más importantes de la vida.

Las cinco lecciones más importantes

La primera es compartir.

Sin compartir, la vida familiar es simplemente una agrupación de individualidades egoístas. Compartir es la esencia del trabajo de grupo, para mantener la dinámica «nosotros»; se extiende al cuerpo, a las emociones, a los pensamientos, al tiempo, al espacio y a los objetos personales.

La segunda lección es la paciencia.

Cada persona se mueve, crece y evoluciona según su propio paso y su propio ritmo en cualquier campo: físico, emotivo, intelectual o espiritual. Todas las coacciones provocan problemas.

La tercera es el agradecimiento.

Significa aprender a apreciar a los componentes de la familia por todo lo que son y por todo lo que hacen.

La cuarta es la aceptación de los otros exactamente como son.

Es importante conceder a los otros la misma comprensión incondicional que uno exige para sí mismo, aprendiendo a convivir con características que tal vez chocan.

La quinta, importantísima, es el perdón.

No es nunca fácil, pero es la única posibilidad si se quiere que el amor familiar dure en el tiempo.

En todo esto, la comunicación es esencial. El diálogo es la savia vital, la energía de la vida familiar. Es intercambio de vida, el puente entre realidades profundas que, si no se da, corren el peligro de sumirse en la soledad. Nada provoca un dolor más intenso que estar físicamente juntos pero emotivamente incomunicados.

Un diálogo sincero, hecho mirándose a los ojos, con calma e intensidad, es el instrumento necesario para descubrir las necesidades y los deseos recíprocos y, sobre todo, para convenir las soluciones satisfactorias para todos. Porque no faltarán los momentos difíciles y las divergencias y será vital aprender a usar el arte de la negociación, gracias al cual ninguno debe perder y ninguno debe ganar.

Sólo así se pueden afrontar eficazmente los cambios imprevistos y las pruebas que, desdichadamente, no faltan nunca. Mantenerse unidos en las sacudidas de la vida profundiza la relación familiar.

El secreto de la felicidad familiar es acordarse de que el amor debe nutrirse y alimentarse como toda realidad viva. Cada componente de la familia debe dar tiempo, atención, esfuerzo, solicitud a la relación. Si, en cambio, se da por descontado que seguirá como está, es posible que se mustie y muera.

No basta ofrecer alimento una vez al año, en los aniversarios y los cumpleaños. Hay que hacerlo siempre, día a día, como una suave costumbre que no cuesta esfuerzo. Es necesario probar y demostrar el placer de vivir juntos, de re-crearse y divertirse juntos.

Para que todo pueda funcionar hace falta, por último, una sólida espiritualidad. En el fondo, la familia es, sobre todo, una realidad espiritual.

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