miércoles, 13 de julio de 2016

Buenos días, 13 de julio de 2016. San Enrique


Cuando un hombre empieza a plantar
 árboles a cuya sombra sabe que nunca va
 a sentarse, es cuando ha comenzado a 
entender el sentido de la vida




Día 6. Novena en honor a la Virgen del Carmen. Te animo a rezar a la Estrella de los mares desde:


SANTORAL

Enrique, emperador; Anacleto III, Papa; Andrés y compañeros, mártires; Celia y Luís Martín; Arnón, Fintán, Joviniano, Magno, Milburga, Mildreda, Milgita, confesores; Sara, monje; José Wang, Pablo Liu, Manuel Le, Serapión, Silas (Silvano), Zenón, Justina, Magdalena de la Madre de Dios y compañeras, mártires; Eugenio, Turiano, Jacobo obispos; Joel, Esdras, profetas; Clelia, virgen y fundadora.

REFLEXIÓN:

EL HOMBRE QUE SOLO VEÍA ORO

  Érase una vez un hombre cuyo único pensamiento era tener oro, estaba obsesionado con tener todo el oro del mundo. Este pensamiento le corroía el cerebro y el corazón. No era capaz de pensar en otra cosa. Cuando paseaba, sólo veía las joyerías; no se daba cuenta de la gente que pasaba, ni tenía ojos para contemplar el cielo azul, los pájaros con su trino, o los jardines con sus flores en primavera. Sólo veía oro, oro, oro...

  Un día ya no pudo aguantar más. Entró en una joyería y empezó a llenarse los bolsillos de collares, cadenas, pulseras, broches y sortijas de oro. Pero, claro, cuando iba a salir a la calle fue detenido por la policía. Éstos le preguntaron:

¿Cómo podías pensar que te ibas a poder marchar por las buenas con el botín? La tienda estaba llena de gente y los vigilantes te estaban observando.

  • ¿Es posible? –dijo el hombre sorprendido- No tenía la más mínima idea de que había gente. Yo sólo veía oro. 

Reflexión:

   Que no nos pase lo mismo. Sal de ti mismo y de tus cosas. Así podrás encontrarte con la belleza de la naturaleza y con los demás que te enriquecerán mucho más que todo el oro del mundo.


ORACIÓN:

Señor, infunde en nuestras almas la claridad de tu luz, ya que con tu sabiduría nos has creado y con tu providencia nos gobiernas, haz que nuestro vivir y nuestro obrar estén del todo consagrados a ti. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Petición

Señor, dame un corazón abierto a las inspiraciones de tu Santo Espíritu.


Meditación del Papa

Desde la encarnación del Verbo, el Misterio divino se revela en el acontecimiento de Jesucristo, que es contemporáneo a toda persona humana en cualquier tiempo y lugar por medio de la Iglesia, de la que María es Madre y modelo. Por eso, nosotros podemos hoy continuar alabando a Dios por las maravillas que ha obrado en la vida de los pueblos latinoamericanos y del mundo entero, manifestando su presencia en el Hijo y la efusión de su Espíritu como novedad de vida personal y comunitaria. Dios ha ocultado estas cosas a "sabios y entendidos", dándolas a conocer a los pequeños, a los humildes, a los sencillos de corazón.
Por su "sí" a la llamada de Dios, la Virgen María manifiesta entre los hombres el amor divino. En este sentido, Ella, con sencillez y corazón de madre, sigue indicando la única Luz y la única Verdad: su Hijo Jesucristo, que "es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que asedian también hoy a tantos hombres y mujeres del continente americano". Asimismo, Ella "continúa alcanzándonos por su constante intercesión los dones de la eterna salvación. Con amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la patria feliz". 
Benedicto XVI, 12 de diciembre de 2011.

Diálogo con Cristo

Gracias, Espíritu Santo, por tus dones de entendimiento, sabiduría y ciencia. Permite que, siguiendo el ejemplo de María, los use para el bien, no para encerrarme en mi orgullo, autosuficiencia o soberbia, queriendo depender de mí mismo en vez de abandonarme en la misericordia de tu amor, con la confianza con que un niño se sosiega en los brazos de sus padres.

Propósito

Imitar el modelo de evangelización de María: una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente.


Fuente; catholic.net

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