viernes, 3 de junio de 2016

Buenos días, 3 de junio de 2016. San Juan XXIII




El mayor error que una persona puede cometer
es tener miedo de cometer un error.” 
Elbert Hubbard


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SANTORAL

Juan XXIII,
papa (1881-1963)

Carlos Lwanga y sus compañeros mártires de Uganda; Cecilio, David, Lifardo, Alberto, Atanasio, confesores; Pergentino, Laurentino, Luciniano y los niños Claudio, Hipacio, Pablo y Dionisio, mártires; Hilario, Adalberto, obispos; Isaac, monje; Paula, Olivia, vírgenes; Clotilde, reina; Juan Grande, Patrono de la Diócesis de Jerez (España)



REFLEXIÓN:

Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial. Muchos países estaban en el caos. Faltaban  hospitales, medicinas y muchas cosas de primera necesidad. Quienes más sufrían eran los niños por la falta de alimento. Los hechos que vamos a relatar nos sitúan en un pueblecito pequeño de Alemania en las fechas cercanas a la Navidad.

Había en ese pueblecito no más de doscientos habitantes. Bastantes familias habían perdido durante la guerra a los padres y abuelos. El hambre y la desnutrición era el visitante más común de todos los hogares. Las cosechas habían sido destruidas por la guerra.

Como se acercaba la Navidad, el único panadero que había quedado en el pueblecito pensó hacer una buena obra y dar una hogaza de pan cada día a los niños que vinieran a recogerla a su panadería. Después de haberlo anunciado debidamente en la plaza del pueblo, preparó veinte hogazas, unas más grandes y otras más pequeñas, con la masa que le había sobrado.

En esto que llamó a los niños, los cuales no tardaron ni un minuto en llenar la pequeña habitación que servía de tienda para vender el pan. El panadero, a quien llamaremos convencionalmente Honorato, puso un poco de orden y les dijo que se acercaran para coger cada uno un pan. Acababa de dar el silbato de salida cuando los niños se abalanzaron a coger su hogaza de pan, a cual más grande y salir corriendo hacia su casas para entregarlas a sus madres. Ninguno se detuvo un segundo para darle las gracias a Honorato, pero a él no le preocupó mucho; si había hecho este gesto era por caridad y no esperaba ningún reconocimiento a cambio. Al final quedó una niña pequeña en un rincón de la habitación, la cual sin atreverse a levantar los ojos oyó al panadero que le decía:

- ¿Es que no has cogido tu pan?

A lo que ella respondió:

- Estaba esperando que todos los niños cogieran su pan. Ellos lo necesitan más que yo.
- ¿Es que no tienes hambre? – Preguntó el panadero.
- ¡Mucha! – Respondió la niña.

La niña cogió su pan, el más pequeño que había quedado, besó la mano de Don Honorato, le dio las gracias y se marchó feliz a su casa. Cuando llegó, su madre y sus otros tres hermanos hicieron un “festín”. La verdad es que era lo único que tenían para comer ese día; pero les supo a gloria. Ese día los ratones pasaron hambre, porque no quedó en la casa ni una migaja de pan.

Al día siguiente, Don Honorato, cumpliendo su promesa, volvió a llamar a los niños, quienes corriendo como gacelas hambrientas, se acercaron a la panadería. La historia se repitió. Los niños cogieron sus hogazas de pan, a cual más grande, y al final del todo quedó la misma niña, a la cual le tocó de nuevo la más pequeña, pues era la última que quedaba. La niña volvió a agradecer a Don Honorato el pan que le había dado y se marchó muy feliz a casa. De vuelta a casa pudo comprobar por el camino, que este pan, a pesar de ser pequeño, pesaba mucho más que el día anterior.

Cuando llegó a casa, todos se prepararon a disfrutar del festín. La madre cogió un cuchillo y se dispuso a cortar el pan, cuando de pronto se dio cuenta que en medio del pan había algo duro que no le permitía seguir cortando, así que abrió el pan en dos con las manos y descubrió un montón de monedas de oro. Separaron las monedas y se comieron con fruición hasta la última migaja. Entonces la madre se quedó pensando:

- Con estas monedas podría comprar comida para muchos días. Mis hijos ya no pasarían hambre. Pero, por otro lado, ese dinero no es mío. Seguramente se le cayó a Don Honorato y ahora lo estará buscando el pobre.

Así que mandó a la niña a la panadería para que le devolviera las monedas de oro al panadero. Cuando la niña llegó, le dijo a Don Honorato:

- Mire usted, señor, resulta que estábamos cortando el pan y mi madre se encontró todas estas monedas dentro. Como se imaginó que usted las había perdido, aquí se las devuelvo.

Don Honorato se quedó conmovido ante tanta candidez y le dijo a la niña:

- Las monedas no se me cayeron en el pan. Yo las puse allí a caso hecho. El otro día, cuando viniste por el pan, me conmovió tu generosidad al dejar que los demás niños se llevaran los panes grandes y tú te quedaste con el más pequeño. Además, fuiste la única que me dio gracias. Así que pensé ¿qué puedo hacer para premiar su virtud? Como sabía que hoy también te quedarías con el pan más pequeño, yo puse en él todas esas monedas, sabiendo que ningún otro lo cogería. ¡Así que son tuyas!¡ Llévalas a casa para que tu mamá no pase más necesidad!

La niña se abalanzó sobre el cuello de Don Honorato, le dio un beso…, y mientras atravesaba la puerta de la calle, una lágrima comenzó a rodar de los ojos emocionados de nuestro bendito panadero.

Moraleja:

Por muchas necesidades que nosotros pasemos, siempre hay personas que sufren más. Cuando recibamos ayuda, no seamos egoístas. Además, nunca olvidemos ser agradecidos con aquellos que se acuerden de nosotros, y de modo especial, con Dios, que al fin y al cabo es quien los puso en nuestro camino.

ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco:

[...] Sin el Espíritu Santo no podemos entender. Es justamente el Espíritu Santo el que nos hace entender la verdad o, usando las palabras de Jesús, es el Espíritu el que nos hace conocer la voz de Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen”.

La Iglesia sale adelante gracias a la obra del Espíritu Santo, que nos hace escuchar la voz del Señor. ¿Y cómo puedo estar seguro de que esa voz que escucho es la voz de Jesús, de que lo que escucho que debo hacer viene del Espíritu Santo? Hay que rezar.

Sin la oración no hay sitio para el Espíritu Santo. Hay que pedir a Dios que nos mande este don: “Señor, danos el Espíritu Santo para que podamos descernir en cualquier momento qué debemos hacer”, que no es siempre lo mismo. El mensaje es el mismo: la Iglesia sale adelante, la Iglesia sale adelante con estas sorpresas, con estas novedades del Espíritu Santo. Hay que discernirlas, y, para discernirlas, hay que rezar, pedir esta gracia. Bernabé estaba lleno del Espíritu Santo y entendió inmediatamente; Pedro vio y dijo: «Pero, ¿quién soy yo para negar aquí el Bautismo?».

Es el Espíritu Santo quien hace que no nos equivoquemos. “Pero, padre, ¿por qué meterse en tantos problemas. Hagamos las cosas como siempre las hemos hecho, y así estamos más seguros…”».

El problema de hacer siempre lo mismo que hemos hecho, es una alternativa de muerte. Hay que arriesgarse con la oración, mucho, con la humildad, a aceptar lo que el Espíritu Santo nos pide que cambiemos. Esta es la vía. (Homilía en Santa Marta, 28 de abril de 2013)

Diálogo con Jesús

Jesús mío, Tú me prometes que vendrá el Espíritu de la Verdad a guiarme para que me mantenga siempre caminando por las veredas que conducen a Ti y al Padre. Él me ayudará a encontrar el amor en cada una de las Palabras de tu Evangelio y poder transmitirlo en todo su esplendor a quienes se les hace un poco complicado llegar a acercarse a tus divinas gracias. Ayúdame Señor mío, a tener el corazón siempre dispuesto y mis oídos esté siempre alertas para escuchar tus inspiraciones. Tu renuevo de plenitud se abre cada día con cada amanecer y recaen sobre los corazones que humildemente se despiertan teniendo sed de Ti. Oriéntame en lo que debo decir, a despreciar con mi vista aquello que no me lleva a la santidad, a que palabras de envidias, celos y rencores no penetren por los oídos y por sobre todo que, oriéntame el corazón para que conserve y proclame tu verdad al mundo entero, sin temor y con justicia. Amén

Propósito para hoy:

Voy a tomar 5 minutos a solas y rezaré a la Virgen de Fátima pidiendo por la Paz en mi familia y la mía propia, por mi país y por la del mundo entero.

Reflexionemos juntos esta frase:

"Pidamos por todos los sacerdotes buenos y fieles, que se entregan a los demás con generosidad y abnegación, sin hacer ruido". (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Por qué es tan bueno dar encargos por edades a los niños? 
 
Una de las mejores formas de educar el carácter

Los encargos por edades para responsabilizar a los niños hacen que el pequeño se sienta una parte importante de la familia.

Tabla de contenido

Los encargos por edades para responsabilizar a los niños hacen que el pequeño se sienta una parte importante de la familia. 
Todos los niños necesitan un encargo
El sentido de la responsabilidad infantil: “yo soy capaz”
Encargos por edades a los niños 
1-2 años. 
–   Tirar su pañal.
–   Echar la ropa en el cesto.
–   Poner la esponja en su sitio.
–   Colocar sus zapatos para el día siguiente.
–   Recoger los juguetes
–   Apagar la luz del cuarto
–   Sacar las galletas por las mañanas
–   Ayudar a guardar los cereales del desayuno. 
3-4 años:

–   Ordenar libros por tamaños.
–   Colocar sus muñecos en la cama y estanterías.
–   Preparar su ropa para el día siguiente.
–   Poner las servilletas en la mesa.
–   Ayudar a poner la mesa.
–   Sacar la ropa de lavadora.
–   Guardar los cubiertos limpios del lavaplatos.
–   Recoger su cuarto.
–   Poner el agua del perro, u otro animal doméstico. 
5-6 años: 2

–   Ordenar los cepillos de dientes de todos.
–   Poner los zapatos de mamá o los hermanos en el zapatero.
–   Revisar si hay papel higiénic en los baños.
–   Ayudar a tender.
–   Guardar su ropa planchada en las cajoneras.
–   Regar las plantas.
–   Ayudar a vaciar el lavaplatos.
–   Coger el teléfono.
–   Ayudar a lavar el coche.
–   Colocar los libros en su sitio una vez leídos.
–   Bañarse y vestirse sólo.


Tener la responsabilidad de hacer algo y hacerlo bien contribuye a enseñar el sentido de la responsabilidad a los niños, ya que es una virtud que se adquiere y se aprende con la experiencia.

La vida familiar constituye la principal escuela para educar en la responsabilidad, desde los primeros años de vida, aunque es entre los 7 y los 11 años, cuando los pequeños encargos se convierten una forma estupenda de educar la responsabilidad.

Todos los niños necesitan un encargo

A todos los niños les hace falta responsabilizarse de algo en su hogar. Tener un encargo concreto a los 4 ó 5 años hace posible que, cuando nuestros hijos lleguen a esa edad más indolente de la pubertad o la adolescencia, vean como algo normal colaborar en la marcha del hogar. 
 

El sentido de la responsabilidad infantil: “yo soy capaz”

Cuando a un niño se le encarga algo y ve que es capaz de hacerlo y contribuir al funcionamiento de su casa, se desarrolla un importante sentimiento de “competencia”; el niño experimenta la sensación de “yo soy capaz”.

Este sentimiento va a ser fundamental para el desarrollo de una buena autoestima, tan importante en el carácter de toda persona. Enseñar a los niños a ser responsables les da seguridad e incrementa su sensación de poder.

Al principio habrá que planteárselo como un juego. Poco a poco deberá ir aprendiendo a hacerlo no porque le divierte, sino también cuando no le apetezca, como un servicio a los demás.  Responsabilizarse.

Asimismo es importante que, una vez establecido el encargo, lo evaluemos periódicamente, poniendo especial atención en darle aprobación y reconocimiento cuando actúa de forma responsable. Hazle saber mediante elogios, qué cosas ha hecho bien.

Todo esto y mucho más aparece en la 11ª edición de Educar el carácter con ejemplos como estos: 
 

Encargos por edades a los niños

1-2 años. 

Necesitará más ayuda, pero puede ir aprendiendo una serie de encargos fundamentalmente relacionados con el orden:

–   Tirar su pañal.–   Echar la ropa en el cesto.–   Poner la esponja en su sitio.–   Colocar sus zapatos para el día siguiente.–   Recoger los juguetes–   Apagar la luz del cuarto–   Sacar las galletas por las mañanas–   Ayudar a guardar los cereales del desayuno.

3-4 años:


–   Ordenar libros por tamaños.–   Colocar sus muñecos en la cama y estanterías.–   Preparar su ropa para el día siguiente.–   Poner las servilletas en la mesa.–   Ayudar a poner la mesa.–   Sacar la ropa de lavadora.–   Guardar los cubiertos limpios del lavaplatos.–   Recoger su cuarto.–   Poner el agua del perro, u otro animal doméstico. 
 

5-6 años:


–   Ordenar los cepillos de dientes de todos.–   Poner los zapatos de mamá o los hermanos en el zapatero.–   Revisar si hay papel higiénico en los baños.–   Ayudar a tender.–   Guardar su ropa planchada en las cajoneras.–   Regar las plantas.–   Ayudar a vaciar el lavaplatos.–   Coger el teléfono.–   Ayudar a lavar el coche.–   Colocar los libros en su sitio una vez leídos.–   Bañarse y vestirse sólo.



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