miércoles, 14 de septiembre de 2016

Buenos días, 14 de septiembre de 2016. Exaltación de la Santa Cruz


¿Cuál es mi pensamiento?
Yo veo a Jesús en cada ser humano.
Me digo: este es Jesús hambriento, tengo que darle de comer.
Este es Jesús enfermo.
Este tiene lepra o gangrena; tengo que lavarle y atenderle.
Yo sirvo porque amo a Jesús.
MADRE TERESA DE CALCUTA
 
 
VIDEO
 
 
 
SANTORAL
 
Exaltación de la Santa Cruz
 
Austrulfo, abad; Cereal, Salustia, Crescenciano, Víctor, Rósula, General, Crescencio, Viator, Casiodoro, Dominada, mártires; Eustoquio, patriarca; Juan Gabriel Taurin Dufresse, obispo mártir de China; Materno, obispo; Plácida, emperatriz; Notburga, virgen.
 

 
REFLEXIÓN:
 
Los consejos deportivos del “entrenador” Bergoglio
 
¡Jueguen para adelante! ¡Pateen adelante! ¡Construyan un mundo mejor! ¡Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad! ¡Jueguen adelante siempre!”.
 
Cuando habló con los jóvenes les propuso un esquema con algunos puntos en la pizarra, sencillo pero concreto.
 
1. No se contenten con un empate. ¿Defender un raquítico cero a cero? El “entrenador” Bergoglio y los cerrojos no van de acuerdo, y las enseñanzas de la JMJ de Río están allí para recordarlo.
 
El mundo está allí afuera, lleno de desafíos, y mucho cuidado con amontonarse delante del arco. La invitación es entrar en el juego, “tanto en la vida como en el deporte”, insiste en el encuentro en el Centro Deportivo Italiano (7 de junio de 2014).
Sobre todo, no hay que “contentarse con un empate mediocre, [sino] dar lo mejor de sí mismo, gastando la vida por lo que de verdad vale y dura para siempre. No contentarse con esas vidas tibias, vidas “mediocremente empatadas”: ¡no, no! ¡Ir adelante, buscando siempre la victoria!”.
 
2. Mucho cuidado con estar siempre a la defensiva: hay que correr. Y sin hacer protestas inútiles: “No aprendan de nosotros, el deporte que nosotros, los viejos, tenemos a menudo: ¡el deporte de la queja! –afirma en un encuentro con seminaristas, novicios y novicias, el 6 de julio de 2013-. No aprendan de nosotros el culto de la “diosa queja””.
 
3. Hacer un juego de equipo. El entrenador Jorge Mario es de la escuela argentina, y “de cualquier otra parte del mundo” ha importado también un vocabulario deportivo, y lo usa para decirle “no” al juego para sí mismo.
 
En mi tierra, cuando un jugador hace eso, le decimos: “Pero, ¡este quiere comerse la pelota!”  No, eso es individualismo, no se coman la pelota, desarrollen el juego de equipo, de équipe”.
 
Pero tanto en el deporte como en la vida, afirma Bergoglio en el video para la apertura de la Campeonato Mundial de fútbol en Brasil (2014), “para ganar, es necesario superar el individualismo, el egoísmo, todas las formas de racismo, intolerancia e instrumentalización de la persona humana.
 
No es sólo en el fútbol que ser fominha [individualista y egoísta] constituye un obstáculo para el buen resultado del equipo; porque en la vida, cuando somos “individualistas”, ignorando a las personas que nos rodean, se daña a toda la sociedad”.
 
La pelota ovalada, en este sentido, tiene mucho para enseñarnos, explica Bergoglio a las Selecciones de Rugby de Italia y Argentina, el 22 de noviembre de 2013, el día anterior a jugar un amistoso: “¡Se corre hacia la meta! Esta palabra tan hermosa, tan importante, nos hace pensar en la vida, porque toda nuestra vida tiende hacia una meta; y esta búsqueda, la búsqueda de la meta, es trabajosa, requiere lucha y compromiso, ¡pero lo importante es no correr solos! Para llegar, hay que correr juntos, y la pelota pasa de mano en mano, y se avanza juntos, hasta que se llega a la meta. ¡Y entonces se festeja!”.
Un concepto semejante, pero con otra imagen, es el estadio: “pensemos aquí en Roma en el Olímpico, o en el de San Lorenzo en Buenos Aires—, en una noche oscura, una persona enciende una luz, se vislumbra apenas; pero si los más de setenta mil espectadores encienden cada uno su propia luz, el estadio se ilumina. Hagamos que nuestra vida sea una luz de Cristo; juntos llevaremos la luz del Evangelio a toda la realidad”. Nadie camina solo.
 
 
 
ORACIÓN:

Oración de un estudiante (para rezar al inicio del curso)

"Por favor, ayúdame a dar lo mejor de mí..."

Bueno, Señor, aquí estamos otra vez. Clases y horario planificado, se presenta ante mí otro año académico.

Te doy las gracias por la oportunidad de recibir una educación, por la posibilidad de estudiar, un privilegio vedado para muchos en este mundo.
 
Te doy gracias por las capacidades físicas e intelectuales que facilitarán mi aprendizaje.
 
Por favor, ayúdame a dar lo mejor de mí, sobre todo a hacerlo mejor que el año pasado.
 
Ayúdame a ser riguroso y atento en mis estudios, que no ignore ni pase nada importante por alto.
 
Ayúdame a mantener mis prioridades en orden, para que mis esfuerzos no se distraigan, que mis intenciones no se pierdan en el raudal de eventos y compromisos sociales.
 
Ayúdame a ser generoso con otros que también estudian, que les ofrezca mi ayuda allá donde pueda servir y que permita aceptar la ayuda de los demás cuando yo tenga problemas.
 
Ayúdame a recordar que algunos de tus santos tuvieron dificultades con sus estudios, ayúdame a recordar que puedo apelar a ellos –san José Cupertino; santa Bernardita Soubirous; venerable Solanus Casey– para que me asistan con sus oraciones de intercesión; para que, ante toda dificultad, pueda estar preparado y alerta para reconocer su auxilio.
 
Que recuerde durante todo el año que mi ángel de la guarda, tus santos y tu Santísima Madre están siempre conmigo, siempre listos para auxiliarme con sus oraciones.
 
Que recuerde también que, en los momentos de auténtico temor o aprensión, siempre puedo depositar estas dificultades en las profundidades de tu Sagrado Corazón; que la ansiedad no me abrume.
 
Así como pongo en práctica los dones que he recibido de Dios, nuestro Padre, ruego por que mi voz esté siempre dispuesta a dar gloria, alabanza y verdadera gratitud a tu Santo Nombre. Amén.
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Algunos consejos para rezar con tu cónyuge




Proceso de cuatro pasos para rezar juntos como esposo y esposa


Tabla de contenido

Proceso de cuatro pasos para rezar juntos como esposo y esposa 
  1. Primer paso: Reconciliarse y llenarse de gozo 
  2. Segundo paso: Descubrir a Dios juntos 
  3. Tercer paso: Compartir el amor 
  4. Cuarto paso: Servir al otro por reverencia a Cristo 

Primer paso: Reconciliarse y llenarse de gozo

Primero, reservar algún tiempo durante la semana para los dos, a solas; reúnanse en un lugar cómodo, vayan a la iglesia o den un paseo tomados de las manos. Hagan la señal de la cruz y tómense un momento para estar presentes el uno para el otro y para Dios, como al comienzo de la misa. Al comenzar, tómense un tiempo para reconciliarse; hablen de cómo podrían haber herido al otro durante la semana, luego pidan perdón y perdónense. Esto les ayudará a acercarse a Dios con el corazón abierto y a estar unidos en la oración. Una vez se hayan reconciliado, llénense de gozo ofreciendo una oración de acción de gracias a Dios.

Segundo paso: Descubrir a Dios juntos

El segundo paso se basa en la Liturgia de la Palabra. Luego de reconciliarse y llenarse de gozo, pasad un tiempo descubriendo a Dios juntos. Hay varias formas de hacer esto; por ejemplo, podrían leer la Biblia y comentar juntos el pasaje leído. Si no saben por dónde comenzar a leer la Biblia, una buena opción es leer el Evangelio que se proclamará el siguiente domingo. Otra opción es leer los salmos, que han sido llamados el “libro de oraciones”. Los salmos expresan dolor y gozo, temor y esperanza, anhelo de Dios, y alabanza. Al mirar los títulos de los salmos juntos pueden encontrar alguno con el que puedan identificarse en ese momento. Recen con el salmo pausadamente y luego comenten cómo el salmo les mueve por dentro y en qué los hace pensar. Otra manera de acercarse a Dios juntos es simplemente hablar de lo que piensan en sus mentes y lo que sienten en sus corazones.

  • ¿De qué están agradecidos esta semana?
  • ¿Qué dificultades se presentan en sus vidas?
  • ¿Qué necesitan del otro y de Dios?

Respondan estas preguntas honestamente y luego ofrezcan oraciones de petición a Dios. Recuerden dar gracias a Dios al verle responder fielmente a sus peticiones.

Tercer paso: Compartir el amor

El tercer paso se deriva de la Liturgia Eucarística. Después de descubrir a Dios juntos, pueden profundizar en la oración compartiendo su amor mutuo. Compartir el amor en el contexto de la oración puede incluir un beso, descansar en los brazos del otro, cuidar del esposo enfermo, decir unas palabras de apoyo o alguna otra genuina muestra de amor. Nuevamente, tengan un corazón agradecido a medida que su intimidad profundiza la presencia de Dios.

Cuarto paso: Servir al otro por reverencia a Cristo

A medida que su tiempo juntos se acerca al final, recuerden irse en paz para servir al Señor y el uno al otro. ¡La oración y la intimidad nunca terminan! Que su servicio e intimidad vivan cada día mientras cocinan, limpian, escuchan, trabajan, etc. El fruto que brotará de su rutina de oración bendecirá su matrimonio, profundizará su amor por Dios y el del uno por el otro, y les permitirá reflejar el amor entre Cristo y su amada esposa, la Iglesia.

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