martes, 26 de abril de 2016

Buenos días, 26 de abril de 2016. San Isidoro

No agradezcas solo las cosas buenas.
Las dificultades nos hacen crecer como personas
y la perseverancia nos ayuda a ser más fuertes.
 
 


VIDEO
 
 
 
SANTORAL
 
Isidoro,
obispo y doctor de la Iglesia (560-630)
Nuestra Señora del Buen Consejo.
Nuestra Señora de la Cabeza.
 
Anacleto (Cleto), papa y mártir; Marcelino, papa; Pascasio, Clarencio, Lucidio, obispos; Pedro, Basilio, obispos y mártires; Claudio, Cirino, Antonino, Vidal, mártires; Ricardo, monje; Exuperancio (Esperanza), Guillermo, Peregrino, confesores; Valentina, viuda y mártir; Alda, viuda; Rafael Arnaiz Barón, monje trapense, beato.


 

REFLEXIÓN:
 
Abandonado en el asilo, sorprende a todos… Mira cómo…
 
Un mensaje muy conmovedor…
 
. Es la historia de Mak Filiser que una mañana, en su soledad, volvió a la casa del Padre, y mientras los enfermeros que lo cuidaban, quizá con benevolencia pero también con mucha superficialidad, encontraron una hoja doblada. Uno de ellos, tras leerlo decidió enseñársela a los colegas, como advertencia, como lección para encontrar tiempo de cuidar no sólo el cuerpo, sino el espíritu de las personas que están a su cargo.
 
La hoja era una poesía con el título: “escorbútico viejo”
 
¿Qué ves enfermero? ¿Qué ves?
 
¿Qué estás pensando… cuando me miras?
 
¿Ves un hombre viejo, irritable… no muy sabio, con hábitos inciertos… con ojos lejanos?
 
Que regatea con la comida…y no responde, cuando dices en voz alta…¡espero que la pruebes!
 
¿Y que pierde un calcetín… o lo zapatos?
 
Que a veces resistiendo y a veces no… te permite hacerlo a tu manera, bañarse y comer…
 
¿así para llenar el largo día? ¿Es esto que estás pensando? ¿Es esto que ves?
 
Abre los ojos enfermero… no me estás mirando a mí.
 
Acepté el regalo de nacer… y comí según su agrado
 
He sido un niño de 10 años… con un padre y una madre, hermanos y hermanas… que se amaban.
 
Un joven de dieciséis años… con las alas a los pies soñaba que pronto… encontraría a una mujer para amar.
 
Fui un esposo de veinte años… con el corazón que se me salía por el pecho.
 
A los veinticinco años… tuve junto a mí a mi esposa.
 
Que necesitaba de mí para seguir adelante… y tuve una casa y era realmente feliz.
 
Un hombre de treinta años… mis hijos crecieron rápidamente, unidos entre ellos… con una relación que debería durar.
 
A los cuarenta años, mis jóvenes hijos… crecieron y siguieron sus caminos, pero mi mujer se quedó junto a mí… para ver que todo fuera bien.
 
A los cincuenta años, una vez más… los niños jugaban sentados en mis piernas, y luego me llegaron los días oscuros, mi mujer murió.
 
Miraba el futuro…y sentía escalofríos de terror.
 
Y crecieron mis hijos…y también sus hijos.
 
Y hoy pienso en los años transcurridos… y al amor que conocí.
 
Ahora son un hombre viejo.. y la naturaleza ha sido cruel.
 
Es una burla la vejez… te miran todos como si fueras un imbécil.
 
El cuerpo se deshace… la gracia y la fuerza, desaparecen.
 
Pero dentro de esta carcasa vive aún un joven, y de vez en cuando… mi corazón se inflama y me vuelvo incierto.
 
Recuerdo las alegrías… recuerdo el dolor.
 
Y estoy amando y viviendo… la vida de nuevo.
 
Pienso en los años, que siempre son muy pocos… y que pasaron rápidamente.
 
Y aceptar el hecho desnudo y crudo… que nada puede durar.
 
Por lo tanto, gente abran los ojos… abran y vean.
 
No ven un nuevo viejo e irritable.
 
Miren más de cerca… ¡me ven…a mí!
 
No abandonemos a nuestros ancianos, no los dejemos en la soledad que a menudo la vejez obliga a sufrir.
 
Recordemos que son personas, con una vivencia, una sabiduría, una historia que contar…
 

ORACIÓN:


Oración a la Sagrada Familia
 
Con ella concluye la exhortación "La alegría del amor"
 
Jesús, María y José
en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
 
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas.
 
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
 
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica. Amén
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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3 lecciones medievales para 
adquirir sabiduría 

Tabla de contenido
  1. La primera, que no se debe despreciar ningún conocimiento o escrito, cualquiera que este sea. 
  2. La segunda, que no se avergonzará de aprender de ningún hombre. 
  3. La tercera, que cuando él mismo haya alcanzado el conocimiento, no mirará a nadie por encima del hombro. 


En el año 1128 Hugo de San Víctor escribió la obra Didascalicon, título que proviene de la palabra griega didascalia y que podría traducirse como “asuntos relacionados con la instrucción”. En este texto del siglo XII se otorga una especial importancia a la lectura.

Destaco tres lecciones que Hugo da al lector en relación a la humildad y al hecho de aprender:

La primera, que no se debe despreciar ningún conocimiento o escrito, cualquiera que este sea.

La segunda, que no se avergonzará de aprender de ningún hombre.

La tercera, que cuando él mismo haya alcanzado el conocimiento, no mirará a nadie por encima del hombro.

¡Qué contemporáneas nos resultan estas sugerencias o lecciones, que son válidas no sólo para la lectura o para el quehacer académico, sino para la vida misma!

“No despreciar ningún conocimiento o escrito”, nos sugiere primeramente nuestro maestro medieval. Esto puede trasladarse a valorar todo lo existente. Todo es susceptible de enseñarnos, de aportarnos, de enriquecer nuestro acervo.

Escuché en una entrevista a una madre de familia que decía que quienes más la han enseñado son sus hijos. Ellos le han mostrado el valor del límite. Todo el tiempo la han estimulado a aprender más, tanto de sí misma, como de todo aquello necesario para ayudarlos a crecer.

De la situación más insignificante que nos pase en el día de hoy, podemos aprender.

Y no digamos ya de los grandes acontecimientos de la vida, esos que nos dejan hondas huellas, como la enfermedad, la muerte, el conocer a personas que nos acompañan por el resto de nuestras vidas, el descubrimiento de la propia vocación, los errores…
“No avergonzarnos de aprender de ningún hombre” o mujer, continúa instruyéndonos Hugo de San Víctor.
Recordemos que estas lecciones estaban destinadas a personas que se adentraban en el mundo de las letras, cosa que en la edad media no podía hacer toda la población.
Esta recomendación rompe con la distancia que impone la academia, otorgando o reconociendo el saber a cualquier persona y por lo tanto, desjerarquizando.
El hecho de que otra persona no sea versada en lo mismo que yo pretendo conocer, no quiere decir que no pueda yo aprender algo o mucho de ella.

El tema de la vergüenza surge aquí justo cuando estamos abordando valores como la humildad o el conocimiento. Y no es gratuito. Una de las definiciones de humildad nos la da Teresa de Ávila: “andar en verdad”.

“Humildad”, como “humanidad”, parten de la palabra humus: “tierra”. Aquello de andar, que nos sugiere Teresa, nos remite a la tierra, a estar plantados en un mismo nivel de realidad.
Quien anda en verdad, no tiene porqué avergonzarse de sí mismo ni del otro. Todos podemos aprender de todos, todos podemos, asimismo, enseñar.

Nos situamos, pues, en el plano del compartir, del poner en común, en este caso, el conocimiento.

La última sugerencia de Hugo de San Víctor viene a concluir este recorrido: “cuando hayamos alcanzado el conocimiento, no hemos de mirar a nadie por encima del hombro”.

¡Qué humano es el envanecerse de lo que uno tiene y los demás no! Es el principio del uso y abuso del poder.

Cuando transformo una situación de “diferencia” en condición de “desigualdad” y me sitúo en el punto de ventaja, entonces puedo ser capaz de cometer actos de inhumanidad.

Mirar por encima del hombro es querer elevar mi estatura artificialmente. De esta manera, desprecio al otro y dejo de querer compartir el mismo suelo con él.

También instrumentalizo el conocimiento mismo y todo el proceso de enseñanza-aprendizaje que he recorrido, ya que lo convierto en una herramienta de prestigio y no en un bien común.

Qué nos deja Hugo de San Víctor en estos breves consejos: apreciar todo, porque todo nos hace presente que estamos vivos y en relación con otros seres. Compartir no empobrece ni tendría que ser motivo de vergüenza, todo el tiempo estamos dando y recibiendo, consciente e inconscientemente. Aunque aparentemente poseamos alguna cosa más que los demás, esto no nos hace superiores ni inferiores, en todo caso, nos hace responsables de aquello que tenemos y ojalá, dispuestos a transformar en servicio, esa capacidad o potencialidad.

Es importante saber, pero quizás es más importante “saber saber”. Esta sabiduría es más cordial que intelectual.

Artículo originalmente publicado por Familia Cristiana

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