miércoles, 1 de junio de 2016

Buenos días, 1 de junio de 2016. Nuestra Señora de la Luz. Patrona de las chispas

Cuanto más hacemos,
más podemos hacer
William Hazlitt.
 

VIDEO

 
El profesor Kim John Payne, máster en Comunicación, ofrece algunas pautas para ayudar a identificar los elementos que hacen que los niños estén más estresados y, por ende, se vea afectado su crecimiento integral.
 
¡Fórmulas básicas que están al alcance de todos!
 


SANTORAL

Justino,
mártir (c. a. 100-c. a. 166)
 
Nuestra Señora de la Luz
(Patrona de los empleados del gas y de la electricidad).
 
 
Justino, Simeón, Esteban, Benito, Juvencio, Felino, Gratiniano, Tespesio, Firmo, Crescenciano, Próculo, Esquirión, Pánfilo, mártires; Gerardo, Conrado, Gaudencio, Reveriano, obispos; Floro, Cándida, Claudio, Zenón, Fortunato, confesores; Iñigo, Caprasio, abades; Juan, soldado; Simeón, Bernardo, monjes.
 

 
REFLEXIÓN:

La tierra de Zaad
 
Camino a Zaad un viajero encontró a un hombre que vivía en una villa vecina; y el viajero, apuntando con su mano hacia una vasta extensión de tierra, preguntó al hombre diciendo:
 
-¿No fue éste el campo de batalla donde el rey Ahlam venció a sus enemigos?
 
-Nunca ha sido un campo de batalla -respondió el hombre-. Una vez existió sobre esta tierra la gran ciudad de Zaad, incendiada hasta quedar en cenizas. Pero ahora es tierra buena, ¿no es así?
 
Y el viajero y el hombre se separaron.
 
Casi media milla más lejos el viajero encontró a otro hombre y, señalando hacia el campo otra vez, dijo:
 
-¿Así que allí es donde la gran ciudad de Zaad se estableció una vez?
 
-Jamás existió ciudad alguna en este lugar -respondió el hombre-. Pero sí hubo un monasterio que fue destruido por la gente del País del Sur.
 
Un rato más tarde, en la misma ruta a Zaad, el viajero encontró a un tercer hombre, y apuntando otra vez hacia la tierra, dijo:
 
-¿Es verdad que ese es el lugar donde una vez hubo un gran monasterio?
 
-Nunca existió un monasterio en los alrededores -respondió el hombre-, pero según nuestros padres y antepasados, una vez cayó un gran meteoro sobre el campo.
 
El viajero continuó su camino, admirándose en su corazón. Y encontró a un hombre muy anciano y, saludándolo, le dijo:
 
-Señor, caminando esta ruta encontré a tres hombres que habitan el vecindario y les pregunté a cada uno la historia de esta tierra, y cada uno negó lo que el otro había contestado, y a su vez cada uno me contaba una nueva historia que el otro ni había mencionado.
 
-Amigo mío -respondió el anciano elevando la cabeza-, cada uno y los tres te contestó lo que en realidad fue; pero muy pocos de nosotros estamos capacitados para agregar afirmaciones a otras afirmaciones diferentes y construir una verdad de ahí en más.
Gibrán Jalil Gibrán
 
 
 
ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco
 
Pedro le pregunta: «Está bien, ¿y nosotros? Nosotros hemos dejado todo por Ti. ¿Cuál será el salario? ¿Cómo será el premio?». La respuesta de Jesús, tal vez, es un poco irónica: pero sí, «también tú y todos vosotros que habéis dejado casa, hermanos, hermanas, madre, hijo, campos, tendréis el ciento por uno de esto». Sin embargo, les advierte que deberán afrontar la persecución, descrita como el salario o mejor la paga del discípulo.
 
A quien le sigue, Jesús asegura la pertenencia a la familia de los cristianos y recuerda que somos todos hermanos. Pero advierte también que habrá persecuciones, dificultades. Vuelve sobre el mismo tema: quien me sigue, debe seguir el mismo camino que hice yo. Un camino que conduce a abajarse y que termina en la cruz. Siempre habrá dificultades que vienen del mundo y las persecuciones, porque Él siguió este camino primero. Cuando un cristiano no tiene dificultades en la vida y todo va bien, todo es bello, algo no funciona. Da que pensar que haya cedido a la tentación de seguir el espíritu del mundo antes que a Jesús.
 
Seguir a Jesús significa seguirle hasta las últimas consecuencias. El seguimiento de Cristo no puede permanecer sólo en una expresión cultural. Mucho menos puede ser un modo para adquirir más poder.
 
Algunos sacerdotes, algunos obispos, no son muchos, pero algunos piensan que seguir a Jesús es hacer carrera. Pero muchos cristianos, tentados por el espíritu del mundo, piensan que seguir a Jesús es una cosa buena porque «así se puede hacer carrera, se puede ir más allá. Sin embargo ese no es el espíritu. Es más bien la actitud de Pedro, que pregunta: «Y nosotros, ¿qué carrera hacemos?». La respuesta de Jesús, en cambio, es: «Sí, te daré todo, con la persecución».
 
No es posible quitar la cruz del camino de Jesús, está siempre. Ciertamente el cristiano no debe provocarse el mal. «No es eso». El cristiano sigue a Jesús por amor, y cuando se sigue a Jesús con amor, la envidia del diablo hace muchas cosas. El espíritu del mundo no tolera esto, no tolera el testimonio.
 
De aquí la invitación a pensar en la respuesta de Jesús: «Nadie que haya dejado casa o hermanos, hermanas o madre o padre o hijos o campos por causa mía o por causa del Evangelio, que no reciba ya ahora, en este mundo, cien veces más, en casas, hermanos... junto a las persecuciones. No lo olvidemos.
 
Seguir a Jesús con amor paso a paso: éste es el seguimiento de Cristo. Pero el espíritu del mundo seguirá sin tolerarlo y hará sufrir a los cristianos. Se trata, sin embargo, de un sufrimiento como el que soportó Jesús. Pidamos esta gracia: seguir a Jesús por el camino que Él nos mostró, que Él nos enseñó. Esto es hermoso: Él no nos deja nunca solos, nunca. Está siempre con nosotros.(Homilía en Santa Marta, 29 de mayo de 2013)
 
Diálogo con Jesús
 
Jesús, Señor de mi vida, Tú siempre me dices que buscar el Reino del Padre exige una entrega total del corazón y una plena confianza en su voluntad.
 
Tus Apóstoles lo dejaron todo para seguirte, casa, familia, bienes, trabajo; esto hace que me cuestione: ¿qué he dejado yo?
 
Pienso que es poco lo que hago por Ti, lo que he dejado por seguir y vivir tu Palabra.
 
No puedo servirte como me lo pides si sigo aferrado a lo material, a lo poco que tengo.
 
No quiero vivir egoístamente mi vida poniendo mi esperanza en las riquezas, en lo que voy a obtener para mi propio beneficio.
 
Seguirte fielmente no implica que no tendré problemas o dificultades en mi caminar, más bien, deberé prepararme para las persecuciones, pero sé que puedo encontrar en Ti la fuerza y el ánimo necesario para salir adelante. ¡Tú has vencido al mundo! Envía sobre mí tu Espíritu Santo para saber discernir lo que es correcto para mi vida y no apegarme a los bienes de este mundo, para así, sólo centrar mi atención en Ti, estar unido a Ti, servirte, adorarte y amarte, todo lo demás me vendrá por añadidura. Amén
 
Propósito para hoy:
 
Revisar mi actitud interior para descubrir si me intereso realmente por las personas, o sólo me importa más quedar bien con ellos y que las cosas salgan bien
 
Reflexionemos juntos esta frase:
 
"Aprendamos a decir “gracias” a Dios, a los demás. Lo enseñamos a los niños, pero luego lo olvidamos". (Papa Francisco)
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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7 frases que no debes decir a los niños

Lee con atención y piénsalo dos veces antes de decir frases como estas

Tabla de contenido

  1. 1. “Nunca haces nada bien” 
  2. 2. “Me gustaría que te parecieras más a tu hermano” 
  3. 3. “Eres gordo/feo/burro” 
  4. 4. “Me avergüenzo de ti” 
  5. 5. “Quisiera que nunca hubieras nacido” 
  6. 6. “Ya me he cansado, ya no te quiero” 
  7. 7. “No llores, no es nada serio” 


La rabia, el cansancio y la frustración que vienen con los problemas cotidianos pueden exasperarnos y hacernos decir cosas que realmente no sentimos. Estas son algunas de las peores combinaciones de palabras que podemos decir a un hijo, independientemente de su edad, pero especialmente a los niños pequeños. Los efectos de esas palabras pueden ir más allá de lo que crees y de lo que tu y tus hijos pueden controlar.

1. “Nunca haces nada bien”

A nadie le gustaría oír eso, menos aún de un adulto. Imagina la sensación desagradable cuando tu hija inocente te oye decir palabras como esas. Si tu hija cometió un error, rompió algo… respira hondo y piensa en qué es más importante. La respuesta siempre será la misma: tus hijos son más importantes que cualquier otra cosa.

2. “Me gustaría que te parecieras más a tu hermano”

No ganamos nada comparando a nuestros hijos, pero podemos crear resentimientos entre los miembros de la familia. Asegúrate de las comparaciones no existen en tu casa. Somos todos diferentes y únicos, y somos todos especiales a nuestra manera.

3. “Eres gordo/feo/burro”

Nuestros hijos creen en todo lo que decimos. Somos su fuente más fiable de información y también la mayor fuente de amor. No perjudiques la autoestima de tus hijos con adjetivos negativos. Es mejor reconocer sus puntos fuertes en vez de enfatizar lo negativo.

4. “Me avergüenzo de ti”

Si tu hijo tiene tendencia a llamar la atención en público, como gritar, jugar, correr y cantar para que todos le oigan, quizás sólo necesites más atención. No digas cosas como esa al frente de tus amigos y ni en particular. ¿Por qué no planear un espectáculo en casa donde él sea la estrella principal? Tal vez descubras su lado artístico al hacer eso y divertirse en familia.

5. “Quisiera que nunca hubieras nacido”

No logro pensar en algo peor que alguien pudiera decir a un niño. Nunca, en ninguna circunstancia, digas eso a tus hijos, ni siquiera de broma. Todos necesitamos saber que somos deseados y queridos, independientemente de los errores que cometemos.

6. “Ya me he cansado, ya no te quiero”

A veces, sin darnos cuenta, caemos en los juegos de palabras de nuestros hijos. Tu hija de tres años está frustrada porque no puede comer otro helado. Después de explicarle varias veces porque no, ella se enfada, llora y dice que no te quiere. La respuesta más fácil sería pagar con la misma moneda, pero eso solo le hace daño. La reacción correcta sería explicar nuevamente porque no puede comer más helado y recuérdale que siempre la vas a querer, aunque se enfade contigo. Ella aprenderá mucho más de lo que imaginas con esta lección.

7. “No llores, no es nada serio”

¿Cómo de grandes pueden ser los problemas de los niños? Son sólo niños, no tienen preocupaciones, tristezas, decepciones ni miedos.” Este es un error que como adultos cometemos con mucha frecuencia. Los niños tienen la misma o más capacidad emocional cuanto un adulto. La diferencia es que ellos no pueden expresarse y calmarse a sí mismos como nosotros. Entonces, de alguna forma, ¿sus problemas no serán aún mayores? Nunca menosprecies un miedo, un arañazo, una duda, un conflicto por el que tu pequeño está pasando. Ayúdale a superar el problema y a reaccionar de forma sana.

Con pequeños ajustes y siempre considerando los sentimientos y bienestar de nuestros hijos, podemos evitar estas frases tan perjudiciales y tener una relación de amor, protección y bienestar en el hogar.

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