jueves, 4 de agosto de 2016

Buenos días, 4 de agosto de 2016. San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars)


Cuando nos abandonamos a nuestras pasiones, entrelazamos espinas alrededor de nuestro corazón”
San Juan María Vianney (Santo cura de Ars)




Biografía del Santo Cura de Ars




SANTORAL

Juan María Vianney
Santo Cura de Ars, Patrón de los sacerdotes, especialmente de los Párrocos;

Oswaldo, rey; Federico Janssoone, Beato; Aristarco, obispo y discípulo de San Pablo; Agabio, Eufronio, obispos; Perpetua, Nazario y Africano, mártires; Cecilia Cesarini, Beata; Enrique Krzysztofik, Guillermo Horn, Beatos; Tertuliano, Eleuterio, Ya y compañeros, Protasio, mártires.


 
REFLEXIÓN:

EL ARTE DE LA FELICIDAD

La felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor...sino de lo que pasa dentro de nosotros.
La felicidad se mide por el espíritu, con el que nos enfrentamos a los problemas de la vida.
La felicidad...¡es un asunto de valentía!; es tan fácil sentirse deprimido y desesperado... La felicidad...¡es un estado de ánimo! no somos felices en tanto no decidamos serlo.
La felicidad...¡no consiste en hacer siempre lo que queramos!; pero sí en querer todo lo que hagamos.
La felicidad nace de poner nuestro corazón en el trabajo... y de hacerlo con alegría y entusiasmo.
La felicidad, no tiene recetas...cada quien la cocina con la sazón de su propia meditación.
La felicidad no es una posada en el camino, ¡es la forma de caminar por la vida!


ORACIÓN:
" TE AMO, OH MI DIOS "
Autor: San Juan María Vianney

Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno.


Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.

Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora Final,
aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.

LA ORACIÓN SEGÚN EL SANTO CURA DE ARS


Hermosa obligación del hombre: orar y amar
Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.
El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.
La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. 
En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.
Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.
Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.
En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.
Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.
Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.
Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: "Sólo dos palabras, para deshacerme de ti..." Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.

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