viernes, 29 de abril de 2016

Buenos días 29 de abril de 2016. Santa Catalina de Siena


 
A menos que estés dispuesto a hacer el ridículo,
Dios no hará lo milagroso.
Madre Angélica. Fundadora de la EWTN
 


 
VIDEO

"Alegría es el gran secreto del cristianismo", el cómico Benigni presentó libro del Papa Francisco en Roma
 
 
 
SANTORAL
 
Catalina de Siena,
virgen, doctora de la Iglesia y patrona de Europa (1347-1380)
 
Wilfrido II, arzobispo; Paulino, Severo, obispos; Agapio, Secundino, Tíquico, Torpetes, Emiliano, mártires; Pedro de Verona; Roberto (Bob, Boby), monje; Tértula, Antonia, vírgenes; Hugo, abad; Ursino y Maurelo, confesores; Cercira, virgen y mártir; Senán, anacoreta.
 



 
REFLEXIÓN:
 
El ingenio de una hormiga
 
Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas, y confieso que quede asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño. Pero una hormiga en particular atrajo mi atención. Negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.
 
Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras. Probó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano. Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito. Con toda habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo. Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes.
 
La hormiga supo convertir su carga en un puente, y así pudo continuar su viaje. De no haber tenido esa carga, que bien pesada era para ella, no habría podido avanzar en su camino… ¿Captamos la moraleja?
 
¿Cuántas veces nos quejamos por los problemas, las cargas y las pruebas que debemos soportar? Pero sin darnos cuenta, esas mismas cargas -bien tomadas- pueden convertirse en puentes y peldaños que nos ayudan a triunfar.

 
ORACIÓN:
 
Reflexión del Papa Francisco:
 
La obediencia a la voluntad de Dios es la senda de Jesús, que comienza con esto: "Vengo para hacer la voluntad de Dios". Y es también el camino de la santidad, del cristiano, porque fue precisamente el camino de nuestra justificación: que Dios, el proyecto de Dios, se realice, que la salvación de Dios se realice. Al contrario de lo que sucedió en el Paraíso terrestre con la no-obediencia de Adán: la desobediencia, que trajo el mal a toda la humanidad.
 
En efecto, también los pecados son actos de no obedecer a Dios, de no hacer la voluntad de Dios. En cambio, el Señor nos enseña que este es el camino, no existe otro. Un camino que comienza con Jesús, en el cielo, en la voluntad de obedecer al Padre, y en la tierra comienza con la Virgen, en el momento en que ella dice al ángel: «Que se cumpla en mí lo que tú dices (cf. Lc 1, 38), es decir, que se cumpla la voluntad de Dios. Y con ese «sí» a Dios, el Señor comenzó su itinerario entre nosotros.
 
Sin embargo, ni siquiera para Jesús fue fácil. «El diablo, en el desierto, en las tentaciones, le hizo ver otros caminos», pero no se trataba de la voluntad del Padre y Él lo rechazó. Lo mismo sucedió cuando a Jesús no lo comprendieron y lo abandonaron; muchos discípulos se marcharon porque no entendían cómo es la voluntad del Padre, mientras que Jesús sigue cumpliendo esta voluntad. Una fidelidad que vuelve también en las palabras: «Padre, que se cumpla tu voluntad», pronunciadas antes del juicio, la noche que rezaba en el huerto pidió a Dios que aleje este cáliz, esta cruz. Jesús sufre, sufre mucho. Pero dice: que se cumpla tu voluntad.
 
[...] Ante todo pedir la gracia, rezar y pedir la gracia de querer hacer la voluntad de Dios. Esto es una gracia. Sucesivamente hay que preguntarse también: «¿Pido que el Señor me done el querer hacer su voluntad? ¿O busco componendas, porque tengo miedo de la voluntad de Dios?». Además, hay que rezar para conocer la voluntad de Dios para mí y para mi vida, acerca de la decisión que debo tomar ahora, sobre la forma de gestionar las situaciones.
 
Que el Señor nos dé la gracia a todos para que un día pueda decir de nosotros lo que dijo de ese grupo, de esa multitud que lo seguía, los que estaban sentados a su alrededor: “He aquí a mi madre y a mis hermanos. Porque quien cumple la voluntad de Dios, ese es para mí hermano, hermana y madre”. Hacer la voluntad de Dios nos hace formar parte de la familia de Jesús, nos hace madre, padre, hermana, hermano. (Homilía en Santa Marta, 27 de enero de 2015)
 
Diálogo con Jesús
 
Mi Jesús, Dios de mi vida, quiero encomendarte todas mis acciones, ideas y todo lo que llevo en mi corazón.
 
Deseo cumplir siempre todos mis compromisos con una actitud humilde y responsable.
 
Acudo a ti en este momento para que me capacites la mente, cuerpo y espíritu, y así saber enfrentar, en serenidad y humildad, toda circunstancia adversa se me presente.
 
Te pido humildemente perdón por mis faltas, y al mismo tiempo te doy gracias por sé que me perdonas.
 
Debo entender que cuánto más me acerco a Ti, mientras más cerca esté de tu luz, más saldrán en evidencia mis miserias y mis fealdades. Como lo dice San Juan de la Cruz: "Cuanto más subo a la montaña, a lo alto más veo y reconozco los valles más profundos". Mi Señor, quiero ser humilde y verdadero, sobre todo en la oración, pues en ella me siento que hablo contigo como con un amigo que consuela, por eso no quisiera imponerte nada en ella ni ordenarte que cumplas mis peticiones. Quiero siempre poner por delante el «que se haga tu voluntad y no la mía". Sé Tú el dueño de mi vida, hazme humilde en la oración, en mis acciones e ideas, en mi obrar y sobre todo en mis palabras para con los demás. Amén
 
Propósito para hoy:
 
Haré un esfuerzo especial en mis conversaciones para no sólo evitar hablar mal de los demás, sino incluso resaltar sus cualidades
 
Reflexiones juntos esta frase:
 
"Las guerras destrozan muchas vidas. Pienso especialmente en los niños a los que les han robado su infancia". (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Lo que el adolescente necesita de su padre

4 consejos de oro para hombres que se la juegan por su familia
Si la educación de los hijos fuera una película, podría decirse que el padre se convierte en el principal protagonista al llegar al nudo de la trama: la adolescencia. Los hijos tienden a hacerle más caso, especialmente los varones.

Los cambios de esta época desorientan y confunden a los adolescentes, por lo que necesitan un apoyo firme y seguro. Esto es justo lo que ven en la figura del padre y en lo que profundiza el psicólogo italiano Osvaldo Poli en su libro: Corazón de Padre.

El seno de la familia es un lugar que necesita de la presencia y la sensibilidad del hombre y de su forma de ser masculina. Todo niño necesita de esta presencia, una presencia diferente, que no envuelve como la madre, sino que enseña, que abre horizontes. Y al llegar la adolescencia, el papel del padre resulta clave.

Papá, ¿cuánto me influyes?

Mientras que hasta los 12 años la influencia de la figura paterna prácticamente ronda el 20%, a partir de esa edad, durante la plenitud de la adolescencia, esta influencia asciende hasta prácticamente el 100%. Una vez pasada esta etapa la influencia entre ambos progenitores se equilibra.

Con esta interesante premisa, nos damos cuenta que durante la adolescencia es el momento en el que más y mejor debemos influir como padres en nuestros hijos, además de ejercer una buena autoridad.

Esto requiere actitudes positivas en el padre, que no se limitan a prohibir, corregir o sermonear siempre.

Es mejor hablar a los hijos con serenidad, respeto y tacto; hacerles preguntas que les interesen y les hagan pensar; escucharles e intentar comprender sus puntos de vista; dar explicaciones de las normas y prohibiciones; alabar las buenas conductas…

La adolescencia es un periodo de preparación para la juventud, la madurez y la vida adulta. Y estos son temas importantes que debe tener en la cabeza el padre.

Importa más el tipo de amigos que tiene que si se viste con vaqueros rotos… El responsabilizarse de los estudios más que si pone la música un “poco” alta…

Hambre del padre: un deseo profundo en las hijas

El hambre del padre es un deseo profundo y persistente de conectar emocionalmente con el padre, experimentado por todos los niños. Cuando esta necesidad es satisfecha, los niños suelen crecer confiados, seguros, fuertes y agradables.

A menudo, sin embargo, esta necesidad no se satisface y la necesidad de lazos con el padre crece. Para las chicas, esto puede transformarse en conflictos con la comida, el peso y la imagen.

En tiempos recientes, ha sido frecuente minusvalorar el papel del padre con respecto a las hijas. Pero el padre es el modelo masculino para la mayoría de las chicas, y la ausencia de relación emocional con el mismo se puede traducir en una desconfianza hacia sus posibilidades de relación con los hombres.

4 puntos fuertes

 Te ha tocado;

es decir, al llegar la adolescencia tienes que asumir un papel más activo, en el que deberás apoyarte mucho en tu mujer si quieres que tenga un buen resultado.

Habrá que entrar en los diversos temas conflictivos de esta etapa. 

Siempre hay que hablar, y quien tiene que hacerlo eres tú.

 Aprovecha alguna circunstancia para irte con tu hijo o hija, a solas,

de viaje, de excursión, de pesca… Pocos adolescentes pueden decir: “Este fin de semana lo he pasado entero con mi padre”.

 Tenéis que actuar ambos en común, 

charlando con frecuencia sobre el hijo o la hija adolescente para compartir esas intuiciones y experiencias. Poneos de acuerdo para actuar en común y para reforzaros uno a otro, cada uno en el nuevo papel que ha asumido.

Durante esta etapa, el padre tiene todo un abanico de responsabilidades con el fomentar y enraizar la relación con sus hijos para convertirles en adultos fuertes, responsables y estables.





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