martes, 31 de mayo de 2016

Buenos días, 31 de mayo de 2016. Visitación de Nuestra Señora. Santa Petronila



Tus planes, tus proyectos, tus sueños
tienes que ser siempre más grandes que tú, para que Dios tenga espacio para actuar.

Madre Angélica fundadora de EWTN


VIDEO


Los compositores Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez lo hicieron:
Él es un poco fixer upper (arregla todo), pero de lo que estamos seguros es que con un poco de amor se puede reparar a este arregla todo.
De la película de Frozen, esta sabiduría musical nos recuerda que cada uno es un fixer upper.


SANTORAL

Petronila, hija de san Pedro (s. I)
 La Visitación de la Virgen María;
Cancio, Canciano, Cancianila, Crescenciano, Hermias, mártires; Pascasio, Gertrudis, Vidal, Gala, Alejandro, confesores; Silvio, Lupicino, obispos; Teodoro, monje.



REFLEXIÓN:


Serás un triunfador

El verdadero reto de nuestra vida está en aceptar nuestros errores y no perder la calma para lograr ser dueños de nosotros mismos.
Cuando el egoísmo no limite tu capacidad de amar.
Cuando confíes en ti mismo aunque todos duden de ti y dejes de preocuparte por el qué dirán.
Cuando tus acciones sean tan concisas en duración como largas en resultados.
Cuando puedas renunciar a la rutina sin que ello altere el metabolismo de tu vida.
Cuando sepas distinguir una sonrisa de una burla, y prefieras la eterna lucha que la compra de la falsa victoria.
Cuando actúes por convicción y no por adulación.
Cuando puedas ser pobre sin perder tu riqueza y rico sin perder tu humildad.
Cuando sepas perdonar tan fácilmente como ahora te disculpas.
Cuando puedas caminar junto al pobre sin olvidar que es un hombre, y junto al rico sin pensar que es un dios.
Cuando sepas enfrentar tus errores tan fácil y positivamente como tus aciertos.
Cuando halles satisfacción compartiendo tu riqueza.
Cuando sepas obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras, y tu ausencia a quien no te aprecia.
Cuando ya no debas sufrir por conocer la felicidad y no seas capaz de cambiar tus sentimientos o tus metas por el placer.
Cuando no trates de hallar las respuestas en las cosas que te rodean, sino en Dios y en tu propia persona.
Cuando aceptes los errores, cuando no pierdas la calma, entonces y sólo entonces, Serás… ¡UN TRIUNFADOR


ORACIÓN:

Tus planes, tus proyectos, tus sueños
tienes que ser siempre más grandes que tú, para que Dios tenga espacio para actuarTus planes, tus proyectos, tus sueños
tienes que ser siempre más grandes que tú, para que Dios tenga espacio para actuar
Quédate, Señor, conmigo, porque te necesito ver presente para no olvidarte, pues ya sabes con cuanta frecuencia te abandono.
Quédate, Señor, conmigo, porque soy muy débil y necesito de tus alientos y de tu fortaleza para no caer tantas veces.
Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi vida y sin Ti con frecuencia decaigo en el fervor.
Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi luz y sin Ti estoy en tinieblas.
Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga.
Quédate, Señor, conmigo, para demostrarme todas tus voluntades.
Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y vivir siempre en tu compañía.
Quédate, Señor, conmigo, porque todo mi ser te está consagrado y Tú me perteneces.
Quédate, Señor, conmigo, y haz de mi corazón una celda de amor de la cual nunca te alejes.
Quédate, Señor, conmigo, si quieres que te sea fiel.
Quédate, Señor, conmigo, porque aunque mi alma es muy pobre, deseo que sea para Ti un lugar de consuelo, un huerto cerrado, un nido de amor.
Quédate, Señor, conmigo, y haz que tu amor me inflame tanto que me consuman sus amorosas llamas.
Quédate, Señor, conmigo, porque se hace tarde y declinan las sombras, es decir, se pasa la vida, se acerca la cuenta, la eternidad, y es preciso que redoble mis días, mis esfuerzos, que no me detenga en el camino y por eso te necesito. Se hace tarde y se viene la noche, me amenazan las tinieblas, las obscuridades, las tentaciones, las sequedades, penas, cruces, etc., y Tú me eres preciso, Jesús mío, para alentarme en esta noche de destierro, ¡Cuánta necesidad tengo de Ti!
Quédate, Señor, conmigo, porque en esta noche de la vida y de los peligros, deseo ver tu claridad, muéstrateme y haz que te conozca como tus discípulos en el partir del pan, es decir, que la unión Eucarística sea la luz que aclare mis tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única dicha que embriague mi corazón.
Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte, quiero estar junto a Ti y si no realmente por medio de la Sagrada Comunión al menos quiero tener mi alma unida a Ti por la gracia y por un abrasado amor.
Quédate, Señor, conmigo, no te pido sentir tu adorable presencia y tus regalos divinos que no los merezco, pero tu residencia en mi por la gracia ¡oh, sí que te la pido!
Quédate, Señor, conmigo, pues a Ti sólo te busco, tu amor, tu intimidad, tu Corazón, tu espíritu y tu gracia. Te busco por Ti mismo porque te amo; y no te pido más recompensa que amarte con solidez, prácticamente, amarte únicamente, amarte cuanto puedo, amarte con todo mi corazón en la tierra para seguir amándote con perfección por toda la eternidad.

ORACIÓN

¡Oh Cristo Jesús! os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido criado por Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.
Renuevo mis promesas del bautismo renunciando a Satanás, sus pompas y obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo ha hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.
¡Divino Corazón de Jesús! os ofrezco mis pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza y que, así, el reinado de vuestra paz se restablezca en el universo entero. Así sea.



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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Qué puede enseñar la advocación Santa María ama de casa a los maridos perezosos?



¿Sabías que existe una advocación mariana especial para las amas de casa? ¡Pues la hay!

Miremos – y tomemos como ejemplo – a María que, como Madre de Dios, hizo del hogar de Nazaret eso: un hogar. Y si no solo que la miremos como ejemplo las mujeres, sino también los esposos que quieren hacer familia. 

Tabla de contenido

  1. 1. A recobrar el sentido de hacer familia 
  2. 2. A valorar y dignificar el trabajo de la mujer 
  3. 3. A ser serviciales (¡porque lo son bien poco!) 
  4. 4. A llevar con paz una tarea titánica 
  5. 5. A pedir consejo 


1. A recobrar el sentido de hacer familia

Primero quiero recordar que el trabajo –profesional o el del hogar– no es un fin en sí mismo. Por tanto, es necesario poner amor en cada actividad que se desempeña, para que las tareas del hogar se conviertan en un servicio a la familia. Suena tan obvio, pero es una verdad tan nublada, tan olvidada… ¡y es imprescindible! Porque, si no se lo tiene en cuenta, es fácil dejarse abrumar por el cansancio, el desgano, el rechazo al sacrificio.

Pasa que en la actualidad se ha perdido en gran medida el sentido de familia. Como consecuencia, también los hogares se ven lastimados. Refrescando la mirada, redescubriendo el significado del don de sí, de la entrega, de la fidelidad en los detalles, de la plenitud del amor, la educación en virtudes y el crecimiento y desarrollo de las familias como Iglesia doméstica que son, también cambia la óptica con la que vemos el trabajo del hogar y entendemos lo valioso que es.
«El corazón es tan voraz como el estómago; cuando no se le da un verdadero amor se llena de cualquier cosa» (Francisco Fernández Carvajal, La tibieza).

2. A valorar y dignificar el trabajo de la mujer

Hoy, mientras se busca ensalzar el rol de la mujer en la sociedad, generalmente se citan como ejemplos a las que ocupan cargos de alta gerencia o directivos. No digo que sea un error, porque si la vocación de una la lleva a esos puestos y los desempeña cara a Dios, puede hacerlos muy bien y hacerse muy santa. Pero, me pregunto, mientras se analiza el papel que desempeña la mujer bajo un criterio así … ¿qué importancia se da a las que han decidido ser amas de casa?
¿Son menos las que han decidido quedarse en sus hogares? ¿Se valoran poco, por dejar de lado otras aspiraciones nobles? Nada más falso. No importa la tarea que se realice, sino el amor con el que se lleve a cabo. De esta manera, no hay trabajos más importantes; lo importante es si lo que se hace nos ayuda a amar mejor a Dios y a los demás, es decir, si nos acerca a la santidad.  Por tanto… ¡hay que valorar más las tareas del hogar!

Volvamos de nuevo la mirada a la Santísima Virgen, a la cual la revista National Geographic el año pasado llamó «la mujer más poderosa». No lo hizo porque ella ostentara un aparatoso curriculum profesional, pero sin ser durectiva de ninguna corporación y cuidando de la casita de Nazaret, se cumplió lo que preveía cuando recitó el Magníficat: «me llamarán bienaventurada todas las generaciones».

3. A ser serviciales (¡porque lo son bien poco!)


Cuando el ángel transmitió su embajada a la Santísima Virgen, sin tiempo para asimilar esa gran noticia, «salió corriendo» hacia la casa de su prima. ¡Qué gesto más maternal! De la misma manera, podemos verla atendiendo las necesidades de los novios en Caná, como ama de casa atenta y como madre que se preocupa del bienestar de todos.

Pero aunque tenemos la gracia de toparnos con ejemplos como estos, podemos contemplar en la oración los múltiples detalles de la vida de María, que no encontraremos en los Evangelios, que han permanecido en silencio, ocultos, pero que podemos vislumbrar (¡porque es lógico que así haya ocurrido!). Por ejemplo, preparando las comidas para el Niño Jesús y San José, manteniendo arreglado y bien dispuesto cada rincón de la casa de Nazaret, buscando agua del pozo, remendando túnicas…

Muchas veces el día a día de las amas de casa tienen lugar de la misma manera: pasan ocultos. Quizás llegan los hijos, acostumbrados a que la comida esté sobre la mesa, o el marido no se sorprende de encontrar una camisa planchada. En estos casos, cuando los deberes son tantos y el reconocimiento escaso, se puede acudir a Ella y preguntarle «¿cómo lo hiciste…?». Y procurar imitarla. Sobre todo su sonrisa, que seguro era imborrable mientras desarrollaba estos quehaceres.

«María debe ser la fuente de nuestra alegría; ella, que fue la maestra en el servicio gozoso a los demás. La alegría era su fuerza, ya que sólo la alegría de saber que tenía a Jesús en su seno podía hacerla ir a las montañas para hacer el trabajo de una sierva en casa de su prima Isabel» (Madre Teresa).

4. A llevar con paz una tarea titánica


Puedo ver a muchas madres de familia llevar con entereza y serenidad una labor que parecería desesperante. ¿Nunca se desesperan? Tampoco es eso, pues, aunque se ponga amor en lo que uno hace, eso no quita lo que algunas veces puede doler; uno puede aceptar e identificarse con lo que entiende que es bueno, con lo que ve que es lo mejor, con lo que sabe que es Voluntad de Dios, y aun así tener que beberse las lágrimas. Las madres han sabido hacerlo. La mismísima Madre de Dios lo hizo: «una espada atravesará tu corazón», profetizó a la Santísima Virgen el anciano Simeón. Y ocurrió, mientras observaba a su Hijo, solo, desnudo, abandonado por sus amigos, sufriente en la más humillante muerte. Pero no desesperó, sino que se unió a la Voluntad de Dios y siguió acompañando de cerca a Jesús, junto a la cruz.

¿Cuántas madres no hacen lo mismo? Conozco casos heroicos, donde uno parece ya no ver salida y la respuesta humana más lógica es perder la paz. Para estos casos, mi mamá una vez me dijo algo similar a que Dios no nos pide más de lo que podemos darle. Esta confianza, ¿de dónde viene?

Si se permanece cerca de Dios, como Santa María que estuvo junto a Jesús, al pie de la Cruz, si se procura mantener el corazón limpio– limpio de desalientos, de incredulidades, de afanes desordenados–, como hizo Ella, que lo tenía repleto de un verdadero Amor, se repetirán las palabras que dijo San Pablo a los filipenses:

«regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos; sino sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

5. A pedir consejo

Cuando se es madre o padre primerizo ¡cuántas veces llamamos a nuestra mamá! cada cinco minutos para preguntar qué hacer, cómo, a qué hora, cada cuánto… hasta que se equivoca, aprende y gana experiencia. De la misma manera, hay que ver en María una gran aliada. ¡También es Madre de ellas, también sacó adelante un hogar! Además, si los consejos de las madres son buenos… ¡qué consejo y qué ayuda, los que nos da nuestra Madre del Cielo! Por lo tanto, nuestra Madre del Cielo es ayuda no solo para las madres, sino para todos los miembros de la familia que quieren hacer de ella, un hogar lleno de amor.

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