jueves, 9 de junio de 2016

Buenos días, 9 de junio de 2016


 
Dios no considera a nadie definitivamente perdido
PAPA FRANCISCO


VIDEO
La letra de la canción de Clapton refleja la experiencia de conversión que tuvo cuando estaba en rehabilitación hace años
En este concierto a beneficio de Bosnia en 2009, Eric Clapton interpretó una canción que escribió para la Santísima Madre junto con el famoso cantante de ópera italiano Luciano Pavarotti, y un sobresaliente coro Gospel.
Las palabras de la canción son una verdadera oración por Clapton. En sus memorias, Clapton: The Autobiography, el músico escribe sobre un momento de hundimiento que tuvo durante su rehabilitación en 1987:
"Yo estaba en la desesperación total", escribió Clapton. "En la intimidad de mi habitación, pedí ayuda. No tenía ni idea de con quién creía que estaba hablando, yo sólo sabía que había llegado al límite de mis fuerzas. . . y, poniéndome de rodillas, me rendí. A los pocos días me di cuenta de eso. . . Había encontrado un lugar, un lugar que siempre había sabido que estaba allí, pero que nunca realmente quería ni necesitaba, ni creía en él. A partir de ese día hasta hoy, nunca he dejado de rezar por la mañana, de rodillas, de pedir ayuda, y por la noche, para expresar gratitud por mi vida y, sobre todo, por estar sobrio".
Esta es la traducción de la letra:
Madre Sagrada, ¿dónde estás?
esta noche me siento partido en dos,
he visto las estrellas caerse del cielo,
Santa Madre, no puedo evitar llorar.
Oh, necesito tu ayuda esta vez,
para pasar esta solitaria noche.
Dime por favor en que lugar girar,
para encontrarme nuevamente.
Santa Madre, escucha mi oración,
de alguna forma sé que estás allí todavía.
Por favor, dame algo de paz mental,
que se lleve este dolor.
No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por más tiempo.
No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por ti.
Santa Madre, escucha mi llanto,
he maldecido tu nombre cientos de veces.
Siento la ira corriendo por mi alma,
Santa Madre, no puedo mantener el control.
Oh, siento que el fin llegó,
mis pies no correrán más.
Tú sabes que preferiría estar
en tus brazos esta noche.
Cuando mis manos no toquen más,
ni mi voz permanezca, me desvaneceré.
Santa Madre, entonces estaré
acostado, a salvo en Tus Brazos.

SANTORAL

Efrén,
confesor y doctor de la Iglesia (c. a. 306- c. a. 375)
Jorge, Ricardo, Maximiano, obispos; Tecla, Mariana, Marta, Amai (o Enneim), Diómedes, Ananías, Cuadrado, mártires; Primo, Feliciano, mártires; Vicente, diácono y mártir; Pelagia, virgen y mártir; Columba o Columkill, abad; Julián, monje; beato José Anchieta.


REFLEXIÓN:

Cuenta Irene, madre de Andrés, diagnosticado de Síndrome de Down, la experiencia con su hijo.
A la pregunta: “Mamá, ¿yo puedo?” ella anima a su hijo a ser valiente y hacerlo:
Seguiré explicando una y otra vez que mi hijo sí puede, aunque a veces se equivoque, aunque alguna vez se desoriente.
Seguiré dejándole subir solo por las escaleras y entrar solo al colegio.
Seguiré haciendo pedagogía para que al menos nuestro mundo comprenda que ayudar no siempre ayuda, proteger a menudo debilita y la excesiva preocupación nos anula.
Puedo decir que los hijos se suelen parecer bastante a lo que sus padres esperan de ellos, a lo que su mundo espera de ellos. Así que nuestros prejuicios alimentan la discapacidad. Nuestros miedos se convierten en sus muros. No pido más, sólo un poco de confianza, de empatía. Señales que nos alienten, que nos empoderen, que vayan en nuestra misma dirección y sentido. Porque en realidad todos pueden, claro que pueden. Pero les tendremos que dejar intentarlo y equivocarse, caerse y levantarse, tantas veces como sea necesario. Tendremos que tratarles con respeto, desde un plano de igualdad, el que les corresponde por derecho”.

A veces soy esclavo de mis miedos o de la desconfianza de los otros en mí. Dejo de poder cuando otros dejan de creer que yo puedo.  Se me contagia la misma falta de fe. No creo porque otros no creen.
Y mi falta de fe en los demás hace que ellos tampoco sean valientes y no avancen. Me fío mucho más de la mirada de los demás que de mi mirada. Desconfío de mi propia forma de ver las cosas.
Y ya no lucho cuando no veo posibilidad de triunfo al final del camino. Cuando otros no me animan. No me arriesgo donde otros me han dicho que es imposible llegar. Si ellos no han podido, yo tampoco puedo. Dejo de creer en lo imposible y me fío sólo de lo posible.
La fe del padre en el hijo lo capacita para la vida. Su falta de fe, lo imposibilita. Pero también la fe de los hijos en el padre lo hacen más capaz de ser padre. Decía Tim Guenard: “Si yo cambio, es porque mis hijos creen en mí, en que puedo cambiar”.

ORACIÓN:

Mi Dios, mi salvador, al inicio de este día te busco con todas mis fuerzas para suplicarte que tu bendición y tu gracia me acompañen a lo largo de toda esta nueva jornada. En este nuevo mes, quiero poner todo mi empuje para que, con tu sabiduría, pueda yo cumplir con el propósito que has creado para mí. Quiero realizar sueños, concretar ideas, terminar proyectos, comenzar de nuevo, y para ello, necesito de tu luz y de tu amor, que inyectes fuerza a mi corazón para que me impulses a dar lo mejor de mí y salir adelante. Amén
Reflexión del Papa Francisco
El Evangelio nos presenta a Jesús con los saduceos que negaban la resurrección. Y es justamente sobre este tema que ellos dirigen una pregunta a Jesús, para ponerlo en dificultad y ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos. Parten de un caso imaginario: "Una mujer ha tenido siete maridos, muertos uno después del otro", y preguntan a Jesús: "¿De quién será esposa aquella mujer después de su muerte?".
Jesús, siempre dócil y paciente, responde que la vida después de la muerte no tiene los mismos parámetros de aquella terrenal. La vida eterna es otra vida, en otra dimensión donde, entre otras cosas, no existirá más el matrimonio, que está ligado a nuestra existencia en este mundo. Los resucitados – dice Jesús – serán como los ángeles, y vivirán en un estado diferente, que ahora no podemos experimentar y ni siquiera imaginar. Así lo explica Jesús.
Pero luego Jesús, por así decirlo, pasa al contra ataque. Y lo hace citando la Sagrada Escritura, con una sencillez y una originalidad que nos dejan llenos de admiración ante nuestro Maestro, ¡el único Maestro! Jesús encuentra la prueba de la resurrección en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente (cfr Ex 3,1-6), allí donde Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El nombre de Dios está ligado a los nombres de los hombres y de las mujeres con los que Él se liga, y este lazo es más fuerte que la muerte. Y nosotros podemos también decir de la relación de Dios con nosotros, con cada uno de nosotros:¡Él es nuestro Dios! ¡Él es el Dios de cada uno de cada uno de nosotros! Como si Él llevase nuestro nombre. A Él le gusta decirlo y ésta es la alianza. He aquí el por qué Jesús afirma: "Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él"
Y éste es el lazo decisivo, la alianza fundamental con Jesús: Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado ha vencido a la muerte. En Jesús Dios nos dona la vida eterna, la dona a todos, y todos gracias a Él tienen la esperanza de una vida más verdadera que esta. La vida que Dios nos prepara no es un simple embellecimiento de la actual: ella supera nuestra imaginación, porque Dios nos sorprende continuamente con su amor y con su misericordia. (Reflexión antes del rezo el Ángelus, 11 de noviembre de 2013)
Diálogo con Jesús
Señor Jesús, te encomiendo hoy todas mis acciones, ideas y las buenas cosas que quiero hacer.
Acudo a ti en actitud de humildad para que me capacites la mente, cuerpo y espíritu, para poder comprender cada una de tus palabras.
Te pido perdón por mis faltas, por aquellas veces en las antepuse mi humana comprensión a tu sabiduría divina. Mientras más me acerco a Ti, más salen a luz todas mis oscuridades, me vas sanando de ellas y me vas llenando de tu bondad. Señor mío, quiero que obres en mi vida de manera tal que me llenes de entendimiento y sepa separar las cosas terrenas de las de tu reino.
Ven y conviértete en el dueño de mi vida, en el dueño de mis actos, hazte presente en mis acciones e ideas, y sobre todo en mis palabras, para que ellas siempre estén cargadas de reconciliación y consuelo para con todos los míos. Amén
Propósito para hoy:
Confiando en que unido a Cristo todo se puede, hoy voy a seguir puntualmente todas las inspiraciones del Espíritu Santo
Reflexionemos juntos esta frase:
"Jesús nos enseña a no avergonzarnos de tocar la miseria humana, de tocar su carne en los hermanos que sufren". (Papa Francisco)
 -----------------------------------------
ESPECIAL BUENOS DÍAS
-----------------------------------------
Te quitarías tus máscaras y mostrarías tus heridas?

El otro día me quedé pensando en las máscaras que no me dejan mostrarme tal y como soy. Es cierto que todos tenemos máscaras. Algunos más, otros menos. Pero muchas veces yo mismo me oculto detrás de una máscara. Para no sufrir, para poder seguir viviendo.

Recuerdo la historia de la película La guerra de las galaxias. Anakin, que tenía un deseo muy hondo de amar y hacer el bien. Es confundido y llevado al lado oscuro. Queriendo amar más, acaba odiando. ¿Es más fuerte el odio que el amor? No lo creo.

En su lucha, y debido a las heridas recibidas, a lo limitado que había quedado después de la pelea, sólo puede seguir viviendo el resto de sus días dentro de una máscara. Esa máscara, la de Darth Vader, es una imagen que intimida, aleja, atemoriza.

Muchas veces las máscaras muestran una realidad que no es verdad. Dan miedo. Nos escondemos en una máscara para parecer más poderosos, más cultos, más capaces, más inquebrantables. Y nos alejamos. Nos cuesta más amar y ser amados.

Nos escondemos para que los demás no nos hagan daño con sus críticas y juicios. Nos escondemos porque estamos tan heridos que creemos que sin esa máscara tal vez no podríamos seguir viviendo. Nos ocultamos en nuestros miedos. Las máscaras nos salvan porque nos protegen en la vida. Evitan que nos sigan hiriendo.

En la última escena de la película, Darth Vader le pide a Luke, su hijo, que le quite la máscara. Sabe que sin ella va a morir pero quiere mirarle por última vez con sus ojos de verdad. Sabe que el amor de Luke lo ha salvado aunque ahora pierda la vida. Al quitarle la máscara no hay un rostro terrible, sino el rostro indefenso de un anciano.

El amor es lo único que logra quitarnos las máscaras y mostrarnos como somos ante los hombres. Cuando sé que alguien me ama de verdad, sin condiciones, entonces puedo mostrarme ante él como soy. En mi debilidad. Con mis manías y defectos. Con mis heridas y pasiones.

Por eso, cuando me siento herido, y pienso que me pueden volver a herir, me escondo en mi máscara y me oculto.

Sueño con tener menos máscaras. Con ser más libre y dejar ver mis heridas. Sé que si lo hago así se convierten en ventanas que me trascienden. A través de mis heridas se logra ver a Dios. Una persona rezaba: “Puedo ser humano, frágil y débil para que los demás puedan ver a través de mis heridas tu fuerza tu gracia y tu luz”.

El amor da la vida, el odio me destruye. El amor me libera de mis máscaras. El odio me hace esconderme.

Pienso que ante Jesús no tengo máscaras. Sólo amo. Él mejor que nadie conoce mis entrañas. Sabe quién soy. Conoce mis límites. Mi historia sagrada y mi herida. Mi camino de santidad. Mi verdad más clara. Él me conoce y me quiere como soy. Sin máscaras.




-- 



No hay comentarios:

Publicar un comentario