miércoles, 25 de mayo de 2016

Buenos días, 25 de mayo de 2016

Vive tu vida de tal forma que no tengas tiempo para quejarte y serás feliz.

 
 
VIDEO
 

 
SANTORAL

Beda el Venerable,
presbítero y doctor de la Iglesia (673-735)
 
Gregorio VII, Urbano, Bonifacio IV, papas; María Magdalena de Pazzi, virgen; Magdalena Sofía Barat, fundadora; Lesmes, Genadio, Zenobio, obispos; Valencio, Máximo, Valentín, Pasicrates, mártires; Cristóbal Magallanes Jara y Agustín Caloca Cortés, sacerdotes y mártires; Emma, Aldelmo, abades; Dionisio, confesor; Vicenta María Álvarez de Vicuña, fundadora de las Hijas de María Inmaculada.
 


 
REFLEXIÓN:

El collar de perlas
 
Teresa era una niña de cinco años de ojos relucientes. Un día mientras ella con su mamá visitaban la tienda, Teresa vio un collar de perlas de plástico que costaba 2.50 euros. ¡Cuánto deseaba poseerlo! Preguntó a su mamá si se lo compraría, y su mamá le dijo: Hagamos un trato, yo te compraré el collar y cuando lleguemos a casa haremos una lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar, ¿está bien? Teresa estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas.
 
Teresa trabajó con tesón todos los días para cumplir con sus tareas. En poco tiempo Teresa canceló su deuda. ¡Teresa amaba sus perlas! Ella las llevaba puestas a todas partes: al colegio, a la cama, y cuando salía con su mamá.
 
Teresa tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Teresa iba a su cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento preferido.
 
Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo:
 
"Teresa, ¿tú me quieres?", "¡OH!, sí papá".
"Entonces, regálame tus perlas," le pidió él.
"¡OH, papá! No mis perlas," dijo Teresa.
"Pero te doy a Rosita, mi muñeca favorita. ¿La recuerdas?, tú me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños. Y te doy su ajuar también, ¿está bien, papá?",
 
"¡OH!, no hijita, está bien, no importa", dándole un beso en la mejilla. "Buenas noches, pequeña".
 
Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario cuento:
 
"Teresa, ¿tú me quieres?", "¡OH, sí papá, ¡tú sabes que te quiero!", le dijo ella.
 
"Entonces regálame tus perlas".
 
"¡OH, papá! No mis perlas; pero te doy a Lazos, mi caballo de juguete. Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes jugar con él y hacerle trencitas".
 
"¡OH!, no hijita, está bien," le dijo su papá en la mejilla, "Felices sueños."
 
Algunos días después, cuando el papá de Teresa entró a su dormitorio para leerle un cuento, Teresa estaba sentada en su cama y le temblaban los labios.
 
"Toma papá" dijo, y estiró su mano.
 
La abrió y en su interior estaba su tan querido collar, el cual entregó a su padre. Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había unas hermosas perlas genuinas. Él las había tenido todo este tiempo, esperando que Teresa renunciara a la baratija para poder darle la pieza de valor.
 
Y así es también Dios con nosotros. Él está esperando que renunciemos a las cosas sin valor en nuestras vidas para darnos preciosos tesoros. ¿No es bueno el Señor? Esto me hace pensar las cosas a las cuales me aferro y me pregunto: ¿qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar?
 
Y a ti... ¿QUÉ TE DICE el Señor?:
 
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando  hagáis oración no habléis mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imitéis, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. . Del Evangelio Según San Mateo 6, 7-8
 
 
 
ORACIÓN:

La misericordia de María
 
 
 
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, siempre sale a nuestro encuentro. Ella como Dios siempre da el primer paso y nos tiende su mano de ternura. Esta reflexión salió a mi encuentro –y lo digo con toda humildad– por inspiración del Espíritu que por medio de la Virgen María encendió mi corazón. Tenía que dar una meditación el sábado santo previo a la Vigilia Pascual de Resurrección sobre María y la Misericordia. Y se me ocurrió desmenuzar la Salve y esto es lo que les quiero compartir.
 
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia

María es la madre que nos lleva a la reconciliación y a la misericordia. Ella siempre sale a nuestro encuentro. En la Anunciación-Encarnación María se convierte en Madre de la Misericordia cuando acoge a Dios que se hace hombre. Ella es capaz de aceptar el gran misterio que se presenta ante su corazón. Ya sabemos que misericordia significa volver el corazón hacia la miseria y María comprende que Jesús será el reconciliador de la miseria humana.
 
El mundo de hoy es inmisericorde en muchos sentidos. María ofrece su vientre para recibir el caudal infinito de misericordia que el mundo clama. El lugar más sagrado de la humanidad es el vientre de la mujer. Sin embargo hoy lastimosamente se ha convertido en el lugar más peligroso de todos.
 
En la cruz María asume nuevas actitudes de misericordia: acompaña al Hijo al pie de la cruz. Ella vive el sacrificio del corazón porque Ella tiene crucificada su vida con la de su Hijo. En la cruz la Madre de la misericordia hace explícita su maternidad espiritual por cada uno de nosotros. Para acoger y vivir la misericordia entre nosotros hay que invitar a María a nuestra propia casa para que broten de nuestro interior caudales de misericordia y amor a las personas. La acogida a María del apóstol Juan en su casa no se refiere sólo a sus cuatro paredes sino sobre todo a su corazón.
 
Vida, dulzura y esperanza nuestra
 
La fe en el Señor Jesús es ante todo vida. Vida en el Espíritu de Jesús. Una fe hecha vida porque nos hemos encontrado con una Persona que se hizo carne en el seno de María y que resucitó. Si no hacemos vida la fe, nuestra fe estará muerta, será mera religión normativa o moralista.
 
Y no hay nada más vivo que una madre embarazada, una mujer que lleva la vida en su seno, que está cuidando a su hijo, que está cuidando la vida. Por eso es una experiencia tremendamente vivencial en nuestra fe contemplar a María embarazada. La Virgen Santísima por la fe nos toca, nos acaricia y por eso nos transmite vida. La fe en Ella es real, es existencia auténtica, no es ritual ni algo meramente devocional. Ella es vida, no es estatua, no es imagen, no es yeso frío, es VIDA. Ella Madre viva y dulce que porta la mayor esperanza para nosotros. En ese toque mano a mano con la Virgen María Ella me transmite su inmensa dulzura.
 
No hay nada más dulce que el calor de una madre. Cada vez que desde niño suspiraba cuando me dolía o necesitaba algo recibía de mi madre un aliento de vida dulce y esperanzador. Recibía el mayor consuelo, el consuelo maternal que es aliento de vida. Cuando caemos en pecado –como el hijo pródigo– estamos muertos pero por la misericordia de Dios volvemos a la vida y ese camino lo recorremos de la mano de María quien silenciosamente nos lleva el encuentro con Jesús. Por eso en muchas advocaciones marianas la Virgen tiene la mano extendida. Ella quiere que nos aferremos a su mano. No la dejemos con la mano extendida. En ese toque mano a mano Ella nos transmite dulzura.
 
Cambiemos nuestra aproximación a la fe, de meramente ritual y solo devocional, a una fe existencial y real, que la pueda palpar y realizar en nuestra vida cotidiana. Ella es vida, la Madre de nuestra vida espiritual. Cuando nos hemos caído, o nos hemos equivocado o hemos recibido un golpe o varios en la vida, busquemos la dulzura de la Madre. Ella es todo lo contrario al regaño. Solamente hay esperanza cuando hay necesidad, cuando nos falta algo. Sin misericordia no hay esperanza. Y el pecador siempre necesita perdón y misericordia. Cuando caemos en pecado mortal (que significa estar muerto a la vida del Espíritu) nuestra única esperanza es la misericordia. La Virgen Madre nos consuela, nos da esperanza, nos anima y alienta a salir de la muerte y regresar al Señor de la Vida.
 
Dios te salve, a Ti clamamos los desterrados hijos de Eva
 
Somos hijos de Eva y por ello tenemos la huella del pecado original. Algunos dirán que la oración de la Salve es demasiado dramática. ¿Cuándo uno clama a alguien? El clamor es un grito, es una súplica. A veces caemos en la desesperación. Somos hijos de Eva, llevamos la herida del pecado, del sufrimiento, del dolor y la ruptura. Nuestra condición es la de ser pecadores perdonados.
 
Estamos desterrados, sí, pero con la posibilidad de que nuestra Madre nos lleve de la mano. A veces como niños no sabemos necesariamente a donde nos llevan, pero confiamos totalmente en nuestra madre. Ella sí lo sabe y es lo mejor para nosotros.

A ti suplicamos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas
 
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5,4). Porque hallarán consuelo de las heridas llevadas con la cruz a cuestas del día a día. Nuestra vida es una mezcla de alegrías y dolores. A veces incluso hemos recibido golpes de muerte que nos han hecho llorar a mares física o espiritualmente. Si se llora en el Señor de la mano de María seremos bienaventurados, tendremos el consuelo.
De la herida puede nacer la vida. Para ello hay que ir al corazón de María. Ella tiene una herida permanente. De su corazón atravesado brota fuego, amor y pureza abundante. Es una herida abierta permanente de amor inacabable. Del corazón de María fluye perennemente sangre de amor. Las flores que rodean su corazón no están en el aire, ellas están trenzadas de espinas y es por eso que de la herida nace la vida.
 
Ea, pues, Señora y Abogada nuestra
 
María es intercesora, la que pide clemencia por nosotros. María fue invitada a las bodas de Caná porque tenía una amistad con los novios. Eran sus amigos. Seguramente al acabarse el vino la novia debe haber buscado o mirado a María con ojos de angustia. Si tenemos un problema o una necesidad, buscamos a nuestros amigos para que nos ayuden. Ella intercede como nuestra amiga ante la necesidad.
 
Vuelve a nosotros, esos tus ojos misericordiosos

María nos mira con unos ojos vivos y tiernos. ¿Quién puede resistir la mirada de María? Este Año de la Misericordia es una invitación a mirarnos con los ojos de Dios. Cuando nos miramos con los ojos de Dios nos miramos con amor. Él siempre nos ve con misericordia.
 
Y así como Dios Padre nos ve con misericordia, nuestra Madre del cielo nos mira con sus ojos de misericordia siempre. Esto es real no es ficción o mero cliché religioso. Es fe mariana auténtica.
 
Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre
 
María nos lleva a Jesús, nos lleva a la misericordia, nos lleva a la Eucaristía, nos lleva al confesonario y Ella nos muestra el fruto bendito de su vientre. Ella intercede, nos cura la herida, las venda con cariño. Sin embargo, lo más importante es que nos lleva a Jesús, a la misericordia.
 
En la Visitación a su prima Isabel Ella lleva el fruto bendito de su vientre. ¡Qué experiencia de misericordia debe haber sentido Isabel cuando María la visita, la cuida, la mima y la atiende! Ella nos muestra a su Hijo como lo hace con Isabel en la Visitación.

Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María
 
María no reclama a los apóstoles cuando estos traicionan a su Hijo. No les dice ¡Desaparezcan de mi vista! Todo lo contrario. María reúne a la comunidad de los apóstoles y les quita el miedo y les da la esperanza de la resurrección. Así mismo en Pentecostés los acompaña y los sostiene en medio de la oración.
 
Su clemencia dulce nos invita a despojar del corazón todo miedo a la ternura y a la misericordia que queremos brindarle al mundo.
 

Concluyo con la letra de una canción hermosa. “Sin ti ver no podría lo más profundo de mi Señor”. Lo más profundo del Señor es el amor y la misericordia. Es de la mano de María como vamos a poder conocer la intimidad de Dios, que es amor hasta el extremo por sus amigos.

----------------------------------------
ESPECIAL BUENOS DÍAS
-----------------------------------------

¿Por qué en la misa no se dice Amén al final del Padrenuestro?


Lo correcto es acabar las oraciones con el Amén,
¿por qué aquí no?

Tabla de contenido

  1. ¿Cuál es la explicación? Pues, sencillamente, no se dice “Amén” porque la oración no ha terminado aún. 
Después de concluir la Asamblea diciendo “y líbranos del mal”, en lugar de decir “Amén”, el sacerdote continúa hablando solo. La liturgia llama a esto con una palabra propia, “embolismo”: es una oración que recoge y desarrolla una oración precedente. 
  1. El sacerdote desarrolla la última petición del Padrenuestro (… y líbranos del mal), y continúa diciendo: 
líbranos Señor de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos contra toda perturbación, mientras aguardamos la gloriosa venida de nuestro salvador, Jesucristo”. 
Y el pueblo responde con una antiquísima aclamación, cuyo origen se pierde en los primeros siglos de la historia de la Iglesia: 
Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor”. 


La palabra Amén, uno de los vocablos más utilizados por los cristianos, es difícilmente traducible en su sentido más profundo (por eso se mantiene en hebreo, el idioma original) y se utiliza siempre en relación con Dios.

Pronunciar esta palabra es proclamar que se tiene por verdadero lo que se acaba de decir, con el objetivo de ratificar una proposición o unirse a ella o a una oración.

Por eso, expresado en forma grupal en el ámbito de un servicio divino u oficio religioso, también significa ‘estar de acuerdo’ con lo expresado.

La palabra Amén se utiliza siempre para concluir las oraciones. Sin embargo, la oración por excelencia, el Padrenuestro, se concluye siempre con el Amén excepto precisamente cuando se dice durante la Misa.

Hay que señalar que el Padrenuestro es la única oración de la Iglesia que está de por sí integrada en la liturgia de la Misa.

¿Cuál es la explicación? Pues, sencillamente, no se dice “Amén” porque la oración no ha terminado aún.

Después de concluir la Asamblea diciendo “y líbranos del mal”, en lugar de decir “Amén”, el sacerdote continúa hablando solo. La liturgia llama a esto con una palabra propia, “embolismo”: es una oración que recoge y desarrolla una oración precedente.

El sacerdote desarrolla la última petición del Padrenuestro (… y líbranos del mal), y continúa diciendo:

líbranos Señor de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos contra toda perturbación, mientras aguardamos la gloriosa venida de nuestro salvador, Jesucristo”.

Y el pueblo responde con una antiquísima aclamación, cuyo origen se pierde en los primeros siglos de la historia de la Iglesia:

Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor”.

Así que el Padrenuestro queda integrado totalmente en la liturgia eucarística, no como un añadido sino como parte fundamental de ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario