miércoles, 6 de abril de 2016

Buenos días, 6 de abril de 2016

Felicidad no es hacer lo que uno quiere,
sino querer lo que uno hace”.

(Jean Paul Sartre, filósofo, s. XX)


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SANTORAL
Prudencio Galindo, obispo († 861)
Celestino I, papa; Celso, Prudencio, Ireneo, obispos; Platónides, Ciriaca, confesores; Marcelino, Timoteo, Diógenes, Amando, Macario, Máximo, mártires; Urbano, Geramaro, Winebaldo, Guillermo, abades; Eutiquio, patriarca; Notkero el Tartamudo, monje (beato).



REFLEXIÓN:
Haz lo que puedas, pide lo que no puedas y verás a Dios obrar maravillas
Nos pasa muchas veces lo que a aquel chico a quien su padre pidió que moviera una maceta, que era evidentemente demasiado grande para las fuerzas del pequeño. Después de un buen rato de esfuerzos inútiles, el niño, tristón y desanimado, fue a decir a su padre que no podía.

- ¿Pero has hecho todo lo posible?, preguntó el padre.

- Sí –contesto el chaval, bien seguro de haber puesto todo de su parte–; y su padre le dijo:

- Te equivocas: ¡te ha faltado pedir ayuda a tu padre!

Esta es la lógica de la vida cristiana: contar con que habrá dificultades que exigen lucha y esfuerzo por nuestra parte, y saber, al mismo tiempo, que siempre contamos con toda la ayuda de Dios necesaria para vencer. Esto es lo que San Agustín expresaba magistralmente con esta fórmula infalible: "Haz lo que puedas y pide lo que no puedas y Dios te dará para que puedas"

Pero muchos preferirían eliminar de sus vidas la incertidumbre y el sacrificio de la lucha interior, y se preguntan: ¿no podría Dios, con su omnipotencia, hacernos las cosas más fáciles, sin necesidad de que luchemos? Asimilar la respuesta a esta cuestión tan natural es importantísimo para nuestra vida.

Sucede que nuestra libertad es real: nuestra vida está realmente en nuestras manos y podemos hacer de ella lo que decidamos hacer. La vamos construyendo a base de nuestras decisiones: cada decisión nos va haciendo (o deshaciendo). Por ejemplo, quien decide ceder a la pereza una mañana, no sólo hace un acto de pereza, sino que "se hace" más perezoso; y si decide luchar, aunque a veces se vea derrotado y tenga que volver a empezar, con cada decisión sincera de combatir va venciendo la pereza y haciéndose diligente.

Lo mismo sucede con todas las demás facetas de la personalidad: el Señor no quiere simplemente ponernos un disfraz de santidad sobre nuestras miserias y dejar que sigamos siendo miserables, darnos un barniz de apariencia externa para que seamos como aquellos sepulcros blanqueados de los que hablaba Jesús para referirse a los hipócritas: por fuera estaban resplandecientes por una mano de pintura, pero en su interior había sólo corrupción. Dios nos llama a ser santos de verdad, a crecer y desarrollarnos como hijos suyos, semejantes a Él. Y eso supone la colaboración de nuestra libertad que, con la gracia de Dios, nos va llevando poco a poco a querer, amar, desear, sentir, juzgar y actuar como hijos de Dios.

Sin nuestra lucha por corresponder a la gracia y quitar obstáculos a la voluntad de Dios en nuestra vida, la gracia se hace infructuosa y el querer de Dios se frustra en nosotros. Presta atención al siguiente relato:

"Viene al caso contar aquí lo que le sucedió a un hombre que contemplaba un capullo de seda en el que había visto que se abría una pequeña brecha. Observó después cómo la mariposa luchaba durante horas para forzar el paso de su cuerpo a través de ese estrecho agujero. Al cabo de bastante tiempo le dio pena, porque le pareció que la mariposa no podía continuar y estaba sufriendo, así que decidió ayudarle abriéndole por completo la salida con unas tijeras.

La mariposa salió con gran facilidad. Tenía el cuerpo hinchado y unas alas muy pequeñas. El hombre esperaba que las alas crecerían, pero no sucedió nada más...

La mariposa pasó el resto de sus días arrastrándose por el suelo con aquel cuerpo hinchado. Nunca pudo volar: el hombre, en su afán de ayudar, amable y precipitado, no había comprendido que el tiempo y la fuerza que la mariposa tenía que hacer para pasar por la pequeña abertura era el modo natural de forzar la salida de fluidos desde el cuerpo a las alas para que éstas se desarrollaran y fueran capaces de volar"

Tantas veces esto es la lucha que necesitamos en nuestra vida. Si Dios permitiera que viviéramos sin obstáculos, o nos hiciera superarlos como por arte de magia,no desarrollaríamos nuestras potencias y facultades como debemos: jamás podríamos volar.


ORACIÓN:

Señor Jesús, por tu resurrección sé que estoy llamado a resucitar, para eso es la vida, para eso he sido creado. Te suplico que seas Tú la luz en mi camino y, en este momento de oración, ayuda a mis sentidos para que sepan recogerse en el silencio interior y exterior, para poder aspirar a contemplar tu gloriosa resurrección.


Petición

¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!


Meditación del Papa Francisco

La mañana de Pascua, advertidos por las mujeres, Pedro y Juan corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vació. Entonces, se acercaron y se "inclinaron” para entrar en la tumba. Para entrar en el misterio hay que "inclinarse”, abajarse. Solo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino.

El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer... Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos. […]

Pidamos paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las victimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan con la sangre de los hombres y las mujeres.

Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora del Señor Jesús: "Paz a vosotros”. "No temáis, he resucitado y siempre estaré con vosotros”. (Homilía de S.S. Francisco, 5 de abril de 2015).

Propósito

Poner especial atención a la convivencia familiar, para que este día esté caracterizado por la alegría.

Diálogo con Cristo

Jesús, qué alegría poder celebrar la Pascua de Resurrección, con júbilo festejo que has vencido el miedo al sufrimiento y a la muerte... y todo para enseñarme un estilo de vida que me puede llevar a la plenitud el amor. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! Rebosa mi corazón de esa auténtica emoción que da una paz inigualable. Confío que no se apagará por los problemas y contrariedades que hoy se puedan presentar, sé que depende de mi actitud porque tu gracia lo hace posible.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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La ancianidad es para ser fecundo.  7 enseñanzas bíblicas y 5 ideas prácticas para mantenerse activo 

Tabla de contenido

Juan Pablo II exhorta a ser activos 
Lo que enseña la Biblia 
1) Hay que respetar al anciano (Lv 19,32) 
2) Los ancianos nos enlazan al pasado: 
3) En la ancianidad hay fecundidad y servicio 
4) La ancianidad enseña a todos que esta vida es fugaz 
5) La ancianidad prepara para morir con visión sagrada 
6) La ancianidad es tiempo de verdadera sabiduría vital 
7) La ancianidad enseña a confiar en Dios: 

Ideas prácticas para tener buen ánimo 
  1. 1. Apoyar al anciano durante el proceso de vejez 
  2. 2. Es bueno que las personas mayores se relacionen con otras de su edad 
  3. 3. Realizar actividad, mantenerse activo el mayor tiempo posible 
  4. 4. Hay alimentos que previenen la depresión 
  5. 5. Tomar el sol y reír 
El índice de longevidad en España ha alcanzado su máximo histórico (114%), lo que significa que por cada 100 menores de 16 años, se contabilizan 114 mayores de 64. Desde el año 2000, España es un país oficialmente envejecido, lo que significa que cuenta desde entonces con más personas en edad de jubilarse que con jóvenes. Se calcula que en 2030 los mayores de 65 supondrán el 30% de la población, frente al 18% actual.

La Biblia y la Iglesia por lo general no hablan mucho de la ancianidad como época de descanso, sino que más bien exhortan una y otra vez a que sea época de fecundidad, de maduración, de enseñar y compartir y de oración.

Juan Pablo II exhorta a ser activos

El Papa Juan Pablo II el 23 de marzo de 1984 en una audiencia a unos ocho mil ancianos dejó constancia de la preocupación de la Iglesia por los mayores:

No os dejéis sorprender por la tentación de la soledad interior. A pesar de la complejidad de vuestros problemas [...], las fuerzas que progresivamente se debilitan, las deficiencias de las organizaciones sociales, los retrasos de la legislación oficial y las incomprensiones de una sociedad egoísta, no estáis ni debéis sentiros al margen de la vida de la Iglesia, o elementos pasivos en un mundo en excesivo movimiento, sino sujetos activos de un periodo humana y espiritualmente fecundo de la existencia humana. Tenéis todavía una misión que cumplir”

Lo que enseña la Biblia

En el Antiguo Testamento se considera al anciano sobre todo como un maestro de vida: “Dice la sabiduría a los ancianos: la corona de los ancianos es su rica experiencia, y el temor del Señor, su gloria” (Eclo 25, 7-8).

Además, el anciano es transmisor de la sabiduría de Dios: “¡oh Dios!, hemos oído, nos contaron nuestros padres la obra que tú hiciste en sus días” (Sal 44, 2).

Anunciando la fe a los jóvenes, los ancianos conservan fecundidad. “En la vejez seguiré dando frutos, lozano y frondoso, para proclamar que justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad? (Sal 92, 15-16).

La Biblia anima a escuchar a los ancianos: “No desprecies las sentencias de los ancianos” (Eclo 8, 11), “pregunta a tu padre, y te enseñará; a tus ancianos, y te dirán” (Dt 32, 7).

La Biblia enseña también a atender a las personas mayores. “Hijo, acoge a tu padre en su ancianidad, y no le des pesares en su vida. Si llega a perder la razón, muéstrate con él indulgente y no le afrentes porque estés tú en plenitud de fuerza” (Eclo 3, 14-15).

Los ancianos representan, desde el punto de vista bíblico, al menos 7 enseñanzas positivas si se saben vivir desde la sabiduría de la Palabra de Dios. María Ángeles Infante, de las Hijas de la Caridad, las ha seleccionado así.

1) Hay que respetar al anciano (Lv 19,32)
“Ponte en pie ante las canas, [...] y honra a tu Dios?”, leemos en Levítico 19. “Honra a tu padre y a tu madre” (Dt 5,16) es una exhortación potente. Eclesiástico (Eclo 3, 1-16) es contundente: ”Quien desampara a su padre es un blasfemo, un maldito del Señor quien maltrata a su madre”.

2) Los ancianos nos enlazan al pasado:
El Salmo 44 afirma: “Nuestros antepasados nos contaron la obra que realizaste en sus días”. Dios se presenta ante Moisés remitiéndose a una relación previa: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3,6). El hijo, el joven encuentra a Dios a través de los padres, de los ancianos.

3) En la ancianidad hay fecundidad y servicio
En la vejez seguirán dando fruto”, dice el salmo (Sal 92 [91], 15). Del vientre estéril de Sara y del cuerpo centenario de Abraham nace todo un pueblo para Dios (como recuerda Rom 4,18-20). Del vientre estéril de Isabel y de un padre mayor, Zacarías, nace Juan el Bautista, precursor de Cristo. Hay mucho por ver y por hacer en la ancianidad: “Le haré disfrutar de larga vida, y le mostraré mi salvación”, promete Dios en un salmo (Sal 91 [90], 16).

4) La ancianidad enseña a todos que esta vida es fugaz
El libro sapiencial del Eclesiástico nos recuerda: “Ten en cuenta a tu Creador en los días de tu juventud, antes de que lleguen los días malos” (Eclo 12,1). El salmista recuerda con todo realismo que la vida pasa rápido: “Setenta años dura nuestra vida, y hasta ochenta llegan los más fuertes; pero sus afanes son fatiga inútil, pues pasan pronto, y nosotros nos desvanecemos” (Sal 90 [89], 10). Por eso la Escritura propone mirar a Dios, y no a las cosas mundanas.

5) La ancianidad prepara para morir con visión sagrada
“Abraham murió en buena vejez, colmado de años, y fue a reunirse con sus antepasados” (Gn 25,7). Esta escena muestra una muerte serena que redondea una vida plena. Cristo, que promete la Resurrección (y la ejemplifica) da aún más esperanza y hace más sagrado el morir, que no es mera biología. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que está vivo y crea en mí, jamás morirá” (Jn 11,25-26)

6) La ancianidad es tiempo de verdadera sabiduría vital
“Enséñanos a calcular nuestros días para que adquiramos un corazón sabio”, dicen los salmos (Sal 90 [89], 12). No basta con cumplir años para crecer en sabiduría: hay que reflexionar sobre ellos bajo la enseñanza de Dios (“enséñanos a calcular nuestros días” significa “enséñanos a aprender de lo que vivimos y de lo que nos queda por vivir”).

7) La ancianidad enseña a confiar en Dios:
Un anciano reza en el Salmo: “A ti, Señor, me acojo; no quede yo avergonzado para siempre” (Sal 71 [70], 1). La ancianidad es una época para desengañarse finalmente de muchas vanidades y propagandas falsas y confiar en el Creador de la vida. Muchos santos de actividad incansable en su vejez se consolidan como rezadores incansables (Luisa de Marillac, Vicente de Paúl, Catalina Labouré y muchos otros).

Todas estas enseñanzas preparan al anciano cristiano para dar fruto fecundo, alegre y sereno en sus últimos años.

Ideas prácticas para tener buen ánimo

Hay además algunas recomendaciones prácticas que ayudan a vivir la ancianidad con buen ánimo. Hay que tener en cuenta que se trata de una etapa en la que se viven cambios físicos, hormonales, emocionales, de rutinas... y acontecimientos inquietantes: mueren seres queridos, se pierde autonomía, a menudo se cambia de domicilio… Los expertos recomiendan:

1. Apoyar al anciano durante el proceso de vejez

Apoyar significa acompañar, estar ahí, aportar buen humor, escuchar, consolar… Evitar la soledad y los ambientes dañinos.

2. Es bueno que las personas mayores se relacionen con otras de su edad

Clubes de lectura o costura, centros de día, reuniones de amigos… y por supuesto, la parroquia, son espacios para compartir experiencias y sentimientos con iguales, lo que resulta siempre emocional y psicológicamente muy sano. Los grupos del movimiento "Vida Ascendente" en muchas parroquias están especialmente orientados a vivir esta etapa en clave cristiana y en compañía.

3. Realizar actividad, mantenerse activo el mayor tiempo posible

Estar activo reduce los riesgos de depresión. Puede acudirse a clases de gimnasia, talleres de memoria, salir a pasear, coser, o hacer pasatiempos. Todo eso mejora el flujo sanguíneo y promueve el buen estado de ánimo. Al anciano cristiano no le faltarán además actividades evangelizadoras, caritativas o de oración en las que participar.

4. Hay alimentos que previenen la depresión

Dicen los psicólogos que el pescado azul, la avena, el arroz integral y la fruta rica en vitamina C como el limón, la naranja y el kiwi, ayudan a mantener un mejor estado de ánimo.

5. Tomar el sol y reír

Son dos cosas que por lo general no cuestan dinero y siempre resultan beneficiosas para el ánimo y la salud. España, que es un país donde abunda el sol y el humor, es también un país de gran longevidad.  Estas medidas ayudan a que se cumpla la oferta de Dios: “Le haré disfrutar de larga vida, y le mostraré mi salvación” (Salmo 91 [90], 16).


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