martes, 12 de julio de 2016

Buenos días, 12 de julio de 2016

"Una alegría compartida se transforma en 

doble alegría; 

una pena compartida, en media pena".


Día 5. Novena en honor a la Virgen del Carmen. Te animo a rezar a la Estrella de los mares desde:


SANTORAL

Nabor y Félix, Lucio, Matías y siete compañeros, Juan Jones, Fortunato y Hermágoras, David Gunton, Inés Le Thi, Proclo e Hilarión, mártires; Igancio Clemente, obispo y mártir; Juan el Ibérico, León de Luca, abades; Paterniano, obispo; Verónica; Teresa de los Andes, religiosa; Juan Gualberto, monje.


REFLEXIÓN:

¡Esos abuelos tan maravillosos!
Érase una vez un niño, Francisco de nombre,  que todas las tardes, cuando su madre se iba al trabajo, se quedaba en casa de su abuelo. Al abuelo le servía de distracción y entretenimiento, pues hacía años que su mujer había muerto y desde entonces vivía solo con sus recuerdos.
Uno de esos días, se encontró al abuelo escribiendo una carta a un viejo amigo que vivía en Bilbao y con quien había hecho la mili en Pontevedra por los años setenta.
El niño se acercó al abuelo y le dio un beso:
  • ¡Hola, abueli! ¡Ya estoy aquí! Hoy tengo un montón de tarea del cole. Espero que me ayudes como siempre. La profe nos ha enseñado hoy a hacer restas, pero me resultan muy difíciles. Cuando puedas me enseñas, pues tú me lo explicas mejor.
El abuelo, que estaba concentrado escribiendo la carta a su amigo, se limitó a devolver el beso y a asentir con la cabeza sin dejar el lápiz que tenía en las manos.
Pocos minutos después, y ante el poco caso que el abuelo le hacía, el niño le preguntó:
  • ¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, quizá, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y dijo al nieto:
  • Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El niño miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial.
  • ¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!
  • Todo depende del modo en que mires las cosas. – respondió el abuelo. Hay en él cinco cualidades que, si consigues tenerlas, harán de ti una persona feliz.
El abuelo, dejando a un lado la carta que estaba escribiendo a su amigo, y no queriendo perder la oportunidad que se le brindaba en bandeja de transmitir un poco de su sabiduría,  le dijo a su nieto:
  • Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que deberá siempre guiar tus pasos. A esta mano la llamamos Dios. Él siempre te conducirá por el camino recto.
  • De vez en cuando deberás dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hará que el lápiz sufra un poco, pero al final escribirá mejor. Eso quiere decir que deberás ser capaz de soportar algunos dolores y reveses. Estos aparecerán cuando menos te lo esperes, pero que deberás aceptar con alegría porque te harán una mejor persona.
  • El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. En la vida será bastante frecuente tener que corregir cosas que ya hemos escrito, pero que o no están del todo bien, o que se podrían escribir mejor.
  • Recuerda también que lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu mente y en tu corazón. De ahí es de donde saldrá todo lo bueno y todo lo malo.
  • Y la última cualidad del lápiz es que siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará trazos. Intenta ser consciente de cada acción, pues en cada una de ellas podrás hacer muchas cosas buenas o malas.
Acabada la lección, Francisco se quedó mirando al lápiz y pensando:
  • ¡Qué listo es mi abuelo! ¡Hasta de un vulgar lápiz sabe sacar un montón de enseñanzas!
Cuando su madre vino a recogerle pasadas las nueve de la noche, Francisco se despidió de su abuelo con un tremendo abrazo, con la cartera del cole en el hombro y enseñando el lápiz a su madre dispuesto a explicarle en su camino de vuelta a casa,  la misteriosa lección que su abuelo le había enseñado esa tarde.
Padre Lucas Prados


ORACIÓN:

Dios todopoderoso, de quien dimana la bondad y hermosura de todo lo creado, haz que comencemos este día con ánimo alegre y que realicemos nuestras obras movidos por el amor a ti y a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.


Petición

Jesús, Rey de Misericordia, te pido que abras mis oídos para escuchar tu voz, mi voluntad para seguirla y mi corazón para aprender a amarte en mi vida diaria.



Meditación del Papa Francisco

El único deseo de Dios es salvar a la humanidad, pero el problema es que a menudo el hombre quiere dictar las reglas de la salvación. Es la paradoja dramática de tantas páginas de la Biblia que llega a su culmen en la vida terrena de Cristo.
Jesús expresa su disgusto al verse atacado por su misma gente, de la ciudad que le dan la espalda a su mensaje: «Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes -es su advertencia a Corozaín y Betsaida- hace tiempo se habrían convertido». En esta severa, pero también amarga comparación, está toda la historia de la salvación.
Así como han rechazado y asesinado a los profetas antes que llegara Él, porque eran incómodos, ahora hacen lo mismo con Jesús. Es justamente la clase dirigente la que cierra las puertas al modo como Jesús quiere salvarnos. Y así se entienden los diálogos fuertes de Jesús, con la clase dirigente de su tempo: se pelean, lo ponen a la prueba, le ponen trampas para ver si cae, porque se trata de la resistencia a ser salvados. Jesús les dice: «Pero yo no les entiendo» y señala que ellos «son como aquellos niños: hemos sonado la flauta y no han bailado; hemos cantado un lamento y no han llorado ¿Pero qué quieren? '¡Queremos salvarnos como nos gusta!». Es siempre este el cierre al mundo de Dios. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 3 de octubre de 2014, en Santa Marta).


Diálogo con Cristo

Jesús, Señor de bondad, tú sabes lo mucho que te necesito para poder retomar el buen camino cada día. Dame la fuerza para poder seguirte hasta el final sin desfallecer. Concédeme la gracia de saber descubrir tu mano amorosa en mi alma para no desaprovechar tu compañía ni un instante. Pero soy débil y necesito tu mano fuerte, soy inconstante y necesito tu brazo poderoso, soy pecador y necesito tu perdón. Señor, que nunca tengas que sentir el dolor de lamentarte por mi falta de generosidad y correspondencia, sino que me lleves de la mano para que nunca permitas que me separe de Ti.


Propósito

Pondré mucha atención para dar gracias a Dios por cada detalle que pueda percibir en mi día: una nueva jornada, mi familia, mis amigos, pero sobre todo, por su presencia en la Eucaristía.

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