jueves, 19 de mayo de 2016

Buenos días, 19 de mayo de 2016. San Celestino

No puedes ir al cielo odiando a alguien.
Perdona hoy.

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SANTORAL
Pedro Celestino,
papa (1215-1296)
Celestino V, papa; Urbano I, papa y mártir; Teodoro, Dunstano, Cirilo, obispos; Pudente, Pudenciana (Potenciana), Ciriaca, vírgenes; Calócero, Partemio, Filotero, Juan de Cetina, Pedro de Dueñas, mártires; Ivo, Evonio, Bernardo, Gracia, Teófilo de Corte, Adolfo, confesores; beato Francisco Coll, fundador de las HH. Dominicas de la Anunciata.

REFLEXIÓN:
¿Qué es el amor?
Gran cosa es el amor, y bien sobremanera grande; él solo hace ligero todo lo pesado, y lleva con igualdad todo lo desigual. Pues lleva la carga sin carga, y hace dulce y sabroso todo lo amargo. El amor noble de Jesús nos anima a hacer grandes cosas, y mueve a desear siempre lo más perfecto.
El amor quiere estar en lo más alto, y no ser detenido de ninguna cosa baja. El amor quiere ser libre, y ajeno de toda afición mundana; porque no se impida su vista, ni se embarace en ocupaciones de provecho temporal, o caiga por algún daño. No hay cosa más dulce que el amor; nada más fuerte, nada más alto, nada más ancho, nada más alegre, nada más lleno, ni mejor en el cielo ni en la tierra; porque el amor nació de Dios, y no puede aquietarse con todo lo criado, sino con el mismo Dios.
El que ama, vuela, corre y se alegra, es libre y no embarazado. Todo lo da por todo; y todo lo tiene en todo; porque descansa en un Sumo bien sobre todas las cosas, del cual mana y procede todo bien. No mira a los dones, sino que se vuelve al dador sobre todos los bienes.
El amor muchas veces no guarda modo, mas se enardece sobre todo modo. El amor no siente la carga, ni hace caso de los trabajos; desea más de lo que puede: no se queja que le manden lo imposible; porque cree que todo lo puede y le conviene. Pues para todos es bueno, y muchas cosas ejecuta y pone por obra, en las cuales el que no ama, desfallece y cae.
El amor siempre vela, y durmiendo no duerme. Fatigado no se cansa; angustiado no se angustia; espantado no se espanta: sino, como viva llama y ardiente luz, sube a lo alto y se remonta con seguridad.”
Tomás Kempis, La Imitación de Cristo
ORACIÓN:

Reflexión del Papa emérito Benedicto XVI
El Señor oró por sus discípulos reunidos en torno a Él... En la plegaria por los discípulos de todos los tiempos, Él nos ha visto también a nosotros y ha rezado por nosotros. Escuchemos lo que pide para los Doce y para los que estamos aquí reunidos: «Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad» (17,17ss) El Señor pide nuestra santificación, la santificación en la verdad. Y nos envía para continuar su misma misión.
Éste es el acto sacerdotal en el que Jesús, el hombre Jesús, que es una cosa sola con el Hijo de Dios, se entrega al Padre por nosotros. Es la expresión de que Él es al mismo tiempo sacerdote y víctima. Me consagro, me sacrifico: esta palabra abismal, que nos permite asomarnos a lo íntimo del corazón de Jesucristo, debería ser una y otra vez objeto de nuestra reflexión. En ella se encierra todo el misterio de nuestra redención. Y ella contiene también el origen del sacerdocio de la Iglesia.
Consagrados en la Verdad, en la Palabra de Dios, para poder desarrollar el servicio sacerdotal
- ¿Cómo están las cosas en nuestra vida?
- ¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios?
- ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo?
- ¿La conocemos verdaderamente?
- ¿La amamos?
- ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento?¿O no es más bien nuestro pensamiento el que se amolda una y otra vez a todo lo que se dice y se hace?
- ¿Acaso no son con frecuencia las opiniones predominantes los criterios que marcan nuestros pasos?
- ¿Acaso no nos quedamos, a fin de cuentas, en la superficialidad de todo lo que frecuentemente se impone al hombre de hoy?
- ¿Nos dejamos realmente purificar en nuestro interior por la palabra de Dios?
Estar inmersos en la verdad y, así, en la santidad de Dios, también significa para nosotros aceptar el carácter exigente de la verdad; contraponerse tanto en las cosas grandes como en las pequeñas a la mentira que hay en el mundo en tantas formas diferentes; aceptar la fatiga de la verdad, porque su alegría más profunda está presente en nosotros.
Cuando hablamos del ser consagrados en la verdad, tampoco hemos de olvidar que, en Jesucristo, verdad y amor son una misma cosa. Estar inmersos en Él significa ahondar en su bondad, en el amor verdadero. El amor verdadero no cuesta poco, puede ser también muy exigente. Opone resistencia al mal, para llevar el verdadero bien al hombre. Si nos hacemos uno con Cristo, aprendemos a reconocerlo precisamente en los que sufren, en los pobres, en los pequeños de este mundo; entonces nos convertimos en personas que sirven, que reconocen a sus hermanos y hermanas, y en ellos encuentran a Él mismo. (09 de abril de 2009)
Diálogo con Jesús
Amado Jesús, quiero vivir fielmente apegado a tu verdad, a tus enseñanzas, esas enseñanzas que son una revelación de amor del Padre.
Quiero seguirte, consagrarme a Ti y a tus palabras que sanan y dan vida, recibir de ellas la fuerza y el impulso para proclamar la esperanza de vivir en el gozo de una vida plena allá en tu reino. Aunque sé que por seguirte, muchos van a odiarme, no temeré ningún mal, porque tu presencia y tu Espíritu están conmigo.
Te ruego, por tu Santo Nombre, que le pidas al Padre que me guarde todo mal, que tu Evangelio haga cuna en mi corazón y pueda dar los frutos correspondientes a toda la inmensa bondad con la que has llenado mi vida y con la que me has sacado de las cosas del mundo.
Soy un testigo de tu misericordia, un testimonio vivo de tu amor que quiere anunciarte y hacer que otros sientan la alegría de vivir en tu eterno gozo. ¡Aquí me tienes! valiente y firme, estoy en tus manos, en las manos del Padre, en la guía poderosa del Espíritu Santo que a diario, con sus inspiraciones, me llena de fortaleza y sabiduría. Confío en que soy uno contigo y en que nunca me dejas sólo. Amén
Propósito para hoy:
Hacer un examen de conciencia con honestidad, para evaluar la espontaneidad y la profundidad de mi caridad hacia los demás, especialmente con aquellos a los que, supuestamente, amo más.
Reflexionemos juntos esta frase:
"¡No perdamos nunca la esperanza! Dios nos ama siempre, incluso con nuestros errores y nuestros pecados". (Papa Francisco)
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Cómo es un buen padre? Presente y accesible dice no cuando es no y corrige y acoge a la vez

Aaron Hass es profesor de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Los Ángeles. Ha trabajado en terapia familiar durante más de dos décadas, y es padre de dos hijas. Su experiencia tanto profesional como familiar le ha llevado a recopilar una serie de ejemplos a través de los cuales da pautas para ser un buen padre y no un padre bueno.

Tabla de contenido

Diferencias entre los padres buenos y los buenos padres 
El padre bueno quiere sin pensar, el buen padre piensa para querer
El padre bueno sólo sabe decir sí. El buen padre dice que sí cuando es sí, y no cuando es no
El padre bueno hace del niño un pequeño dios que acaba en un pequeño demonio. El buen padre no hace ídolos; templa el carácter del hijo llevándolo por el camino del deber y del trabajo
El padre bueno amanteca la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades. El buen padre echa a volar la fantasía de su hijo dejándole crear un aeroplano con dos maderas viejas. 
El padre bueno llega a la vejez decepcionado y tardíamente arrepentido, mientras que el buen padre crece en años respetado, querido, y a la larga, comprendido
Exigir y respetar a los hijos 
  1. El padre llena con su presencia un hogar, igual o distinto que la madre, pero lo llena. El padre aporta sustentos físicos a los hijos, seguridad, confianza; sustentos afectivos, cariño, comprensión, perdón; sustentos intelectuales, enseñando a sus hijos y sustentos espirituales. 
  2. El padre es a la vez autoridad y acogimiento. 
  3. El padre da protección. 
Padres buenos o buenos padres ¿Qué buscan los hijos del padre? 
  1. Según Tomás Malmierca, el hijo busca en el padre, coherencia, justicia, dando desigualmente a los desiguales, sabiendo perdonar. 
  2. El padre da seguridad en el uso de las libertades, a la hora de las decisiones, sabe animar y ensalza las cosas positivas de sus hijos. 
  3. Aunque es quizás la madre la que conoce más la intimidad de los hijos, el padre también tiene que conocer los sentimientos de sus hijos. El padre es imagen de fortaleza y sabiduría. 
Palabra orientadora 
La figura paterna en la educación de los hijos 
  1. La ausencia de amor paterno tiene consecuencias muy negativas para las hijas, y estas consecuencias se muestran con especial claridad en la relación con otros miembros del género masculino. Otras consecuencias son los desórdenes en la alimentación. 
  2. La deficiencia paterna en la vida de las hijas tiene una profunda influencia social, cultural, práctica y espiritual. Las hijas no interpretan la mala relación con el padre solamente de una forma personal, sino que la ven como un rebajamiento de su feminidad. 
  3. El padre es también un referente de masculinidad hacia los hijos varones, de firmeza y de fuerza pero también, de comprensión y cariño. 
  4. El padre debe desatar los lazos que puedan “estrangular” la relación madre e hijo y, sin que se note explícitamente, tu tienes la capacidad de convertir la relación entre tu mujer y tus hijos en más independiente, ya que de lo contrario, tus hijos no alcanzarán la autonomía que le corresponde. 
Llena la vida de tus hijos de recuerdos buenos, de enseñanzas: enseñarles a jugar al fútbol, hacerles un dibujo, contarles cómo te enamoraste de su madre,háblales de la historia de tu vida y sobre todo, proponte tiempo para escucharles. Recuerda que eres guía de tus hijos, que ellos buscan tu aprobación o tu opinión sobre sus iniciativas. 


El resultado ha sido el libro El don de ser padre, donde señala cómo el padre varón puede establecer una relación abierta y cordial con los hijos a través de enseñanzas extraídas de diferentes expertos en el tema como Tomás Malmierca, educador de Fomento de Centros de Enseñanza, el pediatra francés Aldo Naour y el psicoanalista Eric H. Erikson.

“Padres buenos hay muchos, buenos padres hay pocos. No creo que haya cosa más difícil que ser un buen padre. En cambio no es difícil ser un padre bueno. Un corazón blando basta para ser un padre bueno; en cambio, la voluntad más fuerte y la cabeza más clara son todavía poco para ser un buen padre”. Así resume Aaron Hass su concepción de lo que debe ser un buen padre que ofrecemos a continuación.

Diferencias entre los padres buenos y los buenos padres

Estas son las diferencias que hace el autor entre el padre bueno y el buen padre:

– El padre bueno quiere sin pensar, el buen padre piensa para querer.

– El padre bueno sólo sabe decir sí. El buen padre dice que sí cuando es sí, y no cuando es no.

– El padre bueno hace del niño un pequeño dios que acaba en un pequeño demonio. El buen padre no hace ídolos; templa el carácter del hijo llevándolo por el camino del deber y del trabajo.

– El padre bueno amanteca la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades. El buen padre echa a volar la fantasía de su hijo dejándole crear un aeroplano con dos maderas viejas.

– El padre bueno llega a la vejez decepcionado y tardíamente arrepentido, mientras que el buen padre crece en años respetado, querido, y a la larga, comprendido.

Exigir y respetar a los hijos

Tomás Malmierca, educador de Fomento de Centros de Enseñanza, expone algunas características principales de la paternidad.

– El padre llena con su presencia un hogar, igual o distinto que la madre, pero lo llena. El padre aporta sustentos físicos a los hijos, seguridad, confianza; sustentos afectivos, cariño, comprensión, perdón; sustentos intelectuales, enseñando a sus hijos y sustentos espirituales.


– Del padre se espera autoridad, que significa referencia, guía, conocer el camino de la vida, marcar unos límites por el bien del hijo, saber corregir sin humillar. Del padre se espera conocer el por qué de las cosas. Sabe exigir, al igual que la madre, para que sus hijos sean fuertes, trabajadores, respetuosos con el ser humano y con el medio ambiente. Es diligente cuando sanciona. El padre confía en los hijos, anima a usar la libertad.

El padre es a la vez autoridad y acogimiento.


Los hijos e hijas esperan también de su padre amor, cariño, afecto, abrazos. No es propio de la paternidad el distanciamiento afectivo. Por eso, es afable, sabe consolar, tiene sentido del humor, sabe recibir, promueve y cuida la vida de familia y sabe celebrar. Un abrazo de la madre es distinto al del padre. Se podría decir que hay un cariño masculino y otro femenino.

– El padre da protección.

Si un hijo siente un peligro físico, se lo dirá a su madre, pero se sentirá más protegido si se lo cuenta a su padre. En ocasiones se sentirá más seguro, aunque puede que con la madre se sienta más comprendido.

Los hijos son felices cuando el padre se une a la acción de la madre, cuando la ensalza y la cuida. Se sienten desdichados cuando la humilla, la menosprecia o la infravalora. Así el hijo busca apoyo en su padre. Él significa apoyo y seguridad.

Padres buenos o buenos padres ¿Qué buscan los hijos del padre?

Según Tomás Malmierca, el hijo busca en el padre, coherencia, justicia, dando desigualmente a los desiguales, sabiendo perdonar.

El padre da seguridad en el uso de las libertades, a la hora de las decisiones, sabe animar y ensalza las cosas positivas de sus hijos.

Aunque es quizás la madre la que conoce más la intimidad de los hijos, el padre también tiene que conocer los sentimientos de sus hijos. El padre es imagen de fortaleza y sabiduría.


El pediatra francés, Aldo Naouri, reivindica en su obra más reciente que padres y madres ejerzan en la familia sus respectivos papeles masculino y femenino para asegurar el desarrollo normal del niño. El predominio abrumador de muchas madres en la educación de los hijos, así como el intento de que el padre adopte un estilo “maternizante”, y tiene como consecuencia una prolongación de la infancia en un ambiente de superprotección.


Según el pediatra, en el desarrollo humano es el padre quien trasmite al niño la conciencia del tiempo. Por el contrario, la madre se resiste de forma espontánea a que el niño “salga de ella” definitivamente. De forma provocativa, asegura que tener una madre "todopoderosa" es la “enfermedad” más grave que puede afectar a un ser humano (sobre todo masculino).

A este tipo de madres, afirma decididamente, “hay que pararlas” y deben hacerlo los padres, “comportándose como hombres”.

Naouri, que lleva 40 años ejerciendo de pediatra, sigue avanzando en que el hijo necesita ver que detrás de su madre “hay un hombre por el que su madre está entusiasmada”.

Palabra orientadora

Sociólogos están analizando la cultura femenina dominante y afirman que familias centradas en la mujer, producen una virilidad violenta y ostensiva. Otras veces, es otro desencadenante de la homosexualidad, ya que los jóvenes buscan en otro chico, el afecto que no recibieron de su padre.

El psicoanalista Eric H. Erikson afirma que, según lo que percibe el niño en su desarrollo, los padres, son, al principio, no-madres, la otra manera del ser humano. El padre impresiona al niño como la contraparte llena de poder respecto a la madre. Los padres perciben del padre alguien “profundamente deseado y a la vez, que provoca cierto temor”.

Erikson también apunta algunas características del padre: “junto con su rostro benévolo, la palabra orientadora del padre, constituye un elemento fundamental de la identidad humana. La cuestión no es que el padre sea ejemplar, según el juicio de otros, sino que se encuentre disponible para su hijo, que lo oriente, que lo apruebe. Los padres “buenos” pero inaccesibles son los peores”.


La figura paterna en la educación de los hijos

– La ausencia de amor paterno tiene consecuencias muy negativas para las hijas, y estas consecuencias se muestran con especial claridad en la relación con otros miembros del género masculino. Otras consecuencias son los desórdenes en la alimentación.

– La deficiencia paterna en la vida de las hijas tiene una profunda influencia social, cultural, práctica y espiritual. Las hijas no interpretan la mala relación con el padre solamente de una forma personal, sino que la ven como un rebajamiento de su feminidad.

– El padre es también un referente de masculinidad hacia los hijos varones, de firmeza y de fuerza pero también, de comprensión y cariño.

– El padre debe desatar los lazos que puedan “estrangular” la relación madre e hijo y, sin que se note explícitamente, tu tienes la capacidad de convertir la relación entre tu mujer y tus hijos en más independiente, ya que de lo contrario, tus hijos no alcanzarán la autonomía que le corresponde.

Llena la vida de tus hijos de recuerdos buenos, de enseñanzas: enseñarles a jugar al fútbol, hacerles un dibujo, contarles cómo te enamoraste de su madre, háblales de la historia de tu vida y sobre todo, proponte tiempo para escucharles. Recuerda que eres guía de tus hijos, que ellos buscan tu aprobación o tu opinión sobre sus iniciativas.

Y no olvides escuchar también a tus hijas, aunque sea en cuestiones en las que te pidan tu opinión, sobre el nuevo pantalón que se han comprado.

(Artículo original publicado en Hacer Familia) 


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