martes, 7 de junio de 2016

Buenos días, 7 de junio de 2016

Nunca conseguirás el éxito
al menos que te guste lo que estás haciendo
Dale Carnegie.
 

 
VIDEO
Son las intenciones para el mes de junio, a la que se suma la dedicada a los seminaristas, novicios y novicias
 

 
SANTORAL
 
Isaac y compañeros, mártires cordobeses († 851)
 
Pablo, Cándido, Venancio, obispos; Licarión, presbítero; Pedro, presbítero y mártir; Walabonso, diácono y mártir; Isaac, Abencio, Jeremías, Sabiniano, Wistremundo, monjes y mártires; Acacio, Alderico, Eugenia, Valentín, Juan, Tarasio, Sancho, Godescalco, mártires; Antonio María Gianelli, confesor; Roberto, abad; Ana García, virgen.



REFLEXIÓN:

Uno de los elementos paralizantes de la vida es el miedo.
 
El miedo al cambio.
El miedo a lo nuevo.
El miedo a las nuevas experiencias.
El miedo a todo lo que no se ha dicho o experimentado.
 
Por eso vivimos más con “la prudencia del freno” que la “valentía del acelerador”.
Tenemos demasiadas cosas que “damos por seguras e inmutables”.
 
Hablamos más de “lo que fue” que de lo que “todavía es posible”.
 
Se de mucho coraje, sobre todo para afrontar los cambios, porque la Iglesia no es un archivo del pasado sino una vida que camina.
 
Parece necesario volver a ser más arriesgados y más críticos. Más críticos frente a lo aparentemente asegurado e imprescindible, más arriesgados frente a lo posible. Juan Pablo II
 
Más críticos” frente a lo aparentemente asegurado e imprescindible.
No todo está dicho.
No todo lo que se puede hacer está hecho.
No todo lo “seguro” es tan seguro y firme.
Ni todo lo “imprescindible” es tan imprescindible.
 
Absolutizamos demasiadas cosas que terminan siendo relativas.
Absolutizamos demasiados criterios y modos de pensar.
Absolutizamos demasiados modos de hacer las cosas, como si fuera la única manera de hacerlas.
 
Más arriesgados” frente a lo posible.
 
Todavía hay muchas posibilidades sin estrenar.
Todavía hay muchos posibles modos de ser y actuar.
Todavía hay muchas presencias en el mundo no estrenadas.
Todavía hay muchas formas de santidad inéditas y posibles.

 
ORACIÓN:

Señor de mi vida, hoy quiero pedirte que aumentes en mí la confianza para poder ser constante en mis objetivos y metas planteadas. Dame la capacidad para trabajar duro y con alegría. Quiero poner todo mi esfuerzo en hacer de cada día, uno lleno de satisfacción y entrega. Quiero tener la suficiencia paciencia para entender que debo asumir mis compromisos con su propio ritmo, sin apuros, sin forzar situaciones. Ayúdame a vivir cada instante con claridad y con esperanza. Sé que Tú me provees todos los recursos con los que puedo salir adelante, es por ello que te encomiendo mis acciones y mi vida entera. Confío en Ti, confío en tu poder auxiliador. Amén
 
 
Reflexión del Papa Francisco
 
La Virgen va a visitar a Isabel, e Isabel le dice: «He aquí, apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno».
 
Todo es alegría. Pero nosotros cristianos no estamos muy acostumbrados a hablar de alegría, de gozo. Creo que muchas veces nos gustan más los lamentos. ¿Qué es la alegría? La clave para comprender esta alegría es lo que dice el Evangelio: "Isabel fue colmada de Espíritu Santo".
 
Es el Espíritu Santo quien nos da la alegría. En la primera oración de la misa hemos pedido también la gracia de la docilidad al Espíritu Santo, quien nos da la alegría.
 
[...] A mí me gusta pensar: los jóvenes cumplen la Ley; los ancianos tienen la libertad de dejar que el Espíritu les guíe. Es hermoso esto. Es precisamente el Espíritu quien nos guía. Él es el autor de la alegría, el creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, nosotros, cristianos, no podemos llegar a ser libres. Nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas.
 
No se puede llevar adelante el Evangelio con cristianos tristes, desesperanzados, desalentados; no se puede. Esta actitud es un poco funeraria. En cambio, la alegría cristiana deriva precisamente de la alabanza a Dios.
 
[...] Es precisamente ella, la Virgen quien trae las alegrías. La Iglesia la llama causa de nuestra alegría, causa nostrae letitiae.¿Por qué? Porque trae nuestra alegría más grande, trae a Jesús. Y trayendo a Jesús hace que este niño salte de alegría en el seno de la madre. Ella trae a Jesús. Ella con su oración hace que el Espíritu Santo irrumpa. Irrumpe ese día de Pentecostés; estaba allí.
 
Debemos rezar a la Virgen para que al traer a Jesús nos dé la gracia de la alegría, de la libertad; nos dé la gracia de alabar, de hacer oración de alabanza gratuita, porque Él es digno de alabanza, siempre. (Homilía en Santa Marta, 01 de junio de 2013)
 

Diálogo con Jesús
 
Señor Jesús, te agradezco eternamente por tu poderosa presencia en mi vida y hacerme sentir amado y bendecido en cada paso que doy.
 
Tú eres mi guardián fiel, haces que me levante en victoria y me das fuerzas para continuar en mis momentos de angustia. Te pido que aumentes mi fe, que la hagas brillar y mantenerse sólida en toda circunstancia de mi vida, que pueda proclamarte como María, que aceptó tu voluntad con confianza y la enalteciste por su humildad.
 
Confío en que esa fe es la mejor gracia que puedo recibir de Ti para comprender la profundidad de todos tus misterios de amor. Cómo María, quiero estar siempre presto para el servicio, ella, Arca de la Nueva Alianza, la portadora de Dios en Jesús, el Hijo del Padre, supo cómo recogerse y donarse a quien lo necesitaba, sin importar su condición o la distancia. Ella enciende esa luz en los corazones de los fieles para guiarnos a tu encuentro. Si Tú, mi Señor, eres rico en misericordia, ella es Madre de misericordia que con su "Sí" tuvo compasión con la humanidad para llevar a cabo tu obra salvadora en todos nosotros. Mi corazón se siente firme ahora.
 
No apartes tu mano victoriosa de mí. Que María me sostenga y sea mi apoyo en esta tarea de servirte con alegría y comprometido con tu Reino. Amén
 

Propósito para hoy:
 
Rezaré un Padrenuestro en familia antes de comer pidiendo por las familias que no están unidas.
 

Reflexionemos juntos esta frase:
 
"No podemos ser discípulos a medias. La Iglesia necesita de nuestra valentía para que demos testimonio de la verdad". (Papa Francisco)
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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El significado de los 7 dones del Espíritu Santo



Tabla de contenido

  1. Sabiduría: 
  2. Entendimiento: 
  3. Consejo: 
  4. Ciencia: 
  5. Piedad: 
  6. Fortaleza: 
  7. Temor de Dios: 


Sabiduría:

Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica el proyecto de Dios. Él nos fortalece nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios. El mismo Jesús nos dijo: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt 10, 19-20). La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra.

Entendimiento:

Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. Mediante este don, el Espíritu Santo nos permite escrutar las profundidades de Dios, comunicando a nuestro corazón una particular participación en el conocimiento divino, en los secretos del mundo y en la intimidad del mismo Dios. El Señor dijo: “Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh” (Jer 24,7).

Consejo:

Es el don de saber discernir los caminos y las opciones, de saber orientar y escuchar. Es la luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso. Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don, como había profetizado Isaías: “No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra” (Is 11, 3-4).

Ciencia:

Es el don de la ciencia de Dios y no la ciencia del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues “nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co 2, 11).

Piedad:

Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría. Si Dios vive su alianza con el hombre de manera tan envolvente, el hombre, a su vez, se siente también invitado a ser piadoso con todos. En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió: “En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo” (1Co 12, 1-3).

Fortaleza:

Este es el don que nos vuelve valientes para enfrentar las dificultades del día a día de la vida cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones. Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían incondicionalmente en el Padre. El Apocalipsis dice: “No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10).

Temor de Dios:

Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar. Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en todo la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado: “Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh” (Is 11,2).






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