martes, 5 de abril de 2016

Buenos días, 5 de abril de 2016. San Vicente Ferrer


"Si cantas solo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar;
canta con la vida para no callar jamás"
San Agustín



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SANTORAL

Vicente Ferrer,
confesor (1350-1419)
Claudiano, Alberto de Montecorvino, confesores; Zenón, Dídimo, mártires; Catalina Tomás, Juliana de Cornillón, vírgenes; Gerardo, abad.



REFLEXIÓN:

Había un hombre que vivía solo en su casa de la montaña y TODOS LOS DÍAS salía a su jardín a cortar manzanas de sus árboles y recorría el camino colina abajo para dejar la fruta en un cesto en medio de la plaza del pueblo.

Así, los habitantes del pueblo comían manzanas cada día GRACIAS a aquel hombre que vivía solo en la montaña.

Resulta que este hombre tenía miedo a la oscuridad y había construido toda su casa DE CRISTAL para dejar que los rayos del sol penetrasen en todos los rincones de su casa.

El problema es que no tenía mucho dinero. Fue por ello que se vió obligado a construir su casa con restos de cristales que encontraba en las calles.

Su casa era preciosa y grande…pero MUY FRÁGIL.

Una tarde, al bajar de la montaña con su cesto de manzanas para regalar, se encontró unos niños que jugaban con un balón. Éstos le pidieron manzanas PARA JUGAR CON ELLAS, a lo que el hombre contestó que sólo se las daría si era para comerlas.

Como vio que la única intención de los niños era tirar y desperdiciar la fruta, decidió marcharse de vuelta y ese día no dejó la fruta en el pueblo. Sabía que esos niños gamberros irían a buscarla para tirarla y pisarla.

Lo mismo ocurrió los siguientes días: no podía dejar la fruta en el pueblo para la gente porque los niños irían a tirarla. Fue entonces cuando todo el pueblo comenzó a preguntarse por qué el hombre había dejado de repente de traer MANZANAS GRATIS  a la plaza del pueblo. Nadie había visto a los niños gamberros y sus intenciones de romper la fruta y, por tanto, no entendían que de repente el hombre dejase de traer las manzanas.

Fue entonces cuando empezaron a pensar mal de él porque ya no recibían la fruta a la que se habían acostumbrado. Decidieron, consecuentemente, formar un grupo de gente y subieron enfadados a la montaña para pedirle explicaciones al hombre de las manzanas.

Cuando llegaron a la casa de cristal y vieron como unas ardillas y unos pájaros se estaban comiendo la fruta CREYERON ENTENDER la razón por la que el hombre ya no bajaba a llevarles manzanas. Todos pensaron: ¡qué mala persona! ¡prefiere alimentar a estos animales antes que a los pobres del pueblo!

Nadie sabía la verdadera razón ni conocía la existencia de los niños que jugaban a la pelota y querían romper el cesto de fruta. Simplemente pensaron que ese hombre se había vuelto EGOÍSTA y MALVADO.

De repente, uno de ellos, movido por el enfado que tenía, lanzó una piedra grande a la casa de cristal y toda la casa se vino abajo (ya que la estructura era muy débil). La gente del pueblo se asustó y volvió montaña abajo consternados porque sabían que habían destrozado la casa del hombre de las manzanas. Como se sentían mal, siguieron repitiendo lo malvado que era ese hombre y que la casa rota no era más que SU MERECIDO.

Esa noche, al regresar el hombre de dar un paseo se encontró su casa COMPLETAMENTE DESTROZADA junto con una nota de quien había tirado la piedra a su casa.

Decía así: “Por egoísta y malvado. Por dejar de traernos manzanas para dárselas a los animales hemos roto tu casa“.

El hombre entendió que habían malinterpretado sus intenciones. Estaba claro que desconocían la verdadera razón. Sin embargo se enfadó tanto al ver cómo había quedado su casa que mandó arrancar sus árboles y decidió trasladarse a un país nuevo.

¿Cuál fue el error más grande en esta historia? ¿Los niños gamberros que jugaban al balón? ¿El hombre que prefería darle fruta a los animales? ¿El pueblo lanzando una piedra sin saber lo frágil que era la casa? ¿El hombre al marcharse a otro país?

La verdad es que depende a quién le preguntes.

¿Cómo quedó la casa? Destrozada.

¿Dónde se fue el hombre? Lejos.

¿Era el hombre egoísta y malvado? No.

La moraleja: ”no juzgues a los demás por sus apariencias, y mucho menos sin hablar con ellos“.



ORACIÓN:

Señor, en este día que arranca, quiero que el motor de mi corazón encienda con el combustible de tu amor y de tu compasión.

Gracias por escuchar mis ruegos cuando clamo a Ti con honestidad y humildad. Hazme dócil y sensible a tus inspiraciones, que pueda vivir para Ti, amarte y abrirme a nuevas experiencias de bendición que la vida me regala.

Ven y camina conmigo, protégeme de todo aquello que puede hacerme daño

Condúceme hoy por sendas de amor y guíame con tu sabiduría en todas las decisiones que voy a tomar para que me ayuden a avanzar realmente hacia el camino que, junto a Ti y al Padre, deseo alcanzar, por el bien personal de mi alma y la de los míos. Amén

Reflexionemos juntos esta frase:

"La Iglesia invita a todos a acogerse al amparo de la ternura y el perdón del Padre" (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Jacques Fesch Vividor ladrón
 asesino de policías y posible santo
"Tienes que condenar a muerte todo aquello dentro de ti excepto tu deseo de amar a Dios", escribió antes de su ejecución

El 1 de octubre de 1950, un hombre de 27 años fue ejecutado en París por asesinar a un agente de policía durante un robo malogrado. Jacques Fesch, el asesino, fue víctima de abandono por parte de sus padres y del aislamiento y aburrimiento que pueden acompañar a una vida de privilegios.

Era un vividor. Llevaba una vida agitada, daba tumbos de relación en relación, de trabajo en trabajo, hasta que terminó en un matrimonio desgraciado siendo el padre de una hija no deseada.

Sin embargo, igual que el “hijo pródigo”, Jacques también llegó a conocer la dicha y la paz de aquellos que reciben el perdón y un amor inmerecido e incondicional.

Los tres años que Jacques pasó en régimen de aislamiento, a la espera de su ejecución, fueron un tiempo de conversión y transformación.

Aprendió la importancia de amar a su hija y a su madre. Encontró en el capellán de la prisión a un amigo y un apoyo.

Su fría indiferencia en relación a su destino y al mundo que le rodeaba —además de sus sentimientos de hostilidad hacia Dios— dejó paso a un profundo sentimiento de tristeza por su crimen y a una serenidad enraizada en la oración y la fe.

Un místico inusitado

Los diarios personales de su encarcelamiento revelan a un hombre cuya vida quedó transformada por la reconciliación con Dios y el amor sanador. Hoy, se está barajando la candidatura de Jacques Fesch a la canonización.

La parábola del hijo pródigo nos recuerda que cualquiera de nosotros puede alejarse del amor de Dios, en una búsqueda inquieta de nuestro propio camino. No quiere decir que seamos malas personas o pecadores. Es únicamente una cuestión de elección.

En su libro El regreso del hijo pródigo, Henri Nouwen discurría: “Dejar el hogar significa ignorar la verdad de que Dios me ha moldeado en secreto, me ha formado en las profundidades de la tierra y me ha tejido en el seno de mi madre (Salmo 139,13-15). Dejar el hogar significa vivir como si no tuviera casa y tuviera que ir de un lado a otro tratando de encontrar una”.
E incluso en nuestro intento de “dejar el hogar”, partiendo para reafirmar nuestra independencia, Dios permanece a nuestro lado.

La lección que aprendió Jacques Fesch durante sus años de encarcelamiento es la misma que aprendió el hijo menor de la parábola: aprendemos a conocernos a nosotros mismos a través de la pérdida, y es entonces cuando podemos liberarnos para conseguir ver quiénes somos y de qué estamos hechos en realidad.

Este don del autoconocimiento es, por encima de todo, una lección de humildad: una visión simple y expedita de nosotros mismos ante Dios.

La humildad nos da la fuerza para abandonar la ilusión de nuestra autosuficiencia y nuestro amor propio, para poder así regresar al hogar del Padre en caso de habernos alejado.

La lección que aprendimos es que Dios es eternamente paciente y está siempre dispuesto a darnos la bienvenida al hogar, sin importar lo que hayamos podido hacer o cuán lejos nos hayamos extraviado.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: “Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo”.

Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete.Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado”.
Lucas 15:20-24

¿Alguna vez has “dejado el hogar” igual que el hijo pródigo? ¿Qué o quién te ayudó a reencontrar la alegría del amor y la misericordia de Dios?

¿De qué forma la historia de Jacques Fesch supone un desafío para tu concepto de la justicia y la misericordia? ¿Crees que hay casos o personas que están más allá del perdón de Dios?

Sabias palabras:
Que tu amor haga recaer sobre ti la misericordia del Señor, que te permita ver que dentro de tu alma hay un santo durmiente. Le pediré que te haga tan abierta y ágil que serás capaz de entender y hacer lo que él quiere que hagas. Tu vida no es nada; ni siquiera es tuya. Cada vez que dices que quieres hacer una cosa u otra, ofendes a Cristo, le privas de lo que es suyo. Tienes que condenar a muerte todo aquello dentro de ti excepto tu deseo de amar a Dios. No es algo difícil de hacer, en absoluto. Basta con tener confianza y agradecer al niño Jesús por todas las potencialidades que depositó dentro de ti. Estás llamada a la santidad, al igual que yo, al igual que todos, no lo olvides”. —Jacques Fesch (en una carta a su madre).

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