miércoles, 11 de mayo de 2016

Buenos días, 11 de mayo de 2016

 
La desgracia es ocasión para la virtud”.
(Séneca)
 


VIDEO
 
La desgracia es ocasión para la virtud”.
(Séneca)
Como cada 6 de mayo el Vaticano se viste de gala para recibir a los nuevos reclutas de la Guardia Suiza. Este año son 23.
 
Cada uno de ellos desfila hasta el centro del Cortile de San Dámaso, sujeta la bandera y alzando los tres dedos que simbolizan la Santísima Trinidad pronuncian su solemne juramento.
 
Prometen proteger al Papa con todas sus fuerzas y con su vida si es necesario.
 
Se trata de una de las ceremonias más coloridas que se pueden presenciar en el Vaticano. Se realiza el 6 de mayo como recuerdo de los 147 soldados helvéticos que perdieron la vida defendiendo al Papa durante el saqueo de Roma en 1527 por las tropas de Carlos I de España.
 
 
 
SANTORAL
Mayolo,
abad (906-994)
 
Antimo, Máximo, Baso, Fabio, Anastasio, Susana, Esteban, Longinos, Demetrio, Atico, Tadeo, Florencio, Gangulfo, Evelio, Poncio, Dioclecio, Sisinio, Pons, mártires; Ticiano, Mamerto, obispos; Iluminado, Cirilo, Eleuterio, Mariano, Dorotea, Eliseo, Justino, Gualterio, Bertila, confesores; Mayolo, abad; Berta, abadesa
 

 
REFLEXIÓN:

QUIEN SE APARTA, SE ENFRÍA 
Un sacerdote preocupado por una persona que se había apartado del camino de la fe, decidió un buen día marchar hasta su casa para entablar conversación con ella. 
 
Lo cierto es que, al adentrarse en la vivienda, no sabía cómo articular palabra e iniciar una conversación con aquel que -hace tiempo- dejó la práctica religiosa. 
 
Dirigiéndose hacia la sala de estar, e invitado por el anfitrión a sentarse, optó por entretenerse con el carbón de la chimenea. Con el atizador iba apartando los trozos mayores del fuego que al poco tiempo se tornaban en color negro y se enfriaban. Al momento, y con el atizador, acercaba de nuevo los trozos hacia el fuego y -el carbón- recuperaba su fuerza, vigor y color incandescente. 
 
Al llegar el momento de la despedida, y ante la atenta mirada del dueño de la casa, dijo: siento no haberle podido decir nada de lo que pensaba. A lo que, este último, sentenció: ¡No por cierto! Usted me ha echado un gran sermón con el carbón de la chimenea. El domingo iré a misa se lo prometo. 
 
Alejarse de la fe es fácil pero, no es menos cierto, que cuando no se cultiva y se enfrían las entrañas...nos puede pasar como a ese trozo de carbón: hasta nuestra vida cambia de color y hasta podemos coger una pulmonía espiritual por la frialdad hacia las cosas de Dios.
 
 
ORACIÓN:


Oración por nuestras mamás
 
Coloque en un bello lugar de su casa una imagen de la Virgen María cargado en sus brazos al niño Jesús, después frente a ella rece:
 
Jesús hijo, gracias por las madres que nos has dado, ellas han sido tus enviadas para darnos vida, de ellas hemos aprendido qué es el amor, la cercanía, la felicidad... gracias a ellas te hemos conocido, gracias por enviarlas a nuestra vida.
 
Jesús hijo, llena de amor la vida de nuestras madres, premia sus desvelos, trabajos, lágrimas y demás sufrimientos con unos hijos agradecidos y cercanos para con ellas.
 
Jesús hijo, mira con amor a las madres que están esperando un hijo, dales valentía en los momentos de miedo y dolor, dales fe en ti cuando tengan incertidumbre y duda, dales esperanza firme cuando lleguen los problemas y mucha alegría para esperar a su hijo.
 
Jesús hijo, bendice a las madres cuyos hijos/as están lejos de ellas, hazles sentir tu amor y cer­canía en estos días y si la distancia les causa mucha tristeza ayuda a que sus corazones se unan en el amor.
 
Jesús hijo, te pedimos en especial por las madres, cabezas de familia, dales las fuerzas que necesitan para sacar adelante a sus hijos y mantenles siempre el ánimo que necesitan para tener una vida en abundancia.
 
Jesús hijo, envía tu Espíritu Santo consolador a todas aquellas mamás que tienen a sus hijos gravemente enfermos, dales fortaleza para salir adelante, consuela también a las madres que han perdido a alguno de sus hijos, ayú­dalas a encontrar en ti la razón para vivir en alegría de nuevo.
 
Jesús hijo, ayuda a las madres espirituales, quienes, aunque no tengan hijos, con alegría y entrega ayudan al cuidado de otros, haz que en ellos cumplan su llamado a la maternidad.
 
Jesús resucitado, da paz a las madres difuntas, perdónales las faltas que hayan cometido y tenlas contigo en tu gloria.
 
Amén.
 
Si hay una mamá presente que se coloque en el centro, ahora todos le darán la bendición diciendo:
 
Jesús hijo, derrama tu bendición sobre esta(s) mujer(es) a quien(es) has confiado el don de la maternidad, derrama sobre ella(s) tu Espíritu Santo para que la(s) fortalezca e inspire a hacer tu voluntad, que tenga(n) siempre como modelo a tu madre, María, y que como ella reciba(n) en vida mu­chas bendiciones y sus hijos sean hombres y mujeres de bien. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo.
 
Amén.
 
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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3 lecciones de vida que me enseñó 
María de la Luz una anciana de 85 
años

Tabla de contenido

  1. 1. Lo importante no es hacer los que amamos, sino hacer nuestro trabajo con amor 
  2. 2. «La felicidad no es un app que se puede bajar» 
  3. 3. Lo importante es amar, servir y ser agradecidos 


Hace tres meses tengo la misma rutina, me levanto, me arreglo y salgo al trabajo. Queda aproximadamente a una hora y media de mi hogar así que hago uso diariamente del mismo transporte urbano. Con el pasar de los días me empecé a dar cuenta de varios patrones en el comportamiento y aspecto de las personas. Lo que salta a la vista es que a todos les hace falta sueño, todos van cabeceando en sus sillas o incluso de pie, unos convierten el hombro del vecino en almohada, otros se apoyan en el marco de la ventana y golpean su cabeza cada vez que hay un sobre salto. En la mañana la gran mayoría va fresco, oliendo bien y con el traje de oficina bien puesto, pero en la noche es distinto, la gente tiene prisa por escapar del trabajo y llegar a casa, empujan, se molestan y tienen cara de cansados… pero algo pasa cuando cae la tarde, parece que de regreso a casa todos desahogan sus penas con el que tienen al lado, con los amigos de la oficina, con algún familiar o por el teléfono. En un día de esos en los que hay tanta gente en el bus (que a duras penas te puedes agarrar de un tubo que tiene 50 manos más), me di a la tarea de escuchar, y entonces me enteré de mil historias: unas de amor, otras de engaño, otras de aventura… pero la gran mayoría estaban relacionadas con el trabajo: quejas constantes, hablar mal del jefe, criticar a los compañeros, renegar de la paga, del mal trato, del horario o de las labores extra que les ponen. Parece que nadie está satisfecho con lo que hace.

1. Lo importante no es hacer los que amamos, sino hacer nuestro trabajo con amor

No importa si la paga no alcanza para complacer ciertos caprichos, no importa si hace frío o calor, si llueve o relampaguea; no importa si nos ofrecen un mejor puesto, no importa nada porque hay amor en lo que hacemos. Desempeñar con verdadero gusto nuestro trabajo es la mayor recompensa.

Maria de la Luz, una mujer de 85 años, va todos los días al mismo lugar a vender sus nopalitos.
¿Quién iba a imaginar que una mujer de su edad, que debería estar descansado o gozando de sus años en un ambiente tranquilo junto a su familia iba a preferir no vender todos sus productos a cambio de serle fiel a sus clientes? ¿Por qué una mujer como ella rechaza la oportunidad de tener un día libre? La respuesta está en el amor, en la felicidad que le brinda su trabajo. Algunos pensarán: ¿que alegría va a encontrar esta pobre mujer con un trabajo como este? Lo que sucede es que (a veces) no comprendemos de donde brota la felicidad del otro. Desconocemos el motivo por el que esa persona sigue luchando o no tenemos idea de que tal vez ese trabajo es lo único con lo que cuenta esa persona, lo único que sabe hacer. Tal vez esta mujer no tiene familia y sus clientes sean su mayor regalo; tal vez a esta mujer nadie la espera en casa después de una larga jornada de trabajo y disfrute del servicio que le presta a los demás y de eso se trate su vida, de servir sin esperar nada a cambio.

2. «La felicidad no es un app que se puede bajar»

Una frase que hace pocos días el Papa Francisco le dijo a los jóvenes y que es bastante cierta. Millones de personas alrededor del mundo gozan de salarios extraordinarios pero a cambio no tiene vida, no pueden compartir tiempo con su familia, no le pueden dar a sus hijos el beso de buenas noches, no conocen los gustos de su esposa, no pueden disfrutar de una cena tranquilos, no se enamoran, no bailan, no cantan y hasta olvidaron reír; algunos solo respiran trabajo y dejan que la vida se les pase, así sin más. Qué amargo es pensar que se nos pueden ir los años perdiéndolo todo a cambio de nada. Nos hemos inventado la palabra «estres», nuestros abuelos jamás dijeron: ¡oh, qué estresado me tiene este trabajo! Somos nosotros quienes a diario exigimos más de la cuenta, más dinero, más carros, más ropa, más casas, ¡más más y más de lo que solo se puede obtener con dinero! y, ¿qué hay de eso que el dinero no puede comprar? ¿Qué sería de la vida de María si algún día no le permiten trabajar más?, ¿sería feliz?

3. Lo importante es amar, servir y ser agradecidos

Esta humilde señora nos da una lección, nos hace mirar nuestra vida desde otro ángulo. Si cada mañana cuando suena el despertador quieres morir de pereza, si te da dolor de estómago llegar a la oficina, si te acostumbraste a los insultos de tu jefe, si cuentas las horas para terminar la jornada, si la única hora feliz del día es la del almuerzo o si no sonríes ni por equivocación, ¿adivina qué? Hay algo que esta mal –no en lo que haces probablemente– sino en cómo lo haces. Pero no es tan grave porque ninguno de nosotros es un árbol, plantado y sembrado por siempre en el mismo lugar, podemos tomar decisiones, correr riesgos, equivocarnos, triunfar, fracasar y volver a intentarlo. Lo importante aquí es amar en lo que hacemos, servir y ser agradecidos. El trabajo no se tiene que convertir en el dolor de cabeza de cada domingo en la noche, el lunes no tiene que ser sinónimo de tortura, al contrario, cada día debemos estar dispuestos a hacer lo que María de la Luz hizo: ser capaces de poner en un segundo plano el dinero por amor a lo que hacemos, por amor al servicio.

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