lunes, 25 de abril de 2016

Buenos días, 25 de marzo de 2016. San Marcos

La perfección es una pulida colección de errores”.
(Mario Benedetti, escritor uruguayo,)




VIDEO


SANTORAL

Marcos,
evangelista (s. I)
patrono de los notarios, escribanos y ganaderos
Aniano, Erminio, Esteban, Rústico, Febadio, obispos; Filón, Agatópode, diáconos; Hermógenes, Calixta, Evodio, mártires; Aniano, confesor; Uña, viuda; Teresa Ansúrez, abadesa.


REFLEXIÓN:

Un padre que iba con su hijo en un tren de regreso a su hogar. El niño le estaba haciendo muchas preguntas a su padre, lo cual le estaba molestando y se mortificaba pensando como controlaría a su hijo.
El padre se hizo esta pregunta ¨¿Cómo callaré 
​​
a éste niño? A su lado había un periódico, lo tomó en sus manos y buscó un mapa del mundo que había en este. Lo rompió en pedazos y le dijo a su hijo: Toma, arregla esto, es un mapa del mundo roto¨.
Al poco rato el niño le dijo a su padre: ¨Papi terminé¨, el padre asombrado respondió: ¨¿Cómo es posible?¨ El niño mirando a su padre añadió: ¨Bueno papi, tú no te diste cuenta que por la parte de atrás había una familia, yo arreglé la familia de allí que estaba rota y el mundo se arregló solo.

EL PADRE NUNCA OLVIDÓ AQUELLA EXPERIENCIA.


ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco:

Jesús dice que quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, no es el pastor. La única puerta para entrar en el Reino de Dios, para entrar en la Iglesia es Jesús mismo. Quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino por otra parte, es un ladrón o un asaltante. Es uno que quiere aprovecharse es uno que quiere treparse.

También en las comunidades cristianas existen estos trepadores, ¿no?, que buscan lo suyo… y consciente o inconscientemente aparentan entrar pero son ladrones y asaltantes. ¿Por qué? Porque roban la gloria a Jesús, quieren la propia gloria y esto es lo que decía a los fariseos: «Ustedes se glorifican unos a otros …». Una religión un poco como negocio, ¿no? Yo te glorifico y tú me glorificas. Pero estos no han entrado por la puerta verdadera. 

La puerta es Jesús y quien no entra por esta puerta se equivoca. Y ¿cómo sé que la puerta verdadera es Jesús? ¿Cómo sé que esa puerta es aquella de Jesús? Pero, toma las Bienaventuranzas y haz aquello que dicen. Sé humilde, sé pobre, sé manso, sé justo…”
Jesús no solo es la puerta: es el camino, es la vía. Existen tantos senderos, quizás más convenientes para llegar, pero son engañosos, no son verdaderos: son falsos. El camino es solo Jesús. Pero alguno de ustedes dirá: «Padre, ¡usted es un fundamentalista!». No, simplemente Jesús ha dicho esto: «Yo soy la puerta, Yo soy el camino» para darnos la vida. Simplemente. Es una puerta bella, una puerta de amor, es una puerta que no nos engaña, no es falsa. Siempre dice la verdad. Pero con ternura, con amor. Pero nosotros siempre hemos hecho aquello que ha sido el origen del pecado original, ¿no? Tenemos ganas de tener la llave de interpretación de todo, la llave y el poder de tomar nuestro rumbo, cualquiera que sea, de encontrar nuestra puerta, cualquiera esa sea.

Esta es la tentación de buscar otras puertas u otras ventanas para entrar en el Reino de Dios. Solo se entra a través de aquella puerta que se llama Jesús. Solo se entra a través de aquella puerta que nos conduce por un camino que es un camino que se llama Jesús y nos conduce a la vida que se llama Jesús.

Pidamos la gracia de tocar siempre aquella puerta. A veces está cerrada: estamos tristes, estamos desconsolados, tenemos problemas en tocar, tocar aquella puerta. No vayan a buscar otras puertas que parecen más fáciles, más cómodas, más accesibles... Jesús no desilusiona jamás, Jesús no engaña, Jesús no es un ladrón, no es un asaltante. (Homilía en Santa Marta, 22 de abril de 2013)

Diálogo con Jesús

Amado Pastor de las almas, Jesucristo mío, quiero enamorarme de Ti cada día, que mi relación contigo cada vez sea más intensa y te viva y te sienta en la oración de cada día. Quiero estar consciente de tu presencia poderosa en mi vida, que me guías y pastoreas mi vida, que soy una oveja de tu redil a quien proteges con todo tu amor. Líbrame de esos falsos pastores que sólo me apartan de Ti y de tu misericordia. Tú eres el único Pastor, el único que por mí ha entregado su vida para que me salve. Cuando escucho tu voz en mis momentos de silencio, mi alma se derrite de gozo y te reconozco en ella al experimentar tu ternura y al mismo tiempo tu santo poder. Enséñame Señor mío, a identificarte siempre en el grito silencioso de los más necesitados, en los deseos frustrados de aquellos que se sienten agobiados. Quiero crecer en el amor y para ello debo donarme en amor hacia aquellos que aún no han entrado a tu rebaño porque no te han podido encontrar. Creo en tu amor, en que me das vida en abundancia y en que nunca podré perderme si escucho tu voz y la sigo. Amén

Propósito para hoy:

Pensar un momento en cuáles son los talentos que tengo para agradecérselos a Dios, y asegurarme luego que los esté usando para el bien de los míos y de los necesitados.

Reflexionemos juntos esta frase:
"Es fácil recurrir a Dios para pedirle, todos lo hacemos. ¿Cuándo aprenderemos también a darle gracias y adorarle?". (Papa Francisco)

-----------------------------------------
ESPECIAL BUENOS DÍAS
---------------------------------------




Un óptimo consejo para educar con mucho amor y cariño


Todos los padres y madres (incluso la gente) ya han pasado por situaciones así: tú estás hablando con alguien y tu hijo te llama la atención y quiere que pares la conversación para que lo atiendas. Es un obstáculo clásico en la relación padres e hijos pequeños.

Encontramos una solución citada en este artículo, del blog australiano An Everyday Story. La técnica en cuestión fue aprendida por la autora del texto al observar el comportamiento de una amiga con el hijo.

Ellas estaban hablando en casa, cuando el hijo de la amiga, de 3 años, fue hasta la madre queriendo decirle algo. Pero en vez de interrumpirla, puso la manita en el pulso de la madre. En respuesta, sin interrumpir la conversación, la madre puso su mano en la manita del niño.

Cuando la madre terminó lo que estaba diciendo, ella se giró hacia el niño, prestándole la atención que quería. La autora que defiende esta “técnica” explica que este es un acto sencillo pero al mismo tiempo muy cariñoso. Está claro que el niño tuvo que ser condicionado para saber esperar algún rato hasta que la madre pudiera concluir su idea o terminar la historia.

Ella decidió aplicar la misma técnica con sus hijos después de ponerse de acuerdo con el marido que él también haría lo mismo. Ellos explicaron a los hijos que si ellos querían decir algo mientras alguien ya está hablando, basta colocar la manita en su pulso y esperar un poco.

Ella cuenta que fue necesario muy poco tiempo para que los niños entendieran el sistema y dejaran de interrumpir sus conversaciones.

Lo más interesante es que, de esa manera, no hay necesidad de crear un clima desagradable al repetir frases como: “no me interrumpas”, “estate quieto” o “espera y no seas mal educado”. Es una cuestión de toque, literalmente.

¿Lo intentamos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario