viernes, 10 de junio de 2016

Buenos días, 10 de junio de 2016





"Jesús no pide grandes hazañas,
sino únicamente abandono y gratitud".
(Santa Teresa de Lisieux)

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Y a veces nos parece poco...



SANTORAL

Timoteo, Máximo, Asterio, Alejandro, Aureliano, Bardón, obispos; Blanco, Basílides, Mandalo, Diosdado, Arecio, Rogato, mártires; Críspulo, Restituto, Zacarías, Getulio, Cereal, Amancio, Primitivo, Trípodes, Benjamín, Félix, Victoriano, diáconos; Maurino, abad; Juan Dominici, cardenal; Oliva, virgen y mártir



REFLEXIÓN:

El heladero “malas pulgas” y el niño

Acababa de entrar en la heladería un niño que tendría alrededor de 10 años. Por su apariencia, no daba la impresión de que le sobrara mucho el dinero. Se sentó en una esquina de la barra y le preguntó al heladero cuánto costaba una copa de helado. El heladero le respondió que 3 euros. En esto que el niño se metió la mano en el bolsillo y sacó un montón de monedas. Las dejó encima del mostrador y comenzó a contarlas.

Justo 3 euros. Lo que necesitaba.- pensó el chico.

En esto que le vuelve al preguntar al heladero:

¿Y cuánto cuesta un helado simple?

El heladero, que estaba atendiendo a otras personas, comenzó a ponerse molesto e impaciente, pensando que no valía la pena gastar tiempo en ese niño pues poco podría sacar de él.

2 euros. - le respondió con rudeza.

Así que el niño volvió a contar su dinero y pidió un helado simple. El heladero le sirvió el helado y le entregó la cuenta. El niño se lo comió con inmenso placer y luego se dirigió a la caja a pagar.
Cuando el heladero estaba limpiando el mostrador, de repente se puso a llorar porque vio que en el rincón donde se había sentado el niño había 1 euro…, su propina.

Son tres lecciones sencillas pero que marcan la diferencia. ¡Qué fácil es “pasar” de todo!

Pero si uno quiere gozar realmente de esta vida y hacer que otros también lo hagan, tenemos que implicarnos. El culmen de esa implicación es cuando por amor a Dios y a nuestros semejantes somos capaces de dejarlo todo para emprender una nueva vida.



ORACIÓN:

Señor, en este día que arranca, quiero que el motor de mi corazón encienda con el combustible de tu amor y de tu compasión. Gracias por escuchar mis ruegos cuando clamo a Ti con honestidad y humildad. Hazme dócil y sensible a tus inspiraciones, que pueda vivir para Ti, amarte y abrirme a nuevas experiencias de bendición que la vida me regala. Ven y camina conmigo, protégeme de todo aquello que puede hacerme daño Condúceme hoy por sendas de amor y guíame con tu sabiduría en todas las decisiones que voy a tomar para que me ayuden a avanzar realmente hacia el camino que, junto a Ti y al Padre, deseo alcanzar, por el bien personal de mi alma y la de los míos. Amén

Reflexión del Papa Francisco

La liturgia del día propone el Evangelio en el que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, porque han transformado la casa de oración en una cueva de ladrones. Y lo que hace Jesús es un gesto de purificación, el templo había sido profanado y con el Templo, el pueblo de Dios. Profanado con el pecado tan grave que es el escándalo.

La gente es buena, la gente iba al Templo, no miraba estas cosas; buscaba a Dios, rezaba... pero debía cambiar las monedas para las ofrendas. El pueblo de Dios no iba al Templo por esta gente, por los que vendían, pero iban al tempo de Dios y allí había corrupción que escandalizaba al pueblo.

Por eso yo pienso en el escándalo que podemos causar a la gente con nuestra actitud, con nuestras costumbres no sacerdotales en el Templo: el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad... Cuántas veces vemos que entrando en una iglesia, aún hoy, está ahí la lista de los precios, para el bautismo, la bendición, las intenciones para la misa. Y de todo esto el pueblo se escandaliza.

¿Por qué actúa Jesús así? Él lo había dicho y lo repite de otra manera aquí: no se puede servir a dos señores. O das culto a Dios o das culto al dinero. Y aquí la casa del Dios vivo es una casa de negocios: se daba precisamente culto al dinero. Jesús, en cambio, dice: Está escrito: «mi casa será casa de oración; pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos». De este modo, distingue claramente las dos cosas.

Así que no se puede servir a dos señores: Dios es absoluto. Pero hay otra cuestión: «¿Por qué Jesús se molesta con el dinero?». Porque la redención es gratuita: la gratuidad de Dios. Jesús, en efecto, vino a traernos la gratuidad total del amor de Dios. Por ello cuando la Iglesia o las iglesias se convierten en negocios, se dice que la salvación no es tan gratuita. Y es justo por eso que Jesús toma el látigo en la mano para hacer este rito de purificación en el templo (Homilía en Santa Marta, 21 de noviembre de 2014)

Diálogo con Jesús

Jesús amado, eres mi gran ejemplo a seguir, mi tesoro lleno de virtudes que debo imitar. A veces tus palabras pueden parecer algo dura, incómodas, pero están llenas de vida, de sabiduría.

Tú deseas todo lo mejor para mí, por eso me hablas claro, sin rodeos. Quiero alejar de mí, todos esos sentimientos oscuros que me impiden amarte en totalidad. Como en aquella oportunidad que Tú detestaste que hayan tomado la Casa del Padre como centro de negocio, así también quiero detestar todas esas cosas que se interponen en mi camino de vida contigo, que no me dejan centrarme en una oración profunda con el Padre y me disperse entre las cosas terrenas.

Anhelo sentir ese deseo apostólico de tu amor que hace defender toda herencia sagrada que Dios nos ha dejado. Soy tuyo, te doy mi corazón y te lo entrego con toda la pasión que en él habita. Dame tu bendición, Jesús mío, para seguir luchando contra esos impulsos mundanos que me separan de Ti. Amén

Propósito para hoy:

Enviaré hoy un mensaje, o llamaré, a esa persona que sé que no tiene familiares ni amistades para visitarla o invitarla a tomar un café

Reflexionemos juntos esta frase:

"Jesús es nuestra esperanza. Nada, ni siquiera el mal y la muerte, podrá separarnos de la fuerza salvífica de su Amor". (Papa Francisco)


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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8 aportes que puede hacer un cristiano al mundo según San Francisco de Asís

Tabla de contenido


La característica que distingue a un cristiano de una persona de otras confesiones religiosas, es el amor verdadero. Este consiste en sentirse profundamente amado por Dios y amarle a Él sobre todas las cosas. De esta concepción de la vida se desprenden otras características como el perdón, la esperanza, la fe, la verdad, etc. San Francisco de Asís, en su «Plegaria simple», nos ayuda a reflexionar sobre la gran riqueza que tenemos quienes creemos en Dios y el aporte que podemos hacer al mundo iluminando las tinieblas con la verdadera luz de Jesucristo.

La oración de San Francisco expone los 8 aportes que puede llegar a hacer un cristiano al mundo cuando es coherente con su fe y auténtico en sus obras:


1. «Donde haya odio, ponga amor»: «Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen» (Mateo 5.44).

En medio de las guerras, de los conflictos bélicos entre países hermanos, en medio de la soledad interior, de la depresión, de los problemas económicos, el amor es la luz que disipa las tinieblas y trae la paz, la estabilidad. Pero, ¿quién puede traer el amor a mi vida? El único es Jesucristo. Sólo en él podemos amar en plenitud. Pero el cristiano que está unido a él tiene esa facultad también, de comunicar ese amor, porque “todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1 Juan 4.1). La próxima vez que percibas el odio, no olvides llevar el amor de Dios, así será Él mismo quien intervenga y disipe las tinieblas del mal.


2. «Donde haya ofensa, ponga perdón» : «Si (tu hermano) peca contra ti siete veces al día, y otras siete viene a decirte ‘Me arrepiento’, perdónalo» (Lucas 17.4).


Amigos que se engañan, parejas que son infieles, hermanos que se alejan, esposos que se divorcian, etc., todo esto se solucionaría con el perdón. El perdón necesariamente requiere comunicación, por eso Jesús se hizo carne, para de esta forma comunicarnos su amor, perdonarnos y llevarnos a la salvación. Te pregunto: ¿El perdón se ha hecho carne en ti? Si aún no has perdonado a quien te ofendió, descuida, estás a tiempo de hacerlo. Siempre es tiempo de perdonar. No olvides, primero comunicación y luego perdón, ya verás cómo las cosas en tu interior cambiarán absolutamente.

3. «Donde haya discordia, ponga armonía» «Miren cuán bueno y agradable es que los hermanos habiten juntos y en armonía» (Salmo 133.1).

La discordia es enemiga de la concordia, su mismo significado lo expresa: «separación de corazones». Es normal tener diferencia de opiniones, pero no es normal que dos corazones se distancien por problemas, a veces, sin sentido. Nuestra sociedad parece promover la división, las redes sociales mal usadas contribuyen a esto, ya que si alguien me cae mal simplemente le elimino de mis contactos, de mi vida. Un cristiano no actúa así, él pone armonía y unidad donde no la hay. El cristiano une los corazones de los hombres para hacerlos uno en Cristo. «Un solo cuerpo y un mismo espíritu» (Efesios 4.4).

4. «Donde haya error, ponga verdad» «(Dijo Jesús): Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad» (Juan 17.17).


El error nos lleva a acercarnos cada vez más a las tinieblas. Así como el odio engendra guerra, así también el error genera confusión. ¿Te sientes confundido, sin saber qué hacer? Es porque hay algo de error en tu vida. Entonces, ¿cuál es la solución? Simple: la verdad. ¿Y qué es la verdad? Esto mismo preguntó Pilato a Jesús hace 2000 años, y Jesús poco antes le había dado la respuesta: «Mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso he nacido y para eso he venido al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz» (Juan 18.37). Jesús nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14.6), si le escuchamos, si le recibimos, tendremos la verdad. Caso contrario, como sucede mucho, nos quedaremos sumidos en el error y en las tribulaciones que nos acechan.

5. «Donde haya duda, ponga fe» «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Hebreos 11.1).

Con la relatividad parece todo el mundo dudar de incluso las cosas más básicas. Vivimos sumidos en interrogantes que parecen no encontrar respuesta ni en la ciencia ni en la experiencia. Entonces, ¿has pensado en ponerle un poquito de fe a tu vida? La fe, si bien es cierto es un Don de Dios que concede a quien quiere, pero podemos pedirla todos. Lo típico: “es que yo me basto a mí mismo, no necesito de la fe” ¡Groso error! ¿Qué tienes tú que te hace prescindir de los demás, de Dios? ¡Mucho ego y poca humildad! El que es humilde sabe que no se basta a sí mismo, que necesita de los demás y de Dios. Darse cuenta de esto puede ser el inicio de un camino de fe que te llevará a disipar toda duda en tu vida.

6. «Donde haya desesperación, ponga esperanza» «Yo espero en el Señor con toda mi alma, confío en su palabra» (Salmo 130.5).

Depresión, adicciones, crisis, problemas familiares, morales, sociales, económicos, para todo esto siempre se acude al psicólogo, a la ciencia. ¿Y Dios? ¿Puede Dios ayudarme a sanar mi alma, a cambiar? ¡Claro que sí! Para esto está la virtud teologal de la esperanza que poco recordamos y pedimos los católicos. Esta virtud nos hace confiar en Dios a pesar de las tribulaciones y dificultades de la vida. Podrán venir miles de conflictos, pero con el escudo de la esperanza nada de ello podrá quitarme la confianza en Dios.

7. «Donde haya tinieblas, ponga luz» «Ustedes son la luz del mundo… brille su luz delante de los hombres, para que al ver sus buenas obras, den Gloria a Dios que está en el cielo» (Mateo 5:14.16).

La imagen de la tiniebla evoca oscuridad, desolación, tristeza y miedo. En cambio la imagen de la luz nos llena de vida, nos ayuda a ver bien y a distinguir objetos y colores a nuestro alrededor. ¿Qué pasaría si vivieras siempre en oscuridad? No podrías hacer nada. ¡Necesitas de la luz! Así mismo nosotros, todos, necesitamos de Dios que es la verdadera luz. Quien tiene a Dios en su alma es capaz de llevar la luz al mundo sumido en la oscuridad del placer al extremo, en la oscuridad del egoísmo, en la oscuridad de la avaricia, etc. Esa luz de Cristo sin duda que es necesaria hoy en día, no podemos permitir que se apague la llama que hay en nosotros.

8. «Donde haya tristeza, ponga alegría» «Estén alegres, les repito, estén alegres» (Filipenses 4.4).

La tristeza no es ni buena ni mala en sí, dependiendo de la situación puede ayudarnos o desalentarnos. El exceso de tristeza jamás es bueno. Un corazón que está enamorado de Jesús, de su Palabra, de su Misión, no tiene por qué vivir en la tristeza. San Pablo se daba cuenta de esto y exhortaba a los filipenses a que siempre estuvieran alegres en el Señor, porque él es nuestra alegría total. El enamorado jamás está triste, solo cuando su enamorado o enamorada se aleja; caso similar pasa con los cristianos, siempre estaremos alegres mientras vivamos enamorados de Dios, y además tenemos todas las de ganar, ya que Jesús jamás se va de nuestra vida.

Estos son algunos de los aportes que podemos hacer a la sociedad. Los cristianos tenemos un gran tesoro en la vasija de barro de nuestro corazón, basta tomarnos un poco de tiempo para encontrar lo bello que Dios ha sembrado dentro de nosotros.

Amor, perdón, armonía, verdad, fe, esperanza, luz y alegría son cualidades que San Francisco de Asís hace ocho siglos atrás ya había experimentado en su vida. Pidamos al Señor que nos de estos ocho dones para que seamos lo que Dios quiere de nosotros: auténticos y verdaderos discípulos enamorados de su Persona, de su Palabra y de su Misión.

Escrito por H. Edgar Henríquez Carrasco, LC.

 

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